26 feb. 2015

El caso de Yanina González movilizó
contra la actuación de la justicia en
causas de género.
(Por La Retaguardia)  Desde este lunes los tribunales de San Isidro han perdido su normalidad, esa en la que suele definirse, como en cualquier sede judicial, la suerte de las personas. Esta vez la alteración tuvo que ver con la presencia de organizaciones sociales y políticas que acompañaron a Yanina González en el comienzo del juicio donde la joven de 23 años está acusada de abandono de persona en el caso del asesinato de su hija de 2 años, por el que acusan a Alejandro Fernández, ex pareja de Yanina. En una transmisión especial de Radio La Retaguardia, Flor Ríos acercó los testimonios de Carina Leguizamón (Yanina cumple la prisión domiciliaria justamente en su casa) y Andrea Vázquez (la justicia le impide ver a sus hijos cuya tenencia está en poder del padre). La Retaguardia también dialogó con Gabriela Conder, de la Gremial de Abogados, quien defiende a Yanina.

La joven llegó a juicio tras ser acusada de "abandono de persona seguida de muerte" en el caso de su beba, a quien pudo llevar al hospital recién al día siguiente. Yanina tiene un retraso madurativo. Luego de la acusación por el hecho ocurrido el 16 de agosto de 2013, estuvo presa en la cárcel de Los Hornos. Allí fue mamá de Tiziana, a cuyo padre, Alejandro Fernández, acusan por la muerte de la bebé.
Carina Leguizamón, integrante de Vecinos organizados de Moreno ha sido fundamental en la tarea comunicacional de hacer visible el caso de Yanina. En diálogo con La Retaguardia, describió el apoyo que podía verse y escucharse en la afueras del edificio: "nos presentamos temprano en la Fiscalía intentando entrar. Hay una presión popular de afuera para poder presenciar el juicio. Nos habían prometido una sala más amplia, pero no fue así; Yani está en una sala de audiencia en donde pueden entrar, como mucho, diez personas. El tema es muy denso porque se está pidiendo la nulidad del juicio. Estamos denunciando una vez más la violencia institucional, la violencia de la justicia hacia las mujeres más pobres, en este caso, de Yanina. Le violaron los derechos desde muy temprano. No tuvo estimulación, contención del Estado. A los dos años, su madre la deja con su padre totalmente violento. Ella vivió desde muy chiquita la violencia machista y termina con sus parejas el maltrato. El Estado la excluye. Yani tenía que tener una estimulación. Cuando era niña no fue a la escuela, no tuvo la contención de su madre, se crió en un círculo de violencia. Y termina con este femicida, Alejandro Fernández. Esa noche ella no quiso tener relaciones sexuales con él y no le bastó con pegarle a Yani, sino que golpeó a Lulú de una manera brutal hasta la muerte". La referencia de Leguizamón al pedido de nulidad solicitado por la defensora Gabriela Conder, tuvo resolución negativa de parte del tribunal.
En cuanto al retraso madurativo que padece la joven y que es marcado por sus amigas y compañeras como otra de las razones fundamentales por las que debería ser considerada una víctima, Leguizamón sostuvo: "eso es lo que estamos remarcando en cada discusión, en cada volante, ante cada periodista, que Yanina tiene un retraso madurativo, algo que la justicia pasó por alto. Yanina no sabía cómo defenderse. Es una chica muy sumisa, muy tímida, así que la justicia no aceptó que Gabriela Conder, su abogada, presente peritos sicológicos para que comprueben el retraso madurativo. Yanina sobrevivió como pudo, hasta que le pasó esto".

La fatídica noche según Yanina

Cuenta Leguizamón que, sobre lo que ocurrió en la jornada en la que fue asesinada su beba, Lulú, Yanina "se quiebra, nunca termina de contar. Cuenta que ese día ella no quería tener relaciones. El tipo ya la venía violentando. Ella no pudo declarar eso, sino que declaraba que nunca le pegaba, que estaba todo bien. El femicida la vino atormentando psicológicamente toda la noche porque él vio que Lulú estaba muy mal y le estaba enseñando a ella a declarar. Le metió miedo. Todos sabemos cómo actúa el violento, sometiéndolo psicológicamente para que no declare en su contra, que diga que fue el padre biológico de Lulú. Pero él no fue, nunca la veía, nunca se hizo cargo. Yanina lo recuerda con mucho dolor. Lo que más recuerda fue que cuando la nena fallece, queda detenida automáticamente, la llevaron a la Comisaría de la Mujer de Del Viso, hasta que la fiscal Carolina Carballido Calatayud decide llevarla al Penal de Los Hornos. Yanina no pudo despedir a los restos de Lulú. Encima, estaba embarazada de seis meses", cuenta con tristeza. Sus vecinas del barrio registraban las situaciones de violencia de las que Yanina era víctima: "es una chica muy reservada para contar este tipo de cosas. Todos los violentos actúan de esa manera. Yanina participaba como una chica normal. Sí se detectaba la violencia y el abuso de los tipos, pero en ningún momento se atrevió a comprobarlo".

¿Caso aislado o caso testigo? 

 "Este caso no es un caso aislado, eso de los miles que puede haber en el conurbano o en las localidades más pobres. Hay muchísimas Yaninas, tanto en el Penal como en las casas, que están sufriendo todo tipo de golpes, torturas y no solamente de sus parejas, sino también de las instituciones, porque cuándo denunciás estos temas, lo hacen reburocrático, te mandan a una comisaría donde te maltratan. Creo que desde la ignorancia que tenía, Yanina nunca se iba a animar a hablar, hasta que le pasó lo que le pasó", aseguró Leguizamón.
La integrante del grupo de Vecinos Organizados de Moreno, sostuvo además que Yanina pudo haber sido la víctima fatal de Fernández: "si no la mataba a Lulú, la mataba a Yanina. Hoy las compañeras que llegaron temprano se encontraron con el femicida en el pasillo de la sala, y este tipo se mataba de risa con total impunidad y encima posaba para que le saquen fotos. Eso también es violento para uno. Es todo violencia, no sabemos ya cómo reaccionar, porque si nosotras actuamos en defensa, terminamos presas. Para nosotras está todo mal, está todo al revés. De la misma manera que nos responden, nosotras también lo vamos a hacer. Ya no resistimos más, vamos a tener que reaccionar. Siempre estamos hablando con las compañeras de la comisión Vecinos Organizados de Moreno de salir a los barrios y para que empiece a salir todo a la luz. En todos lados hay justicia machista, patriarcal, violenta, perversa que nos termina condenando o fallando a favor del abusador".

El acusado como testigo

Alejandro Fernández no solo viene evitando ser acusado por los golpes que recibió Lulú y que terminaron con su vida, sino que es testigo fundamental contra Yanina en esta causa: "es un testimonio contundente para la fiscal para acusarla de abandono de persona. Él le dio la letra (a Yanina) porque, si no, le iba a matar a los hermanitos. El tipo goza de toda impunidad con complicidad de la justicia. Por eso se siente poderoso, porque el poder mismo le da esa herramienta. Él dice que Yanina descuidaba a Lulú, que era la que lo golpeaba a él. Lo mismo que dice la fiscal, que es una madre abandónica, que no la llevaba a los controles. Miente, hay pruebas: en su libreta sanitaria constan todas las vacunas al día, el DNI en regla. Porque el tipo la llevaba hasta la salita, no la dejaba salir sola en ningún momento", contó Leguizamón.
En la primera jornada, la del lunes, tras el cuarto intermedio, el tribunal rechazó el pedido de Conder para declarar nulo el juicio, y comenzó con la etapa de las testimoniales. En la segunda jornada, se vivieron algunos momentos de tensión, como cuando declaró uno de los peritos médicos propuestos por la fiscalía. Allí se mostraron fotos de la autopsia de Lulú. Según nos dijo Conder luego: "esas fotos ya estaban en el expediente. No había necesidad de mostrarlas en presencia de Yanina. Fue un momento muy desagradable". Según el perito la niña habría sido golpeada por al menos dos personas, lo que deja entrever que la fiscal podría utilizar esta declaración contra la joven.

El apoyo de otras víctimas de la justicia (el caso de Andrea Vázquez)


Andrea Vázquez en San Isidro apoyando
a Yanina (Foto: Gonzalez Ve)
Entre las organizaciones y personas que pasan por situaciones similares donde la justicia se planta desde su pata patriarcal, estuvo Andrea Vázquez, que no puede ver a sus hijos por decisión de esta misma justicia. Allí, a través de Flor Ríos, nos contó por que fue al lugar: "Estoy expresando solidaridad porque esto está pasando en toda la Argentina. La justicia patriarcal nos está castigando. Nos invitan a denunciar a las mujeres violencias de género, y cuando denunciamos, nos castigan con la aberración de secuestrar a nuestros hijos para no volver a verlos nunca más. Acudí a la justicia —creyendo en la justicia— en busca de protección para mis hijos, víctimas de abuso por parte de su progenitor, y abuso hacia mi persona físico, síquico y sexual con coerción económica. Lejos de conseguir justicia, me encontré con jueces patriarcales, misóginos, que me llamaron miserable, que me decían que no tenía derecho a hablar, que el juez iba a monologar. Al encontrarme con eso, que creí que era una excepción, recurrí a la vía institucional y denuncié a esos tres jueces porque me parecía que no estaban cumpliendo con su deber. Cuando los denuncio, al principio no me llevan el apunte, secuestran a mis hijos mientras yo estaba trabajando —yo soy médica— en un operativo con policías armados y uniformados. Once personas entran en mi casa y se llevan a mi bebé de tres años y a mi hijo de 11, y al de 10, del colegio. A partir de ese momento, no volví a verlos nunca más. Me acusan de un síndrome inexistente —que ha sido declarado por la Cámara de Diputados, Senadores y la Universidad como mala praxis—: el síndrome de alienación parental (SAP). Es algo así como un lavado de cerebro que (teóricamente) hacemos las madres de los niños abusados. Es una estrategia de defensa para los pedófilos y los abusadores. Al día de hoy, los tres jueces que denuncié tienen ocho pedidos de jury y están procesados, es decir lo que yo decía tiene entidad cualitativa y cuantitativa como para haberlos procesado por unanimidad. Sin embargo, uno los jueces, la doctora Cecilia Mantegazza, se jubiló, una de las cosas que hacen cuando se encuentran apretados. Ahora entiende en la causa la jueza Estela Morano. Si yo estuviese presa cumpliendo una condena o internada en un neurosiquiátrico, mis hijos me hubiesen visto para Navidad. No veo a mis hijos desde hace tres Navidades solamente por venganza judicial. Esta jueza provee en el expediente alimentos para el señor Pablo Ghisoni (el papá de los chicos); el señor tiene catorce propiedades, es dueño de una clínica de fertilidad. La misoginia, el patriarcado y el capitalismo van de la mano. Esta es la expresión máxima de la venganza judicial", explicó Vázquez acerca de su situación personal.
En cuanto a por qué estuvo allí acompañando, dijo: "estoy acá apoyando a Yanina por las mismas razones. Son los mismos jueces, la misma familia judicial, que van a tener que entender que las mujeres tenemos derechos y que existen tratados internacionales de jerarquía supraconstitucional que están siendo violados nada más ni nada menos que por jueces, fiscales, defensores y asesores de menores".
Vázquez no pudo ocultar su tristeza por la situación que vive, pero resaltó el acompañamiento que se consigue en el vínculo con otras víctimas: "cuando uno se encuentra inmerso en alguno de estos problemas desde lo personal, asume otro tipo de compromiso, te cambia la visión de las cosas. El 26 de febrero es mi cumpleaños, es el tercer cumpleaños que voy a pasar sin ellos, pero estoy acá porque me parece más importante este tipo de luchas. Es la única forma que tengo de sobrevivir y de dejar un aporte. La sublimación es un mecanismo de defensa que algunas víctimas tenemos, lamentablemente, no todas. Pero está bueno que todo lo malo que nos pase lo utilicemos para poder ayudar o solidarizarnos con otros".

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