23 feb. 2015

Añadir leyenda
(Por Luis Angió para La Retaguardia) Cientos de mujeres en Atenas y toda Grecia se organizaron para defender sus puestos de trabajo en el Ministerio de Economía, luego de haber sido despedidas por el gobierno neoliberal de Antonis Samarás.
Restan dos días para el domingo 25, cuando los griegos van a decidir quién gobierna  ese país luego de más de cuatro décadas de alternarse en el poder un sistema bipartidista que solo ha llevado a su pueblo a más miseria, con la complicidad de los organismos financieros representados por la “troika” (Comisión Eurpoea; Banco Central Europeo y Fondo Monetario Internacional) que han hecho de Grecia el conejillo de indias de planes de austeridad y ajustes aplicados también en otros países del sur, como España, Italia y Portugal.
Camino cerca de la plaza Syntagma, y cuando llego a la esquina de las calles Kargreargi y Nikis, veo un grupo de mujeres sentadas bajo la recova, instaladas en carpas y con grandes carteles pasacalles escritos en griego que obviamente no entiendo. Pero me llama la atención uno que está escrito en castellano y que dice: HASTA LA VICTORIA SIEMPRE, y tiene el retrato característico del “Che” Guevara.

Eso me motiva a acercarme para saber de que se trata. Son mujeres de más de 45 años de edad. Hay una periodista española conversando con alguna de ellas. Ninguna habla el español, por lo que se dificulta saber que está haciendo allí ese grupo de más de treinta mujeres.
Leo un cartel que tiene dos números: 595 y 296. Sigo sin entender. Un griego que vive en Alemania, en un precario castellano, me dice que son mujeres despedidas, trabajadoras de la limpieza en el Ministerio de Economía de toda Grecia, incluidas sus islas. Son 595 y hace 296 días que acampan reclamando su reincorporación. El griego-alemán me dice que desde el comienzo del conflicto, allá por septiembre de 2013, Aleix Tsipras y Syriza las acompañan en su lucha y ha prometido que si llegan a ganar las elecciones y ser gobierno serían restablecidas en sus puestos de trabajo. Hay algunos carteles con un guante rojo que tiene en los dedos la V de la victoria como símbolo de su lucha. Después de un rato de estar allí y sin poder conocer un poco más de su historia, sigo mi camino hacia otra zona de Atenas.
Pasado el domingo 25 y con el triunfo de Syriza, uno de mis objetivos es saber como han recibido esas mujeres el resultado y cuáles son sus expectativas futuras, teniendo en cuenta las promesas hechas por Tsipras, respecto a que volverían a sus trabajos. Dos días después vuelvo a la calle Kargreargi, y bajo esa recova trato de entablar nuevamente conversación con alguna de esas mujeres. Una de ellas, en un español difícil, me dice que espere unos minutos, que hay una compañera que habla bien el castellano, y quien me podría contar su historia.
Espero un rato, mientras veo a varias de ellas con caras que denotan alegría, expectativas de un futuro que puede cambiar después de casi 300 días de acampe e incertidumbre.
A poco de esperar, llega una mujer con su hija de no más de 20 años. Me saluda y se presenta. Es una chilena, una más de las despedidas. En un español que nos permite entendernos perfectamente comienza a contar la historia de estas mujeres que nunca bajaron los brazos y lucharon por defender, no solo sus puestos de trabajo, sino también su dignidad como personas.
"Soy una de las mujeres que fue despedida el 28 de septiembre de 2013. Nosotras trabajábamos como limpiadoras para el Ministerio de Economía. Decidieron, según ellos, para arreglar la economía del país, que le pedía la troika, que tenían que disminuir los sueldos. Y decidieron despedir a mujeres limpiadoras que trabajaban en Atenas y en toda Grecia", me dice Patricia Álvarez, la chilena despedida.

Las mujeres consiguieron volver
a sus puestos de trabajo.
—¿Esas trabajadoras dependían del Ministerio de Economía?

—PA: Sí. Lo más difícil fue que todas las mujeres tenemos más de 45 años. A muchas mujeres les falta muy poco para jubilarse. Muchas son viudas, separadas, con hijos grandes en la universidad. Muchas han tenido que cortarles los estudios  a sus hijos. Un grupo de mujeres que estábamos en Atenas tomamos la decisión de acampar. Llevamos 269 días, empezamos el 18 de septiembre de 2013. Pedíamos citas con los ministerios, no nos tomaban en cuenta. Fue una injusticia. Nos fuimos enterando más adelante de que ellos pensaron que nosotras nunca íbamos a hacer nada. Pero empezamos a gritar con un paño todos los días, intentamos pedir citas, tuvimos peleas con la Policía. Este ha sido nuestro colegio para nosotras. Hemos tenido mucho aguante. Esta carpa está todo el día y toda la noche. Y nadie nos tomaba en cuenta. Hasta que un día vino Alexis Tsipras, habló con nosotras casi al principio. Nos prometió que si ganaba nos iba a ayudar. Ahora estamos esperando.

—¿Han tenido algún contacto más?

—PA: No, es reciente. Tuvimos un juicio en abril que ganamos. Decían que teníamos que volver a nuestros puestos, pero no, el Ministerio lo llevó a la Corte Suprema. Ahora estamos esperando un juicio que es el 25 de febrero.

—¿Por qué es el juicio?

—PA: Para ver que tienen que tomar en cuenta la primera decisión que tomaron los jueces, porque nosotras ganamos el primer juicio.

—En Argentina también hay un despido muy grande de trabajadores metalúrgicos que en junio de 2014 fueron despedidos. Todos los jueces ya en varias instancias han fallado a favor que tienen que reincorporarlos, y la patronal —privada— no los reincorpora.

—PA: Es algo parecido. Va a ser difícil. Estamos esperando si el nuevo presidente va a tomar en cuenta lo que nos había prometido.

—¿Cómo llegaste y hace cuánto estás en Atenas?

—PA: Estoy desde hace 25 años. Estoy casada con un griego. Tengo hijos grandes. Tengo mi nacionalidad. Mi vida está acá.

—¿Cómo viviste estas elecciones, cómo vivió la gente común que haya ganado Syriza?

—PA: Te puedo hablar más de aquí. Porque esto se ha convertido en un centro al que viene toda  gente de todos los partidos a apoyar. Pero el que siempre estuvo con nosotras es Syriza. A veces no teníamos más mujeres despedidas que estuvieran acá apoyando, porque para venir de los pueblos necesita dinero. Vendíamos nuestras poleras en verano, ahora vendimos nuestras agendas para poder sacar un beneficio para pagarles a estas mujeres que vienen, sacarle un boleto para que vengan desde algunas islas.

—¿Cómo se solventan en lo cotidiano?

—PA: Hay mujeres que tienen que trabajar... "Trabajar". Trabajo no se encuentra. Ayudan a sus hijos que tienen sus trabajos. Pero es difícil. Yo por lo menos, gracias a Dios, mi marido trabaja, entra algo... Mi hijo entró a estudiar, se fue de Atenas, pero no pudimos mantenerlo y tratamos de que vuelva. Nosotras teníamos un sueldo, pero quedamos con préstamos. Sabíamos que cada mes recibíamos 200 euros y con esa plata sabes que vas a hacer. Así quedó mucha gente endeudada porque sabían que ibas a pagar.

—¿Pertenecían a la plantilla estatal o eran contratados por alguna empresa?

—PA: Eramos trabajadoras del Ministerio. Lo peor de todo fue que cuando nos despidieron en septiembre, pusieron a empresas privadas. Muchas de esas mujeres que trabajaban en esas empresas privadas, trabajaban por ahí por 2 euros la hora. Se abusaban de ellas. Ahora, por lo que sabemos, hasta diciembre ya no hay empresas privadas. Tenemos la esperanza de que algo va a pasar.

—¿Quién hace la tarea de limpieza en esos edificios?

—PA: Nadie. En ese entonces tenían las empresas. Ahora, por lo que sé, por lo que dicen algunas niñas, es una mugre.

—¿En Atenas cuántas mujeres fueron las despedidas?

—PA: En este momento, de las 595 que estamos, más o menos quedamos unas 250 mujeres en toda Grecia. No se sabe cuántas somos porque hay una ley para las mujeres que tienen a su marido o hijo enfermos. Esas personas ya están trabajando, son más o menos 50 personas. Se presentaron currículums. Ahí tomaron otras 50 mujeres. Esas mujeres trabajaban en limpieza, pero tenían más estudios. La mayoría aquí tiene estudios bajos, hasta el liceo. Yo soy del liceo, traje mis notas de Chile y me las valorizaron acá. Hay mujeres que han salido con su jubilación.

¿Cobraron alguna indemnización cuando las despidieron?

—PA: Nos pagaban el 75% de nuestro sueldo. Nosotras trabajábamos cuatro horas. Yo ganaba 460 euros. Era siempre más bajo.

—¿Ya dejaron de pagarlo?

—PA: Desde diciembre. Esto se llama el movimiento de las limpiadoras del Ministerio de Economía.

—¿Pero tiene el nombre de la Revolución de los Guantes Rojos?

—PA: Hay muchas que están con eso, el guante es nuestra herramienta de trabajo. Como siempre digo, el guante, el color que cada una lleve el que quiera. Es un símbolo lo que tenemos exactamente. Nosotras somos solamente del Ministerio de Economía. Fue una idea. Tenemos una cantante muy famosa acá, Cháris Alexíou. Ella hizo un concierto para nosotras aquí. Ese día esto se llenó, hubo más de 25000 personas. Para subirnos al escenario, queríamos algo como emblema. Alguien tuvo la idea de un guante rojo, ya que nos está ayudando el partido. Fue un símbolo. Pero cada uno tiene su interpretación.

Cuando parto de Atenas, días después, leo en los diarios de Europa que una de las primeras medidas tomadas por el gobierno del Primer Ministro Alexis Tsipras, fue reincorporar a todos los despedidos de los empleos públicos, incluidos los 2500 trabajadores de prensa de la radio y televisión estatal ERT, que en junio de 2013 quedaron en la calle. Pero esa es otra historia. Hoy hay cientos de mujeres en Grecia que han recuperado su dignidad.

0 comentarios:

Publicar un comentario