28 mar. 2015

Foto: www.lavoz.com.ar
(Por La Retaguardia)
(Aclaración: La Retaguardia no integra la Multisectorial La Plata-Berisso y Ensenada, básicamente por razones geográficas. Circula un documento donde aparece nuestra firma, pero no participamos de su redacción)

Pasó otro 24 de marzo. Con una, con dos, con muchas marchas en todo el país. Jamás sabremos cuántos estuvimos en las calles de Argentina para repudiar el golpe de Estado en este 39º aniversario. Y por ahí debe comenzar cualquier análisis que pretenda reflejar lo que sucedió. Nada más importante: un incontable número de personas de diferentes expresiones del campo popular, e incluso mucha gente no contenida en ese sector, salió a la calle una vez más para gritar que “adonde vayan los iremos a buscar”.
Como viene sucediendo en los últimos años, hubo también espacio para la polémica. Esta vez no fue por el taponamiento del acceso a la Plaza de Mayo (que volvió a ocurrir) para demorar el ingreso de las columnas del Encuentro Memoria Verdad y Justicia. Tampoco alcanzó el nivel de polémica el intento de Página 12 por presentar a la marcha oficialista como el “acto central” (“luego marcharán las organizaciones de izquierda”). No hay marchas centrales y secundarias; hay varias marchas. Y en todas ellas hay Madres, Hijos, Sobrevivientes, militantes políticos o sociales y gente no organizada.
Esta vez la polémica estuvo centrada en la acción de Hijos La Plata, que prendió fuego una figura del Jefe del Ejército, General César Milani, junto a Hebe Pastor de Bonafini, la presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo. Hubo polémica tanto por el hecho simbólico en sí, como por las repercusiones que trajo, como consecuencia, su realización.

Los símbolos

En el comunicado en el que se adjudican el hecho y deslindan la responsabilidad del resto de las organizaciones que participan de la Multisectorial La Plata-Berisso y Ensenada, Hijos La Plata hizo lo que acostumbra: argumentar con precisión sus decisiones políticas. No siempre estamos de acuerdo con sus posiciones, pero reconocemos que cada paso que dan suele ser firme porque está calzado con solidez. Justamente por eso, y porque los conocemos, nos ha sorprendido este acto de torpeza política. No solo por lo que implica el símbolo en sí, sino por no haber podido visualizar lo que generaría luego. Si lo hubieran consultado con sus compañeros y compañeras de la Multisectorial, quizá no hubiesen cometido ese error. Nunca es sano, en espacios de articulación política, cortarse con la propia por más convencido que se esté.
Si la intención inflamable fue generar un debate acerca de Milani o incluso de Hebe, el resultado ha sido negativo. No se debate más que antes si Milani debe ser o no Jefe del Ejército sin haber aclarado antes cuál fue su rol en la desaparición del conscripto Alberto Ledo. Tampoco se estableció un intercambio acerca de la noción de reconciliación que se deja ver en el abrazo Milani-Hebe. Nada de eso ocurrió. En cambio, lo que se desató fue una suerte de lapidación que generalizó a la izquierda (a los que están de acuerdo con la acción y los sectores que sostenemos que fue inconveniente e innecesaria), que dejó escapar inquietantes retazos de macartismo y algunas poses de escandalización que merecen ser analizadas con profundidad más adelante.
Quemar un muñeco de Milani junto al de una mujer con un pañuelo blanco no nos parece feliz. Aunque esa mujer representada sea Hebe, la que acusó de prostituirse a quienes cobraron la reparación económica; la que sostuvo que los sobrevivientes eran traidores y por eso habían regresado de la muerte; aquella que eligió a Shocklender en lugar de a tantos intelectuales que fundaron y dieron vida a la Universidad de las Madres no estatal; la que puso la lupa acusadora por la desaparición de López en el propio López. Aún cuándo Hebe es hebe, las madres son la Madres. Y ese pañuelo es el símbolo de cómo la sociedad civil se puede levantar para enfrentar al Estado represor. Si alguien lo mancha con acciones que van contra su propia esencia, no deberíamos ser nosotros. Coincidimos con Hijos La Plata en que los símbolos no otorgan inmunidad ni deben ser sagrados, pero aún así la carga de la representación resultó dura para propios compañeros. Quizá hubiese resultado conveniente que admitieran en su comunicado posterior que no alcanzaron el objetivo político deseado cuando pensaron la acción; o que lamentaran que algunos de sus propios compañeros hubieran valorado el hecho político como inconveniente.

La realidad

Pero aun con todo lo anterior, las reacciones en general tuvieron un grado de sobreactuación también incendiaria. Todos reconocemos el valor de los símbolos, incluso Hijos La Plata, que intentó simbolizar la bronca que les genera una realidad: el abrazo de Hebe con Milani. El de la Madre que supo ser emblema (aún lo es para mucha gente) con el militar de inteligencia sospechado de haber participado activamente del genocidio. Y un símbolo nunca puede ser más importante que una realidad.
Algunos de los que nos permitimos criticar a los compañeros (sobre todo por eso, porque los consideramos de ese modo), levantamos la voz esta vez para criticarlos en su medida porque lo hicimos mil veces antes y lo seguiremos haciendo, para denunciar como inaceptable que Milani le escape a la justicia y sea sostenido en su cargo. ¿Cómo aceptar que alguien que no se escandaliza por Milani (una realidad), se agarre la cabeza por un muñeco incendiado (un símbolo)?
Aquel abrazo tuvo una carga real fuerte pero además significó para muchos el símbolo de una reconciliación inaceptable. Ante la duda, pueden pegarse una vuelta algún jueves de estos por la Plaza 25 de Mayo de La Rioja. Allí se van a encontrar a dos Madres caminando solas. Una de ellas es Marcela Brizuela de Ledo, la mamá de Alberto Agapito Ledo, el conscripto por cuya desaparición está sospechado Milani. Marcela era parte de la Asociación Madres de Plaza de Mayo que preside Hebe de Bonafini, cuando recibió en sus manos la publicación de ese grupo, Sueños Compartidos, con el abrazo ya famoso entre la madre y el represor en la tapa, Hoy marcha acompañada solo por otra Madre: Luisa de Toledo. Según Graciela Ledo, la hermana de Alberto, la asunción de Milani dejó sola a su mamá: “tanto es así que a mi madre, su sector de Madres de Plaza de Mayo, al que perteneció durante más de treinta años, la dejó sola. Ella pertenecía a la línea de Hebe de Bonafini. Pero mi madre no ha terminado con su lucha aunque tenga 84 años, sigue muy firme”.

Las dos rondas

Este jueves pasado, jueves de ronda de las Madres, unas 300 personas asistieron a la convocatoria para “desagraviar” a Hebe. Muchos de ellos son funcionarios. Del otro lado de la Plaza, alrededor de la misma pirámide, estaban las Madres que se nuclean en la Línea Fundadora. Habían convocado a marchar al cumplirse seis meses de las 43 desapariciones de Ayotzinapa. Las acompañaron los referentes de pueblo originarios que acampan hace cerca de dos meses en Av. De Mayo y 9 de Julio para visibilizar la lucha por derechos humanos básicos como el acceso al agua potable, electricidad, educación, vivienda y salud; eran unas 20 personas. En toda la tarde ninguno de los 300 cruzó los veinte metros que separaban un grupo de otro para ver cuáles eran esos reclamos. En esa pulseada entre el poder del símbolo y el de la realidad, el jueves, en la Plaza de Mayo, fue más importante el símbolo.
¿Cuántos de los que dieron discursos públicos para denostar la representación, están ahora conmovidos por la aparición de Darío Luquez enterrado como N.N. tras siete meses de haber estado desaparecido? ¿Saben quién es Darío Luquez? De todos los que no pueden contener su indignación con las llamas del muñeco de Hebe, ¿cuántos repudiaron la represión contra los wichi este mismo 24 de marzo en una ruta de Formosa?, ¿cuántos estuvieron el 31 de enero pasado en la marcha por Luciano Arruga? ¿Vale indignarse más con la quema del muñeco que con los aprietes policiales que de manera sistemática soportan los jóvenes pobres de todo el país? Parece que sí. Que para un sector importante, quizá mayoritario de la sociedad, hay una parte de la realidad que no se ve, no se analiza, ni se tiene en cuenta.
Hijos La Plata sí está en esos lugares. Por eso no podemos repudiarlos a ellos, aunque no nos gustó su acción. En cambio, nos dan ganas de decir que merecen nuestro repudio todos aquellos que, en estos días, han levantado su dedo para señalar a un grupo por la quema de un muñeco mientras callan ante la violación de los derechos humanos de hoy, o ante el inexplicable respaldo de la presidenta a Milani.

2 comentarios:

  1. MUY BUEN ANÁLISIS DE LA SITUACIÓN EL SIMBOLISMO DE LOS HECHOS ACTUALES Y DEL PASADO

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