27 abr. 2015

El libro en el que Aranda
trata estas cuestiones.
(Por La Retaguardia) El periodista Darío Aranda se ha destacado por publicar noticias alrededor del negocio de la soja y los transgénicos en Página 12, como puede y cuando lo dejan. En esta entrevista concedida al programa Tengo Una Idea, que se emite los martes a las 21 por Radio La Retaguardia, Aranda argumentó acerca de por qué cree que la cuestión de los agrotóxicos no la maneja el Estado sino directamente por las empresas del sector. Para el periodista "es muy alevosa, muy obscena, la situación de enorme irregularidad y que deja al descubierto la falsedad que los transgénicos en la Argentina son muy seguros".



—Tengo una idea: ¿Por qué en la Argentina los transgénicos son atendidos por sus dueños, como planteás?

—Darío Aranda: Es bastante común el discurso de los medios del sector del agronegocio, de las empresas, e incluso de los funcionarios que suelen hablar de la supuesta seguridad de los transgénicos. Los transgénicos a nivel internacional son muy cuestionados porque son modificaciones genéticas que se les hacen a los vegetales, y no está probado a ciencia cierta qué implicancias podrían tener tanto ambientales como sanitarias en las personas. En la Argentina se suele hablar como un alumno modelo de los transgénicos, que está hiperprobado, que son seguros y demás. Hay una cosa bien interesante para marcar y por qué decimos que son atendidos por sus dueños. En nuestro país existe desde 1991 la Conabia (Comisión Nacional de Biotecnología), que depende del Ministerio de Agricultura. Desde ese año hasta fines del año pasado, de los integrantes de la Conabia, los que firman, los que aprueban técnicamente los transgénico, nunca se hicieron públicos los nombres, nunca se supo quiénes eran. Y el año pasado, a raíz de una filtración que hubo, y con algunos compañeros desde el periódico de la CTA, obtuvimos el listado de esos integrantes. Ahí confirmamos que son 47 personas y 27 son directamente de las empresas, Monsanto, Bayer, BASF, etc. Y si no son científicos que tienen publicaciones científicas y que dependen o tienen trabajos hechos con las mismas empresas. Más de la mitad de esa comisión está integrada por las propias empresas que piden la liberación y autorización de los transgénicos. Es, sin duda, incompatible, un conflicto de intereses o, como se dice en el barrio, que están de ambos lados del mostrador. Imaginemos que la autorización dentro de la Secretaría de Ambiente el que estuviera autorizando distintos cateos sea Barrick Gold o Chevron. Si bien podemos discutir cómo se autorizan las petroleras o las mineras, no se comete algo tan alevoso como ser que las propias empresas se autoricen.

—TUI: Los transgénicos en determinados países europeos están prohibidos.

—DA: Acá hay dos cosas que también tienen que ver con la supuesta seguridad. El Estado argentino no hace estudios propios sobre los transgénicos. Esto es: llega el señor Monsanto o el señor Syngenta y le dice al Estado argentino: "Esta soja, este maíz, este algodón transgénico es maravilloso y no le va a hacer nada al ambiente ni a la población", y el Estado argentino no replica ese estudio, o ese supuesto estudio, sino que firma, autoriza. También se agrega a esto, que muestra una situación aún más regular, es que los expedientes de aprobación, estos propios estudios que presentan y el expediente de aprobación, son confidenciales. Si mañana fuera un científico independiente o una institución independiente y quisiera ver cómo se aprobó ese transgénico, no puede acceder. Se suma que se aprueban las propias empresas su semilla transgénica dentro del Estado, que son confidenciales los estudios y que el Estado argentino no hace ningún estudio para confirmar que lo que dice la empresa es verdad. En ese sentido, es muy alevosa, muy obscena la situación de enorme irregularidad y que deja al descubierto la falsedad que dicen que los transgénicos en la Argentina son muy seguros.

—TUI: La atención en el artículo que las empresas aparecen con otro nombre. Él ingenio Ledesma aparece como una huerta experimental. La gente de esa huerta es la gente del ingenio.

—DA: Ahí se da la mezcla que solemos escuchar en los últimos años, que el Gobierno nacional puntualmente lucha contra las corporaciones, y vemos que todas las corporaciones, tanto internacionales como nacionales, están metidas en la aprobación de transgénicos. Nada más ni nada menos que Ledesma —lo conocemos bien: las denuncias y pruebas que hay con su complicidad con la dictadura cívico-militar— es uno de esos actores. En el listado oficial, en ninguno dice exactamente quiénes son, pero, por ejemplo, hay un nombre que circula ahí que es ASA, la Asociación de Semilleros Argentinos. Pero si uno pone ese nombre, en internet o en los currículums on line— enseguida salta que son altos directivos de Monsanto que incluso tienen en su mail, el mail de Monsanto, el lugar laboral es Maipú, frente a la Plaza San Martín, la sede central de Monsanto. Está bastante solapado o hay científicos que aparecen como que son del INTA, que es verdad que pertenecen al INTA. Ahora, cuando uno se pone a buscar a estos científicos y los entrecruza con empresas, enseguida saltan numerosas charlas, viajes con las empresas y publicaciones científicas. Un dato final que me parece la frutilla del postre es que el máximo responsable de la Conabia y de la dirección de Biotecnología del Ministerio de Agricultura, el máximo responsable de transgénicos en la Argentina, Martín Lema, en noviembre pasado publicó un trabajo científico con las empresas que debe controlar: con Monsanto, Syngenta, Bayer, BASF y Dow...  Esto lo presentó en un congreso de biotecnología en Sudáfrica. Ni siquiera se cuidan las formas. Martín Lema, el máximo responsable de los transgénicos, va y escribe un paper científico con las empresas que debe controlar. Lo mínimo que se le puede pedir es una renuncia. Y acá pasa como si nada.  Los grandes medios, los medios comerciales, por un lado, los que están ligados al agro —La Nación y Clarín—, no cuentan nada porque obviamente es su negocio. Y por otro lado los medios más ligados al Gobierno no cuentan nada de esto porque muestra a las claras que el Gobierno es cómplice en este tema de las corporaciones.

—TUI: Para dar una lucecita de esperanza, hay resistencia. Podemos citar el ejemplo de Malvinas Argentinas en Córdoba, que ha luchado contra la empresa que quería introducir Monsanto dentro de sus campos.

—DA: La semana que viene estoy visitando a los compañeros de Malvinas Argentinas. Hace un año y medio que han frenado al monstruo. Era difícil imaginar que lo hubieran podido frenar. Tenían en contra a Monsanto, al Gobierno nacional, al Gobierno provincial de De la Sota y al Gobierno municipal de Arzani.

—TUI: Además, allí reprimieron.

—DA: Han sufrido de seis represiones en los últimos dos años. Así y todo, hace un año y medio que Monsanto está frenada. No se ha ido, es cierto, pero al menos en este momento, de no haber sido por la resistencia, en este momento estaría funcionando. Si Monsanto no se va, es porque habría significado perder una batalla y sería un mal ejemplo que se podría repetir en otros lugares del país y de América Latina. Dentro de esa batalla, la de Malvinas Argentina es una de las últimas y nos llena de esperanza.

La voz de Darío Aranda está más que autorizada para opinar acerca de estos temas. Sus opiniones se basan en investigaciones sólidas. Es de aquellos que permiten pensar que el periodismo es todavía una profesión para abrazar.

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