6 abr. 2015

La investigación de Escobar y Prósperi
puede leerse entera en este libro.
(Por La Retaguardia) El 2 de abril ha quedado instalado como el día para recordar la guerra de Malvinas. Sin embargo, hay un recuerdo un poco más extraoficial que comienza a instalarse: el de las inundaciones ocurridas hace dos años en La Plata, un hecho que dejó en evidencia la falta de prevención y obras en la zona ante la presencia de una tormenta, que fue mucho más fuerte de lo habitual, pero también lo fue el desprecio por la vida y por la muerte de la mayoría de parte de quienes integran las instituciones bonaerenses. Con el correr de los días se fueron multiplicando las denuncias y reclamos para saber el verdadero número de personas fallecidas por las inundaciones. María Soledad Escobar es autora junto a Gabriel Prósperi del libro “Lo que el agua no encubrió”, y describió lo que vio y vivió durante el allanamiento a la morgue policial del Cementerio de La Plata, al que definió como “un descenso al infierno”.

Una de las principales denuncias que se realizaron pasadas pocas horas de la inundación que azotó la ciudad de La Plata y sus alrededores el 2 y 3 de abril de 2013, fue que el número de fallecidos era superior al que se informaba oficialmente. El juez Luis Arias se encargó de investigar lo sucedido, pero sus presentaciones por las irregularidades advertidas no fueron tenidas en cuenta por las autoridades provinciales.
María Soledad Escobar pidió ser admitida como Amicus Curiae, una figura que le permite como ciudadana colaborar en la causa si el magistrado lo acepta. Y Luis Arias así lo hizo. Este fue el camino a partir del cual Escobar pudo estar presente en el allanamiento que la Gendarmería realizó en la morgue policial del Cementerio de La Plata.

Descenso al infierno (el hombre que fue enterrado dos veces)

En noviembre de 2013, María Soledad Escobar recibió un llamado que la movilizó. Al otro lado del teléfono una mujer le decía que había enterrado a su papá dos veces. “Me contó que él había fallecido en noviembre de 2012 –relató Escobar en diálogo con La Retaguardia–, que ella hizo una causa penal por averiguación de causal de muerte del padre, para luego cremarlo y enterrarlo en abril de 2013. Sin embargo, la empiezan a mandar de la fiscalía a la morgue, y de la morgue a la fiscalía. Finalmente el 22 de noviembre de 2013 le dan un cajón en la morgue y le dicen que es su padre, ella lo entierra. Luego, llama a su tía con quien no tenía contacto para contarle dónde estaba enterrado, pero la tía le dice que ya lo habían enterrado en enero. Así es como surge el caso testigo, a partir de eso vino la pericia de la morgue con Gendarmería el 28 de febrero del año pasado, aparte de todas las irregularidades en cuanto a la documentación”.
En relación a lo que vio durante el allanamiento, Escobar describió: “había más de 60 cadáveres en diferentes estados de descomposición, a temperatura ambiente, cadáveres de bebés entre perros, fue un descenso al infierno. Estuvimos más de 24 horas con la Gendarmería, despegando cadáveres porque además estaban en un cubículo de lo que debería ser una heladera, que en realidad no era heladera porque no funcionaba; donde va un cuerpo había hasta cuatro cuerpos pegados uno arriba del otro, a Gendarmería le costaba identificar de cuántos cuerpos se trataba; había segmentos corporales de cuerpos que figuraban como ya entregados. Un desastre…en La Plata hay entierros con falsa identidad, personas que han sido enterradas con falsa identidad”.

Cristian Madril, otro Luciano Arruga

Escobar explicó que el análisis posterior de la documentación que se secuestró en el allanamiento, además de la pericia informática, permitió conocer las irregularidades e ilícitos que utiliza la Policía Bonaerense para enterrar cuerpos con falsa identidad: “o incluso un caso igualito al de Luciano Arruga, que hay en La Plata, que encontramos una persona que fue identificada por sus huellas, pero enterrada como NN. Tardé cuatro horas en dar con la familia que hacía dos años y medio que lo estaban buscando, y es el día de hoy que por todas las trabas que pone la justicia en La Plata no les permiten exhumar el cuerpo para identificarlo. Lo que pasa es que es gente humilde entonces no le importan a nadie con responsabilidad institucional; desde el Estado no se han acercado a esta familia, hace ocho meses que conocen esta situación pero no lo pueden reconocer. El hijo que se presentó en la causa se llama Jorge Madril, el padre se llamaba Cristian Madril y murió en enero de 2012, aparentemente, según dicen los papeles, porque hasta que no se pueda identificar el cadáver no lo podemos asegurar, pero fue identificado por huellas, y no se notificó a nadie”.

Puesta en escena

A una semana de las inundaciones, el 9 de abril, el juez Luis Arias se presentó en la morgue con una orden judicial para hacer una inspección judicial, pero la policía no le permitió el ingreso. Sin embargo, al día siguiente el ministro de Seguridad de la provincia, Ricardo Casal, ordenó una inspección ocular en el lugar en el marco de la causa penal que se tramitaba por averiguación de casual de muerte y averiguación de paradero por la inundación. Una medida que Escobar calificó como una puesta en escena: “ordena una inspección ocular sin ser parte de la causa. Un ministro no puede ordenar una pericia, pero acá la ilegalidad es lo corriente. Lo hacen con un desparpajo absoluto. Ese día fueron el juez de garantías Guillermo Atencio, que fue el que dijo en su momento que nunca se iba a saber cuál era el número de víctimas de la inundación, el fiscal de la causa Juan Cruz Condomí Alcorta, también fue César Albarracín, mano derecha de Casal que en ese momento subsecretario de Política Criminal, y otros tantos funcionarios judiciales, todos participaron de la inspección ocular que fue una puesta en escena, porque estuvieron dos horas ahí adentro, mientras que con Gendarmería estuvimos más de 24”.
De la pericia informática también surgió que mientras se estaba haciendo la inspección ordenada por Casal, en una computadora labraban el acta que figura en la causa penal, y en otra crearon un archivo excel al que llamaron archivo fantasma: “esto fue el 10 de abril de 2013 a las 12.51 PM. Allí ponen un listado de 56 cuerpos que habían pasado en algún momento por la morgue y empiezan a tramitar estas inscripciones de defunciones con otras identidades. De esos 56 cuerpos, Gendarmería pudo identificar 15 en la morgue, 22 fueron inhumados pero sabemos que no estaban por una pericia previa que había, y los demás no estaban en la morgue porque se estaba tramitando la inscripción de la defunción para enterrar cuerpos. En ese momento los agarramos con las manos en la masa, por decirlo de alguna manera. La pericia de Gendarmería en la morgue policial de La Plata es histórica, todavía no se sabe dimensionar pero nunca una fuerza federal puso un pie en la morgue de la Policía Bonaerense. Básicamente estaban estas personas ahí adentro cuando se pergeña un plan para enterrar personas con falsa identidad. Es de una gravedad institucional inusitada, que se mantiene oculto en todos los medios de comunicación por el tema de los costos políticos que tendrían que pagar muchísimos funcionarios, y las cadenas y redes de complicidades de impunidad que hay son terribles; son personas con mucho poder, por eso también los medios tienden a ocultar todo este horror, pero las consecuencias las tenemos todo el tiempo cuando aparecen los casos como el de Luciano Arruga, o este chico de Mar de Ajo, como el caso Madril. Además del caso Madril, hay otras tres personas que habían sido reconocidas e inhumanas como NN, no encontré familiares pero por qué la policía hace estas cosas, y además dónde están las auditorías, no hay protocolo, el libro de entrada y salida de cadáveres de la morgue es un anillado de fotocopias, no está foliado, es un desastre”, expresó Escobar.

Democracia y dictadura

“En la dictadura llevaban cuerpos a la morgue, aunque supieran quiénes eran los enterraban como NN, en democracia perfeccionaron esos procedimientos porque no pueden enterrar varios cuerpos como NN porque llamarían la atención, entonces toman la identidad de un cuerpo que ya pasó por la morgue en el pasado, solicitan a las fiscalías el oficio para escribir la defunción, obtienen la licencia de inhumación y la utilizan para entrar un cajón al cementerio, utilizando la identidad de otro cuerpo que ya había sido enterrado. En La Plata, en el caso testigo hay dos lápidas con la misma inscripción”, aseveró la co-autora de “Lo que el agua no encubrió”.
Es inevitable asociar, tal como lo hizo Escobar, estos casos con el de Luciano Arruga o el más reciente y menos conocido de Darío Luquez, en Mar de Ajo: “en aquel momento, con el juez Arias decíamos a los medios cuando descubrimos todo esto que lo mismo podría haber pasado con todos los desaparecidos en democracia que están en los cementerios –expresó Escobar–, y hablábamos de Luciano Arruga y los periodistas nos miraban como que era muy jugado decir eso, y el tiempo nos terminó dando la razón porque qué mejor lugar para esconder un cuerpo que en el cementerio. Pero además de todos los cadáveres que había en la morgue, el 30% de los cuerpos que había allí de adultos, ni digo de los bebés, no tenían número de óbito o lo tenían mal, por lo cual un cuerpo en una morgue policial, sin un rótulo que te permita después ir a buscar la documentación para saber quién es, cuándo ingresó, de qué murió, bajo qué causa penal está, y había alrededor de 30 cuerpos que ya no podés saber ni quiénes son, ni cuando entraron a la morgue, nada más parecido a un desaparecido pero en democracia que un cuerpo en una morgue policial del cual no se pueda tener ningún tipo de documentación, es solo un cadáver”.
También resulta inevitable pensar en Jorge Julio López, desaparecido en La Plata, hace más de ocho años y medio. Cabe preguntarse si lo habrán buscado en el Cementerio. “sé que no lo hicieron –aseveró Escobar al respecto–, y la verdad que yo tengo casi ninguna duda de que debe haber sido su destino. Pensemos que desaparece por orden de (Miguel) Etchecolatz, policía bonaerense... es muy posible, pero no se lo ha buscado ahí, no sé por qué su familia tampoco ha actuado en ese sentido, pero todo indicaría que es muy posible. Tendría que intervenir el Equipo Argentino de Antropología Forense para analizar todas las fosas comunes que hay en el cementerio local”.

Funcionalidades

Otra de las irregularidades que se encontraron durante el allanamiento a la morgue fue que había cuerpos vestidos sin que se le hubieran practicado autopsia: “los médicos forenses, en La Plata por lo menos, parece que son brillantes, porque certifican muertes naturales sin hacer autopsias, y sin dar participación a la justicia., cuando precisamente la función de la policía científica es trabajar por orden judicial; pero si llega un cuerpo en estado de descomposición avanzado, alguien humilde, los médicos forenses ni le hacen la autopsia y ponen que murió de una insuficiencia cardíaca aguda, y ya está. Es realmente increíble la cantidad de irregularidades y de poder que tiene esta gente, con la complicidad de la fiscalía por acción u omisión porque las fiscalías tienen que controlar; de hecho la evidencia de un crimen es el cuerpo y es la justicia responsable de lo que suceda en la morgue judicial. Sin embargo parece que aquí no pasó nada, que no hemos descubierto nada, la sentencia de Arias ordena que se tienen que establecer en sesenta días protocolos claros, además de que se pongan en seis meses las condiciones edilicias acorde a lo que tiene que ser una morgue; pero el ministro de Seguridad bonaerense, Alejandro Granados, dijo que no estaba en sus prioridades, que él estaba equipando las policías y que la morgue no estaba en sus prioridades, de alguna manera adelantando que no iba a cumplir con la sentencia judicial de Arias. La pregunta es a cuántos les es tan funcional que la policía pueda deshacerse tan fácilmente de cadáveres”, explicó Escobar.
En este sentido, se le consultó justamente a María Soledad Escobar a quién le es funcional que haya tantos cadáveres en las morgues sin registro: “puedo intuir, sabemos muy bien que la policía utiliza pibes humildes para el delito, los manda a robar y luego los puede hacer desaparecer, puede venir por ese lado, pero la verdad es que no lo sé. El gobernador Daniel Scioli al anoticiarse de esta situación podría haber mandado a hacer auditorías a las morgues sin necesitar de la sentencia de un juez, para ir a poner las cosas como corresponde, haber impulsado los sumarios que correspondiesen, las denuncias penales, pero eso es cuando uno tiene las manos y la conciencia limpias. ¿Por qué no actúan y siempre tratan de ocultar e invisibilizar todo esto? Son interrogantes que quizás se respondan con el tiempo. Pero si realmente desconocían esta situación creo que merece una atención muy particular, sobre todo cuando estamos en un gobierno que se jacta del sistema de derechos humanos, pero los derechos humanos son permanentes, no terminaron en 1983. Hay violaciones a derechos humanos también en democracia y es un tema que tiene que ser tomado, denunciado en la justicia federal como corresponde, y no en la justicia de la provincia de Buenos Aires que ya sabemos que es un desastre. Acá no hay ningún funcionario que por todas estas cosas, las inundaciones o estos descubrimientos, haya sido citado siquiera a dar una testimonial”, reflexionó.

Mecanismos aceitados

Según contó Escobar, estas denuncias han tenido bastante difusión en los medios locales platenses, con claras excepciones como el diario El Día. Sin embargo, en los medios nacionales estas informaciones han sido muy poco reproducidas: “respecto a derechos humanos creo que no hay nada que se haya encontrado que sea más grave que esto en democracia, porque no es casuística, no estamos hablando de un caso en particular, estamos hablando de mecanismos, procedimientos por los cuales la policía se deshace de cuerpos, por lo tanto es muchísimo más grave. Aparte uno también puede decir que existen imperfecciones en el sistema que permiten que se hagan estas cosas pero no que no se aprovechen esas imperfecciones, yo puedo tener un arma y no por eso usarla. Estos mecanismos existen y ya está probado que los usan y cómo, hay variantes para lograr lo mismo, no solamente es utilizar el formulario 25, otras veces lo que hacen es cambiar el lugar de defunción de una persona. Está el caso de una persona que murió en Guernica, por lo tanto seguramente su defunción fue escrita en Guernica, y lo que hicieron en la morgue de acá para inscribir de nuevo esa defunción fue poner que murió en el Hospital San Martín, acá en 1 y 70. Hacen las cosas de tal manera que aunque se carguen en un sistema informático posteriormente, no hay datos que se cruzan por lo tanto uno puede pensar que son homónimos. Está todo muy aceitado, tengo estudiados todos los mecanismos al detalle y son procedimientos aceitados que realmente me sorprendieron cuando los encontré y me asustaron mucho, porque la verdad yo no quiero que mis hijos mañana sean Miguel Bru, ni Luciano Arruga, ni tantos otros que han desaparecido en democracia en manos de la policía”.

Instituciones, independencia y división de poderes

Hacia el final de la entrevista con María Soledad Escobar, La Retaguardia le consultó si creía en las instituciones, y si lo hacía antes de conocer este modo de actuar: “si me decían antes de la inundación que iba a ver o descubrir algo así, hubiera pensado que era imposible, obviamente que me genera una desconfianza que antes no tenía, no creo que estemos viviendo en una república porque la justicia no es independiente, bajo ningún concepto, están las pruebas a la vista. Que un ministro mande a un juez a hacer una pericia en el marco de una causa en la cual el ministro no es parte, ni imputado, ni denunciante... uno no puede ir a una causa penal a ordenar una pericia, el juez Atencio respondió a la orden de un ministro del Ejecutivo, no hay división de poderes claramente. La verdad estoy muy descreída del funcionamiento institucional por estas cuestiones, yo creo que la política se ha transformado en una usina de marketing, todo es marketing, colores, y realmente necesitamos que los políticos, los funcionarios, se tomen más tiempo para la gestión y sobre todo para prestar atención a estas cosas, porque el Estado tiene la obligación de garantizarnos la vida. El Estado no puede permitir que nos ahoguemos, que nos entierren con identidad falsa, que desaparezcan personas”.
En este punto, Escobar remarcó que uno de los mayores cuestionamientos que se viene haciendo en el último tiempo está referido a cómo funcionan los organismos de derechos humanos: “el único que puede violar derechos humanos en una democracia es el Estado, por lo tanto los organismos de derechos humanos deberían ser totalmente independientes y no ser secretarías y subsecretarías dependientes de los Poderes Ejecutivos. En realidad al que se acusa de violación a los derechos humanos es al jefe de los que son secretarios de derechos humanos, entonces queda un vacío donde hay tanta gente que nunca sabés a quién recurrir, y realmente creo que hay que replantearse un montón de cosas en cuanto a las estructuras. El sistema no funciona como está, pensemos que en la provincia de Buenos Aires la procuradora es la persona con mayor poder dentro del Poder Judicial de la Provincia de Buenos Aires, de ella dependen las fiscalías, la defensoría y la policía judicial, ¿no hay un conflicto de intereses? ¿Qué pasa si alguien le roba a un pariente de (la procuradora bonaerense María del Carmen) Falbo y tiene un defensor oficial y un fiscal, le imputan cualquier delito más grave? O sea, tiene un poder que es demasiado concentrado, un poder absoluto, y pueden hacer lo que quieran con la gente, de hecho está a la vista. Cómo se puede pensar que ante un juez de garantías se puede crear un archivo que se llama ‘archivo fantasma’, el nivel de impunidad realmente asusta”.

Las palabras, las reflexiones, las vivencias y la bronca de María Soledad Escobar, testigo del allanamiento de la morgue policial del Cementerio de La Plata tras las inundaciones de 2013, testigo de las irregularidades allí encontradas a las que caracterizó como “un descenso al infierno”, y de las que nadie parece hacerse cargo. De modificarlas, ni hablar.

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