13 abr. 2015

(Por La Retaguardia) Entre las supuestas ventajas que nos llevan los medios tradicionales, cuentan que una es que en las redacciones tienen adelantadas las necrológicas. Es decir que, cuando pueden adelantar trabajo, escriben acerca de la vida de personas que aún no murieron para tener todo listo y sacar la nota lo más rápido posible; los elegidos son los enfermos y los ancianos. Así es que, apenas enterados de la muerte de Eduardo Galeano, algunos medios ya tienen publicadas sentidas y extensas notas que repasan su vida y obra.

 Nosotros corremos con esa ¿desventaja? Escribimos sobre los muertos apenan mueren. Y si tenemos ganas. Galeano es una de esas presencias que nos acompañan de manera permanente. En esa mezcla de profesor de historia con altas dosis de periodismo vestido con ropas de escritor de relatos, hubo, hay, habrá, siempre, lugar para el asombro, la emoción y la formación.
¿Quién podrá ahora ponerle poesía a las luchas de los pueblos?
El mundo es un lugar peor sin él.
Por las venas abiertas de América Latina hoy, además de todo lo que él nos contó, corren lágrimas.

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