24 abr. 2015

(Por La Retaguardia) La idea surgió de las propias integrantes de la Línea Fundadora de Madres de Plaza de Mayo. No se lo propusieron a ninguna “estrella” del periodismo actual, sino a dos personas que venían trabajando junto a ellas. Las hermanas Ana y Virginia Giannoni se reunieron con cada una de las Madres y las escucharon, también entrevistaron a tres hijas, y con ese material escribieron y publicaron por Editorial Marea el libro Las Viejas, en el que la principal protagonista es la voz de estas mujeres luchadoras. La Retaguardia dialogó con Virginia Giannoni, coordinadora del libro, sobre el recorrido que implicó la realización de una obra testimonial necesaria para entender cómo un puñado de mujeres consiguieron enfrentar al poder más oscuro y descolocarlo. Fue durante una emisión del programa radial Oral Y Público.

“Me propuse encontrar una Azucena para empezar a pensar la tapa de este libro y me sorprendí mirando páginas y páginas de flores que nunca en ningún caso están solas, las Azucenas se dan en racimos, es difícil encontrar una que diga ésta soy yo, son seres múltiples que hacen espacio para otras todo el tiempo en la misma rama y de ese modo parecen florecer mejor, crecen estirando sus pétalos para rozarlos con los de otras, sacan provecho en sostener mutuamente, en tomarse como referencia. Capaz de abrirse hasta casi romperse una Azucena es también algo impúdico, algo claramente femenino, no tiene miedo de dejar todo a la vista. Son flores bellas y delicadas, en este andar sin detenerse a pensar que ellas sostienen, hay trampas, esta es una, Azucena es solamente el nombre de la mamá que dijo ‘vayamos a la Plaza’.
Nota del Editor, Las Viejas.

“Es un pedido de ellas de hace unos dos años. Yo las conozco por algún trabajo mío anterior y quedamos cercanas. Soy muy amiga de una de ellas, de Aída Sarti que es del corazón de este proyecto, la que hizo todo esto posible, y durante todos estos diez años estuve cerca de ellas y mi hermana Ana estuvo trabajando en el archivo con ellas; en un momento decidieron hacer su libro. La sensación era que necesitaban dejar algo dicho, y tenía que ser ya, entonces nos lo pidieron a Ana y a mí”, contó Virginia Giannoni sobre los primeros pasos para la realización del libro Las Viejas.
Giannoni explicó que la idea de las Madres era muy intimista: “ellas de verdad tenían ganas de hablar y de contar la historia, además Madres-Línea Fundadora es un grupo que no es una pared unitaria, son Madres que entre ellas son heterogéneas. Y mi hermana y yo las conocemos a todas y queríamos poder mostrar esa heterogeneidad, respetando además todas esas diferencias. Me parece que ellas se quedaban tranquilas de que nosotras las conocíamos, me parece que ellas tenían ganas, creo haberlo entendido en su pedido, de hacer algo más a su estilo que es muy de a pie, sin armatostes, sin sistema, ellas son muy caóticas para trabajar, que no es para nada algo malo, al contrario ellas hacen de ese caos un poder impresionante y es muy femenino su modo de relacionarse. Esas son las cosas que yo traté de mostrar, porque son las que me parecen a mí que las arman”.
“Ellas estaban preocupadas por dejar la cosa íntima, del lado de adentro”, reiteró Giannoni en distintos momentos de la entrevista con Oral y Público. “Son textos duros, cosas tremendas –continuó–, ellas hablan, no es que hace falta hacerles mucha pregunta. Al principio muchas decían ‘yo no sé lo que voy a decir’, pero era hacerles una pregunta y ellas arrancaban y estaban dos horas contando historias, porque tienen tanto para contar, es una historia tan compleja”.

En el nombre de la madre

Al recibir la propuesta de escribir este libro, Giannoni pasó por varios estados: “no quiero, no puedo, y finalmente en base al cariño que les tengo y que sé que me tienen porque hace muchos años que de algún modo estamos cerca, hicimos lo que de verdad podemos hacer, porque no somos historiadoras, no tenemos esa impronta, no fue una idea nuestra, sino que la cuestión era ponerse a tiro para hacer lo que a ellas mejor les pudiera venir. Me parece que hicimos lo correcto en el sentido que hicimos lo que mejor nos sale a las dos, tal vez no es el libro obvio, tal vez no hay una cosa ordenada de un X modo, tal vez faltan datos de la realidad concretos, todas esas fueron decisiones editoriales que tomamos, por eso también el nombre, porque son las mamás, las mamás de los chicos y de todos a esta altura, y porque están viejas, están haciendo este libro a los ochenta y pico de años”.
En relación a la decisión puntual de titular “Las Viejas” al libro, Giannoni, señaló: “laburando con los textos pasaron muchas cosas: hay carradas de anécdotas, por momentos estaba la cosa trabada con el texto, mucha angustia, muchos momentos distintos y por momentos me trababa y decía voy a hacer otra cosa, voy a pensar en otra cosa, y en un momento como que bajó esta cosa de qué loco que para todos mi mamá es mi vieja, es una vieja pero es mía, pero no es vieja en el mal sentido, de que ya está vieja, es vieja porque es mamá, esta cosa tan argentina con la mamá, y además ellas de verdad están en un situación de edad, son mujeres de ochenta y pico de años, son las Madres de Plaza de Mayo, para nosotros son esa cosa intocable, van a tener siempre la misma cara, pero ellas son mujeres de ochenta y pico de años. Un día les dije el título que habíamos pensado, les estaba diciendo a ver si se animaban, y ellas como que se quedaron mudas, silencio... hasta que una de ellas empezó: ‘bueno, chicas, es cierto, ya está, es cierto, somos las viejas, estamos así’. Y desde ese día siempre hay como un chiste, alguna dice ‘como ya estamos tan viejas’”.

El detrás de escena

“Hay 29 Madres Línea Fundadora. Trajimos también a María del Rosario (Cerruti), que se quedó 10 años más con Hebe y después quedó en el éter no militando claramente con ninguna de las dos, pero es una madre de las de primerísima hora, que estuvo en el armado de todo. Esto pasó con la división también, son mujeres que eran muy cercanas en ese momento y ahora tal vez no porque durante muchos años no se vieron y para hacer el libro se reencontraron; hubo unas escenas impresionantes, el backstage del libro es tremendo porque ellas se iba reencontrando. Yo iba con Aída a la casa de alguna que no se veían hacer años y era verse y abrazarse, y era como si no hubiera pasado el tiempo. Tienen un manejo entre sí del discurso, de la energía entre ellas, las ves a estas mujeres y sabés que acá está pasando algo que yo no veo y ellas sí. Trajimos a María del Rosario al libro, está Adelina Alayes que es de La Plata, está también Elia que no participa mucho de las reuniones, para mí esas cosas son joyitas”, relató Virginia Giannoni.
En diálogo con Oral y Público, agregó que el libro no pretende ir en busca del dato, la fecha concreta de un hecho, el contenido histórico, sino que se trata de señoras de ochenta y pico de años que cuentan lo que recuerdan: “lo hacemos en este momento también porque hay mucho de lo otro que ya está. Lo otro era más urgente y necesario en otro momento, hoy es esto, y está bueno porque también es otra lectura. Ellas también se acuerdan de cosas que antes no se acordaban, ahora pueden verse a sí mismas y a las compañeras de un modo sin esta urgencia con la que vivieron mucho tiempo y entonces sí pasan cosas distintas,. Este libro no pretende ser el manual de lo que pasó porque no habría manera, ellas no podrían dar cuenta de eso, faltan muchas de las fundamentales de la historia, es una foto sacada de las que están hoy aquí y ahora. Y lo hicimos de manera absolutamente casera, éramos Aída y mi hermana, o Aída y yo, yendo a la casa de cada una, con el grabador, y después nosotras escribiendo, no hay más nada. Mantener esa especie de silencio fue fundamental para que el libro sea este y no otro, porque es un libro que podría meterte la orquesta y sin embargo mantuvimos eso y fue lo acertado porque yo me siento que hice el trabajo que me pidieron y que las pude llevar hasta ahí cuidadamente”.
Una de los elementos más interesantes del libro es que en general esta historia se conoce contada por las tres o cuatro Madres más visibles o con más acceso a los medios, pero en Las Viejas la misma historia está relatada también por las otras Madres que no aparecen tanto. Al respecto, Giannoni agregó: “además la historia no es algo lineal, y no hay una historia, hay un montón. Ese mismo día en la plaza una se acuerda de los perros, la otra del frío, y la otra de un cana que pasaba y otra de que estaba todo cerrado. Y muchas veces la escena no cierra, pero a mí me pasa que no me cierra una escena de la semana pasada con una amiga”.
Esto puede verse concretamente cuando las Madres relatan cómo llegan a usar el símbolo del pañuelo blanco para encontrarse en la marcha de la peregrinación a Luján y la mayoría no recuerda quién fue la que lo propuso, dando cuenta de una construcción colectiva tanto de ese símbolo como de la historia: “seguramente una lo dijo pero lo hizo al calor de este armado, no era sola en su casa, sino que esa que lo pudo decir sólo lo pudo decir porque estaban las otras, hay algo de esa construcción que ellas la tienen clarísima, que si no es con todos no es. Eso ellas lo manejan de un modo tan visceral, que es escucharlas y aprender de un armado político orgánico”.

Hijas

El libro incluye no solo entrevistas a las Madres-Línea Fundadora sino también a otras personas que las propias Madres pidieron que estuvieran presentes: “son casos muy especiales –señaló Giannoni–, una es la hija de Azucena Villaflor. Hay que rescatar la historia de Azucena especialmente porque para todas fue bien convocante este llamado de Azucena, ella tenía una historia política, en Madres hay muchas amas de casa, pero justamente el planteo político del lugar para estas cosas es Plaza de Mayo, y está buenísimo que ellas lo quieran recuperar, entonces Cecilia De Vincenti que es la hija de Azucena estuvo muy cerca siempre de Aída y de Madres en general; también está María Adela, la hija de Antokoletz, que también trabaja con Madres desde siempre, fue a la Plaza desde muy chica y cuando su madre murió de alguna manera tomó la posta. Hay dos o tres hijas, hermanos, que las acompañan desde siempre, entonces ellas quisieron que estuvieran en el libro, y hay como cositas de ellas sobre todo para rescatar a estas primeras Madres que en ese momento eran grandes entonces murieron mucho antes, y rescatar una parte muy grosa de la historia que se estaba formando”.

Textos que hablan, voces que cuentan

Tras la propuesta y la realización de las entrevistas, las hermanas Giannoni tenían por delante una gran responsabilidad: “¿cómo hablás en nombre de estas minas? Es como muy fuerte, entonces me olvido de esto y trabajo los textos, después de haber hecho las entrevistas era como que me olvido de la firma y trabajo los textos como textos, entonces encontré los textos que cuentan que hablan entre sí, por eso hay muchas Madres que hablan mucho más, porque encontré los textos que tenían música, los textos que estaban contando, los modos de narración que podían servir y mezclarlos con otros distintos, completar esa historia con otras miradas, pero sí usé lo que más música tenía, por eso hay Madres que hablan más y otras que hablan poco, porque ellas también laburan así, esta es una de las cosas que se ve en las asambleas, yo les decía: ‘las veo a ustedes y ustedes no viene una, ustedes son un bloque, vienen muchas’, habla la que mejor habla, canta la que mejor canta y aplaude la que mejor aplaude, eso es la asamblea, por eso son grosas estas minas políticamente, porque entienden el corpus político de verdad, no están compitiendo, entonces yo decidí aprender de eso y tomar la misma decisión: los textos que hablan, las voces que cuentan, porque esa anécdota que justo está contando lo está haciendo de tal modo que habla y tiene música, esa va y la otra no. Y sí, quedaron un montón de cosas afuera porque 29 minas contando la historia... podés hacer tomos y tomos dependiendo desde dónde lo tomes. Fue todo un laburo, pero en un momento tomé la decisión de cómo iba esto de que hablen ellas, de que no haya narrador, de que trencen las historias, se contesten, entones sí dejé mucho afuera, pero pude hacerlo, antes no podía dejar ni una coma, cómo hacés para no poner si todo es interesante. Ellas están en un momento en que lo que dicen ahora son todas perlitas”, aseveró Virginia.

Encuentro divino

“El libro es de ellas, ellas nos lo encargaron a mi hermana y a mí, estuvimos trabajando con ellas un montón y finalmente Marea lo presenta en sociedad, gracias también al trabajo que realizó Constanza Brunet de la editorial. Ellas están muy grandes también y había que cerrar y terminar el libro antes de fin del año pasado. Hubo un encuentro divino, íntimo, entre ellas, que hacía mucho que no se veían todas juntas en casa de Madres, para recibir el libro a fin de año que fue muy acertado, era un momento al que había que llegar y ahora los vamos a presentar en la Feria del Libro, pero en diciembre era todo un momento interno para el grupo que estaba bueno que el libro esté, y estuvo”, expresó Virginia Giannoni con la satisfacción de haber realizado un trabajo imprescindible.
El libro “Las Viejas” se presentará en la Sala Leopoldo Lugones de la Feria del Libro el miércoles 29 de abril, a las 16.30. Asistirán las autoras, Constanza Brunet y Editorial Marea y algunas integrantes de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora.
En tanto, para el mes de junio se organizará una presentación en la Biblioteca Nacional, “con más tiempo y algo más relajada”, según adelantó la propia Virginia Giannoni.
El libro de las Madres de Plaza de Mayo no debe dejar de leerse. Podrá sonar imperativo, pero les debemos tanto, que meternos es sus historias, con ellas ahí, contándolas descarnadamente, es solo una pequeña devolución y un aprendizaje más.


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