17 may. 2015

(Por La Retaguardia) El segundo tramos del juicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos en “Mansión Seré”, en el que se juzga a ocho represores por los delitos de secuestro y homicidio cometidos durante el Terrorismo de Estado en la gran casona de Morón, se encuentra en etapa de alegatos. Este miércoles 13 de mayo fue el turno de la querella que representa Pedro Dinani, integrante de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, con quien dialogamos sobre el desarrollo de este proceso. Además, reflexionamos sobre el valor del testimonio de los sobrevivientes; también del de los desaparecidos y de cómo lo que ellos les han dicho a los sobrevivientes es aceptado por los jueces como un testimonio certero.

En este juicio se investigan los delitos de privación ilegal de la libertad agravada, violación, abuso deshonesto, tormentos y homicidios contra 95 víctimas, sucedidos en el ámbito de la Subzona 16 del Primer Cuerpo de Ejército. La mayoría de los delitos se cometieron en el centro clandestino de detención, tortura y exterminio conocido como “Mansión Seré” o “Atila”. También se incluyen otros lugares de detención ubicados en los partidos bonaerenses de Morón, Merlo y Moreno, como la 1ª Brigada Aérea de El Palomar, la 7ª Brigada Aérea de Morón y las Comisarías 1ª (seccional Morón), 2ª (seccional Haedo) y 3ª de Morón (seccional Castelar).
Pedro Dinani, que realizó su alegato el miércoles 13 de mayo, representa al Partido Comunista Argentino y a la Asociación de Ex Detenidos Mansión Seré y Zona Oeste.
Durante mucho tiempo los crímenes de lesa humanidad en Mansión Seré fueron poco conocidos. La publicación del libro Pase Libre, en el que el ex futbolista Claudio Tamburrini relata su secuestro y fuga desde allí, y la posterior película Crónica de una Fuga de Adrián Caetano (basada en el libro del sobreviviente) permitieron que se conociera lo ocurrido en esta casa antigua ubicada en la calle Blas Parera de Morón: “esto tiene mucho que ver con un modo de ocultar los hechos –señaló al respecto Pedro Dinani–, el libro y la película han impulsado mucho la causa y el saber la verdad. Hay que acordarse un poquito que en la causa XIII (el Juicio a las Juntas) cuando se juzgan estos hechos se habla de la fuga, y al jefe de la fuerza en ese momento le dan 4 años y 6 meses. Desde ahí hemos recorrido un largo camino, en el que estuvo la película de Caetano, actividades de sobrevivientes, otras propias del Partido, hemos iniciado una caravana para marcar todos los centros clandestinos, desde que se iniciaron las causas los compañeros van recorriendo las diferentes brigadas y las comisarías que funcionaron como satélites clandestinos de Mansión Seré, lo que se conoce para nosotros como el circuito represivo del Oeste, por eso cuando nosotros nos referimos a la causa decimos Mansión Seré y Zona Oeste porque realmente la fuerza aérea llevó adelante la represión dentro de lo que consideramos un circuito represivo violento y duro”.
Algunos de los imputados en este juicio ya fueron condenados en otros procesos. Sin embargo, se encuentran con arresto domiciliario: “en términos reales no están presos, son dos brigadieres, el de la 1ª Brigada Aérea Palomar, (Hipólito Rafael) Mariani, y (César Miguel) Comes, el de la 7ª Brigada de Morón. Parte de lo que es el grupo de tareas que está en la película es el que se está juzgando ahora, lo digo como para que se pueda identificar a quién se está juzgando. Es un aporte que uno no espera de la película, pero de la manera en que está contada y de los temas que aborda uno puede más o menos familiarizarse con lo que uno está juzgando”, agregó el abogado en diálogo con Oral y Público.

Perder la inocencia

“Dentro del gran número de víctimas que tiene la causa, yo represento a dos compañeras de larga militancia, ahora militantes dentro de la línea del kirchnerismo, Adriana y Zoraida Martín tenían 14 y 16 años cuando fueron secuestradas. En la causa nosotros tratamos de poner claro sobre oscuro: se estaba torturando a una piba de 14 años, y a una piba de 16, por más que hayan tenido la militancia profunda como tenían ellas, creo que no habían perdido su inocencia y la pierden ahí cuando el centro clandestino y la tortura les muestra que todos los valores de la vida se caen, se pierden dentro de ese espacio, que está dispuesto para la destrucción de lo humano, yo creo que esos son casos terribles. Zoraida decía ‘después del centro yo quería envejecer’, ese es uno de los planteos que nosotros hemos hecho. Normalmente el proceso lo que le exige al testigo es que diga a qué hora fue secuestrado, qué día y si puede decir si vio la cara de los represores, cuando para los que estamos con las víctimas, convivimos, y que más allá del proceso nosotros seguiremos militando con ellos, sabemos que hay algo más en el testimonio que por ahí queda afuera de lo que sería la cronología del hecho, nosotros vamos un poco más allá, esa es la intención de la querella que representamos en Mansión Seré”, explicó Pedro Dinani.

Dar testimonio

“En relación a Mansión Seré y a este circuito, la mayoría de los compañeros realmente quiere declarar porque lo toma como un acto militante más. Había hace un tiempo una idea como que se pensaba que los testigos no tenían que declarar más, que se los revictimizaba, pero para mí esto partía de la base de la idea de ocultar una parte del fenómeno que es el judicial, entonces los compañeros de Mansión Seré y Morón salieron fuertemente a cuestionar, para ellos el testimonio es un acto militante más, la idea es ‘yo sobreviví al centro para contarlo, no para ocultarlo’, porque había como una especie de que si nosotros salíamos a decir que no vaya nadie a declarar que el juicio se hace igual no iba nadie al juicio, nadie va a escuchar lo que pasó, y uno necesita escuchar varias veces para interpretar lo que pasó, no es solamente una vez”, aseveró Dinani.
En este sentido, remarcó que los sobrevivientes salieron a defender la posibilidad de dar testimonio aunque tengan que hacerlo en repetidas oportunidades: “la mayoría de ellos ha declarado cinco veces en instrucción y han reconocido fotos y es parte de la verdad del testimonio; incluso Tamburrini declaró tres veces, en causa XIII, la primera causa la 1170 A que fue en 2009 y esta vez que declaró por videoconferencia. Por más que se digan las mismas cosas y no cambie el lugar del centro, ni el relato, importa darlo siempre una vez más”.
En relación a las preguntas provocadoras que generalmente realiza la defensa de los represores, Dinani destacó que es en estas instancias cuando el testimonio cobra voluntad militante: “ahí el testigo se enfrenta a una defensa y a veces me ha pasado, soy abogado en el juicio de la ESMA también, y a veces los testigos contestan mejor las preguntas de la defensa porque se sienten atacados en su dignidad y ahí es donde mejor surge lo que sería esa dialéctica, si se quiere, entre el bueno y el malo, así funciona esto. Por ejemplo, cuando les preguntan por la militancia y si tenían armas, nosotros en principio nos oponíamos a esa pregunta pero ahora estamos de acuerdo con esa pregunta en función de que se tiene que entender que el sobreviviente portaba armas por una cuestión de seguridad y por una cuestión de que estaba peleando en contra de una dictadura, si no no se entiende por qué un grupo de personas toma las armas; no las toman porque tenían ganas de arruinarse la vida y matar a alguien, toman las armas porque estaban defendiendo un país de lo que sería la mayor explotación que estaba sufriendo, si no seguimos creyendo en la teoría de los dos demonios, de que había dos malos, cuando realmente había un grupo armado que estaba resistiendo a la dictadura. Eso hay que decirlo en los juicios, si no se pierde el eje”.
De todos modos, el abogado remarcó que la aparición de este tipo de elementos en los juicios se fue dando de manera gradual: “es una experiencia que va avanzando a medida que se va sabiendo la verdad; hay un fallo muy lindo que es el voto del juez (José María Pérez) Villalobo en la causa (María Alejandra) Niklison en Tucumán, en donde él vota a favor del genocidio, y dice que a partir del bombardeo a la plaza de 1955 se sucedieron una cantidad de hechos represivos y que el pueblo argentino tenía que reaccionar, y es cierto, si uno lo toma como fecha el ’55 y lo que se desencadena a partir de 1976, ahí entiende por qué surgen determinados agrupamientos revolucionarios armados, hay que explicar la historia, y el testimonio es un poco la pequeña historia de cada una de esas personas”.

La valoración del testimonio

En relación al valor que en los juicios por crímenes de lesa humanidad tiene la palabra del desaparecido, en la charla con Dinani se recordaron las recientes palabras del fiscal José Luis Longobardi, durante su alegato en el juicio contra el policía Julio Diego Torales por las torturas cometidas a Luciano Arruga en setiembre de 2008: “Luciano nos habló aquí a través de los testimonios de su familia y amigos”. Al ser consultado sobre cuál es el valor que, desde lo jurídico, tiene en los juicios de lesa humanidad el testimonio de un sobreviviente que refiere a la palabra o al relato de un detenido desaparecido, Dinani reflexionó: “el testimonio es un relato del hecho, y como tal admite todas las interpretaciones y todas las valoraciones. Uno va a la bibliografía anterior y lo que se interpretaba era que el testimonio de un testigo de oídas era considerado menor. Es decir: si a mí me cuentan un accidente de tránsito, cuando voy a declarar sobre ese accidente de tránsito mi testimonio vale menos que el del que estuvo directamente y vio el accidente. Ahora en un centro clandestino, con una estética y metodología concentracionaria, el oído es más importante que la vista, y es probable que el compañero le haya referido por oídas: ‘viste a fulano que lo conocíamos, y era nuestro compañero de militancia, lo mataron’, ese testimonio y ese testigo de oídas que en un juicio ordinario común no valdría nada, en el juicio de lesa tiene un valor extremo, porque es la manera que había de comunicación si uno tenía anulado el sentido de la vista. Hay otro tema más: al ser un hecho traumático, la mayoría de la doctrina sostiene que ese hecho traumático es el que más queda impregnado en la memoria, los testigos lejos de no recordar ellos están capacitados para recordar, es muy diferente el lugar en el que uno se coloca para interpretar al testimonio si lo hace como proponemos la mayoría de las querellas desde la lógica concentracionaria. Si lo hago desde una lógica común, probablemente no entienda nada y nunca pueda llegar a una valoración correcta del testimonio”.
Dinani también se refirió a la valoración que se hacía de los testimonios en el marco del juicio a las juntas: “se los valoraba erróneamente, no porque se dijera que el testimonio era mentira, sino que se lo valoraba incorrectamente porque se lo valoraba desde la teoría de los dos demonios. La mayoría de los testigos tenían que decir que estaban comiendo pizza cuando los secuestraron, que ellos pasaban por ahí, que no militaban, y estaban ocultando una parte de la verdad en función de que estaba el decreto alfonsinista que juzgaba a los grupos armados. Por eso la historia del testimonio, del testigo de lesa humanidad, ha sufrido muchas mutaciones; incluso uno de los planteos centrales con relación al testimonio es que el testimonio es vehículo y puede ser completo e íntegro en función de las libertades públicas del momento. La mayoría de los testigos que declaraban en la causa XIII lo hacían presionados casi por el grupo de tareas, que les decía ‘mirá que vas a declarar a tal hora’. Hoy existe un marco en el que las libertades públicas han avanzado pasos importantísimos dentro de los juicios de lesa humanidad. El compañero Turco (Jorge) Zurriam, militante del peronismo de base del Barrio Carlos Gardel, en Seré dice: ‘yo cuento aquí que me han violado en función de que sé que ustedes me van a escuchar y que con lo que yo diga algo van a resolver’. Es decir, digo toda la verdad, me animo a decirlo porque puede haber alguien que escucha y entienda la verdad, es parte de la valoración del testimonio, si los tribunales no quieren esa obligación de escuchar e interpelar y entender ese testimonio la mayoría de los testigos va a empezar a relatar tres, cuatro hechos que son cronológicos y de los que nadie duda, y van a ser testimonios que no nos van a ayudar a entender la entidad del hecho”.
El querellante dio un ejemplo de la importancia de valorar la palabra: “en el juicio a la ESMA se escuchó lo sucedido con el compañero de Reneé Ahualli, (Ahualli era militante del peronismo en Mendoza, sobreviviente del asesinato de Paco Urondo; la referencia a su compañero es para Emilio Carlos Assales, alias "Tincho"). Él estuvo en el centro clandestino de la ESMA; lo llevan en un primer vuelo para arrojarlo al mar y como no le había hecho efecto el pentonaval se despierta y lo traen de nuevo al centro clandestino. Él da cuenta a una cantidad de compañeros del propio centro respecto a dónde lo habían llevado y qué era lo que él había percibido que iba a pasar en ese vuelo. A la semana siguiente, lo llevan otra vez y desgraciadamente logran la finalidad de la tarea. Ese testimonio es de oído, lo recuerdan los testimonios, de oídas, en el tribunal, ahora es el único dato cierto de quien estuvo en las puertas del avión y volvió, no hay otro testimonio”.
“Yo espero que nadie se atreva a dudar de esos testimonios –agregó el abogado–, a ese testimonio nosotros lo plantearemos como central la querella, y la defensa lo planteará como un testimonio de oídas, como algo que escuchó pero no que vio. Y nosotros tenemos la idea que realmente el que vio la obra terminada no puede contarla, el que vio el desastre, el horror terminado, está desaparecido”.
En relación al accionar del poder judicial en estos juicios, Dinani reflexionó: “la familia judicial que está siendo tan cuestionada en este momento, no ha hecho ni ha revisado los actos, ni cómo se ha comportado en esa época. Yo creo que un juez después de escuchar un testimonio en un juicio por lesa humanidad algo, un zumbido, le tiene que quedar, si es que hay honestidad intelectual. Si son jueces pro-militar o uno de estos que se movilizaron el 18F, estos juicios no producirían ningún cambio en ninguna manera de entender las cosas”.

La vida concentracionaria y los delitos sexuales

En el juicio de Mansión Seré también se están juzgando delitos sexuales cometidos en los centros clandestinos de detención. Al respecto, el abogado querellante manifestó: “nosotros hemos acompañado la idea de la fiscalía de una condena diferenciada con relaciones a las violaciones. Igual es un tema que está en discusión porque si bien afecta desde otra manera a la víctima porque ha sido así, la violación tiene que ver con los distintos métodos que había dentro de un centro clandestino para destruir tu voluntad humana, tus valores, entonces tenías la tortura, el hambre, la desnudez, las violaciones, los golpes, una compañera en un momento relató ‘teníamos incluso hasta la esperanza de vida para destruirnos’. Es decir cuando decían que podían vivir era para darles miedo, nuevamente tener que acostumbrarse a que podían vivir y morir. Entonces es tan compleja la vida concentracionaria, interpretar la situación en la que se encontraba cada uno de los compañeros es durísimo. Pablo Llonto, otro compañero abogado de la causa Campo de Mayo y también de la ESMA, planteaba que no hay un manual de buen comportamiento en un centro clandestino, y entonces por ahí determinadas personas hablan con una irresponsabilidad de la historia o de la vida de los militantes que a uno lo preocupa. Mientras la gente estaba lidiando con el horror en los centros clandestinos, muchos estaban exiliados. Qué voy a referir sobre una vida concentracionaria cuando por ahí no se entiende o no se comprende ese hecho. Un ejemplo claro que a mí me impactó, fue cuando uno lee la historia de lo que era el Comando que se ponían en los centros de exterminio nazis y el relato que emana de esos sobrevivientes, que era de la gente que ayudaba a los nazis a exterminar pero que eran víctimas porque eran parte del sujeto político que iba a ser exterminado, y uno se pregunta si es la única manera en que puede llegar el testimonio, es más, sin ese testimonio nunca hubiésemos sabido las profundidad de lo que era un campo de exterminio. Por eso hay una cantidad de personas que juzga la vida concentracionaria desde un óptica mezquina y hasta diría deshonesta, y me refiero al último libro de Miguel Bonasso (Lo que no conté en Recuerdos de la Muerte), que realmente las pocas palabras que pude ver me parecieron nefastas en relación a esto que estamos queriendo decir”.

La próxima audiencia del juicio será el 27 de mayo, y se continuarán escuchando los alegatos de la querella. Luego será el turno de la defensa y finalmente, dentro de un mes aproximadamente, la sentencia. Pedro Dinani adelantó que pedirán que la lectura del veredicto se realice en Morón, ya que el juicio se está llevando a cabo en los tribunales de San Martín, una jurisdicción que aunque es cercana no es el lugar donde se cometieron los delitos que están siendo juzgados.

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