12 may. 2015

(Por La Retaguardia) La última emisión del programa radial Oral y Público fue especial. Dedicamos el programa a un juicio que no está vinculado al genocidio ocurrido durante la última dictadura cívico-militar: el juicio contra el policía de la Bonaerense Julio Diego Torales por torturas a Luciano Arruga, cometidas en el destacamento de Lomas del Mirador el 22 de setiembre de 2008. Dialogamos con Víctor Basterra y José Schulman, ambos sobrevivientes de la dictadura, quienes nos dieron sus impresiones sobre este proceso y nos ayudaron a entender por qué vincular una época con la otra en cuanto a violencia institucional, puede no ser un despropósito.

“¿Estamos muy desubicados por pensar que en un programa sobre juicios por delitos de lesa humanidad cometidos durante el Terrorismo de Estado, tenemos que tratar el juicio por las torturas recibidas por Luciano Arruga?”, le preguntamos desde Oral y Público a nuestro compañero Víctor Basterra, sobreviviente de la ESMA.
“Las torturas forman parte de una metodología que acompañó a las fuerzas de seguridad policiales y que evidentemente sigue presente, lo sucedido con Luciano Arruga fue hace apenas 6 años; pero además siempre hay algún tipo de mención a las torturas que se producen, no solamente en las cárceles sino también en las comisarías, como una cosa naturalizada de la policía, así que es bueno que se ponga sobre el tapete este tema. Lo que pasa es que todo esto queda un poco rengo frente a que no fue solamente tortura, esto también está acompañado de la desaparición de Luciano Arruga pocos meses después, que además durante mucho tiempo el cuerpo de este chico estuvo oculto, y gracias a una serie de circunstancias muy motorizadas por su hermana, que es una chica muy lúcida, se pudo acceder al descubrimiento de que estaba enterrado como NN, y después todas las circunstancias que comenzaron a aparecer y que dan lugar al entramado que hay, porque pasó por un hospital, que se callaron la boca..., hay toda una serie de circunstancias que dieron lugar a que este joven quedara como desaparecido. Esa metodología está presente, hay que denunciarla, hay que desnudarla, y hay que pelear contra eso, y una de las formas es el juicio”, respondió seguro Basterra.

Modus operandi

José Schulman, integrante de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, asistió a las dos primeras audiencias del juicio, en las que declararon, entre otros, Mónica Alegre, mamá de Luciano, y Vanesa Orieta, la hermana. En diálogo con Oral y Público, detalló sus impresiones y sensaciones: “escuché a Mónica y a Vanesa, vi actuar al defensor de Torales, vi actuar a la jueza que preside el tribunal, y para mí fue un aprendizaje enorme, porque el último año me he pasado estudiando y escribiendo, tratando de entender estas causas armadas contra los muchachos, los casos de gatillo fácil, las muertes en democracia, las desapariciones, y creo que el juicio fue un traer en colores, ver todo mucho más claro. A mí me parece que la aparición sin vida del cuerpo de Luciano Arruga lo que demuestra es que hay una tecnología, un modus operandi del Estado, que actúa sobre los adolescentes y los jóvenes pobres de las barriadas populares. Esa metodología en el juicio aparece clarísima y consiste en convocarlos para ser mano de obra de la policía como ladrones en zonas liberadas; en la medida en que se resisten pasan a ser hostilizados, torturados, se les arman causas falsas para incriminarlos y doblegarlos. Una de las cosas que aprendí en el juicio es que no solo se trata de una técnica o una tecnología preventiva para atemorizar a un sujeto que probable, posible, potencialmente pudiera revelarse, sino que es una técnica de castigo contra los que resisten. En ese sentido me parece que incluso es bueno pensar en lo que tienen en común y en lo que tienen de diferente estos juicios con los de lesa humanidad. No es exactamente lo mismo pero tienen mucho de común, incluso a mí me suena mucho pensar a Luciano Arruga, de 16 años, y Floreal Avellaneda, de 15 (el “Negrito” militaba en la Federación Juvenil Comunista, fue asesinado y su cuerpo mutilado apareció en la costa uruguaya en 1976), los dos asesinados de una manera cruel y vil. Y cuando escuchaba a la mamá de Luciano contar que el sueño de su hijo era estudiar, tener un trabajo bien pago, cuidar a la abuela, poder escuchar música que es lo que más le gustaba, ahí me di cuenta de que esos sueños son incompatibles con el Estado, con el sistema que existe en la Argentina”.
En relación al accionar de los defensores del policía Diego Torales, Schulman expresó: “me impresionó escuchar el mismo discurso que los defensores de los genocidas: un discurso falso, hipócrita, provocador, que digan que no hay ninguna causa, que no hay ninguna prueba, que pretendan presentar a Torales, un pobre hombre transformado por decisión propia en un torturador, ladrón, miserable, como un prisionero preso político, realmente es un agravio, pero es lo mismo que dicen los defensores de Benjamín Menéndez, como si todo fuera un invento tramado entre los organismos de derechos humanos, las víctimas y el gobierno nacional para involucrar a personas que no tienen nada que ver. Entonces ahí hay un punto muy fuerte, ellos son los que están diciendo que es lo mismo, no nosotros”.

Crimen de Estado

Otra instancia que José Schulman remarcó de las audiencias fue el maltrato de los abogados defensores para con los testigos, las víctimas, y la falta de reacción de los integrantes del tribunal: “creo que ni siquiera se dan cuenta de lo que hacen porque están tan lejos… Vanesa varias veces le dijo al Tribunal que les quería explicar, y yo después le decía que es inútil pretender explicarles porque no pueden ni quieren entender, están tan lejos del mundo que habitaba Luciano, Vanesa, Mónica, que es absolutamente incomprensible para ellos lo que se está hablando. Una de las discusiones que hubo el día que habló Vanesa es que una de las juezas le dijo por qué ella dice que no tenía asesoramiento legal si el Estado tiene un cuerpo de abogados gratuitos. Y Vanesa la miró y le explicó que ella vivía en una habitación de 3x4, que no tenía plata para el colectivo, que estaba en un destacamento policial donde le estaban pegando al hermano, ¿cómo pensaba esta mujer que ella podía conseguir la ayuda del supuesto equipo jurídico gratuito? En un punto aparece tan claro que no hay ninguna acción individual de Torales, que es una acción institucional de la policía, que tampoco es solo de la policía sino que en el encubrimiento del cadáver de Luciano intervinieron el hospital, el cementerio, los que lo trasladaron y en realidad no sabemos nada, porque no sabemos qué pasó en esa noche en que lo mataron a Luciano en la General Paz, pasó por un hospital y lo enterraron como NN en el cementerio de la Chacarita. Entonces está claro que es una acción, es un crimen de Estado sin lugar a duda, que se inscribe en una secuencia más amplia y más repetida que es la violencia institucional como algunos la llaman, a mí no me gusta mucho ese nombre pero no me preocupan los nombres, y que esa tecnología no solo se propone atemorizar sino que castiga a los que resisten el lugar que el capitalismo argentino les ofrece, que es el de ser mano de obra barata para las bandas delincuenciales que actúan en común con la policía; creo que eso lo aprendí y no me lo olvido más, en esos testimonios increíblemente dignos de una pureza prístina, de una valentía, cuando el miserable del defensor le pregunta a la mamá de Luciano si no tiene vergüenza de que su hijo haya sido cartonero, y ella le dice que estaba muy orgullosa de Luciano porque había rechazado el ofrecimiento de portar una pistola por parte de la policía. Me pareció una increíble lección de dignidad popular, digna de la dignidad de los '70”.

El duro oficio de ser testigo

En relación al maltrato recibido por los familiares y amigos de Luciano Arruga durante sus declaraciones en el juicio, Basterra manifestó: “creo que hay que fortalecer a todo testigo en estos casos porque primero existe la presión, segundo nosotros estamos curtidos porque hemos tenido años de enfrentamientos de distintas circunstancias y podemos soportar algunas presiones, y podemos incluso darles respuestas hasta irónicas a los defensores que nos hostigan, pero me imagino a muchas de estas personas que están sometidas o que tienen que prestar testimonio o incluso hacer denuncias... es muy difícil, muy complejo, hay que fortalecerlos mucho, empujarlos, darles una cobertura, por lo menos. Yo sé que están cumpliendo en ese sentido, pero hay que estar muy atentos a esas situaciones porque también aparece la presión amenazante de la policía, porque no olvidemos que en la cuadra de nuestro barrio viven dos canas por lo menos, y uno que es bonaerense sabe que la cana está ligada de una forma u otra a ciertas prácticas y eso lo saben los compañeros que están dispuestos por ahí con gusto a declarar, o con disgusto pero que tienen que hacerlo, pero saben que es posible que tengan que soportar algún apriete, y a eso hay que encontrarle la vuelta, porque estar solo en esas circunstancias me imagino que debe ser muy difícil”.
Cuando Basterra hablaba de "yo sé que están cumpliendo", hacía referencia al apoyo recibido por los familiares de Luciano por parte del grupo de psicólogos que integran el Centro de Asistencia a Víctimas de Violaciones a los Derechos Humanos Fernando Ulloa. Este centro fue creado hace algunos años por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación con el objetivo principal de acompañar a los testigos y víctimas de lesa humanidad. Puede afirmarse entonces que si el mismo Estado está dando este tipo de asistencia en esta oportunidad, es porque reconoce que en el caso de Luciano hubo efectivamente violación a los derechos humanos.

Irresponsables y cómplices

Durante las audiencias, la defensa intentó en varias oportunidades desviar el foco del juicio pretendiendo incluir en el debate si Luciano había robado o no un mp3, motivo por el que lo habían detenido. Con ese objetivo, citó a declarar a varios policías del Destacamento de Lomas del Mirador, algunos de ellos presentes no solo el día de la detención de Luciano sino también en la noche de su desaparición, el 31 de enero de 2009, además de llamar al joven que fue víctima del robo. A pesar del rechazo por parte de la querella y la fiscalía a este accionar de la defensa, el Tribunal Oral en lo Criminal Nº3 de La Matanza aceptó el pedido de los abogados de Torales. José Schulman calificó la conducta de los jueces como de una gran irresponsabilidad: “el día que yo estuve me enojé mucho porque el tribunal permitía cualquier agresión contra los testigos y ahí creo que hay un problema de clase, de desprecio por las víctimas, en ese punto nosotros hemos logrado que en los juicios por los crímenes viejos del Terrorismo de Estado se respete a las víctimas y a los testigos y me parece a mí que hay que dar una pelea cultural muy grande, porque es evidente que el tribunal no tiene ninguna consideración por los testigos de los casos de violencia institucional. No quiero enredarme en discusiones estrictamente jurídicas, pero ¿qué importancia tiene que haya robado o no haya robado si se está discutiendo la tortura?, por lo tanto el tribunal no debería aceptar ni por un segundo ese tipo de preguntas y lo hace por una mezcla yo creo que de gran ignorancia, yo vi gente muy precaria, lo digo sin ánimo de denigrar a nadie, pero me parece a mí que no se han preparado, ni preocupado por estudiar los casos, ni mucho menos el fenómeno del qué están hablando; ellos lo toman como un caso común y este es un caso de una grave violación a los derechos humanos, y a partir de tratados, pactos y convenciones internacionales los testigos de estos juicios tienen derechos especiales, excepcionales, que deben ser respetados rigurosamente los derechos de cada uno de los que participan en estos juicios, cosa que no se hace y está claro que el show que querían montar era ese porque hay una gran complicidad del poder judicial porque ahí lo denunció Vanesa, el juez de menores no apareció nunca por el destacamento policial y no se está juzgando al juez de menores, que debería juzgárselo por su responsabilidad en la tortura de Luciano; no solo son los policías, es todo el sistema judicial el que avala eso, pero pedirle al poder judicial que se autoenjuicie es como muy ingenuo”.
Schulman remarcó que la realización del juicio por torturas a Luciano se conquistó gracias a la lucha popular y agregó: “nosotros aceptamos dar la batalla en los terrenos jurídicos pero hay que ser consciente de que este poder judicial es corrupto, elitista, que estos códigos penales son absolutamente obsoletos, ninguno de ellos está pensado para tratar este tipo de delitos. El derecho nació para defender al poder y por lo tanto no sabe qué hacer cuando tiene que enjuiciar a un policía, hay problemas culturales realmente reales en donde los jueces no saben cómo actuar, porque están programados, formateados, para poder acusar a los pobres, no para defenderlos”.

El mito de los abogados angelicales

“Acá hay un mito de que los abogados son seres angelicales –aseveró Schulman– y que si defienden a un torturador no tiene nada que ver con su integridad. Pero no jodamos, estos defensores que defienden a un torturador éticamente son gente muy complicada porque para asumir la defensa del torturador y asumir estrategias de defensa agresivas con las víctimas hay que ser una persona muy mala, de muy mala ética, que lo único que le importa es la plata y que por la plata son capaces de cualquier cosa, entonces yo no acepto ese supuesto de que los abogados son seres angelicales que no tienen que ver con su defendido, es mentira. Seguramente los abogados que patrocinan a víctimas de gatillo fácil casi todos ellos son gente muy buena porque se ponen al hombro causas nobles, y los que defienden a torturadores son gente muy complicada; excepcionalmente puede haber algún confundido pero no lo creo..., creo que son los mismos que se presentan ante los jueces antes de que los ladrones lleguen a la comisaría porque están avisados por un sistema de teléfono que tienen. En la Argentina real, las bandas y las mafias policiales tienen abogados, y este abogado seguramente está pagado por la Bonaerense y está consustanciado con la metodología que aplica esa policía. Con este poder judicial no vamos a poder enfrentar a la violencia institucional, no solo no tienen voluntad, tampoco tienen la menor idea de lo que se trata”.
En este punto, Schulman dijo que no se imagina en este juicio una sentencia ejemplificadora: “habrá una sentencia administrativa pero no imagino que este tribunal esté en condiciones de brindar un aporte sustancial a eso que Foucault llamaba ‘el derecho genera verdad’, no creo que de este juicio surja una sentencia que le permita a la sociedad entender qué es lo que pasó con Luciano Arruga, y que además lo entienda como parte de una metodología”.

Consecuencias

Luego le consultamos a Víctor Basterra acerca si estos nuevos sujetos perseguidos por el Estado, estos pibes pobres de los barrios, son el emergente y la consecuencia de la derrota de la década del ’70.
“Toda la sociedad se vio afectada en su momento y actualmente –reflexionó–, y esta es una consecuencia de la voluntad que tuvieron los represores, por decirlo en términos demasiado amplios, pero aquellos que han tenido en algún momento mucho poder, todavía lo tienen y seguramente si no se lo vamos pateando de a poquito lo van a seguir teniendo, son quienes determinaron que la sociedad tiene que estar en manos de ellos, y para eso tienen sus herramientas que son las fuerzas de seguridad, su justicia, que son por ejemplo esos defensores que actúan tan horriblemente, para eso tienen los legisladores, los empresarios, tienen un montón de elementos, y a todos estos tipos no les importa. Por eso entonces nos hacen tan difícil la vida a todos, porque los que todavía conservamos una parte de sensibilidad frente al problema del otro, del compañero, del codo amigo, del alma gemela, los tipos a esa sensibilidad se la pasan por el quinto forro... Y todo eso sí es una derivación de esa persecución que tuvo el conjunto del pueblo para debilitarlo, conseguir que sea insensible, y cuando se muestra esta dignidad (en referencia a la mamá de Luciano) no sé si pueden en algún momento comprenderlo. Me parece cierto lo que dice José, que es muy difícil que ellos puedan llegar a comprenderlo, que han producido un daño tan inmenso en la sociedad y lo siguen produciendo evidentemente, y justamente esto de los chicos, de los jóvenes que se visten de una forma, caminan de una forma, usan gorrito de una forma, está extendido. Yo me acuerdo en San Rafael (Mendoza), que estuve hace dos o tres años, y había un clamor de muchísima gente justamente contra la violencia policial que se ensañaba contra estos pibes, y donde la policía tenía directamente el poder que tenía hace muchos años de tenerte en cautiverio, torturarte, hacerte pomada, lo mismo que a Luciano. Y si los pibes se rechiflan, bueno, les pasa lo mismo que a Luciano, ya sea con un coche fraguado, o lo hacen cruzar el Riachuelo nadando como en el caso de Ezequiel Demonty. Esta es una metodología, está instalada y hay que remar contra eso”.

La Memoria

A las audiencias del juicio por torturas a Luciano asistieron alrededor de 100 personas por día, que es la capacidad del salón de la sede de la Unión Industrial de San Justo que se preparó para estas jornadas. Para los Familiares y Amigos de Luciano fue un número insuficiente, pero si se lo compara con la asistencia que habitualmente hay en los juicios por crímenes de lesa humanidad, se percibe que efectivamente fue mucha gente. Actualmente, a las audiencias por lesa humanidad van solo familiares y unos pocos organismos de derechos humanos.
En cuanto a los organismos que asistieron al juicio por Luciano, solo se pueden nombrar a la APDH de La Matanza y al CELS, que son representantes de la querella familiar, y a José Schulman como integrante de la Liga. Vale sí mencionar a la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos que si bien no estuvo presente en la audiencia, sus miembros vienen acompañando a los familiares de Luciano desde un comienzo y también agregar a Correpi, si bien es un organismo nacido ya en democracia.
Cabe entonces preguntarse qué pasa ante la casi nula presencia de organismos. Al respecto, Schulman aseveró: “acá hay una discusión que pasa desapercibida y es que cuando se decidió implementar el sistema de juicios orales y públicos, es necesario contextualizar lo que era oral y público en el siglo XIX que es lo que nosotros vemos, una sala, hay que hacer la cola, te verduguea el que te pide el documento, el secretario te mira si uno chifla porque no sé en dónde se cree que está, pero los juicios orales y públicos en el siglo XXI deberían ser televisados. Debería haber un canal público que televise los juicios y al menos estos juicios de enorme importancia, de grave violación a los derechos humanos, y es una vergüenza que no se esté televisando por el canal público, no vi las cámaras de (Canal) Encuentro (el veredicto será transmitido en vivo por la radio de la RNMA y Radio La Retaguardia, entre otros medios comunitarios alternativos y populares). Sucede que en realidad estamos del otro lado de la trama de la discusión sobre qué cosa es la memoria, acá los que creemos que la memoria sirve para iluminar el presente estamos en el juicio, pero los que creen que la memoria es una cuestión antropológica, arqueológica, y se pasan haciendo miles de actos de memoria, claro, a los cayeron en los setenta pero cuidadito con nombrar a los 6 campesinos paraguayos que están en Tacumbú o hablar de la defensa de los compañeros de Quebracho que estuvieron presos, yo creo que es la misma discusión de la disolución del Instituto Espacio para la Memoria y si hay que hacer una fiesta en la ESMA, es una discusión sobre la memoria, y en todo caso la discusión sobre qué cosa entendemos sobre los derechos humanos partiendo de una discusión sobre la memoria. Hay algunos organismos que no van a estos juicios porque en realidad se consideran como una especie de cultores de una memoria como algo del pasado”.
“Esa memoria, lo hemos dicho mil veces –continuó Schulman–, no nos interesa, y sí nos interesa pensar que el accionar que estas bandas terroristas de Estado como la bonaerense, efectivamente son continuidad de aquellas, y pensar con mucho respeto que estas víctimas también son herederas de aquellas víctimas, de otra manera; es cierto que mi generación, la de Víctor, la de Cachito (Fukman) fue empujada a la política directa por el contexto latinoamericano y argentino, y que posiblemente estos jóvenes han sido empujados a otras prácticas y a otros sueños y esperanzas pero que son tan incompatibles con el capitalismo como los nuestros, y ahí está el punto de encuentro y el punto de entendimiento que podemos lograr porque todos tenemos que encontrar un mundo y una Argentina en donde no haya más torturadores, y para eso se necesitan cambios muy profundos. Yo creo que el juicio también es una bofetada para la gran ilusión de creer que se va a terminar con la tortura dando dos charlitas de derechos humanos en la Escuela de Policía, que es una ilusión que han tenido muchos y muchas, y que siguen teniendo... el juicio les golpea en la cara. Está claro que la tortura es un habitante cotidiano regular de todas las seccionales de policía del país”.

Una charla profunda con Víctor Basterra y José Schulman sobre sus impresiones y sensaciones acerca del juicio por torturas a Luciano Arruga, la continuidad de un modus operandi para perseguir y torturar a los jóvenes más humildes, a aquellos que se revelan al supuesto orden establecido, y la permanente complicidad en la acción u omisión de los distintos poderes del Estado. El viernes será la lectura del veredicto por las torturas a Luciano, ¿será justicia?

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