22 jul. 2015

(Por RNMA) Rubén Dri, filósofo y docente de la facultad de Ciencias Sociales, ex integrante Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, dialogó con Enredando las Mañanas, durante la emisión del viernes 17 de julio,  para analizar qué implica en términos políticos la visita del Papa Francisco a América Latina y la articulación con diversos movimientos del campo popular, con los que compartió su tiempo en Bolivia. Dri siempre emitió su opinión, no siempre cómoda, desde que Bergoglio se convirtió en Francisco.

-Enredando Las Mañanas: Queríamos comenzar preguntándote qué implica la llegada del Papa a América del Sur y qué lectura puede hacerse sobre su participación en el Encuentro de Movimientos Populares, que tuvo como un eje principal la consigna de “techo, tierra y trabajo”

-Rubén Dri: Sin duda que para los movimientos populares latinoamericanos es un acontecimiento sumamente importante, porque la Iglesia Católica es una construcción sobre todo simbólica y cultural  muy importante, que en todos los movimientos políticos latinoamericanos siempre ha tenido un papel fundamental. Y que en este momento desde la Iglesia Católica se fomente la construcción que están realizando los movimientos populares latinoamericanos, sin duda que es una bocanada de aire fresco para estos movimientos. No podemos dudar de ninguna manera de ello.

-ELM: La pregunta es ¿cómo se relaciona este planteo, que sin duda resulta progresivo, con la institución Iglesia?

-RD: Naturalmente todo esto presenta grandes contradicciones. En primer lugar la figura misma de Francisco, Francisco es Bergoglio, no nace de un repollo, ni bajó del cielo en un momento determinado. De manera que nosotros tenemos que considerarlo en toda su dimensión con las contradicciones que expresa. Mientras él estuvo en Argentina como cardenal de Buenos Aires, estuvo al frente de la oposición, en contra del movimiento nacional y popular. Y ahora lo vemos en una actitud diferente. Entonces tratamos de analizar objetivamente lo que esta produciendo y decimos, esto es progresista, esto abre la cancha para los movimientos populares, pero también tenemos las antenas alertas porque vemos la contradicción que este personaje mismo expresa. Por otra parte, también vemos que la elección de Bergoglio como Papa sobreviene a partir del fracaso de un proyecto de iglesia que estaba centrado en Europa. Una iglesia que se había comprometido con el neoliberalismo, con el papado de Juan Pablo II (a quien a su vez Francisco beatificó) y ante el fracaso de ese proyecto de iglesia que Benedicto XVI trató de recuperar con la mirada centrada en Europa, la Iglesia se da cuenta que la posibilidad de recuperar su poder está en América Latina, no en Europa. Y está precisamente en toda esa potencialidad que tienen los movimientos populares latinoamericanos, que a su vez, al ser cristianos, le pueden dar un nuevo poder a su iglesia.

-ELM: En su momento cuando fue la elección del Papa, se hizo no solamente el análisis en relación al fracaso de un modelo de iglesia, sino también a que este Papa venido del sur del mundo iba a significar un freno a todos esos movimientos sociales, mientras que hoy -contrariamente a lo que se pensaba- parecen tomar un protagonismo de la mano del Papa a nivel mundial. Sin embargo, hay quienes insisten en que esto no implica de ninguna forma un avance hacia la trascendencia del capitalismo o hacia sociedades que tengan otro régimen de valor, sino que el Papa pertenece al conservadurismo de la Iglesia, es decir, a aquellos sectores que necesitan controlar a los movimientos. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

-RD: Yo digo que hay que analizarlo en todas sus contradicciones. Por una parte, sin duda alguna el Papa ha abierto un espacio para el avance de los movimientos populares, pero por otra parte esto le da un nuevo poder a la Iglesia. Ese nuevo poder que se le da a la Iglesia es un poder no sólo de control frente a los movimientos populares, sino también es un control a todos los avances que se pueden hacer en el ámbito del Estado. Y me refiero fundamentalmente a todo lo que la Iglesia denomina “la moral”, o sea, todo lo que tiene que ver con el sexo: el tema del aborto, la fertilización asistida y el tema de la educación.

-ELM: Para agregar a las contradicciones, vemos que por un lado se pronuncia el discurso de las tres T (tierra, trabajo y techo), pero al mismo tiempo notamos que la corrupción en la Iglesia es moneda corriente. ¿Qué sería necesario entonces para renovar y democratizar la institución Iglesia, y hasta qué punto Francisco avanza en eso, pensando por ejemplo en el Banco Vaticano?

-RD: Justamente iba a hablar del Banco del Vaticano. Hay que leer también los dobles mensajes continuos, una iglesia pobre para los pobres es lo que quiere Francisco, una iglesia pobre con el Banco del Vaticano, ¿qué significa eso? O sea, la pobreza esta simplemente en determinados signos, en no hacer esa ostentación que se había hecho hasta este momento, y Francisco es un maestro en mostrarse humilde, austero, sin ese fausto. Pero la riqueza o la pobreza no consisten precisamente en eso. De ninguna manera estamos viendo ahora una iglesia pobre, sino todo lo contrario, una iglesia que ahora va a poder incluso ser más rica en la medida en que pueda limpiar, de alguna manera, como lo esta haciendo, con el Banco del Vaticano.

-ELM: Otro punto importante del discurso de Francisco en su paso por Bolivia fue el pedido de perdón a los pueblos originarios. ¿Cómo ves vos la posibilidad de esta articulación entre la resistencia indígena y lo que expresó Francisco?

-RD: Este pedido de perdón ya lo había hecho Juan Pablo II, y al mismo tiempo que lo hacía expresaba una política de persecución absoluta a todo aquello que significaba y que había significado liberación o progreso tanto al interno de la Iglesia como en las sociedades. Recordemos que pedía perdón al mismo tiempo que iba a Nicaragua para apoyar la política de EE.UU. en contra de la Revolución Sandinista. Ahora bien ¿qué pasó con la dictadura militar en la Argentina? Podemos pedir perdón de algo que pasó hace cinco siglos, pero algo que ha pasado ahora, en lo cual Francisco como Bergoglio tiene bastante que ver, sobre eso no se abren los expedientes.

-ELM: Otra cosa que generó revuelo fue el obsequio que le hizo Evo, que era una réplica de una escultura hecha por Luis Espinal. ¿Quién fue Luis Espinal?

-RD: Luis Espinal era un jesuita de la década del 70 que estaba comprometido totalmente con los movimientos de liberación y que asumía el marxismo fundamentalmente como instrumento de conocimiento de la realidad. Es decir, quien esta embarcado en una lucha social y política de liberación de nuestras sociedades, de ninguna manera puede hacer a un lado el análisis marxista, ya que sin Marx no hay análisis de las contradicciones sociales. No es que Francisco se haya escandalizado de esto, él sabe manejarse políticamente. Cuando se le preguntó sobre el hecho, expresó que Espinal pertenecía a esa rama de la teología de la liberación que asumía el marxismo, cosa que había sido condenada directamente por la Iglesia.

-ELM: ¿Te sorprenden las reacciones de cierto progresismo intelectual o político que celebra casi sin contradicciones y sin críticas todo lo que tenga que ver en este momento con el Papa?

-RD: Algunas veces me asombra, sí. Creo que no se puede ser tan inocente. Sobre todo intelectuales, que compran directamente un progresismo, sin el sustento, sin un análisis real de los procesos. No se puede comprar algo que de repente es negro y pasa a ser blanco. O sea, analicemos en serio si hay una política de Bergoglio de transformación, pero veámosla en su propia historia. Esto no puede explicarse con lo que dijo el mismo Bergoglio cuando se le preguntó: ¿cómo es que antes era un hombre amargado y ahora es un hombre radiante?, y él dijo: “es que es más lindo ser Papa que ser Cardenal de Buenos Aires”. No se puede navegar en ese tipo de superficialidad de una manera simple.

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