10 sept. 2015

La semana pasada los estudiantes habían iniciado una toma en repudio a la designación de Héctor Mastrogiovanni como regente del turno tarde. El docente fue acusado y sancionado por haber agredido a alumnos durante un conflicto en 2007. Luego de reuniones con las autoridades del colegio y de la UBA, los estudiantes lograron que se suspenda –por ahora solo de palabra– el ascenso. Dialogamos con Viviana Mazur, cuyos hijos asisten al colegio universitario. (Por La Retaguardia)


En varias oportunidades entrevistamos a Viviana Mazur por temas referidos a salud. Ella es médica y docente en el postítulo de Especialización Superior en Educación Sexual Integral en el Instituto Superior del Profesorado Joaquín V. González. En este caso, dialogamos con ella como madre de un estudiante del Colegio Carlos Pellegrini, y de otra que estaba en el colegio cuando sucedieron los hechos que ahora explicaremos. Sin embargo, Mazur aclaró desde un comienzo que las temáticas están relacionadas: “esta situación tiene alguna vinculación con mi trabajo en salud porque la primera vez que tomé contacto con la situación en 2007, yo era mamá de otra alumna de la escuela, y cuando se produjeron los sucesos en los que este docente participó activamente generando violencia contra los estudiantes, en ese momento me encontraba formando parte de un equipo de trabajo de investigación psicosocial que acompaña a víctimas de represión y de situación de violencia social y participé en la escuela en ese momento también desde ese lugar acompañando familias y chicas y chicos que habían sido víctimas de violencia por parte de algunos docentes entre ellos a quien hoy se pretende premiar con el ascenso para que se encargue del cuidado de los chicos de todo el turno vespertino”.
La entrevista con Viviana Mazur se realizó cuando el colegio aún estaba tomado. Los estudiantes llevaron adelante esta medida tras conocerse la decisión de las autoridades de ascender a Héctor Mastrogiovanni al cargo de regente del turno tarde. Respecto a los antecedentes de este docente, Mazur explicó: “en ese momento (2007) la escuela estaba en un proceso de lucha, hubo desalojos por amenazas de bomba que aparecían cada dos por tres y en uno de los desalojos quieren sacar a estudiantes que se encontraban custodiando el bar que era uno de los lugares que tenían los estudiantes como espacio de autogestión. Empezaron a forcejear con los estudiantes produciéndoles lesiones, cerrándoles la puerta de golpe, atrapando a las chicas con la puerta, lastimándolas, zamarreándolas, hubo situaciones de muchísima violencia con daños físicos que fueron denunciados en ese momento, se inició un sumario y se llevó adelante un proceso administrativo en la Universidad. Por otro lado, comenzaron a aparecer un montón de situaciones de acusaciones que no habían sido explicitadas de otros tipos de violencia que se habían ejercido y que estaban naturalizadas contra los estudiantes desde piropos inapropiados, por decirlo de alguna manera a situaciones que lindan más con el acoso sexual, a amenazas con relación a la represión, a tiempos de dictadura, ‘sabemos dónde vivís’, etcétera. Esos fueron los sucesos de 2007. Ante esa situación se realiza un sumario (a Mastrogiovanni), se lo encuentra responsable de negligencia y de no cuidado de los estudiantes, se lo pasa a otra función lejos del contacto con los estudiantes, pero lentamente esta persona volvió a la escuela, a tener contacto con los estudiantes, empezó a desarrollar tareas de profesor, a acumular horas, hacer recorrido de carrera con la antigüedad, y después de algunos cambios reglamentarios que se produjeron en el último momento esta persona está en condiciones, por decirlo así, administrativas de presentarse y ser reconocido para cumplir una función de cuidado de los estudiantes”.
La designación que se había pretendido para Mastrogiovanni era la de regente que implica ocupar el tercer puesto en orden jerárquico dentro del Colegio: “está el rector, el vicerrector que es el responsable del turno, y el regente del turno que es el que le sigue en funciones al vicerrector. En jerarquía sería la persona en tercera escala en función de las autoridades de la escuela, desde lo funcional se supone que es la persona que está encargada del cuidado del estudiante. Por lo tanto no podemos sentirnos tranquilos como padres y madres sabiendo que esta persona está en esa condición, tenemos la convicción que con esta historia personal y sin haber mediado ninguna autocrítica siquiera de todo este proceso no estaría en condiciones de ejercer ese puesto. Más aún cuando ante el inicio de las denuncias por parte de los estudiantes de estas situaciones se responde con amenazas, incluso con insultos, diciendo de una manera más grosera que no molesten más con estas denuncias, recomendando a docentes que no dejen entrar a estudiantes que vienen a denunciar esto a las aulas, lejos de garantizar el ejercicio democrático como venía sucediendo en la escuela ante situaciones conflictivas o de debate y a sugerir a la preceptora de una de las estudiantes que la persiga tomándole lista para que tenga que estar en el aula y no pueda ir a hablar a los cursos”.

Y el sindicato, ¿a quién defiende?

Al ser consultada sobre la reacción del sindicato ante esta situación, Mazur expresó: “lamentablemente este docente pertenece al gremio de UTE-CTERA, que no solo lo defiende sino que además sacó un comunicado con un estilo absolutamente patoteril defendiendo a este docente, convocando a que se termine con esto de las denuncias y agraviando a otros docentes que la verdad que tienen un recorrido en la escuela absolutamente intachable desde el punto de vista profesional y personal, como que salieron a embarrar la cancha. Esto a veces es tan contradictorio... yo estaba el otro día en la presentación de una actividad en la Legislatura y escuchaba a representantes de UTE-CTERA hablar sobre la ley de educación sexual integral y pensaba ¿cuál es el punto de encuentro entre este discurso y esta realidad?. Muchas veces nos pasa como personas, ciudadanos, vemos que a los estudiantes también les sucede, terminamos rehenes de situaciones que tienen que ver con internas gremiales, agudizadas con momentos electorales, y lejos de la misión que tiene que tener una institución educativa que es trabajar en el cuidado y la formación de los jóvenes y las jóvenes”.
En este sentido, Viviana Mazur destacó que los estudiantes estén realizando un proceso de debate en relación a la violencia: “cuando en nuestro país decimos ‘ni una menos’ y cuando hablamos en contra de la violencia, etcétera, podemos discutir si las tomas son o no la mejor medida, pero la verdad es que lo que puedo decir es que estos estudiantes han intentado por otros medios, como el diálogo, intentar ser escuchados no para imponer una cuestión de menos estudio o de facilidad en sus prácticas como estudiantes sino muy por el contrario llevar adelante lo que como sociedad estamos reclamando desde hace un montón de lugares que tiene que ver con no naturalizar las situaciones de violencia, ni de género, ni contra quienes necesitan ser cuidados en nuestra sociedad como por ejemplo son los jóvenes y las jóvenes. Creo que como madres y padres tenemos la obligación de participar en este proceso, acompañando a nuestros hijos y sosteniendo el lugar que como adultos tenemos que tener respecto a que ninguna institución educativa puede estar en manos, ni dirigida por gente que ejerce la violencia contra los jóvenes”.
Los estudiantes resolvieron levantar la toma y reunirse con Alberto Barbieri, rector de la Universidad de Buenos Aires, quien les aseguró que Héctor Mastrogiovanni no será ascendido, sino que mantendrá su actual puesto en el colegio con el mismo sueldo. Este fue un acuerdo de palabra, por lo que no se firmó ningún tipo de papel o documento. Ante esto, los estudiantes se mantienen en estado de asamblea pero con dictado normal de clases, y en este marco definirán los pasos a seguir.

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Foto: La sanción que recibió Mastrogiovanni por maltratar a los alumnos. 

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