6 sept. 2015

El sábado 29 de agosto se cayó el techo del Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio de la última dictadura cívico-militar, ubicado en las calles Ramón Falcón, Lacarra, Fernández, Rafaela y Olivera del barrio de Floresta. Este hecho se dio a más de un año del traspaso de los sitios de memoria de la Ciudad de Buenos Aires del Instituto Espacio para la Memoria a la órbita de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. Hablamos con Víctor Basterra, quien estaba a cargo del área de Preservación de Sitios de Memoria del IEM.

(Por La Retaguardia) El CCDTyE El Olimpo integra el circuito represivo ABO (Atlético-Banco-Olimpo), que ya tuvo varias instancias de juicio. Aparentemente se estaban realizando allí algunas obras en el lugar, lo concreto es que el sábado 29 de agosto, alrededor de las 11 de la mañana, se vino abajo un tinglado. Solo una casualidad hizo que no hubiera heridos como consecuencia de esta caída, ya que el hecho ocurrió en un horario donde no hay tránsito de gente.
Los sitios de la memoria de la Ciudad de Buenos Aires, entre los que se encuentra El Olimpo, fueron traspasados en mayo de 2014 del ámbito porteño al nacional a través de una ley aprobada en la Legislatura. Este traspaso fue fuertemente resistido por organismos de derechos humanos y sobrevivientes, reclamos que no fueron escuchados. Entre las consecuencias de esta ley, se encuentra la disolución del Instituto Espacio para la Memoria.
Víctor Basterra, sobreviviente de la ESMA, formaba parte del Consejo Directivo del IEM y era el responsable del área de preservación de los sitios de memoria. El Olimpo tenía la particularidad de que era el único centro clandestino al que se había podido ingresar antes de la creación del Instituto: “El Olimpo ya tenía una mesa de consenso (la Mesa de Trabajo y Consenso), que se había renovado en diversas oportunidades porque había dificultades entre los compañeros que la integraban, y había una visión poco rara por momentos, e incluso en algún momento hubo una idea de un legislador que era del PRO de hacer un colegio de arte y ciencias, toda una serie de iniciativas que le quitaban la alegoría que significaba El Olimpo como centro clandestino. Ahí se había creado la Biblioteca Fuentealba, que supongo sigue funcionando, y siempre había algún inconveniente con El Olimpo. De cualquier forma nosotros hacíamos lo que podíamos y no se volaban los techos en esa época”, afirmó con ironía Basterra en el diálogo con Oral y Público.
Durante el tiempo que el Instituto Espacio para la Memoria estuvo a cargo de El Olimpo se realizaron obras: “se creó además todo un sistema para echar a las palomas que había, porque era una invasión en la ciudad, y se había reforzado toda la estructura, no sé si se habrá dejado abandonado eso, no sé…”, agregó Basterra.
Es poco lo que se sabe respecto a lo que ocurrió el sábado 29 por la mañana. Al parecer los techos que se cayeron fueron construidos en 1916 cuando funcionaba allí una estación de tranvías. Las obras de remodelación que se estaban realizando en este espacio consistían en la remoción de las chapas y tirantes de los techos, es decir parte del material que cedió.

Escuchar el silencio

“Es un problema meter mano sin miramiento –reflexionó Basterra–, como lo que hacen en el Casino de Oficiales (en la ESMA), han hecho un estropicio con lo que han hecho ahí. Dentro de poco voy a ir a visitarlo de nuevo porque estoy muy preocupado. Es una idea mía que tendré que después charlarlo con los compañeros, pero es una idea de volver a las fuentes, de charlar, en muchos aspectos no se puede reconocer cómo está ese lugar. Además lo han llenado de ruido por todas partes, no se escucha el silencio ahí, no existe, y ha sido un lugar de silencio y hay que volver a replantearse lo que se ha hecho ahí, hay mucho dinero de por medio, eso es lo que pienso. Uno siempre espera a ver si las cosas no son tan graves como uno cree, porque en algún momento nosotros nos opusimos a hacer cualquier intervención, esas famosas ‘resignificaciones’, siempre son burdas creaciones, no sé, se tiene una idea de la masividad, de las visitas masivas y al final se termina haciendo macana. Se hacen macanas, esa es la realidad. Yo lo llamo torpezas por querer imponer una idea, porque se meten y no tratan de revisarlas. Y además, en general, los sobrevivientes hemos sido ninguneados, buena parte de nosotros...”.

La caída del techo de El Olimpo, una nueva posible consecuencia del traspaso de los sitios de la memoria; cuando no se tiene en cuenta lo realizado y pensado por quienes pasaron y sufrieron por estos centros clandestinos de detención, tortura y exterminio.

Foto: Fernanda Layño

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