8 oct. 2015

La Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) celebró su asamblea el 25 de septiembre pasado. Allí le negaron el ingreso a la filial de La Matanza, integrante de esa instancia de decisión. Lo habían anticipado por mail: todos aquellos que no tuvieran “la cuota al día” no podrían participar. APDH La Matanza supo por esa notificación que existía una cuota que pagar para tener voz en las discusiones, incluso si se trata de una regional que no posee financiamiento alguno por fuera de la autogestión. Pero la razón real del enfrentamiento parece ser otra: semanas antes, Pablo Pimentel, presidente del grupo autónomo de La Matanza, manifestó a la mesa directiva una situación que definió como de “incompatibilidad de funciones en base a la ética y los valores fundacionales de la APDH”. Las opiniones de los Pimentel y de Nora Cortiñas. (Por Rosaura Barletta para La Retaguardia)

La incompatibilidad

Lo que se denuncia Pimentel, entre otros integrantes del histórico organismo, es que Ernesto Moreau, uno de los presidentes ejecutivos de APDH Nacional, patrocina de forma particular y desde su estudio de abogados, a un grupo de testigos de Jehová que demandan civilmente al Estado porque se negaron, durante la dictadura, a realizar el Servicio Militar Obligatorio. La defensa a título personal por parte de Moreau no sería problemática si éste no hubiera incluido en el seguimiento del caso documentos y solicitudes firmadas por APDH Nacional. La denuncia inicial fue formulada por Horacio Ravenna, otro presidente ejecutivo de APDH Nacional, que fue inmediatamente suspendido de su cargo junto a Paula Alvarado, una joven abogada, por “las formas” que utilizaron para presentar el planteo. Todo indica que la formalidad es más importante que la acción. “Nosotros –APDH La Matanza- advertimos que hay una influencia de parte de Moreau por su doble rol. Nadie le juzga su tarea particular pero se contrapone con una cuestión ética porque utiliza a la presidencia en el organismo para influir en el curso de la causa”, afirmó Pablo, que se expresó a favor de la denuncia formulada por Ravenna y en contra de su suspensión.

La represalia

“No es la primera vez que me impiden pasar a un organismo de derechos humanos, pero fue muy desagradable que suceda en el que vi nacer hace cuarenta años”, sostuvo el dirigente. Los militantes de La Matanza aseguran que la exigencia de tener la cuota al día es una excusa que encubre el problema político que despertó su postura de apoyo a las acusaciones de Ravenna. “Nunca ha sucedido en ningún organismo de derechos humanos, esto es inédito”, reflexionó Pimentel refiriéndose al impedimento de entrar a la asamblea por razones económicas. Luego de retirarse de la convocatoria dejando en claro su postura, Pablo y su hija Paula, que lo acompaña, solicitaron al Consejo de presidencia que se expidiera sobre su participación a futuro. “Como parte del Consejo al que no renuncio, como militante de APDH La Matanza, organismo autónomo a la APDH Nacional desde 1987, y como nieta de uno de sus fundadores, someto la invitación que me hiciera la Mesa Directiva a formar parte de este Consejo, a la voluntad de la Asamblea, con los correspondientes y reales motivos de su decisión”, expresó la joven, militante y periodista, en una carta abierta. En este período se retiraron, según Pablo, cerca de 20 miembros de la mesa directiva, la mayoría jóvenes, entendiendo que no se podía tolerar esta situación.

Familia con historia

Pablo Pimentel abrió paso a la tercera generación de militantes por los derechos humanos de la familia con la incorporación a APDH de su hija Paula, que retrató a través de la carta el “trago amargo” que tuvieron que pasar luego de encontrarse con la entrada denegada a la asamblea: “El desatino político, pero sobre todo, el desatino militante, nos impedía el paso a aquel lugar donde jugaba de pequeña acompañando a mi padre, donde mi abuelo concurría a diario, en los tiempos más difíciles, donde estuvimos en un sinnúmero de reuniones y conferencias”.
Paula rememoró los inicios de la APDH como organismo, las marchas durante la dictadura y las personalidades que acompañaron su lucha, como el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, o el cura Luis Farinello, y comparó ese contexto con la actualidad: “La APDH se convirtió en algo tan frío como para condicionar el voto, la voz, la presencia toda a una cuota económica”, expresó. En la algidez del relato, los Pimentel desataron la bronca puntualmente ante el renombre positivo de Eduardo, padre de Pablo y uno de los fundadores del organismo, en el espacio que ahora los expulsó: “Manifestamos la voluntad como familia de retirar todos los emblemas de Eduardo Pimentel, hasta tanto la Mesa Directiva modifique su actitud y vuelva a los valores fundacionales. Quien conoció a mi abuelo sabe que nunca hubiera permitido que se dieran los hechos denunciados, ni que se le niegue la entrada a nadie y mucho menos por un motivo-excusa económico”.

Organismo autónomo

APDH La Matanza es, desde 1987, una entidad autónoma e independiente de las decisiones tomadas en la filial nacional. Cuenta, además, con personería propia, lo que le permite no depender en ninguna instancia de APDH Nacional para resolver cuestiones administrativas. La distancia surge durante el gobierno de Raúl Alfonsín y en un momento particular: “Con el dictado de las leyes de obediencia debida y punto final, la postura de APDH Nacional en aquel momento fue respaldarlas, por lo que se diferenciaron APDH Neuquén, La Plata y La Matanza. Nosotros dijimos que había que ser coherentes con lo que en un principio se había planteado y no podíamos sostener las leyes de impunidad”. Así lo explicó Pablo, que además aclaró no tener registro de que esa postura alguna vez se haya rectificado. “En aquel momento estaba (Graciela) Fernández Meijide que había producido una modalidad macartista de sacar del medio a un montón de militantes fundacionales y eso también fue materia de denuncia de nuestra parte”, rememoró.

Los valores fundacionales

APDH La Matanza pondera por encima de todos los valores al respeto y la defensa de los treinta artículos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. “Nuestro norte es la defensa integral de todos los derechos y estamos para las personas que se acerquen y soliciten nuestro acompañamiento”, definió Pimentel. El espacio es multisectorial, por lo que abre la participación posible a personas religiosas, sindicalistas, político-partidarias, etcétera. Aunque es un espacio político de un distrito, APDH La Matanza acompaña causas mucho más allá, como es el caso del acampe Qo.Pi.Wi.Ni., la lucha por la absolución a los petroleros de Las Heras en Santa Cruz, o la exigencia de la aparición con vida de Facundo Rivera Alegre, desaparecido en Córdoba. “Creo –finalizó Pablo- que hay latente una bronca por la actitud que siempre tenemos de acompañar todos los casos que podemos sin importar las responsabilidades”.

Solidaridades

La situación dentro de APDH se hizo pública y rápidamente se pronunciaron otros organismos y militantes. Nora Cortiñas, integrante de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, abrió su posición al respecto. “Que a Pablo Pimentel no le permitan la entrada a una reunión me parece absurdo y una falta de ética. No es justo, él es presidente de APDH La Matanza y ya demostró que, por el camino de la justicia, acompaña las causas más difíciles”. Cortiñas dejó en claro que no es su intención inmiscuirse en el accionar de otro organismo y que lo considera un error de quienes tomaron la decisión, no sólo de los que estaban en la entrada en esa oportunidad. “Lo siento mucho, me duele mucho, lo que le pasó a él es improcedente”, concluyó.






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