15 oct. 2015

El viernes 9 de octubre, declaró en la causa por las responsabilidades políticas en los asesinatos de Darío y Maxi, el intendente de Avellaneda en aquel momento. Las familias de Santillán y Kosteki impulsan una campaña que consiguió la reapertura de la causa para establecer las órdenes políticas de la Masacre de Avellaneda, ocurrida el 26 de junio de 2002. En la actualidad, Laborde es Representante Especial para la Integración Económica Regional y la Participación Social del ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la Nación. Aquí la entrevista realizada durante el programa radial La Retaguardia, que conducen Fernando Tebele y María Eugenia Otero, en la que acusó a Duhalde, Atanasof, Solá y Juanjo Álvarez de participar de una represión coordinada y especial para aquel día. (Por La Retaguardia)

“Cuando los familiares y compañeros de Darío me propusieron aportar, lo hice porque hay una ausencia en la búsqueda de la verdad sobre lo que pasó. Aquel día fue determinante para esta etapa de la democracia: producto de lo sucedido quien era presidente, Eduardo Duhalde, adelantó las elecciones y no se presentó él”, señaló inicialmente Laborde, que aportó datos fundamentales sobre el accionar de varios funcionarios del gobierno. “Haber dado con los asesinos de Darío, no así de Kosteki, deja la necesidad de dar con los que mandaron a Franciotti. No me quedan dudas de que fue una orden y que tuvo que ver con el gobierno nacional y con el gobierno provincial. No tengo elementos para decir si se mandó a matar o no, pero por lo que recuerdo de aquellas horas y lo que supe posteriormente, había una sincronización”, destacó categóricamente.
La declaración de Laborde fue -al menos hasta ahora- la última de una serie de funcionarios de su gestión. Por tratarse del intendente, pudo dar cuenta de todos los hechos que abonan su teoría de la sincronización de diferentes fuerzas y ambos gobiernos, y de lo especial de aquella represión.

Otras vías de comunicación

El ex intendente recordó el rol de Atanasoff, Jefe de gabinete entonces, que dijo unos días antes: “’subir al puente era una declaración de guerra’. Esto se relaciona con la declaración de Ruckauf que reivindica en aquel momento su firma en el polémico decreto en la época de Isabelita que ordenaba exterminar la subversión”. Laborde también informó que compañeros y trabajadores del hospital Fiorito, ubicado en Avellaneda, le contaron que desde el Ministerio de Salud de la Provincia llegó la indicación de despejar la mayoría de las camas. “Eso nos hizo pensar que se preparaba una represión dura –denunció-. En aquel momento teníamos cortes habituales y no se tomaban esas medidas. Luego supe que cuando hay conflictos así la Bonaerense solicita una banda particular para que no se confunda con la del handy que se usa para cosas cotidianas. No sólo no lo hizo sino que utilizó handys propios, otro elemento que me producía sospechas”.

El desborde de Solá

Laborde señaló que, tanto por testimonios como por filmaciones, se supo que la Prefectura marchaba con la Bonaerense por la calle Yrigoyen. “Había un acuerdo porque la Prefectura no puede participar en una provincia si ésta no la habilita. ¿Hubo un acuerdo especial para esta ocasión?, ¿hubo un protocolo general, o no, y fue simplemente una invasión de jurisdicción? Lo extraño, además, es que caminaban juntas las dos fuerzas”, amplió el ex intendente. Un empleado municipal, según contó Laborde, recibió un disparo de parte de la Prefectura. “Esa mañana Franciotti me dijo, cuando yo lo requerí, porque él era jefe de la policía de Avellaneda y tenía diálogo conmigo, que tenía conversaciones con (Oscar) Rodríguez, el segundo de la SIDE. Mi impresión es que había un conocimiento y hasta una coordinación. Se lo comuniqué a Felipe Solá (por entonces gobernador de la provincia) y se lo reiteré en varias oportunidades”, aseguró. Laborde sostuvo que el ex gobernador respondió que no era así y que la situación lo había desbordado. Con respecto al comportamiento de Prefectura, “me dijo que lo habían puenteado. Después me junté, porque había recibido aprietes, con el jefe de la Prefectura. Fui solo al edificio de Macacha Güemes y le hice las mismas preguntas, y él tampoco supo contestar si ellos tenían o no atribución para ir a la Provincia. Esa falta de conocimiento me llevó a que efectivamente había una decisión de reprimir fuertemente y que eso estaba coordinado por el gobierno nacional y el gobierno de Solá”, dijo con total convicción.
“Lo mínimo es la necesidad de informarse e involucrarse. Se venían momentos duros, y eso habla de la inoperancia de un gobernador al que la policía no le avisa que no va a usar la banda que le corresponde, ni siquiera pedir una especial... es difícil que un comisario de la policía hable con la SIDE y el gobernador no lo sepa, y que tampoco sepa que se dio una indicación desde el Ministerio de Salud por el asunto de las camas del Fiorito”, expresó Laborde sobre el comportamiento de Felipe Solá durante su gestión en la Provincia. “Son muchas ignorancias, incapacidad o efectivamente un conocimiento”, caracterizó a Sola, recientemente escrachado por la familia Santillán.

La búsqueda de la verdad

Sobre su relación con los movimientos sociales, el ex intendente aseguró que era estable, y que se reunía con ellos en un comité de crisis que trabajaba en Avellaneda. “Se abrieron las puertas del establecimiento municipal para que entren, y entraron 400 manifestantes, protegidos de la furia de la Bonaerense y de Franciotti. Cuando la familia y los amigos de Santillán me pidieron que me acerque a declarar, dije que sí porque me parece que hay que buscar la verdad”, rememoró. Laborde analizó que Duhalde, cuando adelantó las elecciones y descartó la posibilidad de ser candidato, “asumió la responsabilidad con sus actos, aunque después no la reconoció, pero se partió la base por la dimensión, recordemos que el mandato terminaba en diciembre de 2003".

"No podemos creer que fueron dos locos desaforados”

Según Laborde, el Jefe de la policía de Avellaneda, Franciotti, nunca se había desbordado en su función trabajando o manejando cortes de calle, por lo que considera que había premeditación. “No podría asegurar si Solá, Atanasof, Ruckauf y Duhalde deberían o no ser imputados. De la misma forma en que yo me propuse en cuanto me pidieron de manera informal ir a declarar, tienen una obligación como funcionarios. El gobernador era el jefe de la fuerza que terminó asesinando a Darío ¿Y cómo se produce la muerte de Kosteki? Eso no fue aclarado”, denunció Laborde.
Sobre la responsabilidad en la masacre del actual candidato a gobernador Aníbal Fernández y compañero de su partido, el Frente para la Victoria, Laborde expresó que “por la tarea que tenía en aquel momento, y porque estuvo ausente del país en esas horas, dudo que Aníbal tenga algo que ver. No tengo elementos, sólo digo lo que vi en esas vertiginosas, terribles y crueles horas. A mí me viene la preocupación de otro lado, del lado de Aníbal yo no tengo elementos para asegurar que él tenga que ver con esto”.
Consultado acerca de si hay algo de utilización política en la causa ya que su denuncia alcanza a dirigentes ubicados en la oposición al kirchnerismo, Laborde se molesta: “pensar que lo hicimos en aquel momento, ponerlo todo a disposición de los manifestantes, puede ser ahora una especulación electoral es un poco irrespetuoso. Nombré a Juanjo Álvarez y es integrante importante del kirchnerismo. Digo lo que siento y lo que viví –aseguró y amplió su postura sobre la responsabilidad de Álvarez:- Recibí llamados en los que me pedía que no avance con el planteo del empleado municipal de haber recibido una bala. Me llamó a mi casa y me pidió que no salga el programa”, concluyó.
Los testimonios han sido relevantes para la familia, para los organismos que las acompañan. Ahora resta saber si también lo fueron para el juez que entiende en la causa.

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