27 nov. 2015

El 13 y 14 de noviembre se realizó el primer Encuentro Nacional de Psicoanálisis Implicado en Mar del Plata. En él participó Gabriela Mansilla, madre de Luana, la niña trans que en 2011 pudo modificar su DNI. Mansilla comenzó a contar su historia anotando desde aquel momento todos los intercambios que tenía con Luana. Para dar testimonio de su historia y del Encuentro, Gabriela dialogó con Alfredo Grande e Irene Antinori en Sueños Posibles, programa que se emite por Radio La Retaguardia. (Por La Retaguardia)

El lugar de la terapia

“Tuve una emoción muy profunda. No me pasó en otras charlas en las que estoy sola o acompañada por profesionales que me convocan. En este caso estaba bien acompañada por la gente de Ático, como si fueran mi familia, son todos amigos míos que me quieren muchísimo, En Red de Mar del Plata, Mansilla se refirió a una intervención en el evento que hizo Antinori, y destacó la decisión de la psicoanalista de citar varios fragmentos de su libro: “No podía hablar, rompí en llanto. Era tan importante este encuentro al que pude asistir. Imagínense, son profesionales, psicoanalistas, psicólogos, filósofos. Para mí es un orgullo estar ahí, para mí es un honor. Acompañarlos, dar testimonio, que sirva, que sea importante para otros”.
“Es muy importante que ustedes como profesionales estén al lado mío y de mis hijos. No estaríamos tan contenidos en otro lugar. Es como una gran familia, me siento muy acompañada. Mis hijos están en muy buenas manos, profesional y personalmente”, dijo Mansilla sobre la importancia de la terapia para los dos niños. “No sólo era un congreso de Psicoanálisis Implicado desde el punto de vista teórico, eran todos amigos. Fue algo muy lindo. La cuestión de Luana ha marcado un escenario importante, un antes y un después de que la historia de Lulú se hiciera visible”, aseguró. Según Mansilla, es notorio el crecimiento de la aceptación de niños y niñas trans: “Luana está por terminar segundo grado, su boletín es excelente, su desempeño en la escuela es excelente. Es más, no quiere terminar la escuela. Si nos retrotraemos dos años, de la infancia trans no se hablaba”.

Ser feliz en la escuela

La activista analizó las circunstancias comparando a Luana con los adultos trans que conoce: “Todos decían que lo peor que pasaron fue la infancia es el colegio. Yo tenía ese miedo de que le pasara a Lulú, que le costara muchísimo pasar la estadía escolar de una manera tranquila y que pudiera avanzar porque pensaba que evidentemente la escuela iba a ser una tortura”. Para su sorpresa, Luana ve en la escuela uno de sus mejores refugios: “Cambió la historia de cómo vivieron su vida y su infancia las personas trans adultas. Luana lo está viviendo fantástico. Todo el mundo la acepta, la escuela entera la quiere, Luana es feliz estando en la escuela”. Mansilla destacó el trabajo de la escuela, especialmente en este tiempo, que está por pasar a tercer grado y se observa el acompañamiento y la dedicación sobre su maestra. “Además de lo que ella está atravesando y que todos acompañamos, la ven feliz y cuando los demás la conocen pierden los miedos, las dudas, no hay nada que temer, nada que hace, es una niña y es feliz y todos lo están viendo”, expresó.

Su hermano

Mansilla también contó que Elías, el hermano de Luana, la acompaña y defiende como nunca: “Están muy marcados los roles de cada cual, a su identidad la tienen muy definida. Además está súper sano, muy contento, muy bien en la escuela. Hasta yo perdí los miedos. Elías acompaña de una manera que no hay nada de qué preocuparse”. Señaló, sin embargo, un episodio en el jardín, cuando papás de amiguitos de Elías no los dejaron ir a jugar a su casa por la presencia de Luana: “Ahora, el otro día vino un amiguito del colegio y estuvieron los tres, Elías, el amiguito y Luana, jugando de una manera fantástica. Cambió todo. Me parece que hay una estabilidad, una tranquilidad. Así como lo ven las autoridades de la escuela, los papás y mamás ven a estos niños que no causan ningún problema”.
Luana hace patín y está ansiosa porque pronto es el show de fin de año y ya tiene traje: “Está contenta con sus compañeritas. Me pone contenta porque vino re feliz y está dando saltos. Tiene una expresión... cómo coloca sus manos. Tiene dotes artísticos, lo disfruta. Se despeja, se divierte, juega mucho. En marzo van a hacer cuatro años que va a patín”.

Colectivo LGBTIQ

Hace cuatro años que Mansilla va a la Marcha del Orgullo LGBTIQ por los derechos de Luana: “Tiene, primero, cada vez más concurrencia, está muy instalada, muy firme. Se respira alegría. Todo el mundo se saluda, hay una hermandad. A mí ya me reconocen, vienen todos los años a preguntarme cómo está Luana. Están esperando que ella vaya a marchar también por sus derechos”. Mansilla destacó que, así como ella, está lleno de papás y mamás que van a la movilización a expresar el amor por sus hijos: “Es muy familiar, antes era solamente de un grupo que iba a manifestarse por sus derechos. Ahora es familiar. Eso es fantástico, y no hay ninguna noticia de que a los niños les pase algo”. Según Mansilla, cada vez asisten más personas que no tienen nada que ver con el colectivo LGBTIQ y que no tienen ningún pariente en ese espacio: “también se acercan a marchar y a sacar fotos y a charlar. Van muchos estudiantes a hacer entrevistas. Por cuestiones relativas a derechos humanos, identidad de género, matrimonio igualitario, para cerrar sus tesis o trabajo”.

La situación vivida por Luana, la atención que le prestó Gabriela para poder escucharla, y la asistencia y acompañamiento que recibieron en Ático Cooperativa de Salud Mental, parecen haber generado que una situación generalmente traumática se volviera cotidiana para muchas más personas. Sin dudas, el caso de Luana y su resolución serán una bisagra para que otros niños y niñas puedan ser acompañados por sus padres en el camino sinuoso de la vida y la mirada de los otros.

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