2 nov. 2015

La referente, acusada por tentativa de homicidio mientras su comunidad defendía el territorio ancestral, declaró hoy en el juicio que culminará mañana. Hizo un relato contextual intenso y por momentos dramático de la situación que derivó en la piedra que lastimó a la oficial de justicia Verónica Pelayes. Hoy los acompañó Félix Díaz y mañana llegará Vanesa Orieta. Desde las 8:30, se iniciará la jornada final con la transmisión radial colectiva de la que participamos. (Por La Retaguardia)

Foto: Relmu Ñamku tras declarar hoy en el juicio.

Continúa en Zapala el juicio por tentativa de homicidio contra tres dirigentes de una comunidad mapuche de Neuquén. El episodio que originó la imputación ocurrió a fines de 2012, pero la disputa venía desde mucho antes. La comunidad Winkul Newen se enfrentó a la petrolera Apache, que buscaba extraer petróleo en su territorio. Con piedras se defendieron en aquella jornada ante una notificación de desalojo que llegó acompañada de topadoras, grúas, camionetas de la empresa y policías, y resultó herida la oficial de justicia Verónica Pelayes, considerada particular damnificado en este procedimiento. Durante la audiencia de hoy declaró una de las acusadas, Relmu Ñamku. El testimonio fue transmitido durante la cobertura radial del juicio que se realiza con la señal generada por Radio Zona Libre en el lugar y la participación y emisión de La Caterva, El Zumbido y La Retaguardia. Un rato antes, durante un corto cuarto intermedio, habíamos charlado con Félix Díaz, referente de la comunidad La Primavera, de la etnia qom, que se acercó para brindarle su apoyo a sus hermanos, y con Diana Lenton, la testigo de la mañana, una antropóloga que trabaja juntos a varias comunidades de pueblos originarios desde hace tiempo. Tras el receso, llegó el momento del testimonio de Relmu. En cerca de una hora, dejó un detalle exhaustivo de aquella jornada del 28 de diciembre y realizó una puesta en contexto acerca de cómo se llegó a esa situación. A pesar de lo que podía suponerse, Ñamku no recibió preguntas de los abogados querellantes.

Maltrato cotidiano

“Nuestro territorio fue llenado de policía. Entraban a la noche y una vez un efectivo le voló la pantorrilla a un joven. Siempre fuimos maltratados y nuestros hijos se criaron viendo eso, con miedo y desconfianza. En estos días acá, de hecho, si bien fue todo muy correcto, los chicos tenían miedo porque la policía simboliza el modo en que se ejerce la represión”, señaló Ñamku sobre los antecedentes del conflicto y destacó que no pueden sentirse conformes con que una vez les hablen bien o los saluden, pues saben que basta una orden judicial para que los efectivos olviden los buenos modales y actúen como les indique la justicia. Ñamku expresó sus sensaciones a partir del doloroso recorrido: “Llevamos años de mucho conflicto, de mucha tristeza para nosotros, porque durante todo este tiempo que pasó -más de 13 años, mi hija tiene 15- hemos visto cómo se ha muerto gente en la comunidad. Hemos visto, por ejemplo, a Martín Velázquez y su papá que eran un pilar para nosotros y seguimos su ejemplo”. La acusada recordó al referente: “él siempre, humildemente, enfrentaba a la policía, y cuando ellos se iban sacaban las estacas de los lugares donde se pretendían hacer los pozos. Sentimos dolor porque la comunidad en más de una oportunidad creyó en la justicia”.
Ñamku relata con claridad la historia de la comunidad mapuche: el avance sobre el territorio, el avasallamiento a sus mayores, la imposición de una cultura diferente: “Fuimos perdiendo nuestra identidad y nuestra cultura. Somos conscientes de que hoy vivimos dentro del Estado argentino, dentro de la provincia de Neuquén y de alguna manera aceptamos las reglas del juego. Cuando la comunidad tuvo momentos difíciles creyó en la justicia haciendo la denuncia”. La referente aseguró que realizaron numerosas denuncias tanto en Zapala como en Cutral co y que nunca se llevó a cabo ninguna investigación por la contaminación que sufren ni por la violencia policial: “Fuimos aprendiendo, al principio no sabíamos. Después empezamos a usar un lenguaje más técnico. Durante todo este tiempo fueron pasando muchas cosas. Por ejemplo, el agua se contaminó, se murió gente, el territorio fue saqueado. Esas denuncias jamás tuvieron curso, jamás”.
Ñamku asegura que no tienen la posibilidad de acreditar la influencia de la contaminación en la salud porque los estudios necesarios son muy costosos. “En 2012, una patota petrolera interceptó a integrantes de la comunidad. Estaban ingresando por una ruta, la bloquearon y no les permitieron entrar. Maxi, que es nuestro amigo, en aquel momento era menor de edad, estaba junto a Violeta y otros niños, ellos se bajaron y esta patota los golpeó salvajemente. A Maxi le pegaron un tiro en la pierna. A Violeta, embarazada, la golpearon; y a la mamá de Maxi, Petrona, la golpearon en la cabeza con un cuchillo”, denunció. Ñamku afirmó que esa situación fue asentada en la fiscalía: “Para nosotros es triste pensar que hoy Maxi no pudo venir porque no está bien, porque la comunidad creyó en la justicia y la justicia jamás hizo nada. No sabemos que pasó con aquellas personas que nos violentaron en ese momento, y eso para nosotros es muy triste porque muestra cómo se nos trata como comunidad”.
La referente aseguró que el joven, Maxi, tiene un dolor imposible de reparar: “A veces me pregunto cuál es la justicia: por qué no investigaron, por qué no hicieron algo. No quiero que la respuesta sea que porque somos indios, porque somos mapuches, porque somos pobres. No me gusta esa respuesta, porque tenemos derechos”. Según Ñamku, la justicia está a disposición de la empresa que quiere explotar el petróleo, y enumeró: la policía, los vehículos, las órdenes de desalojo. “Tuvimos veinte mil desalojos en la Provincia, a otras comunidades también. Jamás la justicia ni la fiscalía tomaron la decisión de seguirlos, de dar una respuesta. Al momento de llenar de policía nuestra casa, lo hicieron. Jamás les importó quiénes eran niños, mis hijos, que se criaron así, qué futuro vemos con esto”.

La contaminación

Ñamku se refirió a uno de los ejes de su lucha: la contaminación de las empresas petroleras. “No podría permitir que mis hijos consuman agua contaminada. Se habló de Cristina Lincopan, de la comunidad Gelay Ko, falleció por contaminación y sus hijos toman la misma agua. Nunca investigaron su muerte. Me duele porque para cualquier pueblo los hijos son el futuro, es lamentable que el gobierno y la justicia pongan todo para matarlos”. También denunció que la comunidad misma debe proveerse el agua, ya que Acción Social sólo lleva camiones de vez en cuando y, cuando no queda alternativa, toman el agua contaminada
“También en el año 2012, otra de las personas que nunca se recuperó es Norma Velázquez. Ella perdió a su bebé, que nació con malformaciones. La pérdida de un hijo debe ser lo más irreparable, no quiero estar nunca en los zapatos de aquella mamá. Esa bebé murió producto de la contaminación en nuestra comunidad. No se investigaron las causas”, denunció. Ñamku sostiene que la comunidad está muy afectada por la conducta del gobierno y la empresa Apache: “Nosotros no tenemos la culpa de vivir en un lugar que en la época de la conquista se avanzó sobre las pampas húmedas y nos corrieron porque lo necesitaban para el ganado. Así nos arrinconaron en zonas secas e inhóspitas. El pueblo mapuche tuvo la capacidad de seguir viviendo, de generar la vida en esos lugares”. La referente rememoró a la conquista y aseguró que lo que sucede actualmente es una nueva invasión a los pueblos originarios, porque son los que ocupan los territorios donde están el petróleo y el gas: “El petróleo para nosotros es la sangre de la tierra y lo quieren sacar. La explotación de petróleo genera guerra en otros países. El trasfondo de los conflictos que vemos en la tele es la cuestión petrolera. Imagínense cómo vivimos nosotros”.

Libre de culpas

Respecto a la circunstancia que se juzga, Ñamku avanzó en el relato: “El día que se juzga estábamos en la comunidad, toda la familia reunida, menos la mamá que estaba internada. Estábamos por comer y alguien de la mesa escuchó como algo que aceleraba. Mandaron a mirar qué era y había una fila de vehículos”. La referente mapuche recordó que hacía tiempo habían colocado un alambrado y una tranquera para impedir el paso de la petrolera: “Había móviles policiales y grúas. Cuando nos damos cuenta decidimos ir hasta el lugar con la camioneta de la comunidad. Fuimos algunos, llegamos, paramos y vemos varias camionetas y una topadora al lado del alambrado. La mayoría de los vehículos eran de la empresa”. Allí entra en escena Verónica Pelayes, la oficial de justicia ahora querellante: “Una mujer cruza el alambrado y se acerca con dos policías. Pensamos que era una escribana de la empresa porque siempre llevan escribanos para los operativos. Nos llamó la atención porque venía con un papel y una lapicera. Cuando vimos que venía, empezamos a tratar de ver qué era lo que tenía, y era un procedimiento para que la empresa volviera a ingresar al territorio”, rememoró Ñamku y destacó que conocían a varios de los que se acercaron de cruces anteriores: “Lo interpretamos como una avanzada de la empresa. Esta señora agarró el papel como para leer lo que decía, pero como nosotros ya sabíamos que era un desalojo no quisimos escucharla. Le pedimos que se fuera, que esta era nuestra casa. No sé si en algún momento podemos ver el video, me gustaría mostrar algunas de las cosas que pasaron y se dijeron”. El jurado accedió a observar las imágenes de la jornada y Ñamku hizo un breve raconto: “Al principio parecía todo muy cordial, pero cuando vimos que esta señora no se retiraba empezamos a decirle que se fuera. Una de las voces que más se escucha es la mía, que le decía 'rajá', pero en ningún momento pasó otra cosa. Ella no se iba y nos empezó a decir cosas que para nosotros fueron una falta de respeto”.
Una de las frases ofensivas que los referentes mapuches atribuyen a Pelayes fue su respuesta ante la interpelación de los habitantes que le informaron que estaba en el territorio de una comunidad: ‘Si es una comunidad, traigan los papeles’. “Era una falta de respeto que una oficial de justicia nos estuviera diciendo eso. Después se refirió al tema mapuche, dijo que nosotros no éramos mapuches. 'Qué sabés vos del tema mapuche', le dije yo, 'no sabés nada, tenés que volver a la primaria'. También nos dijo: 'Esto es una ruta'. Para nosotros no hay una calle, es el patio de nuestra casa”, relató Ñamku. Luego contó que dejaron a Pelayes hablando sola, ella seguía y continuaba inquisidora: “Nosotros veíamos un nuevo desalojo y no había ningún responsable. Empezamos a caminar hacia donde estaban los vehículos y ella también lo hace. Le decimos: 'Saquen los autos' y ella vuelve a responder que es una ruta y que no piensa sacar su auto. Pelayes nos empezó a pedir papeles de la comunidad.”, expresó Ñamku.

Volver a la escuela

“Le dije que volviera a la primaria porque no tenía idea de que estaba en un territorio mapuche, en una comunidad, y que nos tenía que tratar con respeto. A eso también se lo dice Martín (Maliqueo, otro de los imputados), que no nos falte el respeto. Yo le pedía que se fuera y sentí que en ningún momento nos respetaron. Ella dice al final: ‘Mi auto está en una ruta y no lo pienso sacar’”, rememoró la integrante de la comunidad. A partir del grado de hostilidad con que fueron tratados, los mapuches entendieron que no se trataba de una simple notificación y reaccionarion: “Si hubiese sido sólo eso no tendría por qué haber dicho que no éramos mapuches. Acá dijeron que fue todo de buena manera, que hasta se nos dio la mano para saludarnos, cosas que son falsas porque el video muestra como ella se dirigía a nosotros y cómo nos faltó el respeto. Nosotros le pedíamos y yo le dije loca. No usé otras palabras como se dijo”.
Ñamku denunció que en ningún momento se vislumbró la voluntad del grupo empresa-policía-justicia de retirarse del lugar: “Lo que ella definió como ruta es un camino que usa la empresa para llegar al yacimiento. Nosotros tenemos un control sobre ese lugar. Cuando vimos que la topadora estaba prendida y quiso avanzar sobre el alambrado, empezamos a arrojar piedras para evitar que arrancara el alambrado y que pasara sobre nosotros”. La joven mapuche apuntó que su reacción desesperada encuentra lógica en el hecho de que “ya habíamos vivido más de una vez que nos pasen por encima, por lo tanto no teníamos por qué saber que esta vez iba a ser diferente. Tiramos piedras para que los vehículos se fueran. Yo tiré piedras a todos los vehículos que estaban ahí”. Ñamku dejó en claro que no vio a ninguna de las piedras que arrojó rebotar en ningún otro lado que los vehículos.

Las detenciones

“Después se fueron, esto duró unos cinco minutos. No quedó nadie. Al principio pensamos que otra vez habíamos logrado que no entraran y encontramos en el alambrado lo que era la notificación. Vinimos todos a casa y decidimos venir a Zapala para constatar qué era. Ahí nos encontramos con el abogado que nos explicó que era una orden para entrar al lugar”, recordó. Ñamku continuó la crónica informando que decidieron ir a una sede de la Confederación Mapuche en Zapala y que allí les avisaron que la policía los buscaba: “Salimos a mirar, estaban por todos lados. Uno de los efectivos a cargo le avisa a Mauricio que tenía que ir a notificarse de una causa a la policía y que después podía volver. Mauricio fue, confió en la policía, fue en el mismo patrullero y no volvió más. Después nos enteramos que estaba detenido”. Así se enteró la comunidad que había una persona aparentemente herida producto del conflicto: “Para nosotros fue una sorpresa, nunca vimos a nadie pedir, ni sangre. Ahí nos informaron que nosotros también teníamos que ir a notificarnos y fuimos y automáticamente quedamos detenidos. Primero fue Martín y después yo”.
Ñamku relató la dificultad que tuvo para encontrar cómo informar a sus hijos que habían viajado por una notificación y los habían dejado detenidos: “Tratamos de mandar gente para avisar lo que estaba pasando. Éramos tres detenidos. Nos liberaron por la intervención del abogado y de algunas organizaciones. El fiscal pedía que no nos soltaran porque éramos personas peligrosas. El objetivo era, como estaba por llegar la feria judicial, que nos quedáramos toda la feria adentro, un castigo”. Obtuvieron la libertad a cambio de presentarse cada quince días en sede policial a firmar una planilla durante más de un año, hasta que su abogado logró retirar esa cláusula.
“Hicimos una reunión para evaluar y analizar lo sucedido y decidimos hacer un pedido de disculpas público que salió en el diario, en varios medios y en internet. Le pedimos disculpas a Pelayes; dijimos: la comunidad jamás hubiera querido que se llegara a esta situación, resaltamos los valores que tenemos como pueblo y todo lo que hacemos en defensa de la vida, que jamás habíamos querido lastimar a nadie”, rememoró Ñamku. En el comunicado, además, definieron a Pelayes como víctima al igual de la comunidad, pues la responsabilidad era de un Estado ausente: “Nuestra intención era llegar a su oído para que ella supiera que nuestra comunidad se disculpaba. Nunca pudimos conversar con ella, nunca lo buscamos tampoco”.

Pasión en la sangre

A modo de conclusión, Ñamku desarrolló un relato sumamente conmovida por la situación: “Quiero pedir que sean justos, me ha tocado vivir una condena que caprichosamente la fiscalía impuso. No lo digo por mí, porque estoy convencida de lo que defiendo, soy mapuche, soy gente de la tierra, la pasión corre por mi sangre. Esta justicia ya me condenó. Tuve que salir a esclarecer lo que pasó y contar cómo es tratado nuestro pueblo en esta provincia”. Ñamku destacó el lugar de sus hijos que viven indirectamente la situación y contó una breve historia sobre uno de ellos: “También está angustiado porque tiene su cara deformada porque cuando era muy chico tuvimos un accidente por vivir miserablemente. Eso hizo que lo repensáramos todo, esta lucha contra la empresa, somos pobres. Mi hijo nunca pudo tener un tratamiento como el que se merecía. Me duele estar acá sentada”.
La referente denunció la ausencia de los verdaderos responsables que, dice, evitan el banquillo porque tienen dinero, poder e impunidad: “No está el que le pegó el balazo a Maxi, no está el gobernador, no está el gerente de la empresa, no hay ningún policía de aquellos que golpearon salvajemente y le volaron la pantorrilla a un joven, ninguno de ellos está acá sentado. Nosotros sí porque somos pobres, porque somos indios, porque soy mujer”. Ñamku destacó que la historia de su comunidad no es una excepción, sino que se repiten en todo el país episodios similares con los pueblos originarios: “Es doloroso escuchar que en otras provincias hay niños que se mueren de desnutrición, ¿por qué? Si los recursos están en nuestro territorio, ¿por qué? ¿Por qué se muere la gente de hambre? Tengo bronca y tristeza”, se lamentó. La referente mapuche aclaró que levantará las banderas de su pueblo desde donde sea y señaló con indignación que “nuestros hijos se crían viendo esto. Para nosotros no hay justicia. Es una oportunidad para cortar con esta situación. Ojalá algún día nosotros y nuestros hijos podamos descansar nuestro corazón, porque vivimos en un infierno, en una bomba de tiempo. No sabemos cuándo va a estallar. A pesar de todo lo que pasó, nosotros vivimos en ese lugar”, concluyó con dolor.
Mañana será un día especial. Llegarán los alegatos desde las 8:30. Luego, los integrantes del jurado tendrán la ocasión de decir si consideran a Ñamku, Maliqueo y Rain. El juez tendrá la palabra final; eso seguramente no será durante la jornada.
El llanto de Relmu conmovió tanto como su fuerza para anunciar que su voz se alzará donde sea que decidan que esté. Esa libertad no está en juego.

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