26 dic. 2015

 Compartimos la primera columna de Fabián Tomasi, víctima de los agrotóxicos, durante una emisión del Enredando Las Mañanas, el programa de la RNMA. En esta oportunidad, hablamos de la acumulación de estos venenos en el cuerpo de las personas más allá del lugar donde viven, y sobre la falta de control de estos por parte del Estado de estos tóxicos. (Por RNMA)

La charla comenzó con una breve referencia a la coyuntura político-económica, con el levantamiento del llamado cepo al dólar y la consecuente devaluación: “es muy complicado para la gente común tratar de entender las variables económicas. Yo no quiero vivir en una economía con dólares, yo quiero vivir con la plata que el Estado provee, porque mientras dependamos de esa moneda vamos a tener que seguir hablando por mucho tiempo de esclavitud”, afirmó Fabián Tomasi al inicio de la charla con Enredando las mañanas.
Luego retomamos la temática habitual: “lo primero que quería explicar un poco para la gente común que por ahí no está muy empapada en el tema de la utilización de los agroquímicos en nuestras producciones agrarias, que está afectando a muchas personas. Lo primero que la gente tiene que entender es que los químicos no son inocuos, estoy hablando de los biocidas, o sea de los que matan vidas, los que se usan en la industria, en el campo, están destinados a matar vidas; toda la naturaleza, incluidos nosotros, somos esas vidas, pero además los químicos agrícolas son xenobióticos, que significan que son ajenos a la vida, son productos químicos sintéticos (podemos decir que son producidos en laboratorios), y por lo tanto por más que intenten imitar la vida no forman parte de lo que nosotros somos como seres vivos, son cuerpos extraños y nuestro organismo por supuesto no los reconoce”, señaló Tomasi, quien agregó que hace poco leyó un informe que indicaba que muchas de las enfermedades autoinmunes que han aparecido en el último tiempo están relacionadas con la contaminación: “es tanta la cantidad de químicos que nos circula por la sangre que el organismo al no reconocer a esos extraños los ataca, o sea que el mismo organismo termina afectándose a sí mismo. Hay una campaña de la cual quizás muchos hemos oído hablar que hicieron en Mar del Plata con el nombre de Mala Sangre, que consistía en pedirles a personas conocidas que se hagan análisis de sangre para verificar si tenían químicos en sus cuerpos y por supuesto todos los analizados tenían químicos en sangre. Yo recuerdo que me impactó mucho ese informe, pero como seguramente el presupuesto no era mucho encontraron pocos químicos. Esa campaña es original de Europa y con más presupuesto encontraron que por cada voluntario había entre 60 y 70 químicos diferentes en sangre, yo creo que ninguno de nosotros debe tener menos que eso. Mar del Plata ha sido un muy buen lugar para realizar el estudio y sacar el tabú de que el veneno no llega a la ciudad. Vos quedate quietito donde estés que el veneno te va a llegar de una u otra manera, ya sea a través de los alimentos, el agua, aire, porque son sustancias destinadas para eso”.
Tomasi manifestó, además, que las fumigaciones aéreas son las más visibles, pero que no representan el único peligro: “los silos, los transportes, los depósitos, todo el proceso es tóxico porque fue generado así y desparrama por todos lados, desde la fabricación hasta el embarque, hasta la comida que comemos, todo está intoxicado”.
“Pensamos que los químicos que nos llueven vienen solos –continuó Tomasi su columna–, pero para empezar cada uno viene con lo que se llama coadyuvantes, es una sustancia que viene aparte del producto, de los biocidas, y otros que los traen incorporados; es una sustancia que ayuda a unir el agua con el veneno, y necesitan este enlace porque el mejor estado del agua es el líquido, el agua que se ocupa en las fumigaciones y los biocidas al tener tantos solventes su mejor estado es el gaseoso, el 80% de lo fumigado pasa a estado gaseoso; en muchos casos es mucho más tóxico que los mismos químicos, pero eso no es todo, en el tanque del avión donde nosotros trabajábamos se juntaba glifosato, más otros tóxicos, todas sustancias que tuvieron que ir agregándole ya que todo es vegetal, y estoy hablando solamente de lo vegetal, de los herbicidas, que se han hecho resistentes entonces tienen que juntar una cantidad de veneno para que las fumigaciones sean efectivas”.
En este punto, Tomasi retomó las argumentaciones respecto a la supuesta inocuidad del glifosato: “cuando se aprobó el operativo vergonzoso de (Felipe) Solá de la soja transgénica, uno de los argumentos era que el glifosato era inocuo y venía a reemplazar a los viejos químicos, vaya paradoja esos viejos químicos que ahora se han vuelto a usar, qué locura. Inclusive diría yo que ha vuelto el que alguna vez se fue, porque creen que no se están usando y en realidad se siguen usando a través del contrabando de productos y cero control del Estado. Me contaba un amigo que en Santiago del Estero se está usando un químico, que es extremadamente tóxico, peligrosísimo, está prohibido en Argentina desde hace 30 años. Eso se consigue de contrabando y el mercado sigue utilizándolo, es como el endulsofán, que decía que lo prohibían en 2013 pero lo dejaban vender hasta el 2015 porque había mucho stock, o sea que los que morían del 2013 al 2015 por esos productos eran avalados por el gobierno. Cuando Bayer perdió la patente del endulsofán sacó un comunicado para que se deje de utilizar, para que otras compañías no lo usen, diciendo que todo lo que se había dicho de su producto era cierto, por eso entonces el SENASA lo prohibió, pero se sigue usando, nadie intenta poner esto bajo control; lo fabrican, envasan y venden, usan químicos, hay miles de variables de glifosato que entran al país, para seguir hablando de este producto, pero el más usado es el que viene de China, a donde los coadyuvantes no se controlan, no hay quien los controle, en las provincias de Santa Fe y Entre Ríos hablamos de entre 3 a 4 personas que son las que tendrían que controlar las aplicaciones y es ridículo; en la provincia de Buenos Aires hay 10 para cubrir todo el espectro de las fumigaciones que se hagan con los negocios que ellos deberían regular. Nadie quiere ponerle el cascabel al gato, los dueños oficiales de este negocio, reunidos en Casafe (Cámara de Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes), se quejan de algunas irregularidades porque afectan su negocio, pero ni aún así ellos intentan demostrar que muchos de los productos que se están usando son de muy baja calidad como el glifosato chino, que no es elaborado por Monsanto sino por químicas chinas, que ponen un coadyuvante barato porque de eso se trata, de tener la posibilidad de comprar productos más baratos. Es todo muy complejo el tema”.
En su columna, Tomasi también hizo una referencia al ministro de Ciencia y Tecnología, el único funcionario que mantuvo su cargo a pesar del cambio de gobierno: “me acuerdo del ministro actual de Monsanto, que pasó del Frente para la Victoria y que ahora es de este nuevo gobierno que es Lino Barañao, que lo puso Monsanto, que decía que tomar un vaso era inocuo, ese es un vivo ejemplo de responsabilidad de criminalidad. Desafíen a este señor a que tome un vaso y después ver lo que realmente le pasa”.
Hacia el final pidió agradecer a su amigo y hermano de corazón, tal como lo definió, Guillermo Torres: “es la persona que continuamente me ha ayudado a aprender de todas estas cosas. Es el autor de ‘Envase de veneno, la punta del iceberg’ y de otro trabajo ‘Maten al peón rural’ que son posibles de encontrar en el sitio Indymedia. Guillermo, un millón de gracias por haberme ayudado, haberme salvado la vida, y aún estar llamándome todos los días”.
En febrero, cuando el programa colectivo de la Red Nacional de Medios Alternativos vuelva al aire, Tomasi hará sus columnas quincenales los días jueves.

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