31 dic. 2015

A partir de la noticia que Ricardo Barreda, condenado a prisión perpetua por haber asesinado a su esposa, su suegra y sus dos hijas en 1992, obtuvo la libertad condicional, dialogamos con la psicóloga y referente de EnRed Patricia Gordon, acerca de los varones violentos y sus posibilidades de "curarse". (Por La Retaguardia)

El odontólogo y el futbolista

“En aquel momento no se hablaba de femicidio, era el odontólogo Barreda, pero diría que sigue siéndolo porque estuve viendo algunas noticas y se lo sigue llamando así, eso ha quedado instalado y eso habla de un discurso que sigue sosteniendo determinados prejuicios que nos habitan históricamente en relación a estos temas. Es un tema complejo pero es interesante”, expresó Patricia Gordon al ser consultada sobre sus primeras sensaciones tras conocer la noticia de la libertad condicional otorgada a Ricardo Barreda.
“Me acordaba también del (ex futbolista Héctor) ‘Bambino’ Veira que fue aplaudido y sigue su vida como si nada después de haber abusado de un niño, sigue siendo un ídolo para muchos. Yo creo que en todos los sectores hay violentos, femicidas y abusadores, y no lo digo solamente porque lo creo sino porque es con la realidad que nos encontramos permanentemente en el trabajo que venimos realizando desde hace varios años, lo que pasa es que muchas veces estas verdades incomodan y hacen peligrar esta necesidad de mucha gente de tener ídolos, héroes, figuras de autoridad con quienes se puedan identificar en algún punto, entonces muchas veces opera la negación porque se piensa que un amigo, un compañero, un militante, un personaje famoso, un cura, un maestro, no puede ser violento o no puede ser abusador o femicida. Y negar esa realidad es sencillamente ser cómplice de que se perpetúen esas formas de violencias y esos distintos tipos de crueldades”, agregó la psicóloga en diálogo con La Retaguardia.

El no retorno

En este punto, se le consultó sobre la posible recuperación en este tipo de casos: “lo que podemos decir es a partir de la experiencia y también de la bibliografía sobre el tema, pero sobre todo desde nuestras prácticas; es importante tener en cuenta que estamos hablando de estructuras psíquicas, que son aquellas que sostienen ciertas modalidades vinculares y formas de relacionarse, y cuando estamos hablando de personas adultas la estructura es algo que ya está formada en la cabeza. Generalmente quienes incurren en este tipo de agresividad tienen ciertas patologías, y aclaro que no digo patología en el sentido de justificación, ni de imputabilidad, sino que tienen ciertas formas de vincularse y también sobre todo llegan a un punto donde creo que lo más importante es que hay una instancia que es ética en el sujeto, en todas las personas, en hombres y mujeres, y que cuando se trasgreden ciertas instancias éticas hay muy pocas posibilidades de retorno”.
En este sentido, Gordon aseveró que la práctica indica que no hay abusadores, ni femicidas arrepentidos: “generalmente quienes ejercen este tipo de violencias no se arrepienten sino que muchas veces están simulando algún tipo de arrepentimiento, porque a veces reciben alguna sanción mínima y la realidad nos indica que vuelven a incurrir en la misma conducta, entonces estamos hablando ya de cuadros de psicopatía. Barreda tenía todo premeditado, todo armado y lo hizo, comprendía lo que estaba haciendo y no muestra ningún tipo de arrepentimiento por lo tanto creo que la justicia se tiene que hacer cargo de la parte que le toca”.
Gordon señaló que en general las condenas en este tipo de patologías, al no ser de cumplimiento efectivo, no se cumplen: “salen por buena conducta... entre comillas”.
La psicóloga recordó el caso de Claudio Napolitano, un violador serial de Mar del Plata, ciudad donde ella vive: “la realidad demostró que salió y siguió violando a muchísimas más mujeres; se obtuvo la condena que pedíamos, 35 años de cumplimiento efectivo pero realmente el Estado fue responsable de que Napolitano continuara violando. Y en los casos de violencia ocurre algo muy similar”.
En este sentido, y basándose en su práctica y trabajo de todos los días, Gordon consideró que estando en libertad Barreda vuelve a ser un peligro: “no encuentro la justificación teórica que a mí me diga que durante el tiempo que él estuvo en la cárcel puede haber modificado esa conducta cuando en realidad él comprendió exactamente lo que estaba haciendo, lo premeditó, sobrepasó esa instancia ética y no le importó, entonces quiere decir que tranquilamente lo volvería a hacer”.

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