18 ene. 2016

Patria Soñada, el programa que conduce Jorge Soler y que se emite por Radio La Retaguardia, dialogó con Ñasaindy Barrett, hija de la militante paraguaya Soledad Barrett y nieta del escritor, ensayista y periodista Rafael Barrett. La construcción de su propia identidad, Soledad-mamá, la relación con organizaciones de derechos humanos y con otros hijos de militantes desaparecidos y asesinados. (Por La Retaguardia)

Foto: Ñasaindy Barrett


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Viviste aquí por meses o por años
trazaste aquí una recta de melancolía
que atravesó las vidas y las calles

hace diez años tu adolescencia fue noticia
te tajearon los muslos porque no quisiste
gritar viva Hitler ni abajo Fidel
(…)
ahora acribillaron en recife
tus veintisiete años
de amor templado y pena clandestina

quizá nunca se sepa cómo ni por qué

los cables dicen que te resististe
y no habrá más remedio que creerlo
porque lo cierto es que te resistías
con sólo colocárteles en frente
sólo mirarlos
sólo sonreír
sólo cantar cielitos cara al cielo

Fragmento de Muerte de Soledad Barrett de Mario Benedetti

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“Un gusto poder hacerme oír junto a los hermanos paraguayos que viven en Argentina, que por el acaso de la vida tuvieron que permanecer allí. Cuando estuve en Paraguay me sentí muy feliz, fue muy importante para mí encontrarme con la cultura paraguaya, el tono paraguayo, las canciones, conocer toda esa afectividad. Y estoy segura de que en Argentina tienen esa comunidad, ese acercamiento, y me parece que es algo imprescindible y estoy a disposición para colaborar sea como sea, y en este momento contar un poquito de lo que vengo haciendo y como hija de Soledad qué representa eso”, saludó Ñasaindy Barrett a los oyentes de Patria Soñada de Radio La Retaguardia.
Ñasaindy nació en Cuba y vive en Brasil, pocos días antes de esta conversación telefónica había estado de visita en Paraguay, el país natal de su madre: “algo que me gustaría comentar es que en Paraguay sentí que había una carencia muy grande de información sobre Soledad –afirmó–, la forma dramática y temprana de su muerte, de su asesinato en Brasil, el 8 de enero de 1973, y el hecho de yo ser hija de Alex, una persona que también estuvo muy presente en el ámbito de la militancia en Paraguay, y nieta de Rafael Barrett, que es una fuerte expresión literaria y política de Paraguay. Soledad llama mucho la atención, también su propia vida, sus elecciones, el camino que eligió de militancia en varios países, eso la pone en un lugar, la alza en una bandera como diría Mario Benedetti. Como hija de Soledad, por muchos años, y ahí tendría que contar una larga historia, lo que puedo decir es que antes de ser hija de Soledad yo también estuve mucho tiempo en silencio, apartada, tratando de comprender cómo habían ocurrido todas esas historias. Yo fui criada por una madre brasileña que estaba exiliada en Cuba, Soledad me dejó en manos de ellos cuando salió de allá, yo vine a Brasil en un período de adolescencia, crecí con muchas dificultades, con problemas de documentación porque en Brasil también las cuestiones de la dictadura prevalecieron hasta 1985. Entonces creo que a partir de los años '90, ese proceso de restauración, ese proceso de profundizar en saber quién era yo, tendría que pasar obligatoriamente por quién era Soledad. Ella fue formando su presencia en mi vida, yo construyendo mi identidad, y conocer la mujer Soledad de a poquito, por las palabras de otras personas que estuvieron con ella, por los lugares a donde ella pasó y dejó algo, todo eso me hizo construir una imagen de Soledad, y además de todo yo sentí que en Paraguay querían saber mucho más de ella. Entonces cuando fui ahora allá, tuve el deseo y me entregué justamente en varios momentos, en varios conversatorios que fueron arreglados de última hora a tratar de donar a nuestros hermanos paraguayos con lo que yo sé, lo que yo viví; crecí escuchando sobre Soledad, y me encantó poder llevar eso allá, creo que eso fue importante para mucha gente que estuvo en esos momentos, que pudiera acercarse un poco más a ella. Tal vez en Uruguay tuvieran más información”.

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La presencia de Soledad Barrett en Uruguay fue muy fuerte. El músico Daniel Viglietti le dedicó una canción, y el escritor Mario Benedetti un poema…

… soledad no viviste en soledad
por eso tu vida no se borra
simplemente se colma de señales

soledad no moriste en soledad
por eso tu muerte no se llora
simplemente la izamos en el aire…

Fragmento de Muerte de Soledad Barrett de Mario Benedetti

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Madres

“Soledad”, así menciona Ñasaindy a su madre. Esto se debe, según explicó, al hecho de haber tenido dos madres: “siempre cuando me refiero a una, prácticamente me refiero a la otra, ¿no? Porque no puede haber una ausencia de una o de otra en mi vida, entonces explicito cuándo hablo de Soledad, y cuando hablo de Damaris (Lucena), que es mi mamá adoptiva, me es más fuerte llamarla de madre por la presencia misma del tiempo. Desde que yo tenía un año y medio viví con Damaris, mismo cuando Soledad todavía estaba en Cuba, entonces crecí con ella, y es solo una cuestión de especificar cuál de las madres -se ríe-, en este caso estamos hablando de Soledad, y creo que hay un distanciamiento de verla más como mujer que como madre; madre tiene el peso de una afectividad que tal vez mismo construyendo con el tiempo con relación a Soledad no es la misma de la vivencia, de la afectividad , de la experiencia en vida”.

Hijos

En el marco de la charla en Patria Soñada, se le consultó a Ñasaindy sobre su relación y trabajo con organizaciones de derechos humanos. Al respecto, ella afirmó que aunque no forma parte de ninguna organización, se siente una activista de los derechos humanos desde hace prácticamente 25 años: “al principio capaz que es algo muy de mi personalidad, de mi forma de vivir o tal vez aún una dificultad que tengo de relacionarme con una sola causa o algo así, no sé explicarlo, todavía no me encontré, pero estoy en ese camino, siento que llegué a un momento donde estar dentro de alguna organización que se pueda organizar mejor, que pueda repercutir mejor esas cuestiones estaría bueno, pero estoy construyendo ese camino, me parece que todo lo que viví hasta ahora viene mostrándome la dirección para que yo me pueda, de alguna manera, no sé si estabilizar, de alguna manera poder entrar a alguna organización y recibir apoyo ahí adentro y una dirección de trabajo un poco más consciente, un poco más sistematizada. La verdad que no sé cómo se va a dar eso, pero creo que estoy en camino”.
En cuanto a su relación con hijos de paraguayos que viven en ese país, Ñasaindy especificó que no cuenta aún con información sobre ellos: “tengo proximidad con hijos por una cuestión de vivencias principalmente de los chicos y chicas que estuvimos viviendo en Cuba juntos, pero recién ahora me encuentro con Paraguay, y ahora me empiezo a mover en el sentido de cómo aproximarme más y vengo a saber que están ustedes en Argentina, que hay hijos en Brasil, incluso estando en Asunción tuvimos una situación a donde me quedó muy clara la importancia de que los hijos se reúnan más veces, se encuentren para hablar y testimoniar cada uno su experiencia, porque eso fue importante para mí, mismo no estando en grupo cuando hubo la oportunidad de reunir hijos como en una audiencia pública organizada por la Comisión de la Verdad en el Estado de San Pablo, eso fue muy importante para todos, incluso generó la producción de un libro, que se llama ‘Infancia Robada’, que de vez en cuando llevamos a las escuelas. Estamos lanzando ese libro en algunos lugares y está repercutiendo mucho, pero para quien participó, para quien estuvo ahí en esas audiencias fue un salto, yo orientaba en Asunción a que los hijos tienen que encontrarse, cada uno tiene que conocer la historia del otro, porque es hablando y haciendo ese intercambio que se fortalece, que se encuentra, se identifica, y eso me parece que falta. No estar aislado en la soledad, con muchas dudas y muchos conflictos porque pasamos por eso, como hijos pasamos por eso”.
“Pienso también –continuó– que las cuestiones ideológicas permanecen para los hijos que pasan por ese período con una visión tal vez, a veces, no todos, claro que cada uno tiene su edad, pero tal vez los más chicos pasan por esa experiencia con una visión muy lúdica y muy subjetiva, muchas veces por ser protegidos por los padres o los abuelos entonces cuando crecen y encuentran esta sociedad que vivimos ahora, con todo ese aparato mediático, que te envuelve, que te deja con dificultades de entender la realidad, de ver la verdad, cuando nosotros crecemos y nos encontramos con la ignorancia, con una verdad que está velada, por una parte de la historia que es contada solo por una parte, entonces todo eso al ras de la experiencia a veces te deja en una posición muy incómoda, porque tenés de un lado personas que están diciendo y tenés del otro toda una sociedad que te está imponiendo y uno queda en el medio sin saber exactamente cómo definirse, cómo encontrarse, es más de los dolores de afectividad y emocionales, creo que esas faltas te dejan, por lo menos puedo hablar de mi experiencia, me dejaron por mucho tiempo sin conocerme exactamente, sin querer dedicarme a la política o a saber qué ideas me gustaría seguir, quién era yo, qué me gustaría defender y por qué, yo pienso que los hijos, justamente porque en algún momento a veces yo misma decidía no mirar para allí porque eso dolía mucho, de cierta forma Soledad había hecho una elección, había elegido su lucha, su causa, sus ideales, y yo como hija la miraba allá en mi infancia, en mi adolescencia como de cierta forma abandonada, no solo por ella, también por mi padre”.

Padre

Ñasaindy es hija del brasileño José María Ferreira de Araujo, quien en 1970 decidió regresar a su país del exilio en Cuba para organizar la resistencia armada. Sin embargo, en setiembre de ese año fue capturado y asesinado por los militares. “Mi padre también fue un militante político brasileño que fue asesinado en 1970 –lo recordó Ñasaindy–, entonces yo había perdido a los dos, a él un poquito antes y a ella un poco después, entonces esos dolores que pasan mucho por nuestras cuestiones internas, solo dejaron de doler a partir del momento en que yo empecé a conocer qué causas eran esas, en qué contexto todo eso se despertó dentro de ellos, cuáles eran las condiciones para poder entenderlos y perdonarlos al punto de saber que si por una cuestión tan importante como esa de ese momento, todo lo que había ocurrido hacía sentido, no era solo una cuestión de que yo me quedara como una hija abandonada, sufriendo con mi egoísmo e individualismo, sí había pasado algo grande, no solo con ellos, también con muchas otras personas, pero eso solo lo vengo a conocer a partir de que empiezan esos procesos de reparación, que el Estado se responsabiliza y asume que hubo violaciones a los derechos humanos, que eso no debería haber ocurrido, eso solo empieza a ser sentido a partir de ese contrapunto, el Estado también reconoce, se empieza a mostrar el otro lado de la historia, nosotros pasando por ese momento ahora, avanzando, ya hace muchos años que estamos en eso, pero con relación a procesos todavía tal vez sean pocos años, porque los procesos llevan muchos años, pero creo que estamos en un buen momento y que los hijos ya crecimos y tenemos a los nietos y necesitamos seguir hablando de eso, luchando para que se conozca cada vez más la verdad, luchando para que se haga justicia y se reconozca que los torturadores y los asesinos y todas esas personas que por su lado, capaz que hasta creían que eso era lo que se debería haber hecho, nosotros tenemos que luchar para decir que no es así, existe la vida y hay que respetarla de todas las formas y que cómo vamos a seguir aceptando que esa historia continúe en la oscuridad”.

Miradas

Hacia el final de la entrevista, se sumó Ángel Fernández Schejtman, que conduce el programa Paraguay Vive, que también se emite por Radio La Retaguardia.
Fernández Schejtman se dirigió especialmente a Ñasaindy: “soy ex detenido-desaparecido, mi circunstancia es diferente, yo soy un reaparecido. Si me permitís voy a aprovechar la apertura de corazón que hiciste contando las situaciones que pasan internamente en la mirada de los hijos y cómo a veces los padres en aquellos momentos de locura, en que estaba jugado todo, no había consecuencias para medir, no había manera de cuidar, y eso es una realidad. Y yo te escucho a vos, y escucho un relato, incluso el de mis hijas también, la mayor tiene 36 años y la menor 34 y siendo ellas chiquitas les tocó de cerca vivir en esa locura, y después nuestra locura de andar saltando de un lado al otro, y esa es una temática que está invisibilizada porque se habla de los desaparecidos, de los guerrilleros, de los ex detenidos-desaparecidos, de las víctimas en general, pero hay una cuestión que no está y creo yo, y lo digo por experiencia propia y es algo que a mí me da vuelta mucho en la cabeza, que se habla de todo menos de esa mirada, y esa mirada que yo escuchaba que parcialmente vos relatabas..., acá están los mellizos Gómez Miranda, ellos son hijos de un detenido desaparecido, y uno de ellos tomó el camino de la lucha, y el otro directamente hasta muy adelantado el tiempo no lo elaboró y mantuvo como una alejamiento prácticamente traumático respecto a todo lo que fuera militancia o ese tipo de actividades”.
Fernández Schejtman adelantó una nueva invitación a Ñasaindy Barrett para continuar dialogando sobre estos temas. Ante esta convocatoria Barrett aseveró: “me encanta hablar y llevar el libro ‘Infancia Robada’, que publicó 42 testimonios de hijos y 2 testimonios de padre o madre cuyos hijos se fueron, se perdieron, incluso por suicidio, es decir no soportaron la experiencia que tuvieron, es muy importante que los hijos tomen conocimiento y se aproximen cada vez más a la historia, y se le dé la oportunidad de contarla desde su punto de vista, para que se haga esa elaboración”.

***

La duda lleva mi mano hasta la guitarra
Mi vida entera no alcanza para creer
Que puedan cerrar lo limpio de tu mirada
No existe tormenta ni nube de sangre que puedan borrar
Tu clara señal

La soledad de mi mano se da con otras
Buscando dejar lo suyo por los demás
Que a mano herida que suelta sus armamentos
Hay que enamorarla con la mía o todas que los van a alzar
Que los van a alzar

Una cosa aprendí junto a soledad
Que el llanto hay que empuñarlo, darlo a cantar

Caliente enero, recife, silencio ciego
Las cuerdas hasta olvidaron el guaraní
El que siempre pronunciabas en tus caminos
De muchacha andante, sembrando justicia donde no la hay
Donde no la hay

Otra cosa aprendí con soledad:
Que la patria no es un solo lugar

Cual el libertario abuelo del paraguay
Creciendo buscó su senda, y el uruguay
No olvida la marca dulce de su pisada
Cuando busca el norte, el norte brasil, para combatir
Para combatir

Una tercera cosa nos enseñó:
Lo que no logre uno ya lo harán dos

En algún sitio del viento o de la verdad
Está con su sueño entero la soledad
No quiere palabras largas ni aniversarios;
Su día es el día en que todos digan
Armas en la mano: "patria, rojaijú"

“Soledad Barret” de Daniel Viglietti


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