24 feb. 2016


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La tercera jornada judicial por el asesinato del joven rionegrino Pablo Alejandro Vera, fue acotada y breve. Tuvo, como datos novedosos, la ampliación de pena para el único imputado, el suboficial Jorge Villegas, y la desestimación de dos testigos -más los testigos propuestos en una primera instancia por la querella para la cuarta jornada del juicio-. Acompañaron a la familia Vera dentro del recinto César Casas (papá de Matías Casas) y Claudia Painevil (hermana de Carlos Painevil). (Por Gustavo Figueroa para La Retaguardia)

Foto: Los jueces, al final de la jornada, decidiendo la determinación de la querella. (Gustavo Figueroa)

22 de febrero de 2016, Fiske Menuco

“Voy a sostener la calificación de ‘Homicidio Triplemente Agravado” por la utilización de un arma de fuego, abusando de la función o cargo -art. 80, inciso 9- y por alevosía -art. 80, inciso 2, más art. 41 bis-.”
De esta forma, y antes que comience la ronda de testigos, la fiscal de cámara Graciela Echegaray se pronunció ante los jueces y la sala presente. Más tarde la abogada querellante Victoria Naffa, prescindió de dos de los testigos propuestos para esa jornada.

La batalla comunicacional

Neuquén capital está a casi 45 kilómetros de la ciudad de Fiske Menuco. Las separan dos pequeñas ciudades. Y entre esas dos ciudades comienzan y terminan dos provincias diferentes -por lo menos administrativa y políticamente-. Este pequeño trayecto lo realicé junto a Marco Painevil, un joven mapuche neuquino e integrante de la radio alternativa “Zona Libre”-que estuvo presente en cada una de las jornadas del juicio-.
Marco Painevil y Fermín Martínez -integrantes de la misma radio-, dejan sus actividades laborales, cotidianas y semanales para poder cubrir, como medio alternativo, cada una de las jornadas del juicio por el homicidio de Pablo Vera; o mejor aún: sus actividades diarias, dentro de la construcción y la carpintería, les permite financiar la cobertura de cada una de las jornadas judiciales del juicio contra el suboficial Jorge Villegas.
“Nosotros ponemos todos nuestros recursos en función de la comunicación y la visibilización de un caso -de violencia institucional-”, me advirtió como un principio ético y de responsabilidad comunicacional Fermín Martínez.
“A las personas en general e inclusive a las propias organizaciones militantes les cuesta pensar las desapariciones y los homicidios como un atentado a la identidad de los jóvenes y no como una consecuencia de la lucha de clases”, remató Painevil mientras manejaba su auto.
Los diarios locales de Neuquén ilustran, con recurrencia, sus páginas con rostros de jóvenes -implicados en penosos procesos penales-: sus rostros, el color de piel, el grosor de su pelo no son signos metafóricos de la pobreza, de una pobreza de clase; son índices de una identidad, que se persigue y se castiga con ruidosa solemnidad.
“Hay que meterle bala a los ladrones” expresó a modo de sentencia y verdad criolla un vicepresidente argentino. “Hay que cagarlos matando a todos esos negros (sin identidad)”, respondió la sociedad.
La acción que oprime el gatillo también es cultural. Se trata de un arreglo tácito entre el verdugo, el poder institucional -de las fuerzas de seguridad-, el poder judicial y los propios principios de la sociedad: “hay que matar a todos esos negros -de identidad negada- en medio de la calle, a plena luz del día; sin contemplación, ni miramientos. No merecen la vida. Son salvajes. Sólo sirven para hacer daño”.
Mientras transitamos los casi 45 kilómetros vimos, junto a Marco Painevil, una decena de personas con los mismos rasgos de los jóvenes que de tanto en tanto se hacen conocidos dentro de las páginas de la sección de policías -de los diarios locales de las provincias de Neuquén y Río Negro-; y no es casual que esas personas sean los que realizan el trabajo pesado y menos visible de la sociedad: peones de chacras, vendedores ambulantes, empleados de la construcción. Aunque, es verdad que si uno afina bien el ojo, también los puede ver -”bajo identidad reservada”- en otros ámbitos. Junto a Marco los seguimos viendo al llegar a la Ciudad Judicial; los vimos mientras armabamos la radio; y yo los seguí viendo al ingresar y caminar por los pasillos del Poder Judicial.
¿A ellos también los estará aguardando un bala en la nuca o con la pobreza y el destierro cultural que los acongoja cotidianamente será suficiente para nuestra sociedad enemiga de los “rasgos identitarios”?
“Detrás de una gorra hay una historia; y detrás de la historia una identidad”.

El agravante

Antes que cada uno de los cuatro testigos de la jornada pueda dar su relato de los hechos, la Fiscal de Cámara Graciela Echegaray expresó las razones y hechos que la llevaron a ampliar la condena del único imputado por el homicidio de Pablo Alejandro Vera, suboficial Jorge Villegas:
“Conforme a las facultades previstas en el artículo 357, esta parte va a ampliar el requerimiento de elevación a juicio de fojas 506 / 520, respecto al agravante puntual ‘Alevosía’, art. 80 inciso 2 (...) Ello en virtud de que ésto ha surgido de los dichos del testigo Segundo Comandante Gonzalo Díaz -de la Gendarmería Nacional-, él que fue categórico al desvirtuar la posibilidad de que este tipo de armas se disparé por golpes, lo que venía ya a sumarse a la requisa del Gabinete de Criminalística -obrante a fojas 606 / 623- que precisaba la distancia del disparo, entre el contacto a 2, 5 centímetros. Siendo la requisitoria fiscal utilizado en potenciar el hecho descripto al decir presuntamente  ‘a muy corta distancia’. Esta fiscalía está en condiciones de sostener exactamente a esta distancia. Es decir, exigua."
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Exposición de la fiscal
Graciela Echegaray
Luego de esta exposición el juez de la causa Fernando Sánchez Freytes, le preguntó al abogado defensor (Juan Luis Vincenty) del imputado si deseaba adherir u objetar -en dicho caso, tiene la facultad de pedir la suspensión del juicio para preparar la defensa-, quien no tuvó ninguna objeción al respecto.
De esta forma durante los alegatos finales y la lectura de la sentencia se tendrá en cuenta el agravante de “Alevosía”, ya que la Cámara Fiscal comprendió que, como el arma reglamentaria -9 mm- está imposibilitada de dispararse sola, el imputado realizó la acción con total determinación y desidia.

Los últimos testigos

En la tercer jornada por el juicio contra el suboficial Jorge Villegas expusieron solamente cuatro testigos -una amiga de Pablo Vera, que lo había visto unas horas antes del homicidio y tres policías que estuvieron dentro de la escena del crimen-.
La primera, Carolina Mayo aseguró que compartió un fernet con Vera -dentro del boliche bailable “El Mega”, de la ciudad de Neuquén-, que lo había visto solo dentro del lugar y que al irse del recinto presenció como los guardias de seguridad retiraron a su amigo por la fuerza.
Más tarde el testigo Bastias Hugo (Comisario Inspector, Jefe de la Unidad Regional) explicó que cuando llegó al lugar de los hechos se encontró con Villegas, con quien mantuvó un breve diálogo: “como ya les dije, estaba con mucha presión por esta situación, casi no podía ni hablar (...) así que me comentó él que cuando escuchó un ruido, miró por la ventana y observó a una persona que estaba en el interior del auto -con la puerta abierta-. Así que bajó y ahí cuando se identificó como policía se produjó un forcejeo y él dice que el disparo fue accidental. La charla duró un minuto.”
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El comisario inspector Hugo Bastias,
dando su versión de los hechos.
Cuarto intermedio

Cerca de las once de la mañana, luego de los cuatro testimonios, la querella y la cámara fiscal pidieron un cuarto intermedio para decidir si era necesario prescindir de los testigos que faltaban para esta jornada o los solicitaban para la siguiente. Finalmente decidieron prescindir de sus presencias en ambas jornadas, para no tornar reiterativas las declaraciones y darle lugar a los alegatos.
“Ya tengo acreditado lo necesario para comenzar con los alegatos finales”, sentenció la abogada querellante Victoria Naffa.
María Ñancufil observa a Villegas, mientras que Naffa habla con los hermanos de Pablo Vera.

Dentro y fuera de la sala

Estuvieron presentes -como en cada jornada- la madre (María Ñancufil) de Pablo Vera, y los familiares más cercanos. También en esta jornada se hicieron presentes, tanto dentro y fuera de la sala, César Casas -padre de Matías Casas, joven neuquino asesinado por un ex policía, Héctor Méndez- y Claudia Painevil -hermana de Carlos Painevil, desaparecido el 2 de junio de 2012 de la ciudad rionegrina de Allen-.
Al terminar la tercera jornada judicial, César Casas emitió una palabras para la transmisión del medio alternativo Radio Zona Libre:
“Les quiero decir a la familia que es muy bueno que esten parados acá afuera reclamando por la vida de Pablo; reclamando que se lo hayan matado, y que le hayan privado de tener una vida normal y tranquila junto a su familia; de haber podido tener hijos. Yo, en mi caso, estoy acá acompañándolos porque entiendo que la única forma de que se pueda hacer justicia es que los familiares nos unamos; ya que compartimos el dolor y compartimos sensaciones -esto de los juicios nos revuelve las tripas porque nos hacen vivir de nuevo lo que les hicieron sufrir a nuestros seres queridos; tenemos que revivirlo en cada instancia-”.
Por último y de modo sintético Marisa Vera, hermana de Pablo Vera, confesó: “mi hermano, lo que más quería era formar una familia. El trabajaba. Su adoración era su hija. Lo único que quería era armar su casita para estar junto a su hija”.

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