9 feb. 2016

Fue ex detenida-desaparecida durante la última dictadura. Luego, se constituyó en testigo y querellante, como tantos otros. La asesinaron el 29 de marzo de 2010. Sin embargo, aun cuando ya había vuelto a desaparecer Jorge Julio López, la justicia siguió la línea más fácil: que murió víctima de un delito común. Marina Destéfani, hija de Silvia Suppo, dialogó con Paulo Giacobbe para La Retaguardia durante la 7ª Jornada por los Derechos Humanos, organizada por Familiares y Amigos de Luciano Arruga. Marina participó de uno de los paneles. Luego nos contó la historia de militancia de su madre y el asesinato con más dudas que certezas. Durante la emisión anterior de Oral Y Público, escuchamos su testimonio y la opinión de Víctor Basterra, testigo esencial en la megacausa de la ESMA. (Por La Retaguardia)

Foto: Silvia Suppo como testigo en un juicio por crímenes de lesa humanidad. Poco después fue asesinada.

“Mi mamá fue testigo y víctima. Primero, durante la dictadura, ella pertenecía a la Juventud Peronista y sufrió la desaparición de su compañero Reinaldo Hattemer, a quien seguimos buscando. A los pocos meses se produjo su propia desaparición seguida de tortura y detención ilegal en la que, además de recibir distintos tormentos, sufrió una triple violación y producto de este suceso quedó embarazada y fue obligada a abortar”, contó Destéfani y detalló que Suppo pasó por un centro clandestino de detención, conocido como La Casita, y dos comisarías, donde cumplió una condena ilegal de 2 años y medio. Luego, “volvió a la ciudad y a raíz de que se abrireron los juicios se presentó a declarar en la justicia federal y se abrió una causa para buscar a su compañero, que pronto será elevada a juicio y seguimos siendo querellantes sus hijos para que aparezca y se condene a sus culpables”, rememoró la joven militante.
La hija de Suppo relató que su madre declaró, además, en una causa emblemática en Santa Fe, conocida como la causa Brusa, porque se juzgaba al ex juez federal con ese apellido. Finalmente, “fue condenado a 21 años de prisión, y el jefe de policía de la comisaría 4ª, uno de los lugares donde más tormentos hubo en la dictadura aquí. También se juzgó a muchos policías cómplices de Rafaela”. La joven relató, en una línea de tiempo, los sucesos previos al homicidio: “3 meses luego de la sentencia y condena, en diciembre de 2009, en marzo de 2010 Silvia fue asesinada de nueve puñaladas a plena luz del día en un comercio donde trabajaba. En un principio se intentó engordar las líneas de lo que es el discurso de la inseguridad pretendiendo hacerlo pasar por un asesinato en ocasión de robo y desconociendo la condición de militante y testigo de Silvia y tratando de que esto quedara oculto criminalizando a dos lavacoches”.

La lucha por el esclarecimiento

Destéfani advirtió que desde un comienzo el Espacio Verdad y Justicia por Silvia Suppo tuvo en contra tanto a medios hegemónicos como a la justcia, que a su vez contó con la complicidad de la policía. Los uniformados, explicó, obstaculizaron explícitamente la investigación. “El móvil político nunca fue investigado, el año pasado hubo un juicio pero no justicia; se demostró una vez más que se trata de un poder clasista, machista. Fueron condenados los dos chicos que se autoimplican en una cacería y la policía nunca pudo explicar cómo llegó a ellos, declararon en condiciones completamente irregulares porque no tenían asesoramiento legal y se declararon analfabetos”, planteó. Destéfani explicó que en el juicio que desestiman, sólo un elemento crucial pudo acreditarse a través de declaraciones de pibes de la zona: “El hecho que la policía no sólo ocultó pruebas, entorpeció y ensució la escena del crimen, no la protegió, sino que también atormentó, torturó y persiguió pibes de distintos barrios para que se autoimplicaran en el crimen. Demostramos lo que veníamos denunciando desde un principio: que tenían mucha complicidad y especialmente el jefe de policía en ese momento de Rafaela que hoy es coordinador de Seguridad, Juan Mondino”. La familia de Suppo, junto al Espacio Verdad y Justicia, exige que el juicio sea declarado nulo y denuncia otro elemento más que irregular: “El Tribunal está integrado por Luciano Lauría, que es mano derecha y criado por la cuna judicial de Víctor Brusa. Nosotros ya pedimos el apartamiento y todavía no se resolvió”, explicó Destéfani.
La hija de Suppo dio detalles sobre los dos condenados: “Son dos chicos muy humildes con una familia muy vulnerable y se les dio una condena de 35 años. La defensa pidió la revisión y la nulidad de esa pena. Primero, por las condiciones en las que fueron tomados esos testimonios y porque no hay ninguna prueba objetiva que demuestre que esos pibes hayan entrado al local”. Destéfani enumeró todas las pruebas que faltan para demostrar si los dos jóvenes presos son los asesinos de Silvia Suppo: “No hay rastros de sangre, ni huellas; las armas que dicen haber usado no son, no hay ropa manchada de ellos, no hay probabilidades de que hayan estado en el lugar del hecho. Eso no fue probado. El testimonio que dan, la forma en que dicen haberla matado, no coincide con los resultados de la autopsia. La causa se dividió: por un lado, se juzgó a estos pibes y hay dos acusados más siempre sobreseídos”. Sobre las personas que la justicia jamás investigó, Destéfani contó que uno está vinculado a un narcotraficante y otro es un joven que sí tiene antecedentes de uso de arma blanca. “Se abrió, además, una tercera causa con las denuncias que venimos planteando respecto del accionar policial y ni siquiera la fiscalía pidió una investigación en asuntos internos ni un apartamiento de ningún funcionario policial. Y han ocultado pruebas, por ejemplo, un video en que salen los pibes. Han obstaculizado la causa completamente”, denunció la joven.

Silvia Suppo, testigo

Silvia tenía que volver a declarar: “En la causa Brusa, y tal es así que su lugar lo ocupé yo el año pasado allí. Una de las estrategias de la justicia para dilatar es dividir los procesos. A Brusa se lo juzgó por asociación ilícita por separado. También tenía que presentarse nuevamente en la causa Hattember, que no sólo investiga la desaparición de Reinaldo, sino los propios tormentos de Silvia durante la dictadura, como la violación y el aborto”, relató Destéfani y mencionó que, de todos los imputados, sólo vive uno, a quien la familia quiere juzgar, aparte de las torturas, por los delitos sexuales como categoría en sí misma. “En Santa Fe será la segunda vez que se pide que se condene al delito sexual por separado, lo que implica 25 años más. Eso está pedido en la elevación a juicio”, explicó.

Paralelismos (y no) con Jorge Julio López

“Es un caso similar al de Julio López por la condición de víctimas de la dictadura, por la condición de testigos y la ausencia del Estado para protegerlos. La misma policía de los '70 actúa con la misma impunidad en democracia. La lentitud de la justicia, también, termina afectado a los testigos que tienen que declarar una y otra vez mientras se van muriendo los represores y nos los van matando a ellos”, graficó Destéfani, al tiempo que señaló una diferencia notoria: la falta de visibilidad. “El caso de Julio ha sido muy levantado por muchos medios hegemónicos, alternativos y populares y el de Silvia costó muchísimo más instalarlo. Entiendo que hay muchas lecturas, puede ser porque es del interior o por su condición de mujer, pero sigue costando mucho. Incluso, hoy, cuando se nombra a Julio López, no se la nombra a ella muchas veces como un caso paralelo”, reflexionó. Para Destéfani, la campaña mediática por ocultar las verdaderas causas del asesinato de Silvia Suppo fue abrumadora: “Se quiso instalar que Silvia era una comerciante más, incluso deslegitimando su condición de mujer militante y de testigo. La idea de que era una mujer sola que no se pudo defender y que la mataron para robarle. Otro hecho que no está probado”.

Qué hizo el Estado

Para Destéfani, no puede desconocerse la saña con que Suppo fue asesinada: “No le pegan un tiro, la matan a sangre fría de nueve puñaladas apropiándose de su cuerpo como ya le había pasado en los '70. Fue todo un disciplinamiento que le iba a llegar a otras compañeras que ahora tienen que volver a declarar y recibieron el mensaje”. Por otra parte, la chica explicó el contexto: “Se produjeron en ese momento una cantidad de amenazas en la provincia de Santa Fe, por ejemplo cuando dijeron que había una bomba en la radio LT10, secuestraron y desaparecieron un auto de la secretaría de Derechos Humanos, le robaron a la abogada que defendía a Silvia. Todo eso no se difundió, la campaña mediática fue para felicitar a la policía y hacerlo pasar por un robo y para aumentar este discurso de que los pibes de los barrios son peligrosos. Hubo medidas en ese sentido, hasta encuestas preguntando a la gente qué hacer con los lavacoches del centro”, denunció Destéfani sobre el accionar del Estado posterior al homicidio.
“Como responsables políticos identificamos, primero, a la cúpula de la policía santafesina y tenemos una enorme diferencia con el accionar de la secretaría de Derechos Humanos del socialismo en su gestión. Obstaculizaron la causa, salieron a felicitar a la policía, a dar información sensible, no se presentaron como querellantes. Silvia fue una testigo y quedó expuesta por falta de medidas de protección a testigos o por falta de celeridad”, finalizó Destéfani.
Como integrante del programa radial Oral Y Público, donde se escuchó el testimonio, Víctor Basterra -testigo esencial en la megacausa ESMA- señaló la enorme perversión de los hechos relatados. “Es producto de estos tiempos que corren, la forma de reclutar a esos jóvenes para hacerse cargo seguramente de algo que no han hecho, por ser muy pobres y muy vulnerables. Dejar una marca en el espíritu de los testigos como sucedió con Jorge Julio López. Con Silvia hicieron algo más perverso, porque hay varias víctimas junto con ella”, reflexionó.

La historia de Silvia Suppo merece ser investigada y difundida como una causa vinculada a su calidad de testigo. Sería la línea principal de investigación en cualquier serie donde se investigan asesinatos. Ciertamente, esta es la vida real.


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