25 mar. 2016

En un nuevo aniversario del golpe cívico-militar, Oral Y Público recordó historias, sensaciones y vivencias de diferentes personalidades: ¿Qué estabas haciendo el 24 de marzo de 1976? Esa fue la consigna propuesta a los entrevistados para recabar testimonios del horror. Referentes de derechos humanos, dirigentes de organismos, ex detenidos desaparecidos, militantes sociales, profesionales, víctimas de la represión del Estado en democracia y familiares de sobrevivientes pusieron en palabras sus recuerdos de la jornada del anuncio oficial del comienzo del golpe que institucionalizó, 40 años atrás, el genocidio que ya había comenzado a tomar forma en el gobierno de Isabel Martínez de Perón. Te invitamos a dejar cómo comentario debajo de esta nota tu vivencia acerca de aquel 24 de marzo de 1976. (Por La Retaguardia)

Foto: Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora en la cabecera de la marcha del Encuentro Memoria Verdad y Justicia.

Víctor Basterra – sobreviviente de la ESMA

"En esos momentos activaba muy duramente contra la dictadura. Ya se habían desatado las tres A (Alianza Anticomunista Argentina) y se veía venir. Es más, había compañeros de otras organizaciones que lo alentaban. Yo, desde pibe, entendí que nunca es cuanto peor mejor. Cuanto peor uno está, menos posibilidades de defenderse tiene. Hay que acumular fuerza, mondongo, espalda para soportar la adversidad. Si ves que el conjunto está a la deriva, vulnerable, triste solitario y final, como diría Soriano, no es fácil enfrentar adversidades. Uno se preparaba ante la alternativa factible que se daba en ese momento de distinta forma. Por eso hablaba de que estaba duramente comprometido. En el interior, en Córdoba, estaba el Comando Libertador de América, acá las tres A, la CNU (Concentración Nacional Universitaria), el CdeO (Comando de Organización), todos los grupos de derecha que venían cascoteándonos, y uno lo soportaba como podía. Andábamos activando, creando agrupaciones. Esa es la historia. Yo era un obrero, un trabajador que andaba en distintas tareas peleando y activando. Vivía en un hotel en Caballito. Ese 24 de marzo lo escuché y me dije a mí mismo: 'La puta madre que lo parió, mala que viene la cosa'".

Diana Gallardo - Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos

"El 24 de marzo de 1976 estaba en mi casa. Esa noche teníamos una reunión con compañeros, militaba en la Juventud Peronista. Toda la célula ya lo venía oliendo, presintiendo, estábamos cerca de los televisores. Todos juntos escuchamos la noticia en casa. La mayoría de mis compañeros han desaparecido, todos. Uno, dos o tres pudieron zafar como yo, sobrevivientes. Seguimos para levantar la bandera de los 30.000 compañeros ex detenidos desaparecidos".

Marlene Wayar - Activista trans, integrante de la Colectiva Lohana Berkins

"Yo nací en 1968, era muy pequeña y nadie me lo contó. El primer recuerdo que tengo es con mis hermanas. Teníamos una habitación que daba a la calle en barrio Parque Montecristo, en Córdoba Capital, y una noche me despiertan unos golpes secos, como en los cuerpos, revolcándose en el piso. A mí me dio mucho miedo y me volví a dormir. A la mañana siguiente pregunté en casa qué había pasado y mamá me dijo que no sabía, pero que no podíamos salir de noche porque se estaban llevando a las personas. Me dijo que no importaba que fueras una persona linda, o mala, te llevaban. No hay más relato hasta que yo empiezo en mi pre adolescencia a cursar, junto con el secundario, la escuela provincia de cerámica, el profesorado artístico y técnico de cerámica. Allí era la única gurrumina, con compañeros y compañeras que eran, el más chico, de 25 años, y la más grande de 60. Ahí, sobretodo mis compañeras, empiezan a contarme que en este país donde yo había pasado una infancia feliz con mi familia y demás, existían 30.000 desaparecidos, algunos eran familiares de ellas. Me horrorizó la idea, sobre todo del silencio, de no haber tenido noción hasta ese momento y de haber sido en el mismo momento feliz. Si me preguntaban, mi familia era la familia Ingalls. Eso hizo que yo juzgara a mi papá y a mamá, a quienes declaré inimputables porque se recogieron en su casa a educarnos con el mayor amor y cuidado posibles y sé fehacientemente que no marcaron a nadie, que nunca nos hablaron del odio hacia nadie, nunca nos dijeron que había terroristas; se llamaron al silencio porque eran muy jóvenes con criaturas y obviamente tenían miedo. Papá iba de casa al trabajo y del trabajo a casa. Esos son los primeros recuerdos, creo, y la primera sensación al enterarme fue de espanto por no comprender ese mundo que había pasado frente a mis ojos".

Alfredo Grande – Psiquiatra, psicoanalista y conductor del programa Sueños Posibles

"El 23 de marzo de 1976 yo estaba de guardia en Garín, provincia de Buenos Aires, ciudad emblemática que había sido ocupada en su momento por Montoneros. Me fui a dormir aterrorizado porque ya se veía venir. La provincia de Buenos Aires era como una lupa, todo lo que en Capital Federal parecía diluido, ahí era muy concentrado. El 24 me desperté pensando que tenía que atender un paciente y era una enfermera que me decía que desde Escobar le contaban que había habido un golpe de Estado. Garín era un bastión peronista y la sensación de todos fue de terror. Yo, a diferencia de otros compañeros torturados, presos o exiliados, hice un 'incilio' interior. Mi hijo mayor, que ahora vive y está muy bien en Brasil, ya había huido por la Triple A. Me quedó esa tarea difícil de resistir y realmente me enteré la brutalidad del genocidio cada semana que iba a Garín por la Panamericana viendo los retenes policiales. Durante meses no supe qué hacer, si huir o quedarme, deseando poder seguir viendo a mi hijo".

Mónica Alegre - mamá de Luciano Arruga

"Yo vivía en Morón. Siempre les cuento a mis hijos que mis recuerdos son muy tristes, era la realidad de ese momento. La noche... se sentía el ruido de los coches, que se abrían las puertas, los perros que ladraban, niñitos que lloraban, mujeres, tiros, mucho ruido. Al otro día, nada. Nadie sabía nada, y cuando se preguntaba por lo bajo se decía que eran subversivos, guerrilleros. De esa gente ya no se sabía más nada. Así funcionaban las cosas en ese momento, nadie se animaba a preguntar. Lo primero que la gente decía era 'y, bueno, algo habrán hecho'. Eso me quedó grabado, no poder estar en una esquina con mis amigos porque pasaba el Falcon y era un terror que le teníamos sin saber muy bien por qué. Éramos adolescentes de 13, 14 años, que lo único que queríamos era estar en una esquina. Pasaban una vez y bajaban el vidrio y ya la segunda vez era un pánico terrible porque habían desaparecido muchas chicas, muchos adolescentes, y se sabía que algo malo les había pasado.
Como toda adolescente he tenido mi muerto en el placard. Me he ido con mis amigos, me he emborrachado por ahí y la pasé muy mal en la comisaría de Ciudadela. Me han tratado muy mal, me han amenazado. Es un momento de mi vida muy feo para recordar".

María Adela Antokoletz - hermana de Daniel, desaparecido

"El 24 de marzo de 1976 yo estaba metida totalmente en un mundo de cultura y sorprendida y coincidente con una amiga mía que lloró todo el día en esa fecha. Una amiga que no participa de grupos políticos ni de partido alguno, pero que tiene dos dedos de frente. En mi casa, mi hermano desaparecido que entonces vivía, estaba con una tristeza, una cara larga. Estábamos amargados por el golpe militar en sí, por la interrupción de un gobierno que nos parecía que tenía que seguir. Faltaba poco para las elecciones. Yo estaba en mi casa y en mi trabajo docente sin una militancia especial. Debo decir que del catre caí o comprendí la dimensión política de la vida en el exilio al que me fui unos meses después de la desaparición de Daniel, cuando desapareció el socio de mi hermano y mi cuñada, que ya había estado desaparecida, sintió que el círculo se iba a cerrar sobre ella nuevamente, por eso nos fuimos. Si no, nos hubiéramos quedado. No sé cómo nos hubiera ido. Ahí, la vida en España me hizo comprender lo que era América Latina y lo que era la militancia".

Pablo Pimentel - presidente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos de La Matanza

"Iba caminando por la calle Florida a eso de las 08:30 de la mañana. Iba a una oficinita que mi viejo (Eduardo, uno de los fundadores de la APDH) tenía en la vieja galería Güemes y veo en el puesto de diarios que está en la esquina de Bartolomé Mitre, el título 'Junta Militar se hacer cargo del gobierno'. Inmediatamente nos juntamos con mi viejo y me puso al tanto de cómo venía el tema. Él estaba muy preocupado, yo había estado en reuniones previas a la organización de la APDH que se hacían en la primera iglesia metodista en la avenida Corrientes al 600 y había estado acompañándolo junto con hombres y mujeres de distintos partidos de izquierda y de sindicatos, organizando la APDH y advirtiendo que las tres A venían haciendo estragos y que era necesario constituir otro organismo. La Liga Argentina por los Derechos del Hombre (LADH), por ejemplo, era junto al SERPAJ (Servicio de Paz y Justicia) el único organismo que estaba desde antes. La Liga es del año '38, el SERPAJ del '73 y luego APDH. Ellos venían advirtiendo las desapariciones. Ya había gente que se había acercado a denunciar y a presentar habeas corpus que, por supuesto, eran rechazados. Yo tenía 19 años y mi viejo, recuerdo, dijo: 'Yo no les voy a coartar la libertad pero les pido que a cualquier lado que vayan, me digan donde van a estar'. Yo quiero recordarle a la audiencia más joven que estamos hablando del año 1976 y si alguno tenía un teléfono de línea en la casa era porque era un privilegiado así que no había forma de comunicar. Quienes estábamos en plena edad de salir y demás, en el '76 se convirtió en un problema. Recuerdo esa charla de padre, primero de su visión política y luego por nuestro vínculo".

José Schulman - secretario general de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre

"A las 10 de la noche mi mamá había vuelto de Rosario y había traído queso y salamines. Yo vivía en Santa Fe y con mi hermano nos pusimos a tomar vino. A eso de las 23 salió Lorenzo Miguel por Radio Nacional a decir que estaba todo en calma. Entonces, le dije a mi hermano: 'Uy, el golpe empezó, me voy'. Yo me fui en un pequeño NSU que tenía. A medianoche, un camión del ejército asaltó mi casa. Se llevaron todos los libros, todos los discos, metieron preso a mi hermano, lo tuvieron hasta que, en octubre del '76 me detuvieron a mí y en abril del '77 me largaron por primera vez. La noche del 24 de marzo me la pasé escapando de la que era mi casa, tratando de que alguna de las casas que se suponía que me tenían que proteger, lo hiciera. Una de ellas efectivamente se abrió y me pasé toda la noche pensando lo que sería de nosotros, porque teníamos bastante claro que comenzaba el período más negro de la historia argentina".

Eugenia Montero – fiscal de causas de lesa humanidad en Mar del Plata

"Yo nací en el 77. Como fiscal, muchas veces una tiene a favor el no haber estado en aquel momento y no tener, por ende, un preconcepto o un preposicionamiento para uno y para la mirada de los demás, respecto de cómo sucedió la historia. Eso, a veces, nos permite un abordaje, no digo sin compromiso sino al contrario, más objetivo, por llamarlo de alguna manera. A veces uno percibe que los actores de aquella historia todavía tienen algunos reproches que hacerse mutuamente. Nosotros, como nueva generación, tenemos el compromiso de llevar adelante estos juzgamientos y la convicción de hacerlo y también el beneficio de que llegamos aquí cuando esta historia estaba, de alguna manera, ya concluida, y la etapa de juzgamiento es aquella en la que nos toca ser protagonistas".

María del Carmen Verdú - dirigente de CORREPI

"Yo tenía 17 años recién cumplidos, ahora tengo 57. Mi principal preocupación en el mundo era saber si había aprobado el examen de ingreso a la facultad de derecho que había rendido el 8 de marzo del '76 en medio de todo el enrarecimiento del clima social y político, con editoriales que salían todos los días en los diarios anunciando que se venía el golpe. Esa sensación de impotencia que sentí cuando tuvimos que esperar hasta mayo los ingresantes porque, naturalmente, la facultad estuvo clausurada durante todos esos meses mientras se producían las purgas, los secuestros y las desapariciones de trabajadores docentes, no docentes, estudiantes, etc. Recién casi a mitad de año, con un solo cuatrimestre, empecé a cursar la carrera con, por ejemplo, Martínez de Hoz como titular de cátedra de una materia, Fernando de la Rúa como titular de cátedra de otra. Fernando de la Rúa era titular de Derecho Procesal y Martínez de Hoz de Régimen de los Recursos Naturales no renovables. Imaginate lo que podíamos llegar a aprender. Cursé la carrera entre 1976 y 1984, con lo cual apenas si tuve un soplo de vida democrática en la universidad. Recuerdo escenas como la primera clase de derecho laboral con un profesor que lo primero que dijo cuando entró al aula fue: 'Bienvenidos señores y señoras, bienvenidos a la primera clase de Derecho Laboral, les aclaro que esta materia es derecho positivo histórico en las actuales condiciones', porque estaban suspendidas todas las garantías laborales. Ni siquiera estaba en vigencia la Ley de Contrato de Trabajo".

Irene Antinori – psicóloga y conductora del programa Sueños Posibles

"Era una adolescente que iba a la secundaria. Mi viejo (Oscar Cacho Antinori, integrante del frente militar del Partido Comunista), estaba muy preocupado y sabiendo lo que se venía. Nosotros éramos tres personas que vivíamos en dos ambientes y en mi casa se abrieron las puertas para un compañero que después desapareció, que era el abogado Teste, de derechos humanos".

Alfredo Olivera – ex preso político de La Rioja

"No recuerdo exactamente ese día, pero yo en lo personal vivía una situación de mucha incertidumbre y de mucho dolor porque muchos, en mi barrio, el barrio ferroviario, fueron detenidos. En la familia Gómez, por ejemplo, habían detenido a cuatro personas. Era una situación de incertidumbre. Por otro lado yo mismo tendría que haber hecho el servicio militar, incluso con Alberto Ledo. Pero he pedido prórroga de dos años para terminar mis estudios secundarios. Mi duda era qué iba a pasar conmigo una vez que me incorporara al servicio militar. Entonces, pude plasmarlo en un escrito por recomendación de la monja del barrio en una especie de hojita que pasaba por diferentes barrios".

Enrique “Chachito” Fukman - sobreviviente de la ESMA

"Recuerdo el 23 de marzo. Yo militaba en Montoneros, en zona sur. El responsable de mi grupo plantea que la orden que había era que esa noche estuviéramos antes de las 21 todos guardados en nuestras casas porque se iba a dar el golpe. Algo que puede parecer sin importancia pero no, nosotros no teníamos esa característica ante cualquier situación: decirnos que nos guardáramos sin salir hasta el momento de ir a trabajar era muestra de la gravedad de lo que se estaba por producir. Después de esa reunión cada uno se fue a su lugar y, a la mañana siguiente, a trabajar. En medio del golpe, a la tarde, a la reunión de grupo que teníamos para empezar a ver qué acciones tomar, cómo resistir".

Roberto Perdía - integrante de la dirección de Montoneros

"Estábamos en el interior, escuchamos el discurso que había dado a la noche Oscar Alende en una reunión con un grupo de compañeros. Al día siguiente teníamos que volver a Buenos Aires y ya sabíamos lo que eso significaba. Me llamó la atención, a la mañana siguiente en un negocio, que había un clima de apoyo. La gente en general tenía, en la calle, una opinión de no tan malos ojos. Estaba cansada de los enfrentamientos y demás, se habían vivido meses muy duros que habían sido fogoneados como peligro, riesgo, etcétera. Se habían creado las condiciones para que el golpe de Estado apareciera como la varita salvadora. Una vez tuve un incidente. Yo tomaba el colectivo y tenía un documento trucho. Cuando lo ven, me hacen pasar a un costado. Luego me preguntaron por mi padre, mi madre. Por suerte eran documentos truchos bien hechos, con lo cual sabíamos los datos de toda la familia y era un homónimo que se ve que había metido la pata en alguna parte y que lo estaban buscando vinculado a alguna cosa. Ahí pude subir al colectivo todo chiquitito, arrugadito y despacito y tratar de venir en silencio".

Ricardo Arédez - hijo de Olga Márquez de Arédez, fundadora de Madres de Plaza de Mayo en Jujuy

"El 24 de marzo estaba durmiendo, llovía en Ledesma. A las 3 de la mañana tocan el timbre y vienen los militares, entran a la casa. Mi padre sale en pijama. Era un día frío. Yo me bajo con mi hermano y estaba mi mamá desesperada y mi padre blanco y dijo: 'Olga, vienen a llevarme'. Lo vi a mi papá (Luis Aredez, desaparecido) salir en una camioneta de la empresa Ledesma manejada por un empleado. Con el tiempo, el administrador de la empresa, el ingeniero Alberto Lemos, sobrino de Carlos Pedro Blaquier, le dice a mi madre que, efectivamente, ellos habían puesto 40 móviles y habían comisionado a 40 empleados para que hicieran los procedimientos desde las 3 de la mañana del 24 hasta las 12 de la noche del 25 de marzo. Fueron dos días de ceder sus móviles para levantar gente, obreros, estudiantes, etc., y la lista la había armado la empresa, obviamente. Yo tenía 16 años y tuve que hacer el servicio militar a los dos años, cuando mi padre estaba secuestrado por segunda vez, y los milicos sabían quién era yo y me llevaron a los campos de concentración en Tucumán para hacer guardia. Ahí vi un montón de cosas. No había ningún desaparecido, pero estaba toda la prueba".

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