16 abr. 2016


El grupo activista Refugee Care trabaja dando ayuda en la atención primaria de los refugiados que se acercan a la zona de Lesbos, una isla de Grecia. Otras Voces, Otras Propuestas, que se emite por Radio La Retaguardia, ya había dialogado con integrantes de la asociación que relataron su trabajo, y volvieron a conversar esta vez para actualizar la situación política allí y el trato que reciben los migrantes. (Por La Retaguardia)



Grecia

“La situación ha empeorado bastante. Están con enfermedades graves que, según Médicos Sin Fronteras, no se ven desde la Primera y la Segunda Guerra Mundial. Son enfermedades de trinchera, tipo sarna, están mal alimentados, no tienen higiene, y están muy cansados. El lunes 11 de abril, por ejemplo, intentaron cruzar la frontera, gasearon a familias enteras, la policía en Macedonia tiró balas de goma. Es una situación muy preocupante, muy al límite”, dijo Alicia Armesto Núñez, una de las activistas.
Sobre la política del gobierno griego de Tsipras, la activista señaló: “lo único que han hecho fue parar un poquito las deportaciones, porque coincidió con que se habían llevado gente que había pedido refugio, y se demostró que eso era ilegal. Se han podido parar un poco, pero ayer empezaron otra vez a deportar, con el peligro de que hay muchos kurdos, y mandar a los kurdos a Turquía es casi firmar una pena de muerte”.
Armesto Núñez reflexionó también acerca de las conductas de otros países de la Unión Europea: “creo que Grecia está haciendo todo lo que puede. Grecia está machacada. La situación es muchísimo peor que en España, allí hay gente pasando hambre, que se ha quedado sin nada, viviendo en la calle, y aun así está ayudando en lo que puede a los miles y miles de refugiados. Aquí han castigado a Tsipras con los refugiados, pero no creo que pueda hacer más. De hecho, ya ha dicho que a los refugiados que han pedido refugio no los va a dejar (deportar)”. La activista señaló con crudeza que habilitar campos para contener gente es, desde cualquier punto de vista, poner en práctica campos de concentración.
“Dentro de toda la ayuda que recibimos, y recibimos mucha por parte de muchísima gente que está dando todo lo que puede, llevamos algunas carpas, algo de electricidad, comida, pomadas para la sarna, pañales; pero para 15.000 personas no deja de ser un parche muy pequeño. Iremos 3 semanas, ayudaremos en lo que podamos, intentaremos explicarles por qué es verdad que los están engañando para que se vayan a los campos estos diciéndoles que van a poder pasar antes a Europa, cosa que es mentira, porque se ha escapado gente de esos campos porque son verdaderas prisiones, no pueden salir, ni siquiera comen, están casi peor que en Idomeni. Nosotros simplemente iremos para intentar ayudarlos, a estar con ellos e intentar paliar un poco su situación”, aseguró Armesto, y denunció que la tarea que realizan no es llevada a cabo por ningún gobierno ni gran ONG, a excepción de Médicos Sin Fronteras.
Sobre la reglamentación del ingreso de inmigrantes sirios a Macedonia, la activista explicó: “cuando nosotros estuvimos podían pasar los de Alepo, pero no los de Damasco, porque consideraban que Damasco no era una zona peligrosa, no sé por qué. Sirios de Alepo sí, pero sirios de Damasco no. Una cosa rara. Pero ahora está cerrada para todos. En España e Italia tampoco lo permiten. De hecho, con los atentados de París ya tienen la excusa para no acoger”, se lamentó.

Turquía

A la entrevista se sumó el también activista Javier Romero para dar su impresión sobre la situación en Turquía: “la información que tenemos es la que sale en la prensa de aquí porque todavía está bastante en pañales. De hecho, los medios no publican directamente el acuerdo. El común de la gente accede a lo que cuentan los medios sobre el acuerdo. Es un número de refugiados a partir de la entrada en vigor del acuerdo, es decir, a los que entraron antes todavía no los pueden deportar. Por lo menos se ha enmarcado dentro del acuerdo, no sabemos si en un futuro cambiará. Por eso es tan grave la situación en Idomeni, porque aparte del acuerdo, con todo lo grave que es, los de Idomeni no van ni para atrás ni para adelante. A su vez, Macedonia anunció que cerraba sus fronteras hasta diciembre de 2017”.
Romero explicó que el acuerdo lleva una semana y media: “en cuanto a la situación respecto a las deportaciones, salió un barco en el que va un agente por cada refugiado, lo cual tiene un coste alto, inmediatamente una ONG denunció que algunos de los que iban en esas primeras deportaciones ya habían solicitado asilo. Teníamos la esperanza que Grecia podía moverse para pararlo de momento, pero parece que era solo una cuestión administrativa. El otro día salieron más barcos, incluso hubo unos algunos activistas que se tiraron al agua para tratar de pararlo, aunque no se consiguió nada”, explicó.
“Si el dinero que le ha dado la Unión Europea a Turquía según el acuerdo fuera suficiente como para atender a esos refugiados, se lo hubieran dado a Grecia, que encantada hubiera atendido a esos refugiados. Es un dinero que no es para solventar problemas que pueden tener, es un dinero para quitarse de encima esto que consideran un problema. Sucede que en general la actitud de los países europeos desde que empezó todo esto ha sido tratarlo como un problema, no como una cuestión de derecho o de justicia. En España, cuando se le pregunta al presidente, se escuda en el acuerdo y dice ‘es un acuerdo que hemos firmado entre todos, incluido Grecia’, quitándose de encima las responsabilidades. Pero, al final, todos son responsables de lo mismo”, agregó Romero.
Volviendo a la situación en Turquía, Romero afirmó que no es precisamente un país ideal para deportar a nadie: “solamente quiere retener la idea de que si pagan 2000 dólares, la media que venían pagando hace unos meses, cuando hacía buen tiempo, para pasar de un lado a otro, la idea de que sirve de algo mandarlos allí es absurda, alguien que intenta empezar una nueva vida en otra parte, que paga ese dineral y que corre esos peligros para pasar, como lo hacían muchos en dinguis (botes inflables) hacia Lesbos. Nos han mentalizado con que esto es una barrera. Esos tienen un objetivo, es lícito y contemplado por el derecho internacional, y ponerles cualquier límite, es un obstáculo más. El que vengan no es más que complicar su situación, porque nadie huye ni deja su casa ni todo lo que tiene, todas sus referencias, por capricho. La actitud de los países europeos fue esa desde un principio. En los medios de comunicación, en connivencia con los Estados, había un discurso barajando el por qué vienen, por qué no vienen”.
“En los días siguientes a entrar en vigencia el acuerdo se reflejó una subida de la ruta antigua que había por Sicilia. No sé en qué tipo de barcos van, porque no es lo mismo atravesar 10 kilómetros de Lesbos que todo el recorrido marítimo para llegar a Sicilia. Aquí salió un artículo en un medio revisando todas esas posibles rutas. No sé si el flujo ha bajado un poco los últimos días, pero estas medidas son barreras, pero hay que saltarlas. La última vez que estuvo el grupo en Lesbos y decidió trasladarse porque había bajado un poco el flujo, en parte por las condiciones climáticas, en parte porque ya estaba OTAN por allí, había información de que había muchísima gente del otro lado de la playa para cruzar. Si ahora tuviéramos una varita mágica y pudiéramos poner más barreras más barreras físicas, o policiales, como se le quiera llamar, se puede contener durante un tiempo, mientras las mafias se organizan para darles otras rutas. Pero el flujo sigue porque si la causa de todo esto es la situación en estos países, que no es solamente en una guerra, incluso las condiciones de un país son muchos peores en años posteriores a la finalización de un conflicto, el foco sigue ahí”, reflexionó Romero.
En este punto, afirmó que difícilmente cambiará la situación mientras siga la intensidad del conflicto en Siria o en los países de alrededor: “se habla mucho de Siria, pero no somos conscientes de que en un conflicto armado las fronteras no se entienden muy bien. Una persona puede correr peligro si está en cualquier frontera cercana a Siria, porque allá se mueven con bastante libertad. El acuerdo, además, no es un acuerdo como los medios lo han contado, de que se van a devolver tantos; el acuerdo no es definitivo, y quedará invalidado si se demuestra su ineficacia”.

Refugiados e inmigrantes

Para Romero existe una separación entre ambos conceptos, sin embargo aclaró que en Refugee Care reconocen el derecho de todos a buscar mejores condiciones de vida: “alguien que huye, que pone en peligro su vida, la de su propia familia, no se va a parar por nada. Además no hay que olvidar nunca que para venir a Europa no solo se exponen a ciertos peligros, sino que se ponen en manos de las mafias. Da igual si es más o menos peligroso, las mafias buscarán una ruta ya que al fin y al cabo para ellos esto es un negocio y seguirán buscando la manera de traerlos. Pero si es un poco más peligroso, no les van a decir ‘seguí pagándome 2000 dólares, pero ahora es un poco más peligroso’. No, les van a decir ‘ya he encontrado otro sitio por donde llevarte’. Cuando se subían en la costa turca para acercarse hacia Lesbos no pagaban por lo que luego tenían, pagaban por lo que las mafias les vendían que iban a ir en un viaje seguro. Eso va a seguir ocurriendo. La mafia no le va a decir a una familia de refugiados a la que le puede sacar 10.000 dólares que es mucho más peligroso o que cuando lleguen a Grecia no tienen a dónde ir”.
“Dentro del retroceso que estamos viviendo en países como España, en garantías judiciales Turquía no es un modelo –continuó Romero–, pero es importante recordar que tienen 2.5 millones de refugiados, obviamente con sus más y sus menos, con la mala situación de los refugiados kurdos. A España vienen por la frontera sur después de recorrer el norte de África. La red solidaria de Madrid que se formó para atender esta situación ha contabilizado 2 mil personas en pocos meses y se han reconocido en las islas 18 mil. Turquía no es como Grecia. En Grecia hemos visto un pueblo muy solidario a pesar de lo mal que lo está pasando. Es gente que merece la pena por el valor humano, pero también en Turquía hay refugiados y hay personas que sufren lo que para mí es una dictadura en muchos sentidos y pagan un poco las consecuencias de esa situación, que nos las dicen en términos económicos ‘¿esto cuánto cuesta?’”.
Finalmente, Romero reflexionó que se trata de una cuestión de justicia, ni siquiera de solidaridad: “tenemos que ser justos porque a lo mejor mañana somos nosotros los que estamos intentando cruzar una frontera para huir de esta situación. Y será mejor cuanto más luchemos por esa justicia, aunque fuera por propio egoísmo. Y ante todo también muchas gracias, porque cualquier esfuerzo por dar voz en esta vorágine mediática en la que vivimos y, sobre todo en sitios tan lejanos, es importante. No hay que olvidar que están en nuestro propio continente y los estamos dejando tirados”.


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