10 abr. 2016


En el Enredando las Mañanas del último jueves de marzo, tuvimos la segunda columna de Fabián Tomasi, víctima de los agrotóxicos y ejemplo de lucha. (Por RNMA)

“La gente que sabe de estas cuestiones es mucha más que hace unos años, hay mucha más gente involucrada, y hoy no es una rareza hablar de Monsanto, del glifosato, o los transgénicos”, dijo Tomasi, aunque cuestionó que “´hay una resignación a que las cosas son así, a que si no ´¿de dónde va a venir el dinero que viene día a día?´, estoy hablando de la parte política, o una actitud de ´qué me importa, sigamos hasta que todo reviente´”.
El hombre contó que suele preguntarse por los trabajadores que se desempeñan dentro de la industria agroalimentaria: “supe de casos de gente involucrada en el agro negocio cuyos hijos nacieron con malformaciones, y sin embargo no pararon, siguen haciendo la misma actividad, no intentan relacionarlo; un amigo me contaba que empezó a darse cuenta de lo grave que era cuando leyó una noticia que decía ´paro de choferes de micros de escuelas especiales´, se sorprendió porque no le parecía un número tan reducido de escuelas y choferes especiales podría haber, que eso fuese una noticia, pero cuando leyó mejor se dio cuenta de que había entre 200 y 300 choferes, entonces empezó a buscar cuántas escuelas especiales y chicos que asisten a ellas hay por localidad y se espantó”. Tomasi continúo su relato: “una de las cosas que lo espantó fue lo ´agrandadas´ que estaban las autoridades cada vez que se iba a inaugurar una escuela para chicos especiales, se sentían felices de esto, que no está mal, lástima que es como si fuese algo natural que es lo que intento decir, como si todo esto fuese natural, como si lo que sufrieran los chicos fuese la obra de dios, y ellos solo fueran los buenos ayudando a los niños” y remarcó “el caso de la zona de Rafaela, corazón sojero de Santa Fe, donde las autoridades a través de un artículo de un diario, casi celebraban la cantidad de escuelas especiales que habían inaugurado, es una locura”.
Fabián Tomasi recordó al doctor Hugo Demaio y a Páramo como “figuras olvidadas, gente que no se dejó influenciar por el miedo, doctores e investigadores en medicina y fueron los primeros que pusieron la advertencia de todo lo que estaba causando el uso de estos químicos mortales a la cual nos están sometiendo”.
Explicó: “yo cuando trabajaba me acuerdo que me reía cuando me enteraba de las acusaciones de los ´ambientalistas´, y todavía me pregunto que si yo no hubiese pasado por esto de intoxicarme y estar sufriendo todos mis dolores, ¿qué sería hoy yo?, no hubiese encontrado la raíz de esto, con tanta gente que me ayudó a entender cómo había sido vivir y morir ignorado, como un montón de personas”.
“Entiendo que hay un tiempo para la ignorancia, y también hay un tiempo para el miedo, para preguntarse ¿de qué voy a vivir? o ¿qué me puede pasar  si hablo?”, reflexionó: “entiendo que hay miedo, pero eso no nos puede definir, entiendo todo, pero hay un límite, ¿cuántos muertos y daño piensan cargar sobre las espaldas antes de hablar?, les estoy hablando a las autoridades gubernamentales, las multinacionales que se dedican a esta actividad de la agricultura industrial, el mayor error cometido”. Y remarcó: “de lo único que yo me siento orgulloso, si puedo decirlo así, es de no haber dejado que el miedo me ganara; una vez que pude reflexionar y entender lo que había estado manejando con mis manos y mi cuerpo, ya no pude quedarme quieto; esto lo dije varias veces, muchos de los periodistas que han venido a verme durante estos años, parece que estaban más interesados en mi aspecto que en mí, todos me escuchaban hasta que me sacaba la remera y me mostraba, pero la verdad que no me importa, porque si eso ayuda bien viene la imagen”.
“Lo que quería es que la gente entienda que nadie está libre de que esto le pase”, aseguró Tomasi, y remarcó que en su primera columna dijo “quédense quietitos que donde ustedes estén el veneno los va a alcanzar”, una frase dura que tuvo un largo recorrido comunicacional, tanto por el impacto, como por quien lo dijo.
Pero cuando se habla de los agrotóxicos y de sus consecuencias en las personas, es inevitable que las historias sean tristes e impactantes: “Se me viene a la mente la foto de una criaturita acurrucada y marcada por todo su cuerpito, que un amigo le hizo para que esa foto se pueda tocar y percibir como tiene realmente la piel ese niño. ¿Qué otra cosa vale la pena hacer que esto? Bien o mal, pero lo hacemos. Me acuerdo de las escuelas especiales que llevan un nombre mentiroso, todos los chiquitos que entran con cáncer en el Garrahan y que lo primero que hizo este gobierno fue intentar bajarles el presupuesto, entre otras cosas, como bajar las retenciones a la minería y a la soja, pero más allá de todo esto hay que vivir, seguir viviendo y no sin haber hecho lo posible”, concluyó.

DESCARGAR

0 comentarios:

Publicar un comentario