18 abr. 2016


Continúa la instancia de alegatos en el tercer tramo del juicio por los crímenes de lesa humanidad cometidos en la ESMA durante el Terrorismo de Estado. Es el turno de las defensas de los represores, pero en Oral y Público seguimos repasando las presentaciones efectuadas por las querellas. En la última emisión, hablamos con Liliana Alaniz, abogada integrante de Justicia Ya!, quien explicó por qué alegaron pidiendo condenas por el delito de genocidio. Junto a Víctor Basterra, reflexionaron además sobre el rol de los sobrevivientes. (Por La Retaguardia)

“Condenar por genocidio es una decisión eminentemente política y nosotros lo exigimos todo el tiempo porque es como realmente se tiene que llamar a lo que pasó. Nosotros solicitamos que se condene por genocidio y no es una diferencia menor respecto a las condenas por delitos de lesa humanidad en el marco de la comisión de un genocidio. No es menor porque en el genocidio, para que se configure como tal, es el represor quien va a determinar cuál es el grupo a exterminar; él marca quién es el enemigo, a quién es el que quiere eliminar, no es casual, no es cualquier persona, no es el que pasaba por la calle, no es una bomba tirada a la población indiscriminadamente, no es casual la pertenencia política sindical, estudiantil, barrial, de los 30.000 compañeros detenidos desaparecidos; nadie estaba ahí por casualidad, nadie fue secuestrado, torturado, asesinado o desaparecido por casualidad, todos sabemos que a esta altura más allá de cualquier trasnochado, estilo (el ministro de Justicia de la Nación, Germán) Garavano, (el ministro de Cultura porteño, Darío) Lopérfido y demás, todos sabemos que el golpe del ’76 vino a exterminar a la vanguardia obrera y juvenil, que se venía desatando y despertando desde el Cordobazo en adelante, entonces se fue a atacar justamente a ese grupo”, explicó la abogada Liliana Alaniz, integrante de Justicia Ya!, al fundamentar los motivos por los que su querella alegó reclamando condenas por genocidio.
En este sentido, la letrada señaló que se tomó en cuenta la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio: “todos estos compañeros desaparecidos y que sobrevivieron, porque la supervivencia también fue una decisión del genocidio, no una elección del compañero que sobrevivió, todos fueron atacados por luchar independientemente de las múltiples organizaciones, de que no todos estuviésemos en el mismo palo, en los mismos conceptos, pero sí es claro que los 30.000 compañeros desaparecidos luchaban por cambiar de raíz un sistema, que era el sistema de opresión y explotación del trabajador, de las clases más humildes, de los estudiantes, de los jóvenes, para instaurar este sistema que ya veníamos padeciendo, que es el capitalismo”.

El Estado contra una porción del grupo nacional

Respecto a la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio, Alaniz especificó: “estamos hablando de una convención que ya en 1956 era parte de la legislación nacional, o sea que mucho antes de que haya ocurrido este último golpe militar con lo que significó, ya sabíamos como país qué significaba el genocidio. Por otra parte, cuando la convención habla de genocidio no hace una ejemplificación taxativa sino que son un montón de supuestos que conforman el genocidio, pero eso no lo tenemos que confundir con una acumulación de delitos, porque nosotros hablamos de la desaparición de personas, el traslado de niños de un grupo a otro, de los abusos sexuales cometidos en el seno de un grupo por el perpetrador, y una serie de delitos que por supuesto incluyen las torturas, pero no es que nosotros sumamos que en el ’76 tuvimos desaparecidos, torturas, secuestros de niños, violaciones y entonces es genocidio, no, cualquiera de estas cuestiones que se hacen contra un determinado grupo es lo que configura el genocidio. Estos compañeros que desaparecieron formaban parte de este grupo nacional, de una porción del grupo nacional y la otra parte era la que determinaba que a este grupo había que eliminar, parte de un grupo nacional decide eliminar a otro grupo nacional, entonces ahí tenemos por qué se configura el genocidio jurídicamente hablando, que ya estaba vigente porque una de las cosas que los genocidas siempre nos plantean es que no está vigente, que no hay pena, pero esta es una ley que ya conocíamos todos desde mucho antes de que se perpetre el genocidio, que es lo que ocurrió acá”, agregó Alaniz.
La abogada, integrante de APEL (Asociación de Profesionales en Lucha), explicó que además este tipo de pedido de condena por genocidio tiene una función extra: “ya pasaron 40 años, la impunidad continúa, los juicios son los que tenemos, los conocemos con todos los límites que tienen, y a las cosas hay que llamarlas como son, no hay por qué estar ocultando o viendo de qué manera lo podemos tratar de decir, ‘decimos que hubo genocidio pero por las dudas’; no, es un genocidio, está en la legislación vigente, hay jurisprudencia ahora que lo reconoce. A fines del año pasado, en el juicio que se llevó adelante en el TOF 1 de La Plata, nuestra querella también en soledad hizo el planteo por genocidio y salió por primera vez en el país una condena por genocidio y en eso estamos. Eso sí lo consideramos un avance, más allá de cualquier limitación o dificultad que podamos tener porque estos juicios están plagados de piedras en el camino. Un solo ejemplo que grafica mucho, la fiscal (en la causa ESMA) empezó a alegar en junio o agosto del año pasado, previo a eso nosotros hicimos un pedido por la ampliación de delitos sexuales cometidos dentro del centro clandestino, pero la solución que dio el tribunal fue que nosotros teníamos razón, estos delitos no pueden ser juzgados aparte porque se desvirtúa qué es lo que pasó en un centro, se revictimiza a las compañeras que tienen que volver a contar su historia, se hace más lento el proceso, pero el problema que aquí tenemos es que no tenemos tiempo, si tenemos que hacer eso hay que ver cuándo termina el juicio, teniendo en cuenta además que nosotros deberíamos haber empezado a alegar en febrero del año pasado y lo hicimos después del 24 de marzo de 2016”.

Diferencias

Tal como señaló Liliana Alaniz, Justicia Ya! es la única querella que al momento de alegar reclama que se condene por genocidio. Otras querellas explican que, aunque coinciden en lo técnico con esta figura, su utilización conlleva un riesgo, ya que puede suceder que el tribunal no recurra al genocidio para marcar su sentencia, lo que implique que se pierda la posibilidad justamente de llegar a una condena porque no se pidieron penas por otros delitos. Al respecto, Alaniz consideró que se trata de una “posición bastante conservadora” y aseguró que existen ejemplos contrarios: “en el marco del juicio (por los delitos cometidos en el ex CCDTyE) El Vesubio que terminó hace 2 años, la fiscalía acusó por genocidio, nosotros también, no así las otras querellas que algunas son las mismas de ESMA. El tribunal no condenó por genocidio pero sí lo hizo a perpetua. En nuestro juicio ESMA, fuimos los únicos que pedimos por genocidio, hubo matices desde el simple delito de lesa humanidad al de lesa humanidad en el marco de genocidio y nuestra posición, que es la más extrema, que es directamente genocidio. Que nosotros acusemos por un delito determinado no implica que el juez resuelva que es ese delito; lo que juzgan los magistrados son hechos, después los va a incluir en un tipo penal determinado, por ejemplo si hablamos de un delito común vos tenés en el artículo 79 homicidio simple y en el artículo 80 todos los agravantes. El hecho clarísimo es la muerte, ahora si esa muerte debe ser considerada un homicidio simple o agravado por ser cometido por ejemplo por odio racial, es el juez el que va a determinar si se cumplen todos los requisitos, pero no deja de existir el hecho muerte”.
“Por otro lado –continuó–, yo tengo la sensación de que si nosotros no nos animamos a pedir las cosas que consideramos que hay que pedir, no nos animamos a llamarlas por su nombre estamos quedándonos un poquito atrás y sobre todo porque nosotros tenemos que entender cuál es la justicia que está juzgando, ¿es una justicia popular, de masas, de obreros o es una justicia burguesa contenida y manejada? La justicia argentina es una justicia de clase, si yo diese por sentado que yo pido genocido, el tribunal no lo acepta, condena o no por lo que fuere, y esa es la verdad, estamos en mal camino. Siendo así, en el caso de los petroleros de Las Heras condenados por el asesinato de un policía, tendríamos que entender que la verdad es que esos compañeros en vez de estar luchando por sus derechos son asesinos. Voy a otro ejemplo, tenemos absoluciones en los asesinatos de Maxi y Darío, ¿esas absoluciones liberan la culpa social, por llamarlo de alguna manera? De ninguna manera. Tenemos el asesinato de Mariano Ferreyra, tenés condena a 15 fulanos desde (José) Pedraza para abajo, ahora los otros responsables a los que la justicia no nos permitió llegar, ¿son inocentes? Es una posición de lucha pero nosotros estamos justamente en una lucha para que las cosas se reconozcan como son y si la justicia nos dice que no, nosotros tendremos la obligación de denunciarlo, por lo menos hasta que la tortilla se vuelva”.

Cuarto Tramo

La tercera parte del juicio de la megacausa ESMA se encuentra en etapa de alegatos. Aunque aún pueden faltar meses para conocerse la sentencia, podría decirse que este proceso que se inició en noviembre de 2012 está en sus últimas instancias. Sin embargo, este juicio, descripto por Liliana Alaniz como “el más grande en cantidad de genocidas pero también en cantidad de compañeros identificados”, no concluye en este tramo. “Más allá de lo que falta de este juicio, que es que aleguen los defensores de los 55 genocidas que nos quedaron vivos, porque arrancamos las audiencias con 70 y un 40% de ellos en prisión domiciliaria, de hecho el día que empezamos el juicio planteamos que se revoquen las domiciliarias, pero no nos dijeron siquiera que no, al día de hoy eso no está resuelto; lo concreto es que terminado todo esto, y siendo optimista que será hacia fin de año, esta lucha sigue porque en la instrucción del juez (Sergio) Torres hay por lo menos unos 300 casos nuevos, pero además en estos 3 años y medio de juicio tenemos otros 70 casos más de personas a las que por primera vez se las nombró y vinculó o incluso ellas mismas declararon que estuvieron en la ESMA”, expresó la abogada de Justicia Ya!

Comenzar a hablar tantos años después

En este punto, Alaniz destacó que el proceso de juicio permite seguir reconstruyendo la verdad: “la gente, aun con las dificultades que tiene, va animándose a contar cosas. Un compañero del partido donde yo milito (Partido Obrero) me llamó hace no mucho diciéndome que había ido a la ESMA, antes de que hicieran lo que hicieron (los cambios efectuados por el gobierno de Cristina Fernández), y se había dado cuenta que era el lugar donde había estado. Estamos hablando que por lo menos en 2018 vamos a estar con un juicio ESMA IV, donde ya tenemos los casi 800 casos que tenemos ahora más otros 400, más eventualmente los que se vayan descubriendo en estos tiempos. Lo de los compañeros se va descubriendo muy de a poco, a cuentagotas, y en cuanto a los genocidas el reclamo histórico se mantiene vigente como antes, que es la apertura de los archivos. Es la única manera de que podamos saber exactamente dónde están, quiénes fueron todos los genocidas, quiénes participaron del golpe y de sus consecuencias. Hemos tenido actitudes heroicas como las de Víctor (Basterra) que la hemos rescatado en el alegato, como la de (Horacio) ‘Nariz’ Maggio, como la de compañeros y compañeras que han hecho listados durante todo el tiempo de la dictadura, que han forzado su memoria y se han ocupado de rescatar todas estas cuestiones para que 40 años después estemos celebrando estos juicios, pero todavía nos falta una parte que exaspera a cualquier militante, que es que no tenemos los archivos. Qué más es lo que podemos saber sino, hacer una reconstrucción, pero aparece otra vez esta cuestión de que siempre exigen a la víctima un poco más de lo que puede dar y se olvidan de las condiciones en las que estaban los compañeros detenidos desaparecidos”.
Finalmente, Alaniz señaló que en el cierre de su alegato, Justicia Ya! realizó una serie de reivindicaciones: “a la militancia revolucionaria de los compañeros desaparecidos, de la generación de Cordobazo, de la resistencia dentro y fuera de los campos de concentración, a Madres y Abuelas, a la prensa clandestina ya sea de ANCLA (Agencia de Noticias Clandestina), Rodolfo Walsh, o de los periódicos partidarios, Política Obrera, de los panfletos, las asambleas, las cosas que se seguían haciendo, porque siempre nos han tratado de hacer creer que la dictadura vino y nos golpeó tan fuerte, lo que no deja de ser cierto, pero que nadie más hizo nada y eso no es así, se hizo durante la dictadura y se hizo después, y si llegamos a estos juicios fue porque siguieron. Cuando terminaba el alegato, decía que esta lucha es tan importante y grande porque están los que estaban en el Cordobazo y están los que nacieron con Videla y los que nacieron después que se siguen sumando a esta lucha y a esta reivindicación de los compañeros y compañeras”.

Sobreviviendo


Víctor Basterra
(Foto: archivo LR)
Con la recuperación de la democracia, uno de los temas que ocupó a algunos sectores de la sociedad, desde distintas posturas e intenciones, fue la figura de los sobrevivientes. ¿Por qué habían sobrevivido? ¿Con qué lógica se definía la vida y la muerte en los campos de exterminios?
Para este momento de la charla con Liliana Alaniz se sumó Víctor Basterra, quien estuvo secuestrado en la ESMA: “siempre pienso que no hay un hecho matemático o estructurado de lo que es la reacción del represor contra el reprimido una vez que lo tiene entre manos y puede disponer para que viva o muera. En los centros clandestinos fundamentalmente en la ESMA, por ejemplo, se aprovechaba el conocimiento, la sapiencia del compañero para utilizarlo y eventualmente eliminarlo, casi siempre el compañero que era elegido era porque conocía el oficio o la profesión o lo que sea del conocimiento que pudiera tener para ser utilizado por los mismos represores, y eso un poco definía luego el tránsito de sobrevivencia que tenía el prisionero. Eso hizo que muchas veces se simplificara, porque como no se conocía esa mecánica, yo recuerdo siempre esa frase de que hicieron desaparecer a los mejores y no era tan así, no era tan blanco y negro. Los pensamientos lineales olvidan la complejidad de la vida, la vida no es levantarse, hacer las cosas, acostarse, o sea no es tan así, hay un montón de dudas, de complejidades de la vida que uno tiene que enfrentar cotidianamente, y más la vida en un centro clandestino, en un campo, porque nosotros no estábamos detenidos, estábamos secuestrados; sin embargo nosotros mismos cuando se crea la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos le ponemos la palabra ‘Detenidos’ sin tomar en cuenta que éramos secuestrados. La palabra detenido desde ya tiene un componente legal, pero en la dictadura no, hubo centros clandestinos, secuestros sistemáticos, no era un procedimiento con la venia de un juez, esto era algo que se hacía para aterrorizar al conjunto de la sociedad que tenía una vertiente libertaria, progresista, solidaria, compañera, entonces lógicamente tenían que destruir y hacer desaparecer ese coraje que había para vivir todos los días en las épocas anteriores de otras dictaduras y enfrentarlas encima, y así nos fue a todos nosotros, a todo el pueblo argentino. Todos quedamos afectados por la dictadura cívico militar eclesiástica jurídica, pero con un componente social muy grande que estaba inmerso en ese baño de sangre”.
En este sentido, criticó las simplificaciones y el hecho de que se saquen conclusiones apresuradas: “es como que se necesita en el corto plazo entender mínimamente algo y eso trae aparejado justamente simplificar cosas que son muy complejas. A muchos compañeros se los liberaba y durante mucho tiempo cerraban la ventana, y yo nunca podía poner en duda el valor que tuvieron esos compañeros como compañeros dentro de un centro clandestino. Yo salí y no tuve tiempo de darme un respiro, porque a mí me largaron a fines de 1983 y enseguida estaba la Conadep a la que fui y a pesar de que no estaba de acuerdo también fui al Juicio a las Juntas y fui al juicio de la verdad en La Plata, pero cada cosa sirve y esto es lo que hay que rescatar, no lo digo por mí sino por tantos compañeros que han hecho eso”.
Al respecto, Liliana Alaniz afirmó que entre quienes desaparecían definitivamente y quienes sobrevivían no existía una lógica de elegir a mejores y/o peores: “Víctor es uno de los ejemplos de que a pesar de no tener tiempo de descanso ha salido a luchar y a contar la verdad, compañeros que han seguido militando durante toda la vida sea dentro del país o en el exilio, eso permaneció y no puede ser cuestionado”.

El verdadero Nunca más

Hacia el final de la extensa charla con Oral y Público, la integrante de la querella Justicia Ya efectuó una reflexión en la que puso en cuestionamiento la famosa frase “Nunca Más”: “nosotros tenemos esta consigna que fue muy hábilmente impuesta por la burguesía, porque esta cuestión de que uno entienda el Nunca Más como que no vuelvan a pasar estas cosas que se estaban juzgando, que no vuelvan a haber secuestros, muerte, desparecidos, centros clandestinos de concentración es una parte real, pero ese Nunca Más así solito también esconde una amenaza, es una consigna que no es emancipadora, al contrario porque si no querés que pase todo esto por lo que vos estás reclamando y juzgando no te organices más, no reclames más, no milites más, no hagas asambleas, no tomes un colegio. Yo dejé esto sentado así en el alegato, dije que es una amenaza para que las nuevas generaciones no emprendan este camino de la lucha revolucionaria que han tomado los compañeros, la única manera de que realmente no haya un Nunca Más es la victoria de los trabajadores del pueblo, cuando podamos acabar con este sistema de opresión del hombre por el hombre, ahí sí vamos a tener un Nunca Más”.

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