2 abr. 2016


Ana María Careaga, ex detenida desparecida y psicoanalista ensayó una mirada desde el psicoanálisis acerca del duelo de los familiares de desaparecidos durante el Terrorismo de Estado. También hablamos acerca de la desclasificación de los archivos, el valor simbólico de la cifra 30 mil y sobre lo importante que sería, en la actual coyuntura, que el Instituto Espacio para la Memoria, que dirigió durante buena parte de su funcionamiento, continuara existiendo como ente autárquico y con los organismos de derechos humanos al frente de los sitios de memoria de la CABA. Fue durante la última emisión del programa radial Oral y Publico. (Por La Retaguardia)

Para Ana María Careaga, el Terrorismo de Estado perseguía instalar de alguna manera la incertidumbre en la sociedad a partir de la desaparición de personas: “obviamente era para instalar el terror, para poder crear las condiciones para la implementación de estos modelos neoliberales en torno a Latinoamérica y que acá tuvieron su época de oro durante el menemismo; para eso se instaló la desaparición forzada de personas a lo largo y ancho del país. Cualquiera de los lugares que dependían de las fuerzas armadas y de seguridad podían ser potenciales centros clandestinos de detención, tortura y exterminio, y justamente lo que se impedía así era que el familiar pudiera tener acceso y conocimiento del destino de su ser querido. Así es como surgen las Madres, ellas mismas lo recuerdan cada vez cuando dicen ‘a nosotros nos parieron nuestros hijos’ y cuentan cómo se cruzaban en las colas de los ministerios, de las cárceles, de las comisarías, cuando presentaban habeas corpus tratando de saber algo sobre el paradero de su ser querido. Se adivinaban entre ellas y se preguntaban ‘¿a vos quién te falta?’. Lo que hubo precisamente fue una falta de respuesta frente a estos reclamos y eso fue un agujero negro insondable y tremendo que generó en estas mujeres, en esta resistencia con otros actores sociales más invisibilizados tal vez, el movimiento de derechos humanos en su conjunto. Los organismos que ya estaban y los que se fueron constituyendo, fueron una respuesta directamente proporcional a la magnitud de lo que era esa figura de la desaparición forzada de personas”.
Para Careaga, hija de Esther, una de las 3 Madres secuestradas y desaparecidas, es muy importante poder interrogar la realidad desde esta lógica: “creo que esto no se puede pensar sin los juicios, sin la experiencia que hemos recorrido todos nosotros a través de, por un lado, nuestras historias de vida, pero también de otras herramientas como el IEM, otros colectivos, organizaciones, las mismas Madres que trascendieron lo individual para organizarse colectivamente y poder leer esta misma realidad que transitamos. Siempre digo que es un privilegio poder interrogar la realidad, tener una mirada crítica, poder pensarnos nosotros al mismo tiempo que vamos recorriendo esta práctica, y me parece que el poder pensar sobre la desaparición es también gracias a los juicios que se pudieron lograr”.

Noche y Niebla

Al ser consultada sobre cómo es posible completar un duelo en instancias de desaparición, la psicoanalista reflexionó: “hay un decreto que se hizo durante el nazismo que se llamó ‘noche y niebla’, que justamente lleva las iniciales NN, que también puede pensarse como ‘No Name’, sin nombre, que decía que había que desaparecer a las personas ante la experiencia de la cárcel, en la que los presos políticos se organizaban, resistían, estudiaban, hacían ejercicio, encontraban formas de organización y resistencia con estas herramientas, entonces la desaparición era como un castigo ejemplar y se decía ‘noche y niebla’ porque era como si se los tragara la tierra. Lo que digo entonces es que por supuesto el psicoanálisis y la vida misma tienen que ver con la experiencia de cada persona, no todas las madres de desaparecidos son Madres de Plaza de Mayo, y no toda persona transita esta experiencia de pérdida del mismo modo; pero si lo pensamos, Freud por ejemplo, el llamado padre del psicoanálisis, fue contemporáneo, nació y murió habiendo dos guerras mundiales y se preguntó mucho acerca de la condición humana y de esta temática. Él conceptualizaba el duelo como ir soltando pieza a pieza, trozo a trozo, cada uno de esos lazos que unía a la persona con ese ser querido. Lo podemos pensar también ante otras pérdidas, como una ruptura, una pérdida amorosa, el dolor que siente una persona que tiene todo el afecto puesto en ese ser que ya no está”. Careaga explicó que en los casos de desapariciones no se puede ir soltando del mismo modo, pieza por pieza, lo que unía a una persona con su ser querido: “el familiar esperaba a esa persona en muchos casos con la habitación intacta. Hubo familias que no se quisieron mudar por si alguna vez volvía, esto que puede construir el familiar de ‘¿si le lavaron el cerebro?’, todas estas cosas que podían girar en torno a tener que poner palabras ahí donde no las había. Justamente en los casos de desapariciones no se puede hacer el duelo en los términos en que el psicoanálisis o la psicología llama duelo normal, en relación a esto de poder ir soltando eso que a uno lo unía a ese ser querido que ya no está. Por otro lado, también es impresionante pensarlo en relación a las madres, a los familiares que al perder a un ser querido no pueden hacer el duelo porque parte de uno mismo queda en relación a ese otro, por lo que uno significaba también para esa otra persona, ese otro que nos necesitaba, nos extrañaba, nos esperaba, nos buscaba, entonces creo que interrogar justamente el concepto de duelo implica poder pensar una lógica distinta, a partir de esta búsqueda de respuestas ante el hecho de no poder hacer los ritos que las culturas inventan y crean para tramitar algo que no tiene representación psíquica como es la muerte. Para tramitar en este caso lo traumático, al ser impedidos los familiares de estos ritos, se construyeron otros como forma de resistencia, y yo creo que también tiene que ver con la lucha histórica. Poder pensarlo, por un lado, desde la subjetividad, y por otro poder pensarlo también como expresiones de respuestas colectivas frente a la imposibilidad de tener un lugar donde homenajear a ese ser querido, ir a contarles cosas de la vida que a uno le pasan. Las Madres no podían pensar a sus hijos muertos, en el caso de los familiares, de todos, de cualquier vínculo que uniera, compañeros y demás, era necesario poder historizar esa muerte, ¿qué pasó, cuándo fue, quién lo mató?, cuál fue el modo, quiénes son los responsables, los autores materiales e intelectuales. El propio Videla reconoció que si se los fusilaba públicamente o se los condenaba a muerte y asesinaba, supuestamente con una muerte ‘legal’, eso iba a recibir una condena social, en cambio con la desaparición 'no existen, no tienen entidad, no están ni vivos ni muertos', y a dónde iban a llevar los familiares una flor, ¿al río? Pero efectivamente se construyeron ritos, modos de simbolización, y uno de ellos fue y es llevar flores al río”.

El duelo ante la aparición de los restos

En relación a cómo se modifican las instancias de duelo ante la aparición de restos de los desaparecidos, Careaga aseveró: “tiene que ver con la experiencia de cada uno, uno escucha cómo cada familiar cuenta lo que significó recuperar los restos de su ser querido e impresiona escucharlo porque es claramente singular, es una experiencia única e intransferible. Pero creo que el duelo no puede ser un duelo normal en la medida en que transcurrieron años y años teniendo esa incertidumbre, teniendo esa pregunta, ‘¿está vivo o no? ¿cómo puede estar tanto tiempo vivo? Los desaparecidos tienen que haber muerto’, pero el tratar de sancionar simbólicamente la muerte del ser querido implicaba de alguna manera ‘matarlo’, simbólicamente desde el significante, desde la palabra, entonces el familiar no podía ser portador de esa responsabilidad, de esa carga. Creo entonces que es muy importante, es un antes y un después, ya que no es lo mismo la desaparición que recuperar los restos, pero de todos modos lo que se recupera no es un cuerpo entero, el velorio que se puede hacer hay que inventarlo, si uno quiere hacer ese rito, el tipo de muerte, la fecha, la escritura, la historización de eso no es lo mismo. De cualquier modo creo que es muy importante la recuperación de los restos, es poder simbolizar de alguna manera, restituir no el cuerpo porque ya no lo es, pero sí los restos de ese ser querido que uno buscaba; restituir su nombre y simbolizar en algún lugar el modo de homenajear que los familiares elijan. Yo digo que cada acto que se hace en homenaje a los desaparecidos con los restos o cuando no están es un modo de reencontrarlos, es un intento una y otra vez de reencontrarse con ese ser querido”.

Cambiemos y los derechos humanos 

“Creo que actualmente hay una enorme ofensiva de la derecha, acá, en la región, en Europa, en Estados Unidos, es decir en el mundo. Creo que frente a esto nosotros tenemos que estar alertas permanentemente”, advirtió Ana María Careaga en diálogo con Oral y Público.
“En este momento se está en la etapa de réplicas del juicio de Operación Cóndor que juzga precisamente las desapariciones en esta coordinadora del terror para el secuestro e intercambio de prisioneros –continuó–, y en relación a esto el otro día estaba escuchando cómo fue el secuestro y desaparición de (Miguel) Enríquez, uno de los dirigentes del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) chileno, y hablaban de la desaparición del cuerpo y un documento desclasificado de Estados Unidos en donde se indicaba que al poco tiempo de haber sido asesinado estaba identificado el cuerpo, pero los familiares lo buscaron durante 30 años. A nosotros nos pasó con las Madres que las buscamos durante 28 años y pocos meses después de haber aparecido sus restos en la Costa Atlántica (enterradas como NN en el cementerio de Gral Lavalle tras ser víctimas de los vuelos de la muerte) había documentos desclasificados de Estados Unidos. Esto lo digo porque durante la visita de Obama a la Argentina se habló de los documentos desclasificados. Si se está pidiendo a un país, pongamos el verbo que queramos: exigiendo, pidiendo, lo que fuera, que se abran los archivos, es porque hay un país que es portador de nuestra verdad, por lo tanto tiene una injerencia y responsabilidad en la Argentina y en la región que es indiscutible, y creo que en relación a eso la desaparición fue un plan sistemático para secuestrar y desaparecer gente en toda la región y en otros países que no fueron parte de la Operación Cóndor pero que la metodología de la desaparición fue tremendo, como ocurrió en Guatemala, El Salvador, Colombia, México”.

Los 30 mil como símbolo

En este punto de la charla, Careaga retomó las declaraciones del ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, Darío Lopérfido, quien puso en duda la cifra de 30 mil desaparecidos en Argentina durante la última dictadura cívico militar: “la cifra 30 mil hoy es parte de una construcción y una connotación simbólica, también es parte de este patrimonio cultural de lucha histórica del movimiento de derechos humanos con memoria, verdad y justicia. Se puede explicar cómo se llegó a esta cifra, pero no tiene sentido hacerlo ya que es parte del patrimonio intangible de esta sociedad y de esta lucha. Como parte del riesgo que corren hoy las políticas públicas de memoria, justamente lo que hay que defender también tiene que ver con las representaciones simbólicas, y me parece que la cuestión de los 30mil pasa por ahí. Creo que lo que está en discusión es esta ofensiva que pone en cuestión el relato histórico que construyó el movimiento de derechos humanos, que fue institucionalizado y que hoy reivindica la lucha de esta generación, comprometida con la realidad de su tiempo, ofensiva que busca volver a instalar la teoría de los 2 demonios y para eso se va a intentar echar por tierra cada una de estas representaciones simbólicas”.

La disolución del IEM en este contexto

En mayo de 2014 la Legislatura porteña votó la disolución del IEM, dentro del proyecto que incluía el traspaso de los sitios de memoria del ámbito de la Ciudad de Buenos Aires al de la Nación. A casi 2 años y con la presencia de Mauricio Macri y Cambiemos en el gobierno nacional, Careaga señaló que cobran dimensión las críticas que en aquel momento se hicieron desde diversos organismos de derechos humanos a esta iniciativa: “el IEM fue pensado como una herramienta estratégica y al disolverlo se perdió esa mirada estratégica, esa herramienta autónoma y autárquica. Cuando nosotros estuvimos a cargo del Instituto pasamos por tres gobiernos distintos: primero estuvo Aníbal Ibarra, después Jorge Telerman, después Mauricio Macri, y el Instituto pudo sostener sus políticas públicas de memoria; en toda la primera etapa hubo mucho apoyo, y en la última, cuando asume la derecha, directamente querían el Instituto y nosotros hicimos valer en ese momento no solo la ley sino esa constitución pensada para preservar las políticas públicas de memoria desde el Estado en construcciones mixtas con la sociedad civil, bregando precisamente para que esas políticas públicas de memoria continuaran más allá de las voluntades, si se quiere, más coyunturales. A mí me parece que es gravísimo lo que pasó y creo que hoy tendríamos con el IEM una herramienta muy valiosa, que fue pionera en muchos aspectos y que en este momento creo que cobra mucho valor ya que nos hubiera ayudado mucho también en esta lucha que tenemos que llevar adelante para poder preservar estas políticas públicas de memoria”.

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