3 abr. 2016


La voz de Vicente Zito Lema siempre suena atrapante. El 24 de marzo, los jóvenes, Palestina, el peronismo, la psicología social y hasta el humor, fueron algunos de los temas que se abordaron a lo largo de más de una hora de charla con Alfredo Grande e Irene Antinori en Sueños Posibles. (Por La Retaguardia)

40 veces 24

Una de las primeras e ineludibles preguntas para hacerle a Vicente Zito Lema, a pocos días de haberse cumplido el 40º aniversario del inicio de la última dictadura cívica militar, estuvo relacionada con sus sensaciones al participar de las marchas y actos convocados para ese día: “venía de circunstancias mías muy fuertes –reflexionó– y entonces viví estos 40 años del 24 de marzo de forma muy especial. Todo lo de fondo por supuesto seguía, pero a ello agregaba la conmoción de haber estado por varios meses viviendo en Amsterdam que es la ciudad donde pasé la mayor parte de mi exilio, y volví justamente porque era muy fuerte ese 24 de marzo para no estar en el país. Por lo tanto, pagué todas las multas que había que pagar, rogué para poder cambiar el pasaje porque no era fácil y un día antes llegué al país. Entonces venía como quien vuelve de su exilio, por el lugar en el que había estado, por la distancia que me daba para el análisis, sentí que volvía otra vez desde un exilio, pero había diferencias. Cuando volví del exilio, venía a encontrarme con el dolor de la gente que ya no estaba, de tantos muertos, tantos desaparecidos, de tanta gente que por distintas circunstancias ya no podía llamar ni por teléfono, recuerdo que empecé a tachar los nombres y eso fue como tachar pedazos de mi propia alma. Esta vez era como que volvía del exilio pero para meterme, y acá empiezan las complicaciones, en un espacio diferente”.
De las movilizaciones que participó en este 40º aniversario, Vicente Zito Lema destacó la gran cantidad de jóvenes presentes: “uno ya es un hombre viejo y le asombra tanta gente joven, pero la realidad es que como soy parte de la generación que en forma directa se involucró con aquellos años y sufrió en carne propia las represalias de la dictadura, uno siempre va a estos actos desde dos lugares. Por un lado, con la ansiedad de ver si alguno de los compañeros que está vivo sigue vivo, y sigue vivo en forma física pero también en forma política, si se quiere de conciencia activa. Es terrible encontrar que los compañeros se mueren y hasta a veces es más terrible encontrar que los compañeros dejan de ser compañeros, entonces cuando uno va a esos lugares quiere encontrar las caras del ayer que en este caso es el ayer de una dura lucha. Y a la vez va con la gigantesca esperanza dialéctica de encontrar a la gente joven porque el fuego de Prometeo se apaga. Y esta vez encontré pocos compañeros del ayer porque el tiempo es implacable, la muerte es implacable, no perdona, pero esa tristeza de ver que había menos compañeros de antes lo compensó, y soy duro con lo que digo pero para la historia argentina, para lo que viene es imprescindible que estén las nuevas generaciones, y esas nuevas generaciones estaban. Así como es importante que las banderas del ayer estuvieran con nuevas siglas, nuevas formas, pero que estuvieran, también era importante ver la cantidad de gente que estaba sin banderas, lo cual abre un espacio de crecimiento ilimitado, ¿qué banderas tendrán los que no tenían bandera en el día de mañana? Y yo sueño que tengan las banderas más hermosas, obviamente de los sueños profundos de nuestra generación”.

Catarsis, celebraciones y fuego

“Hay un autor que muchos han leído, Bertolt Brecht, que alguna vez reflexionando sobre el teatro decía que no le terminaba de cerrar el teatro griego, que en occidente es donde se puede decir que comenzó el teatro en relación a lo que es el hoy, porque provocaba en la gente que iba los efectos de la catarsis. La gente era convocada a los grandes actos de teatro para que sacara a flote todo su dolor, y la conmemoración se convertía entonces en una celebración importantísima para la sociedad donde todo el mundo podía como dejar su alma y su conciencia en paz, y él decía que no le gustaba eso porque después a los otros días cuando hay que hacer cosas, seguir con las cosas, la gente ya no las hacía porque estaba el día de la catarsis, el acto de la catarsis. Esto viene en relación a estos 40 años, tengo claro que la cultura de occidente es simbólica ante las fechas, especialmente el número 10, tiene como una celebración propia. A mí lo que me da miedo, pero también después quiero decir lo mínimo con lo que me conformo, es que habiendo participado de la catarsis general del día 24 de marzo ya la gente sienta que ha cumplido con lo que tiene que cumplir en relación a la memoria histórica o a la rememoración como diría (Walter) Benjamin o nuestro querido León Rozitchner. Mi miedo es que el resto de los días -y estos que vienen son muy complejos y sé que soy duro al decirlo pero por otras maneras es como la continuación del terror de Estado- la gente diga ‘yo ya hice’, es como ir a misa el domingo para encontrarse con Dios y el resto de los días tenés derecho a la vida sin memoria de realidad concreta y cotidiana. Ese es mi miedo porque además sucede así, la historia te enseña. Lo positivo es que aprendí con los años que también con migajas la memoria se puede mantener viva, es preferible que aunque sea de formas no absolutas la gente participe a que la gente olvide. Hay maneras de la memoria más profundas, más activas, más para el mañana, hay otras que están ligadas casi con la formalidad extrema”, aseveró Zito Lema.

-Irene Antinori: Esto me hace acordar, como decía León Rozitchner, a que todo sujeto es núcleo de memoria histórica y en la medida en que la podamos ir juntando, transmitiendo subjetividades. Porque sobre todo el tema es cambiar la subjetividad y eso es una cuestión de décadas.

-Zito Lema: De eso se trata . Por eso digo que podemos verlo desde las dos formas. Si tomamos la enseñanza de Bertolt Brecht, él dice que mucha gente participa de la ceremonia celebratoria y luego cree que con eso ya cumplió, en la cultura de occidente eso abunda, es recordarle a la madre el día, a la mujer el día, y yo ya estoy en un instante de mi vida que si es la base la acepto, pero sigo siempre con la sospecha y el deseo de que la gente quizás celebre menos el día celebratorio y participe humilde pero obsesiva y constantemente de la recordación activa en los actos más simples. No es necesario el día del amor para recordar lo que uno ama. Me suena más a apariencia que a verdad. Igual estoy feliz de haber podido estar en la plaza el 24, de compartir con los compañeros de antes y de hoy, con tantos, ese día, pero espero también que cuando haya otros actos en la calle, llamados, convocatorias por más que todos tengamos nuestro tiempo colmado, quede un poco del fuego del 24 de marzo para participar”.

La patria en los ojos

Durante la charla con Alfredo Grande e Irene Antinori, Vicente Zito Lema adelantó que el miércoles 30 de marzo iba a participar de un acto en la Embajada de Palestina en Argentina para conmemorar el Día de la Tierra y la Cultura Palestina: “la situación de Palestina desgraciadamente siempre da para solidaridades, recuerdos, actos que tienen que ver con el sufrimiento profundo, real y cotidiano de ese pueblo, pero esta vez con toda memoria y con los alertas que la realidad demanda, hay como una apuesta al arte palestino, a la cultura palestina. Desde hace un buen tiempo se trata de que el Día de la Cultura Palestina tenga la celebración de vida que merece, aún en tiempos del conflicto atroz que sufre especialmente el pueblo palestino. En ese contexto, el embajador de Palestina me invitó a que leyera uno de mis poemas, que incluso ha sido traducido al árabe”.
A modo de adelanto de la actividad, y también como regalo a los presentes y a los oyentes, Zito Lema leyó ese poema pedido: “El poeta palestino”…

El poeta palestino carga el dolor en el fondo
de sus huesos, el espanto entre ceja y ceja;
la tumba de los niños es su última mochila…
El poeta palestino es un ser obstinado,
no le pide flores al pasado…

El poeta palestino lleva su patria en los
ojos, como si fuera el sol o el arcoíris,
O sea que su patria es ahora un cielo
y nadie se la podrá usurpar…
y aunque lo persigan
las nubes doradas saben protegerlo…
también su desierto tiene aguas de rosas…

Son veloces las nubes / como caballos, y alegres en su belleza…
Se desnudan inocentes, por más que se tuteen
con la muerte…
Igual que el muchacho sobre la colina
que carga y descarga su viejo fusil
en la noche que arde…
sin tregua… bajo la luna de luto…

El poeta palestino lleva su patria
en la boca,
porque siempre hay un momento
para besar…
El poeta palestino se inclina sobre
su tierra… y la acaricia… mientras pasan
las lluvias y las sombras…
Por más que nos persigan y nos maten
-le dice al cielo, le grita al mundo-
mi patria nunca será una sepultura abierta…
Hemos nacido para la vida / y lanza
su risa al viento el poeta palestino…
y piensa en la mujer que mañana mismo
temblará en sus labios…

Bajo la noche estrellada por miles de años,
el poeta palestino se despide,
la vida día a día
es el exilio de la vida…
Adiós, madre, prometo que cuidaré tus flores,
La guerra, este martirio de los niños, más que
un infierno es el mar del laberinto:
Se sale hacia adelante…

Adiós, madre, no temas… me entrego
al viento…
Mi alma es un navío…
La patria es tu susurro que me besa…

***

El humor

-ZL: Sin humor estamos al fuego, con buen humor estamos al fuego pero un poco más alegres, lo cual habla muy bien del estado mental de los que estamos acá y del estado mental de la sociedad argentina. Yo insisto en que la sociedad argentina está loca y cuando por distintas circunstancias me voy del país por un tiempo y vuelvo, la siento que está más loca todavía.

-Alfredo Grande: El humor bastardo, canalla, es el humor del encubrimiento. Hay un humor que es el del descubrimiento, porque a través del humor y el chiste se pueden decir cosas que en forma solemne resultarían bastante insoportables, pero que a través del humor nos acercamos a una realidad que por lo horrorosa no podríamos abordarla. 

***

La voz de la psicología social

“Quizás ya hemos hablado de psicología social al hablar de la memoria, de la rememoración, porque eso también es parte de la lectura profunda que tendría que hacer la psicología social”, manifestó Zito Lema al ser consultado sobre su impresión actual de esta disciplina en la Argentina.
“Como de todas las cosas que uno ama mucho –continuó–, uno puede también tener una mirada más compasiva, más desafiadora y de mayor exigencia. Desde una mirada de mayor exigencia, creo que en estos días, y ante las cosas que pasan, la psicología social tendría que haber tenido una participación más activa, más profunda en la sociedad. No se escucha la voz de la psicología social, no se escuchan las escuelas de psicología social haciéndose cargo de esta complejidad social con caracteres hasta digamos de enfermedad que está viviendo la sociedad argentina. Creo que la capacidad que tiene la psicología social para ayudar, para ayudarse, para entender la realidad compleja, los mil planos enfermizos de esta realidad que estamos viviendo, pocas ciencias son tan eficaces para enfrentar estos momentos y esa voz no se escucha, y temo que el vacío de (Enrique) Pichón Riviere se convierta, como en el tango, en un espacio imposible de llenar”.

El peronismo y la lucha de clases 

“¿Cómo contestar eso en poco tiempo?”, fue lo primero que dijo Zito Lema ante la pregunta de Alfredo Grande respecto a qué pensaba hoy del peronismo como fuerza libertaria y  revolucionaria.
“Es de una complejidad gigante, vengo de estar en Holanda y otra vez la misma pregunta ‘¿qué es el peronismo?’. Mínimamente, para bien y para mal, la lucha de clases se da en todo, y la lucha de clases también se da y fuerte dentro del peronismo, pero me atrevo a decir, si quiero ser fiel con mi pensamiento y con el pensamiento de los maestros, que la lucha de clases se da en la Iglesia, en todos los lugares donde hay partícipes sociales, lo triste sería imaginar que no haya lucha de clases dentro de algo porque ese algo estaría muerto. Mientras haya movimiento, mientras haya vida, hay lucha de clases”, aseveró el periodista, abogado, poeta y escritor.
En cuanto al peronismo específicamente, agregó: “lo que pasa es que la lucha de clases que se da en su interior tiene luego una repercusión social terrorífica; también es cierto, y esto pensando en la gente más joven que es en la que más pienso, que sería necesario, hermoso, que las cosas fueran más claras, que cuando se habla de una instancia revolucionaria no hubiera que estar hablando de una instancia por naturaleza monstruosamente antirrevolucionaria, porque a Rodolfo Ortega Peña lo mataron en nombre del peronismo por su lucha como peronista, también al padre Carlos Mugica. Y la pregunta es hasta dónde esa manera psicótica de plantarse en la realidad no termina ahogando la vida de todos; es algo, insisto, que ya solo plantearlo me angustia y me desafía a seguir pensando”.
Ese es el desafío que siempre nos dejan por delante las reflexiones de Vicente Zito Lema, ya sean sobre política, psicología o humor: seguir pensando.


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