14 may. 2016


El Instituto San Pedro es una escuela religiosa de la Ciudad de Buenos Aires. Allí cursaba Sofía la primaria hasta que en 2014 toda su familia tuvo un accidente. Tras más de un año de internación, la niña quiso cursar séptimo grado y cerrar el ciclo de educación inicial con sus compañeros, sin embargo su mamá asegura que los directivos del Instituto hicieron todo lo posible para impedírselo y ahora que Sofía está cursando padece situaciones de discriminación, como el hecho de no poder salir al recreo. Así lo relató Silvia Anso, durante el programa radial La Retaguardia, en diálogo con María Eugenia Otero y Fernando Tebele. (Por La Retaguardia)

 “Hace un año y medio tuvimos un accidente toda la familia, Sofía estuvo internada desde el 28 de noviembre de 2014 hasta el 22 enero de este año. Sufrió una lesión medular incompleta con fractura de vértebra, por lo que tuvo dos intervenciones quirúrgicas. Su fisiatra y su psicóloga consideraron que tenía que retomar la actividad normal en el colegio, donde hizo prácticamente toda la primaria, excepto sexto grado que lo cursó en una escuela domiciliaria. Actualmente, ella utiliza un andador para caminar pero al colegio tiene que ir en sillas de ruedas por una cuestión de prevención para que no se caiga y la escuela no tenga problemas, esto es más que nada para salir al recreo. En realidad ella podría estar todo el tiempo con el andador, pero es una cuestión de prevención hacia el colegio”, relató la mamá de Sofía, en diálogo con La Retaguardia.
“En diciembre planteamos con mi esposo el tema de hacer rampas en la escuela porque ella tenía que volver por una cuestión psicológica y para cerrar su ciclo primario con sus compañeros, pero los directivos se negaron a inscribirla porque estaba en sillas de ruedas y no había rampas, no querían bajar el aula a la planta baja del edificio porque las aulas de abajo son para primer grado”, expresó Silvia.
Incluso a fines del año pasado, recibieron la visita de una trabajadora social que le había dicho que si Sofía no volvía a caminar no iba a poder volver a la escuela: “cuando mi hija estaba finalizando el año pasado la cursada domiciliaria, una asistente social de la Escuela Domiciliaria Nº1 me dijo ‘mamá, ¿usted sabe que Sofía no va a poder ir al colegio?’. Yo sorprendida le dije que cómo no iba a poder ir si yo tenía el certificado de la fisiatra. ‘No, no, si no camina, ya dijo la directora que no la quiere en el colegio por una cuestión edilicia y que ni piensa bajar el aula’, me respondió. A partir de ese momento, fueron muchas llamadas y esfuerzos de parte nuestra, para que recién la inscribieran en el colegio el 4 de marzo y empezara a cursar el 7 con una serie de certificados inútiles que pedían respecto a qué podía hacer, si podía caminar, pararse. La verdad es que pusieron traba sobre traba, hasta fuimos al Arzobispado planteando todo esto y los obligaron a bajar el aula para que cursara, pero como séptimo grado está en el segundo piso, Sofía no tiene recreos y se tiene que quedar dentro del aula. Así que es tortuoso ir al cole”, relató Silvia. Al ser consultada acerca de por qué habían elegido originalmente esa escuela para Sofía expresó: “nos pareció buen colegio, es doble escolaridad y yo trabajaba, además vengo de una formación de un colegio católico y con mi esposo nos pareció que estaba bueno que ella fuera a ese colegio, pero creo que nos equivocamos”.
“Lo que estamos pidiendo es que se cumpla con el derecho de Sofía de salir al recreo con todos sus compañeros de séptimo grado –continuó Silvia– o, por ejemplo, ahora están preparando el viaje de egresados, venden rifas y tortas y realmente ella no tiene mucha participación porque como el colegio es el que organiza el viaje la directora ya dijo que lamentablemente no la puede llevar. Pero más allá de eso, el tema es que ella se siente excluida completamente porque de manera constante le hacen notar la diferencia; si ella se para ya está la maestra diciéndole que no lo haga, ‘no podés salir al patio con el andador, tenés que hacer los 5 metros hasta el baño con la silla de ruedas’, y el certificado hecho por la fisiatra dice expresamente que ella tiene que movilizarse con andador, y que puede ir a la clase de gimnasia. Lo peor es que la agarra la psicopedagoga del colegio junto con la directora y la vice y le han llegado a decir que si va a la clase de gimnasia y le pegan un pelotazo puede salir despedida de la silla de ruedas, algo ridículo. Esto psicológicamente la afecta porque con todo este período que estuvo internada, y lamentablemente sola porque yo también estuve mucho tiempo internada, es una nena de 11 años con una mentalidad  de 17. Ella sabe lo que puede hacer con su cuerpo, sabe hasta dónde rinde, y que alguien que es un maestro o un psicopedagogo le diga que no se puede agachar cuando ella sigue con su tratamiento de rehabilitación y sabe por los profesionales qué movimientos puede hacer, la enoja muchísimo, viene angustiada todos los días”.
La contrapartida del accionar de los directivos se encuentra en la reacción de los compañeros de Sofía: “el grupo de chicos es fantástico, los 14 meses que ella estuvo internada se turnaron los fines de semana para ir a verla. Los directivos del colegio se borraron completamente, si no llamábamos nosotros en diciembre para decir que Sofía volvía al colegio, era como si nada, no les importó nunca su estado de salud. Además Sofía va al grupo scout de la Parroquia del Colegio y el grupo se portó genial el año pasado.  Ella tenía salidas transitorias los fines de semana, el sábado podía salir de la clínica y con sillas de ruedas, y los scouts cambiaron toda la actividad para que ella participara”, explicó Silvia.
La mamá de Sofía describió la conducta de los directivos como “demasiado cruel”: “ella necesita retirarse antes 3 veces por semana y no le quieren cambiar el plan de estudio. Ya no tenemos ningún lado más donde golpear una puerta porque es como que ya nadie quiere dar respuesta sobre esto. La inspectora te dice ‘es lamentable que pase esto’, pero tampoco buscan ninguna acción judicial”, finalizó Silvia.
“Nos comprometemos a transmitir valores de vida evangélicos a través de todos los actores institucionales fomentando el diálogo, el respeto y el logro de encuentros y coincidencias en la convivencia escolar cotidiana”, dice el Instituto San Pedro en su sitio web, pero el caso de Sofía daría cuenta de todo lo contrario.

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