17 jun. 2016



El juicio por la masacre de Curuguaty, aquel episodio por el que un improvisado juicio político destituyó en Paraguay al ex presidente Lugo, está entrando en su etapa final. Ángel Fernández Schejtman, conductor del programa Paraguay Vive en Radio La Retaguardia y observador del debate oral, dialogó en Enredando Las Mañanas, el programa de la Red Nacional de Medios Alternativos, sobre los orígenes de la masacre, las expectativas en materia de sentencia y el contexto político en que se produjo. (Por RNMA)

Gestación

"El actor principal de esta causa es el latifundio heredado de la dictadura stronista en la que los generales y políticos del Partido Colorado se repartieron las tierras a gusto y piacere desalojando a quienes habitaban ancestralmente esos lugares, en su mayoría familias campesinas que hacen una explotación amigable del suelo con esa inteligencia ancestral que tienen los paraguayos que mantienen unas parcelas de tierra para su alimento y el excedente se cambia y vende", explicó Fernández Schejtman. "La producción de esas tierras es familiar, trabaja todo el núcleo y es un reservorio de lo mejor que tenemos y que cada día perdemos más: el contacto con la tierra y con los seres humanos. Dicho esto, tenemos que decir que desde hace muchísimos años, desde antes de la dictadura de Stroessner, con la que después se acentúa esta situación, los campesinos desalojados de las tierras, los propietarios ancestrales, yiran y dan vueltas por Paraguay para conseguir aunque sea una parcela para sostener su producción", contó sobre el destino de los expulsados.
"Así se llega entonces a la ocupación de un campo que se llama campo Morombi, citado en el departamento de Curuguaty y que tiene como nombre genérico Marina Kue, Marina porque en su momento fue cedido a la Armada y luego entró en una donación medio rara por la que termina apoderándose de esas tierras la familia Blas Riquelme, del presidente del Partido Colorado y sostén del dictador Stroessner. Hablamos de más de 2200 hectáreas, algunas productivas, otras bosque y el resto forma parte de una explotación de plantas de marihuana. Esto es una cuestión vox pópuli", aseguró Fernández Schejtman. "Al 15 de junio de 2012 se encontraban 70 personas, la mayoría niños, mujeres, ancianos, embarazadas y padres de familia. Surge un juez en Curuguaty que, mediante un pago que recibió de la familia Blas Riquelme para hacer un desalojo, emite una manda para determinar quiénes eran los ocupantes de la tierra. La fiscal toma el mandato judicial emanado del Tribunal y lo transforma en una requisa porque denunciaban falsamente que había un grupo guerrillero que estaba ocupando las tierras y que tenían armas de grueso calibre. Por sí misma, entonces, la fiscal transgrede la orden judicial y con un grupo de 400 policías entre los que había 150 pertenecientes a grupos especiales militarizados de la policía paraguaya, con intervención de un sector de inteligencia del Ejército, con helicópteros, patrulleros y pocos medios de comunicación se comienza un operativo que se fue desgranando a lo largo de los programas que venimos emitiendo en Paraguay Vive y se desnudó que esto fue una maniobra y una masacre programada disfrazada de desalojo campesino que terminó con la muerte de 17 personas, once campesinos y seis policías", denunció Fernández Schejtman al tiempo que relataba la masacre. "En este momento están sentados en el banquillo de los acusados solamente doce campesinos y se los imputa del asesinato o el homicidio de los policías y no hay nadie juzgado ni investigado por la muerte de los once campesinos más los heridos más los desalojados y los que están presos", aclaró.

La historia se repite en América Latina

"A todas vistas esto deriva en una excusa para hacer un golpe blando en Paraguay que termina desalojando al presidente constitucional, legítimo y legal, Fernando Lugo, mediante una parodia de juicio político que se sustanció en menos de 36 horas. Ese es un plazo perentorio que no está dentro de ningún canon ni regla jurídica, parlamentaria o racional. Lugo fue acusado de ser culpable de esta masacre, de no estar capacitado para ejercer el mando y fue desalojado del poder asumiendo en su lugar el vicepresidente Federico Franco que luego traza un puente de plata para que llegue al gobierno el neoliberal de hoy, Horacio Cartes", aseguró sobre las razones profundas del episodio. "Cuando decimos que este juicio es fundamental tenemos que trascender las fronteras de Paraguay porque desnuda un modus operandi de los sectores concentrados de poder donde convergen intereses comerciales, criminales, donde se da una apoyatura mediática para justificar estos operativos y esto no es propiedad exclusiva del Paraguay. Lo mismo pasa en el norte de Argentina con la gente del Movimiento Campesino de Santiago del Estero, en Misiones, en Salta, en el sur con los mapuches, pasa en Brasil con el Movimiento Sin Tierra, en Chile y Perú, ni hablar, pasa en Colombia", denunció Fernández Shejtman.

David y Goliat

A propósito de los antecedentes, el comunicador se refirío a un caso conocido para los movimientos sociales y por La Gremial de Abogados, "el de los 6 campesinos presos que fueron extraditados de Argentina bajo diversas acusaciones y enfrentan una condena firme de 35 años. O sea, no solamente en Paraguay sino en toda América Latina, los campesinos, tengan o no razón, tienen una condena de antemano, sea lo que sea que hagan o que no hagan. Es lo mismo. Hay un trazo vector que es la lucha por la tenencia de la tierra y un enfrentamiento de fondo que podríamos definir como una lucha entre David y Goliat. Goliat es Monsanto, son los latifundistas, los terratenientes, el poder concentrado, los grupos financieros y los gobiernos neoliberales que hoy en día crecen como hongos en la patria grande", denunció. Fernndez Shejtman agregó que episodios similares ocurrieron también en México y Venezuela. "Cuando decimos que es importante el tema de Paraguay es porque es un espacio, un territorio, una construcción filosófica donde para afuera nunca pasa nada y en realidad suceden las peores aberraciones. El establishment paraguayo que involucra a hijos y nietos de las dictaduras y todas las mafias que crecieron bajo su cobijo tuvo siempre la habilidad de acallar todo lo que pasaba, entonces todo era puertas adentro, como sucede con los abusos, violaciones y violencias domésticas", analizó.
"Conseguimos, con un pequeño granito de arena y la contribución de La Retaguardia y de miles y miles que vieron la importancia de esta injusticia que se está cometiendo en la masacre de Marina Kue, romper el cerco mediático, que se sepa qué pasó en Curuguaty. La primera pregunta, la pregunta de origen, la pregunta que empezó a correr como reguero de pólvora, era qué pasó en Curguaty y cada día se sabe más lo que pasó, y cada vez que nos enteramos de una nueva fase contundente de la realidad queda descubierto que esto es un mega crimen, es un magnicidio. No solamente definido por las personas a las que se mató sino por los sectores que están involucrados y quiénes son las víctimas", afirmó Fernández Schejtman.

La connivencia y la utilización

"Con la excusa de la masacre de Curuguaty que fue planificada y sostenida por parte del poder judicial paraguayo, sostenida y llevada a cabo por la Policía Nacional del Paraguay, nosotros emitimos la grabación donde se escucha el susurro en el cual se pone de acuerdo la fiscal con el jefe del operativo en quién tenían que matar primero los francotiradores. Es decir, cada día quedan más al descubierto todos los actores que jugaron en esta masacre", explicó y aseguró que llegar a la verdad puede representar una fehaciente esperanza de revertir los procesos neoliberales en toda América Latina.
"Si queremos ir a lo puntual, en este momento es la fase final del juicio final y a ojos vistas ya está escrita la sentencia. Pa'i Oliva que es un líder, un cura jesuita de Paraguay, un señor de muchos años que sigue bien de cerca esta historia, dijo que ya hay una condena escrita de veinte años para los campesinos. Creo que veinte años es moderado, creo que va a ser una condena de treinta. Estamos llegando a la fase final con todas las irregularidades que harían que este juicio fuera nulo desde la foja uno en cualquier lugar del planeta menos en Paraguay", aseguró y enumeró: "Se han escondido las pruebas a la defensa, no se permitió el debido proceso, la fiscalía actuó al unísono con la policía y escondió pruebas, perdió placas, no se hicieron las autopsias de los cuerpos, la investigación se centra en acusar a los campesinos de la matanza de los policías y nadie habla -o por lo menos no el establishment- de quién mató a los campesinos, todo el peso del Código Procesal Penal está en la muerte de los seis policías y se relega la investigación por los campesinos en una pseudo unidad de derechos humanos sin valor jurídico dentro del proceso. Así estamos llegando a esta fase final. El jueves 2 de junio se hizo la reconstrucción de lo que sucedió en el lugar del hecho y concurrieron solamente los policías, no estuvieron presentes los campesinos y queda de manifiesto que la versión de la fiscalía en la que denuncian a un grupo guerrillero armado con escopetas para matar conejos que emboscó a cuatrocientos policías armados hasta los dientes", planteó descreído. Fernández Schejtman supone que en unos veinte días será la sentencia: "Nuestra posición como observadores, luchadores sociales y víctimas de la dictadura stronista que seguimos buscando justicia para los crímenes a los que nos sometieron es que este juicio tiene que ser nulificado y hay que abrir una investigación desde la Corte Suprema de Justicia para ver realmetne quiénes son los asesinos y los criminales que armaron esta escena, liberar a los campesinos, hacer un resarcimiento económico y una reivindicación social e informativa respecto de todo lo que se dijo de estos inocentes trabajadores. En eso estamos, gracias por el micrófono y permitir que esto se difunda. Esta lucha no es sólo de Paraguay. Si conseguimos dilucidar este muestreo nos va a servir para toda la región y el planeta", concluyó.

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