28 jul. 2016


Ya pasó más de una semana desde que se produjo el incendio en el edificio de Zelaya 3128 que dejó en la calle a unas 23 familias trabajadoras. Los damnificados sólo piden que el Estado dé alguna clase de asistencia que les permita comprar, construir o alquilar un lugar donde vivir. "No queremos que nadie nos regale nada", repiten desde el día uno. Por el momento, están en la misma cuadra donde se ubicaba el edificio, viviendo en carpas prestadas por organizaciones sociales, que también donaron, junto con los vecinos, mercadería y ropa para que puedan sobrevivir a la intemperie y el frío. Ana, integrante del grupo de familias en la calle, dialogó con el programa radial La Retaguardia. Allí detalló sus necesidades y la falta de respuestas. (Por La Retaguardia)

Foto: anred.org

"Estamos realmente mal los vecinos. Seguimos en la calle con frío y va a ser más de una semana que nadie viene a darnos una solución. Estamos con bebés y niños, yo tengo uno de diez meses y un nene de 12 años. Estamos durmiendo en la calle, solamente nos armamos una carpa para pasar las lluvias. No sabemos qué hacer, estamos desesperados, los vecinos están perdiendo los trabajos por estar ahí. Lo único que pedimos es una vivienda digna, es un derecho de todos los trabajadores. Nosotros somos familias trabajadoras, no queremos que nos regalen nada y si tenemos que pagar algo lo hacemos; si tenemos que construir nosotros con nuestras propias manos lo vamos a hacer, pero queremos que por favor alguien nos dé una respuesta", dijo con desesperación y explicó: "El gobierno hasta ahorita no nos da una respuesta. Nosotros vivíamos en una casa, hay personas que tienen 15 años viviendo ahí. Antes nos alquilaban, pero realmente el señor que lo hacía nos estafó. Nosotros no sabíamos que era una casa tomada, después nos enteramos".
Ana contó cómo se inició la tragedia: "Estuvimos tres días sin luz en la casa y estábamos con velas. A una nena se le volteó, prendió la cama y ahí sucedió todo. Se reventaron garrafas. Lo único que pudimos es salir de la casa porque todos teníamos garrafas. No sacamos nuestras cosas, salimos como estábamos. Algunos en ojotas, otros en remera, no teníamos nada que nos abrigue. Había una abuela de 85 años. Nos quedamos en la nada", lamentó. Así están ahora: "Tenemos muchas carpas donde estamos viviendo la mayoría de los vecinos porque no tenemos a dónde ir. Yo he ido a buscar algún lugar para alquilar y no hay. En hoteles familiares no nos dejan con los chicos, no quieren chicos, en departamentos nos piden garantes. Somos trabajadores precarizados. Mi familia somos yo, mi esposo, un hijo de doce años y un bebé de diez meses. Hay más de treinta chicos en la casa".
La emergencia de la situación de calle obligó a varios de ellos a poner en riesgo sus fuentes de vida: "Yo trabajo en una guardería social y me dieron permiso por este tiempo, pero mi marido no sé, porque mañana se iba a presentar y no sé si perdió el trabajo porque él está en construcción y ahora hay poco trabajo, están despidiendo gente y ahora con ese cuento de que no va parece que lo van a despedir. Pero él no nos quería dejar a nosotros solos ahí".
Las 23 familias no han recibido una sola respuesta: "Nosotras mismas hemos tenido que ir a la Defensoría del Pueblo pero no hay caso, nos mandan a cualquier trabajador a decirnos 'ya los vamos a llamar'. Estamos pensando los vecinos en hacer cosas, un corte o algo para que nos hagan caso, nadie nos hace caso hasta ahora. Alguien que nos solucione el problema de la vivienda, nosotros no queremos que nos regalen nada, somos trabajadores y podemos pagar aunque sea por cuotas, cualquier cosa, pero queremos tener nuestra casa. Gracias a dios la relación con los vecinos es buena. Nos están apoyando", destacó Ana y consideró: "La única ayuda que tenemos ahora son los vecinos, las organizaciones sociales, nadie más. Las organizaciones nos ayudan con mercadería, las carpas, ropa para los chicos, esas cosas. Esto no es vida, yo nunca pensé pasar algo así. Ahora, con mi hijo bebé estoy desesperada. No sé qué hacer. Por los chicos, la abuela, una persona discapacitada, y hasta ahorita no puede ser ni que para ellos haya respuesta. Los grandes aguantamos, pero los chicos. Es el mayor dolor que tengo: los chicos en la calle. Con tanto frío. Que se pongan una mano en el pecho y nos ayuden, que hagan algo. Que alguien del gobierno haga algo".

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