25 jul. 2016


A 80 años de la Revolución Española, en el Enredando Las Mañanas del jueves 21 de julio hicimos un repaso histórico con el sociólogo Matías Eskenazi. (Por RNMA)

-Matías Eskenazi: Hace ochenta años comenzaba la Revolución española, también conocida como Guerra Civil. Pero vale reflexionar en el enfoque de que lo que está en juego es la Revolución española y es lo que, de alguna manera, también contribuye a explicar el porqué de este golpe, fallido, de cuatro generales (con Emilio Mola y Francisco Franco a la cabeza) y muchos coroneles. Tratan de dar un golpe que, en cierto sentido, es preventivo. Y falla miserablemente, por eso el país queda partido en dos zonas. ¿Por qué preventivo? Porque la Segunda República se instaura en 1931 y a partir de entonces tiene una historia que sigue siendo conflictiva.
Tenemos el antecedente inmediato de la revolución asturiana del 34; era una insurrección obrera, cuyo epicentro fue Asturias, pero se preveía su extensión por buena parte del territorio. Y se caracterizó, entre otras cosas, por el frente único proletario, es decir, la Unión de Hermanos Proletarios (UHP) —que a partir de entonces fue una consigna: Uníos, hermanos proletarios— fue la concreción de un frente único de las organizaciones obreras, en su momento promovido por algunas quizás de las más débiles, pero concretado sobre todo por las dos principales federaciones: CNT (Confederación Nacional del Trabajo), en esa época anarcosindicalista, aunque no exclusivamente; y la UGT (Unión General de Trabajadores), dominada por los socialistas. La insurrección de Asturias fracasa, hay duros combates, muertos y aproximadamente treinta mil presos políticos. Ese es el contexto por el cual termina de darse forma a posteriori al Frente Popular en España, que va a ganar las elecciones en 1936.
 En 1934 viene un bienio de un gobierno de derechas, dominada la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas). Para enfrentar esto y con el eje en la libertad de los presos políticos como bandera y en la unión UHP, se conforma el Frente Popular. El Frente Popular anticipa el giro de la política de la Internacional Comunista (en realidad, ya viene el giro previamente en Francia) y que es integrado por la mayoría de las organizaciones de diversas maneras. El Partido Comunista en ese momento es muy débil, muy pequeño, no tiene peso significativo prácticamente en ningún lado; pero es promovida centralmente por el Partido Socialista y tanto la CNT, la FAI (Federación Anarquista Ibérica), que no participan, porque tienen su posición doctrinaria de apoliticismo, como otras organizaciones, como el recientemente formado POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) terminan adhiriendo. La CNT -no formalmente- pero a llama a votar al Frente Popular, el POUM termina firmando el pacto básicamente por el carácter de su programa y junto con estas organizaciones, pequeños agrupamientos de izquierda, como la Izquierda Republicana, que son, como en su momento caracterizaría Trotski, la sombra de la burguesía, porque la burguesía no apoyaba al Frente Popular. El Frente Popular gana las elecciones y eso desencadena un proceso de radicalizaciones a la izquierda del conjunto de la sociedad española.
En el momento en que se levantan en armas los generales nacionalistas, se desarrollaban, por ejemplo, huelgas muy profundas y salvajes, en el buen sentido, como la huelga de la construcción en Madrid, donde la CNT, muy radicalizada, la llevaba adelante y en una búsqueda de implementar una fuerte penetración en Madrid, que era una de las zonas del país donde predominaban los socialistas. En este contexto y temiendo un giro hacia la izquierda, ya que los socialistas, una vez que gana el Frente Popular, pasan a estar dominados por Francisco Largo Caballero, se produce el golpe, que trata de ser preventivo: es decir, conjurar el peligro de una mayor radicalización que lleve a la República hacia una salida socialista.
Al menos en mi interpretación, hay que pensar que lo que es inviable en España en ese momento es, precisamente, la República democrática-liberal. Y este golpe busca esto. Claro, el Ejército español era tan torpe que ni siquiera tiene éxito en buena parte del territorio, sobre todo por la reacción espontánea, desorganizada pero profundamente potente de las organizaciones obreras. El golpe es entre la noche del 17 y el 18 de julio de 1936; del 19 al 21 se produce una ola que barre buena parte de España, donde las organizaciones obreras salen a reclamar y a asaltar cuarteles y cárceles y a pedir armas, cosa que el Gobierno termina cediendo el 19, y son quienes detienen el golpe en las grandes ciudades y pasan a dominar la situación.

-Enredando las Mañanas: ¿El motivo principal de la derrota fue la disputa interna, tan habitual en los sectores de izquierda?

-ME: Es un tema bastante complejo. Se da una situación en la que organizaciones hacen una revolución profundísima, quizás de las más profundas que ha conocido la humanidad. En términos concretos, se instaura el control obrero de la producción, las organizaciones obreras -sobre todo en Cataluña- pasan a dominar la distribución, los abastecimientos de alimentos. Una revolución, pero por abajo, con comités que brotan espontáneamente, se organizan y dominan todos los aspectos de la vida cotidiana.
 Ahora, ¿cuál es el problema? Esta revolución pasa a dominar los principales resortes de la economía y del poder concreto, es decir, las telecomunicaciones (dominadas por la CNT), las principales fábricas, a colectivizar la tierra en muchos pueblos; pero deja en pie formalmente, como cáscara vacía en un principio, al Gobierno de la República que, de hecho, no controla nada y tiene que reconocer esa situación y apoyarse en las organizaciones obreras. Básicamente, los obreros españoles hacen la revolución, pero no toman el poder. No constituyen un gobierno propio, dejan en pie un gobierno carente de poder real, pero al cual respetan formalmente.
Cuando hablamos de las disputas internas, aparece la imagen a la que estamos acostumbrados, ¿por qué no se unen todos, por qué dentro de las izquierdas no nos entendemos? Y, en realidad, en una situación como esta, atípica, hay que entender que las revoluciones son lo contrario a lo que sucede día a día en la sociedad capitalista. Es un momento excepcional de la historia, donde la lógica y la dinámica de las relaciones es muy diferente a la del día a día, donde hay más o menos un dominio regular, tanto político como económico, del capital, y las izquierdas la peleamos desde abajo, tratamos de organizarnos, de resistir. Acá sucede lo contrario. En una situación de una revolución de hecho, se empieza a dar dentro de zona republicana una disputa por el poder. Asistimos al proceso por el cual los partidos que habían quedado totalmente en el aire de la izquierda republicana. Los partidos que no tenían mayor peso y sobre todo algunos, el principal es el PC, que es muy pequeño, muy débil y con escasa inserción al principio de la guerra, para comenzar un lento proceso que apunta a la restauración del poder y del orden burgués.
La revolución tiene dos contrarrevoluciones: la franquista y la que se da en el interior de la zona republicana, liderada por el PC. Esta última contrarrevolución se apoya en la primera, porque, ¿cuál va a ser el argumento y el factor de crecimiento del PC? El argumento es que hay que ganar la guerra primero y que no se puede pensar en hacer la revolución; para eso va a utilizar la extorsión de la ayuda militar soviética que la República necesita para sostener el frente. Al mismo tiempo, va a ser el refugio de todos los sectores de la pequeña y mediana burguesía, que no encuentran representación en los sectores republicanos y que van a encontrar un reaseguro y representación en el PC. Si uno ve el crecimiento del PC, que pasa a ser impresionante y termina siendo después del '37 el principal partido, el que ostenta los resortes del poder en la zona republicana, va a ver que por su composición es un partido de pequeños y medianos comerciantes, industriales, agrarios, y su política pasa por una especulación en el alineamiento de la Unión Soviética frente al avance fascista, cuya prioridad es seducir, proyectar y mantener una alianza con lo que considera las potencias capitalistas democráticas: Francia e Inglaterra.

-Enredando las Mañanas: ¿Qué papel cumplió el POUM y cómo terminó?

-ME: El POUM es un partido que, afortunadamente, comenzó a ser reivindicado y rescatado del olvido a partir de los '70. Fue un partido relativamente pequeño. Al fundarse, en 1935, tenía entre seis y siete mil militantes. Llega a fines del '36, con un crecimiento impresionante de todos los partidos de la izquierda, a tener entre treinta y cuarenta mil militantes, ocho mil en el frente. El POUM es un partido heterodoxo, de oposición, un partido de izquierda, antiestalinista que se funda con distintos componentes; su dirección es una especie de dream team de los principales dirigentes de izquierda de la historia española en ese momento. Buena parte de los fundadores del PC en los años '20 están en el POUM: Joaquín Maurín, Andreu Nin, Julián Gorkin, Pere Bonet, Juan Andrade. Muchos de ellos fueron también dirigentes de la CNT. Andreu Nin, sin ir más lejos, termina siendo un dirigente en la Tercera Internacional llegando como delegado de la CNT al congreso de la Internacional comunista.
 Este partido, a pesar de ser más que pequeño que otros, jugó un rol protagónico, porque es el sector que, con todos sus errores, ve con mayor claridad que hay que resolver el problema del poder. Y su apuesta es tratar de arrastrar, de esclarecer a algún sector de la CNT porque entienden que ahí está la fuerza que ellos no tienen. Su problema, en todo caso, va a ser cómo hace eso y los distintos elementos de su política, tratando de hacer eso, pero sin animarse a un poco más. Es central porque en el proceso que empieza a desarrollar el PC de restauración de las instituciones burguesas, el POUM aparece como el primer obstáculo, y es un partido que si bien está ligado a la posición de izquierda internacional en algún momento en algunos de sus componentes, no son trotskistas; pero que va a cumplir un rol bastante similar, porque denuncia los Procesos de Moscú, denuncia la intención restauradora del PC. Y el PC entiende que primero tiene que eliminar al POUM para luego cargar contra la CNT. Además, porque es más fácil estigmatizarlo.
La Revolución española tiene un auge en los primeros tres, cuatro meses del '36, se mantiene, se desarrolla, y ya en el '37, en los hechos de mayo, es donde empieza el clarísimo retroceso y donde va a empezar la contrarrevolución abierta. ¿Qué sucede en mayo del '37? Una provocación montada por gente del PC y la policía de Cataluña. Tratan de asaltar la Telefónica, que es dominada por la CNT y controla todas las telecomunicaciones en Cataluña. La respuesta es la instauración de barricadas y la disputa, en la zona republicana, a los tiros. La CNT vacila, vacila muy fuertemente, es más, termina dejando pasar a los guardias civiles que manda el Gobierno central desde Valencia y que termina en la represión.
¿Qué sucede entre el fracaso de la insurrección de mayo —una insurrección a medias, espontánea, que vuelve el espíritu de julio del '36, pero que los dirigentes de la CNT, muy comprometidos con el Gobierno del Frente Popular, al cual sí entraron, es decir, dejaron el apoliticismo para entrar en un Gobierno del Frente Popular—? Terminan dando la orden de levantar las barricadas. Luego de esto el POUM es ilegalizado y comienza un proceso de una verdadera purga. Básicamente, lo que va a intentar hacer el PC es un juicio de Moscú en España, detiene a todo el comité ejecutivo del POUM asaltando su sede, entre estos está Andreu Nin, el principal dirigente durante la Guerra Civil.
El de Nin fue un caso paradigmático, ejemplar, porque va a ser detenido, secuestrado. El PC simula un golpe donde fascistas tratarían de rescatar a Nin para reforzar la propaganda de que eran socialfascistas. Luego de secuestrado es torturado, asesinado y desaparecido. Las pintadas eran: "Negrín, ¿dónde está Nin?". Negrín pasa a ser la nueva cabeza del Gobierno luego de la caída de Largo Caballero. El destino de POUM y de Andreu Nin es muy significativo, porque sirve quizás como termómetro de este proceso de revolución y contrarrevolución en la zona republicana. Luego de la ofensiva contra el POUM —más solapadamente, porque tiene más poder desde ese punto de vista de la base—, inicia una ofensiva contra la CNT.

-ELM: Mucho se escribió y se filmó acerca de ese período de la historia en España, ¿qué recomendarías ver o leer para profundizar sobre el tema?

-En el plano de las ficciones, la referencia ineludible es Homenaje a Cataluña, de George Orwell, quien combate en las milicias del POUM. En este libro está basada, entre otras fuentes, la película de Ken Loach, Tierra y libertad. En un sentido más documental, la película Morir en Madrid, de Frédéric Rossif, es recomendable. A nivel histórico, el clásico del historiador Hugh Thomas. La Guerra Civil Española, compilación de los escritos de Andreu Nin realizado por Juan Andrade en el exilio, editado por Ruedo Ibérico. No es precisamente un libro de historia, pero es un documento de inestimable valor.

-ELM: Los verdugos de la Revolución española, de Katia Landau (narra hechos del PC, del NKV Comisariado del Pueblo para Asuntos Internos), sobre cómo encarcelaba a los revolucionarios, los torturaba, los mataba, los desaparecía. Es terrible.

-ME: Es terrible, porque lo que atestigua la Revolución española y el rol jugado por el PC, que es contemporáneo a los Procesos de Moscú, es ese punto nodal de giro en el siglo XX en el que la burocracia soviética se consolida, cómo la revolución se convierte en contrarrevolución. La derrota de la revolución en España quizás es uno de los hechos más significativos, porque era la posibilidad de descongelar ese proceso, de obtener un nuevo hito revolucionario que de alguna manera sacuda a la burocracia soviética e inicie un nuevo ciclo. Por eso es tan significativo, a pesar de que en otros aspectos parece subsidiario. La lectura dominante es hablar de la guerra civil española —y no de la revolución, por supuesto— como especie de capítulo previo a la Segunda Guerra Mundial, porque siempre es en clave de lucha de la democracia contra el fascismo, y no de la revolución socialista y la contrarrevolución. Esa es la lectura que establecieron los vencedores de la Segunda Guerra Mundial.


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