6 jul. 2016


En esta nota de opinión, que mezcla a Messi con Marx y con todos nosotros, queda expresada la opinión de quienes disfrutamos del fútbol sin dejar de entender en qué otra cosa tan diferente a un juego se ha transformado. (Por Luis Angió y Rosaura Barletta para La Retaguardia)

Foto: Luis Angió
No hablamos de Messi jugador. De si está bien o mal renunciar, de si el partido final fue mejor o peor, de si es la tercera vez que no salen campeones después de tres finales consecutivas. No importa el tema deportivo hoy.
El caso de Messi es poner por encima otros temas de gran debate en la Argentina para un uso que no son los fines por los cuales ni Messi, ni la Selección ni los hinchas de fútbol deberíamos debatir.
Carlos Marx dijo hace más de ciento cincuenta años que la religión era el opio de los pueblos; no dijo que el fútbol también era el opio de los pueblos porque todavía no se había inventado. Eso es lo real.
Desde que Messi dijo que se iba de la Selección, en los grandes medios de comunicación, en las redes sociales, se abrió una catarata de debates que llegó al extremo en esa semana no hubo programas de televisión, diarios, radios donde no fuera el tema. El 90 por ciento se ocupó de hablar de su renuncia,. Cada uno diciendo una sarta de pavadas o de ideas entrecruzadas que, haciendo una lectura quienes estamos en los medios, lo menos que tienen es honestidad. Cada uno lleva agua para su molino de acuerdo a su conveniencia y fundamentalmente los periodistas deportivos, que sabemos cómo manejan los temas de la información de acuerdo a la conveniencia de pegarle ‘porque no me da notas’ o no pegarle ‘porque es amigo mío’.
Los temas de todos los medios de comunicación tradicionales, tanto los que quedaron del lado del poder de hoy como los residuales del kirchnerismo, para hablar a favor o en contra, eran: López, Báez, Cristina. En una edición del diario Clarín de la semana pasada, desde la página 2 a la 7 inclusive, se habló exclusivamente de la renuncia de Messi. Que hayan tomado las primeras páginas del diario de más tirada del país —que determinan mucha información y que venían batallando durante meses, y se agravó con el caso de José López— marca un hecho concreto: están utilizando el caso Messi políticamente. El propio presidente salió a hablar prácticamente en cadena nacional pidiéndole que se quede, cuando lo que menos hace es salir por cadena nacional a decir cómo va a resolver el problema del hambre, de la inflación y de los chicos que no tienen para comer en este país. Es una vergüenza.
Es el opio de los pueblos, porque hay un sector importante de la sociedad que, tomando como excusa que se está a favor o en contra de Messi, entra en este pseudo-debate en el que nos meten para no discutir otras cosas.
No sólo redoblaron la apuesta para seguir hablando y seguir llenando las páginas de los diarios y las radios dos días después, sino que ahora la respuesta que intentó ser masiva, fue convocar a un banderazo al Obelisco donde se movilizaron miles de personas para pedirle a Messi que se quede. Pero esos mismos no se van a mover y no se mueven para pedirle a Macri que baje la inflación, que aumente los salarios y que la corte con los tarifazos y todas las políticas antipopulares que está implementando.
Un amigo, Leandro, dice: "El banderazo a favor de Messi el 2 de julio. ¿Y hacemos un banderazo el 3 por los maestros y las escuelas; el 4 por los hospitales; el 5 por los desaparecidos en democracia?".
Dicen que el fútbol es pasión de multitudes. No sabemos si a la gran mayoría de los argentinos les gusta el fútbol, y si les gusta, no todos son fanáticos ni opinan, lo ven como un juego más. Ahora, poner a un jugador no como lo quieren hacer aparecer, que si se queda, va a ser el salvador de la Selección nacional, del fútbol argentino y podemos llegar a ganar alguna copa; sino ponerlo para tapar todo lo que tenemos que discutir y no se quiere discutir, y todos, más allá de si es a favor o en contra, entran en esta variante de que de lo único que hay que hablar es de Messi, es lisa y llanamente repudiable.
Una gran corriente de opinión pública entra en esa variante y no ve que le están haciendo una política de distracción para no discutir los grandes problemas que tenemos en este país.
Es evidente que así como ayer fue López y antes de ayer fue Báez en estos días la situación de Messi es lo que desencadena una estrategia comunicativa para desorientar al público, para hacerle creer a la gente que no hay problemas reales o que Messi es más importante que su salario.
Le damos entidad al debate Messi sólo en tanto reconocemos que es un líder o un héroe inusual. Es una persona que se dedica a jugar al fútbol, que lo hace muy bien; no hace declaraciones públicas, no es opinólogo, no es misógino, no aparece en los medios de comunicación medio borracho diciendo cualquier cosa. Es un líder particular que tiene un perfil muy bajo. Eso hace creer que es un pecho frío. Pensamos tanto en Maradona como Cristian U, granador de Gran Hermano, golpeador de mujeres. Pensamos en los líderes argentinos. Independientemente o más allá de la estrategia comunicativa, Messi viene generando controversias hace mucho tiempo en las personas que siguen el fútbol. Nos permitimos esa mención porque entendemos dónde los medios de comunicación encontraron el gancho para hacer atractiva esta historia. Parece ser que los líderes o los mejores en cada rubro tienen que ser, también, los que tienen la verdad absoluta. Messi le pudo escapar a ese estereotipo, y eso es lo que le ha generado alrededor de su figura tanta polémica y eso es lo que los medios utilizan para darle de comer al público.
Los grandes medios y el poder —político, económico— vieron en esta situación desde el domingo que la selección argentina salió segunda en la Copa América Centenario hasta estos días, lo que podía representar Messi, que desplazó a López, que hasta cuarenta y ocho horas antes de esa final con Chile era lo más importante que pasaba en el país porque revoleaba 9 millones de dólares para dárselos no sabemos a quién. Vieron la veta de explotar a Messi, ponerlo ahí arriba, por las características personales que tiene.
Y desde la semana pasada y como consecuencia de su renuncia, hoy ya se está hablando de la renuncia de Gerardo Martino como técnico de la Selección Nacional. Efecto dominó que le dicen.
Mientras tanto en la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) se siguen disputando el botín que el estado nacional les va a garantizar para el “Fútbol para todos” de más de 1800 millones de pesos (U$S 120 millones) para que se los repartan entre pocos clubes, mientras que la mayoría (o todos) están “fundidos” económicamente.
Como no pudo prever Carlos Marx, el fútbol sigue, como la religión, lavando el cerebro de cientos de miles, y porque no millones, mientras casi el 50% de los habitantes de este país viven en el límite de la pobreza, pero leen, miran y escuchan por los medios tradicionales de comunicación que Leonel Messi y su papá pagaron entre los dos 4 millones de euros por haber evadido al fisco español. Pero le dieron 21 meses de prisión en suspenso. ¿Habrá sido por si Messi se arrepiente y quiere volver a jugar en la Selección Nacional y al técnico Olarticoechea se le ocurre convocarlo para los Juegos Olímpicos de Brasil? No sea cosa que una camiseta a rayas horizontales se tenga que convertir en otra camiseta, pero a rayas verticales, y no haya tiempo de diseñarla.
Mientras tanto, una inmensa mayoría seguimos esperando que se produzca el “milagro” y que bajen las tarifas de los servicios públicos, los productos de la canasta familiar o que aumenten los salarios. Y que quienes están desocupados y/o con trabajo en negro les toque la varita mágica para resolverles sus problemas. Pero de eso se habla poco y  nada.


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