8 jul. 2016



Luego del brutal ataque sucedido en la madrugada del lunes en el edificio compartido entre los trabajadores de Tiempo Argentino y Radio América, los integrantes de las cooperativas dieron una conferencia de prensa a las 9 y media. Con el patrocinio de CORREPI (Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional), denunciaron el accionar del autoproclamado dueño de los medios, Mariano Martínez Rojas, y la complicidad de la policía y el poder judicial con la patota que destruyó la radio y el diario, echando a perder donaciones con las que se sustentaban los trabajadores que no cobran su salario hace meses. Radio La Retaguardia realizó la cobertura de la conferencia y, en el programa Sueños Posibles, entrevistó a Ismael Jalil, abogado de CORREPI. (Por La Retaguardia)

El testimonio de los trabajadores

"No hay contrato de alquiler vigente entre Mariano Martínez Rojas y los dueños de este edificio. Los dueños habían iniciado un juicio de desalojo contra Balkbrug, la razón social, supuestamente, de Martínez Rojas. Además, habían rescindido el contrato con Balkbrug, habían iniciado un juicio de desalojo porque se había incumplido el pago del alquiler. Martínez Rojas ingresó diciendo que ese contrato todavía estaba válido, entonces, la policía dejó que estas personas sigan aquí adentro y nosotros, afuera. Fuimos a hacer la denuncia a la comisaría, explicamos la situación, mostramos las actas del Ministerio de Trabajo donde figura que estamos en resguardo de este espacio, mostramos el contrato de rescisión; así y todo, se comunicó el policía con la fiscal a cargo de la causa, Verónica Andrade, y la decisión siguió siendo que la policía espere afuera, que los trabajadores nos quedemos afuera, y dejar que se produjeran destrozos —como se escuchaba— en la redacción", explicó el trabajador de Tiempo.
El periodista explicó que la presión que comenzó a generarse en la vereda del diario fue lo que permitió, luego, el reingreso al lugar. "Eso hizo que la policía nos acompañara al interior del edificio junto con el subcomisario y encontramos aquí dentro a dieciséis personas —entre ellas, Martínez Rojas— todavía. Se tuvo una conversación en la cual el policía le manifestó que la decisión de la fiscal era no detenerlos, sino pedirles que se retiraran del edificio y sacar sus datos personales. Ante eso, ellos aceptaron con la condición de que también nos sacaran a nosotros. La situación de presión ya era muy grande, intervino la doctora María del Carmen Verdún, que canalizó nuestros reclamos por no salir de este espacio donde trabajamos y estamos haciendo renacer este medio de manera cooperativa.
Hubo una buena comunicación entre el subcomisario y la fiscal en la que decidió nuevamente dejar libres a quienes estaban, pero permitirnos a nosotros seguir en este edificio, que es lo que nos garantiza que el diario pueda salir a la calle", rescató.
El trabajador explicó que con el recorrido de las instalaciones comprendieron el nivel de violencia del ataque: "En la oficina de Sistemas, donde está el corazón de las conexiones del diario, rompieron el servidor, que era lo que permitía que haya conexión entre las distintas computadora y evitar editar más fácil el diario. Cortaron los cables de red de todo el segundo piso, donde está el grueso de la redacción. Entraron al área de Administración, cerrada con llave. Rompieron la puerta y se instalaron ahí. Además de otras roturas de vidrio y mobiliarios, ustedes lo podrán notar".
Para los trabajadores, el fin último del ataque era evitar que Tiempo Argentino pueda seguir saliendo. "Tiempo lleva dos meses como diario autogestivo, tenía previsto esta semana la salida del sitio web todos los días, porque el diario se venía editando solo los domingos. Esto nos dificulta, no tenemos red, no tenemos internet. Tenemos que reparar todo. Nos dificulta también la salida del papel. De todas maneras, estamos haciendo, ya acostumbrados a los esfuerzo de esta etapa, lo posible para sacar una edición de emergencia, contar esto, contar quiénes son estos personajes que están dificultando que Tiempo Argentino pueda salir adelante", informó.
El periodista quiso barrer los rumores malintencionados sobre su procedencia, y aseguró que son "trabajadores a los que fueron vulnerados sus derechos por la patronal anterior y luego vulnerados por las distintas instancias del Estado, que no respondió a nuestros reclamos durante todo este tiempo. Hoy pedimos encarecidamente, exigimos, que el Estado nos garantice también nuestra seguridad. Porque Mariano Martínez Rojas hace menos de un mes ingresó también por la fuerza en la antena transmisora de Radio América. Una persona que el propio Enacom reconoció que por ahora no tiene por ahora la licencia tramitada para Radio América entró por la fuerza ahí, hoy entra por la fuerza acá después de ese aviso, después de haber venido al diario en otro momento con patovicas queriendo forzar su ingreso", explicó. Para los cooperativistas, su integridad está en riesgo "y el Estado tiene que garantizar que así no sea. No solamente es nuestra integridad, que es lo más importante que tenemos, sino que además hay un medio de comunicación atrás de esto, y fueron a romper elementos clave para la salida del diario. Eso es importante que se sepa. No vinieron a robar monitores, ni siquiera a quedarse con la radio. En distintas entrevistas, Martínez Rojas dijo que la radio era lo único que le interesaba. Tiempo Argentino no le interesaba, sin embargo, lo primero que hizo cuando vino fue romper los equipos de Tiempo Argentino, las vías de comunicación de Tiempo Argentino. Había una intencionalidad atrás de todo esto", denunció y reiteró la exigencia al Estado para que intervenga y garantice que no tendrán nuevos episodios de amedrentamiento.

El accionar del gobierno

"Hemos recibido un llamado de la Secretaría de Comunicación Pública. Ha emitido un comunicado solidarizándose con nosotros y repudiando la intrusión de Mariano Martínez Rojas. Entendemos que se están haciendo gestiones por parte de la Secretaría para que distintos funcionarios del Gobierno nos reciban para que podamos informar esta situación. El Gobierno ahora empieza a manifestar su preocupación por este conflicto, que ya lleva siete meses. En ese tiempo, tanto los compañeros de Radio América como lo de Tiempo Argentino hemos recorrido una enorme cantidad de oficinas gubernamentales, hemos caminado pasillos interminables de Ministerios, y nunca hemos obtenida una sola respuesta del Estado a los reclamos, que es básicamente preservar los puestos de trabajo", consideró el trabajador. "Hoy hay ciento veinticinco puestos de trabajo en Tiempo Argentino —éramos doscientos al inicio del conflicto— y otros ciento veinte en Radio América. Los que se han puesto al hombro la tarea de reconstruir los puestos de trabajo hemos sido nosotros, y eso es lo que ha venido a destruir Martínez Rojas ahora. Estamos a la espera de más comunicaciones del Gobierno, de distintos funcionarios, que, a la luz de lo que ha sucedido, empiezan a moverse y a manifestar algún tipo de interés en el conflicto", explicó.
Sobre las personas que integraron la patota, el vocero señaló: "Algunos se escaparon por la terraza, rompiendo un vidrio, otros dieciséis estaban aquí cuando logramos ingresar con la policía, a los cuales se los identificó y se los dejó salir, según la policía, por orden expresa de la fiscal Andrade. No entendemos el motivo. La evidencia era concreta acerca de que la intrusión y los daños que habían provocado. Se les hizo un cordón para que pudieran salir, con los trabajadores y la gente que nos vino a apoyar observándolo, incluso medios transmitiendo en vivo".
Los trabajadores explicaron, además, que los delincuentes están identificados en un acta. "El subcomisario les tomó sus datos. La gravedad es que es un ataque sin precedentes a la libertad de expresión. La patota que entró ahora está en su casa, no en un calabozo. Eso viola el estado de derecho. Es un riesgo para cada uno de los que trabajamos acá. Hacemos responsable al Estado nacional. Hay tomar medidas claras. Cuando entró la patota a la medianoche, tres compañeros sufrieron golpes. Es un antecedente que no podemos dejar pasar", advirtieron. Sobre su seguridad, contaron que les prometieron apostar un oficial en la puerta pero que se retiró.
Sobre las declaraciones de Yamil Santoro, del gobierno de la Ciudad, expresaron: "No hemos recibido ningún llamado del Gobierno de la Ciudad. La idea de que esto es un conflicto entre privados es la excusa que han usado el Gobierno nacional y el de la ciudad para no intervenir en un conflicto claramente laboral. Acá hay un vaciamiento empresario, es un delito; hay una intrusión, es otro delito; pasaban por las terrazas de los vecinos, es otro delito; golpearon compañeros, es otro delito. La policía, ante hechos flagrantes, no intervino, y la fiscal considera que son contravenciones menores".
Para los trabajadores, no haber recibido ninguna comunicación del gobierno nacional en este conflicto que, al momento de la conferencia, llevaba diez horas, es una respuesta clarísima. Volviendo a las declaraciones de Santoro, señalaron una aclaración: "La gran mayoría de los delitos penales también son asuntos entre privados. Eso no impide que las fuerzas de seguridad actúen cuando tengan que actuar y que la justicia actúe cuando debe actuar. En este caso, nos preocupa la pasividad de la policía ante un hecho flagrante: la destrucción de nuestras herramientas de trabajo, de las cuales tenemos custodia legal. Nosotros tenemos la custodia de nuestras herramientas de trabajo porque así nos fue concedida en el marco de un conflicto laboral. Al mismo tiempo, los vecinos también fueron víctimas de esta situación cuando los intrusos intentaron escaparse por las terrazas vecinas, con lo cual la flagrancia delictiva era muy evidente. Sin embargo, no hubo una reacción policial como uno supone debería haber", aseguraron. Agregaron, además, que con la policía Metropolitana el gobierno de la Ciudad tiene facultades para garantizar la integridad de los trabajadores y sus elementos.
"No hay relación entre este episodio y el desalojo, porque el desalojo va contra la sociedad que el propio Martínez Rojas dice haber comprado. En tal caso, es Martínez Rojas usurpando un edificio, que es de un tercero, con una excusa incomprobable, porque no hemos visto ningún documento, de un usufructo sobre un bien (el edificio) y sobre otros bienes (Radio Américay Tiempo Argentino), usufructo que nunca utilizó, de hecho. El que decidió discontinuar la salida de Tiempo Argentino fue Martínez Rojas cuando decidió él, llamando a la imprenta, que era un servicio tercerizado, para que no se imprima. Martínez Rojas ya tiene un antecedente respecto a su intención de evitar la salida de Tiempo Argentino. Creemos —porque no hemos visto nunca de manera de fehaciente que Martínez Rojas sea el comprador de estas dos sociedades— que su actitud se enmarca en el proceso de vaciamiento de todo el Grupo 23 ejecutado Szpolski, Garfunkel, y Martínez Rojas en una última etapa", denunciaron.
Sobre el momento en que pudieron volver a acceder, explicaron: "Cuando ingresamos al edificio, la policía estaba identificando a las personas, mientras tanto, Martínez Rojas nos amenazaba diciéndonos que nos cuidamos al día siguiente, que teníamos que estar agradecidos de estar caminando todavía. El propio subcomisario en un momento le dijo que parara la mano".

La respuesta de los trabajadores

"En primer lugar, en la medida en que nos logremos organizar un poco, sacar mañana un diario de emergencia. Hacer una denuncia penal, por supuesto, por esta intrusión y por lo que se generó. Y reclamar el cuidado, la garantía sobre nuestra salud y sobre las herramientas de trabajo. De todos los reclamos que hicimos, a lo único que hicieron lugar es, por lo menos, dejarnos el resguardo de los bienes de trabajo para después poder salir como cooperativa. Nosotros queremos hacer valer nuestros derechos y como tales estamos armando toda la logística para que así sea. Y también para reivindicar que a Tiempo Argentino, a un laburo de 120 compañeros, no lo van a frenar 2 patoteros. Teníamos prevista la edición de un suplemento especial por el bicentenario, el diario va a estar el domingo. No lo van a frenar con estas cosas. Por eso le pedimos al Estado que garantice que no sigan apareciendo estas piedras en el camino que nada tienen que ver con la legalidad, con un estado de derecho, y que nos gustaría que no se volvieran a repetir", expresaron.
Contaron, además, que "los daños en Radio América son similares a lo que pasó en Tiempo Argentino. La idea era dejarnos totalmente fuera del aire, sin dejarnos salir por internet. Los compañeros están tratando de poder solucionarlo. En minutos -anunciaron poco después de los incidentes, durante la conferencia de prensa- salimos por 1190america.com. Pedimos de manera urgente al Enacom que arbitre las medidas necesarias para que nuevamente Radio América salga al aire por la frecuencia que le corresponde, ya que es una frecuencia otorgada por el Estado. El Enacom debe hacer la custodia correspondiente frente a este tipo de abuso y atropellos que estamos sufriendo los compañeros de Tiempo Argentino y nosotros", señalaron.
Nuevamente, reivindicaron su resistencia: "Este grupo de tareas que recibimos no va a frenar ni la salida de Radio América ni la de Tiempo Argentino. No nos van a frenar, porque la libertad de prensa está en juego, porque nuestras fuentes de trabajo están en juego, y no nos intimida la violencia que puedan ejercer estos muchachos".

La defensa legal

Ismael Jalil, integrante de CORREPI, comenzó su intervención analizando el episodio: "Si vemos el accionar del empresario, el no accionar de la policía, la orden de la fiscal Verónica Andrade y el accionar de los patoteros, el grupo de choque, tenemos una conclusa imagen de cómo ese trabajo sucio que el Estado no se atreve a ejecutar pero se recurre a esa metodología para cumplir la función de reponer la capacidad de daños que ocasiona el empresario de por sí y destronar cualquier posibilidad de reivindicación de los trabajadores. Fíjense ustedes una cosa: lo que se había conseguido en Tiempo Argentino y Radio América en apenas dos meses es lo que no consiguieron ni el Estado ni los empresarios en tanto tiempo", reivindicó el abogado de CORREPI, señalando los logros de la inauguración esta semana de la página web y la pronta salida de la edición por el Bicentenario de la Independencia, "y paralelamente se conseguían salarios dignos para los trabajadores. Esa fue una tarea ardua, porque recién el 24 de abril tuvo reconocimiento la cooperativa de los compañeros. Evidentemente, el accionar del empresariado fue destruir esa posibilidad de consolidación que estaba demostrando que realmente una sociedad sin patrones es posible. En ese contexto, la patota fue directo a romper toda posibilidad de que ambas cosas se mantengan: que la salida de los medios tenga vigencia y los trabajadores puedan acceder a un salario digno si la producción está en sus manos", analizó Jalil. Calificó de inconcebible al accionar de la policía que "llegó in fraganti delito, llegó en el mismo momento que los tipos estaban adentro rompiendo todo, que ya habían lesionado a las personas que estaban adentro, personal de maestranza, uno de ellos discapacitado motriz al cual arrastraron por el piso, y le impidieron tomar sus muletas para poder salir del lugar. Terminó siendo asistido en el hospital e internado".
Jalil explicó, además, las directivas que indicó la fiscal Verónica Andrade, de la Fiscalía Penal y Contravencional Nº6 de la Capital: "Dio la orden de identificar a los que estaban adentro y nada más. La policía aprendió cuando tenía la capacidad de hacerlo porque es su función específica si hay fragancia en el delito. Ni la fiscal dio la orden mínima de asegurarse de que a estos tipos no se los pierda. Los sacaron del lugar y los mandaron a sus casas, ni siquiera se constató el domicilio. Cuando ocurren estos hechos, suelen ser trasladados a la seccional y a las horas los sacan, pero primero se tomaron algunas medidas asegurativas. Entre ellas, constatar que el domicilio que están dando es real. La fiscal dijo que alcanzaba con la declaración de esos hombres ahí diciendo 'yo vivo en tal lugar'. Muchos se negaron a brindar un teléfono de contacto para constatar ese domicilio y así y todo los dejaron ir", denunció el abogado de CORREPI.
"Si la gente no se hubiera juntado en la puerta, si no hubiera despertado la solidaridad que despertó con un montón que a la madrugada se fueron allí, los propios trabajadores que fueron, si no se hubiera metido presión, la primera orden que dio la fiscal, según el comisario, era 'salen los que están adentro y no entra nadie más'. Por supuesto, la movilización permitió que se conozca que adentro estaba Mariano Martínez Rojas, el empresario que la va de nuevo titular del medio, y una patota integrada por Blander, Carrasco, Sosa, Batista, Ramírez, Moreno, Díaz, Moreau, Ontivero, Caña, Antivero, Ruiz Díaz, Castro Barros, Chávez y Roldán", informó. El abogado aclaró que esos son los patoteros que se pudieron identificar, pues "se sospecha que hay tres o cuatro más que se fueron por los techos. No podemos asegurar que son barras, pero los datos que están acá y el aspecto y la forma en que actuaron remite a eso. Todo el mundo sabe que el accionar de las patotas sindicales o barras bravas tiene más o menos las mismas características y juegan en las dos canchas".
Con respecto a Szpolski, Jalil explicó: "Sí sabemos concretamente que se ha renovado la plata que venía del Estado por pauta y que estaba destinada al pago de los sueldos que precisamente motivó que los compañeros hayan hecho la movida que hicieron a principio de año. Esto es un ejemplo de cómo el progresismo, por así llamarlo, no puede garantizar una lógica diferente a la de la burguesía. Tener y conformar un grupo mediático de bloque de amigos empresarios para los cuales se trabaja y con los que se lleva adelante una política basada en la eliminación de las facultades del pueblo con la posibilidad que éste tiene de acceder a sus derechos y ejercer su verdadero poder", consideró. Luego, Jalil pasó en limpio su análisis: "El pueblo depositó en el Estado y empresarios amigos una situación, pero cuando llega el momento, Szpolski, como empresario que es, actúa como lo que es, un tipo que termina robando el trabajo y el dinero que le corresponde a los trabajadores. No es casual que tengamos un problema de las mismas características, en este caso atendido por sus propios dueños. No es casual que no se haya puesto ningún énfasis en saber qué había pasado hace un mes atrás cuando estos mismos tipos hicieron lo que hicieron en la planta de transmisión de Radio América en Soldati. La inacción absoluta y lo que costó que el ministerio de Trabajo tomara alguna medida por los trabajadores. Esto está pasando en general en el ámbito laboral", contextualizó sobre el cierre.
Los trabajadores y trabajadoras de ambos medios realizarán una movilización la semana próxima. Como queda dicho, la movilización instantánea fue esencial para que la patota no alcanzara el objetivo de apropiarse del lugar. El paso siguiente también fue contundente: levantaron la apuesta comunicacional. Claramente, eso es lo que más molesta.

1 comentarios:

  1. Una objeción al paso, si se quiere: Hay que reemplazar las proposiciones y slogans de tipo "épico/heroico" ("levantar la apuesta", "más periodismo") por un análisis más riguroso, severo, económico y político de fondo, estructural, histórico, con perspectiva a largo plazo, de cada situación y cada lucha. Con todo en contra, por mucho heroísmo que se ponga en acción, hay luchas que irán a parar indefectiblemente a la derrota. Si no se entiende el rol de los distintos operarios de la clase capitalista en su menú de partidos vinculados (PRO, PJ, UCR, FpV, FR, el peronismo en su conjunto, etc.) se repiten errores y se insiste en apostar por "salidas" que no duran siquiera un par de años. El clasismo no es una alternativa, el clasismo es meramente la realidad. Tiempo Argentino tiene que estar alineado con el Partido Obrero o el Frente de Izquierda, es decir, con expresiones políticas independientes y de su propia clase, no con algún resto putrefacto de kirchnerismo camaleónico... ¡el mismo que puso de candidato a quien saqueó y los trato de dejar en la calle!
    Desde luego, y precisamente por lo dicho, toda la solidaridad con los compañeros de TA, y a seguir acompañándolos en su lucha contra la precarización, el vaciamiento y los despidos.

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