11 ago. 2016


 La historia reciente de Virginia Creimer está colmada de situaciones anormales. Desde las amenazas mafiosas que recibió tras su testimonio en el juicio contra Luis Patti, hasta este relato acerca de cómo Miguel Etchecolatz, preso por delitos de lesa humanidad que busca acceder al beneficio de la domiciliaria, la acusó de tener un "trato, inhumano, degradante y hasta cruel" en un intento para conseguir ese beneficio, que fue rechazado hace un año. Creimer, que dialogó anoche con el programa radial La Retaguardia, aseguró que Etchecolatz realizo en aquella ocasión "un acting". (Por La Retaguardia)

Foto: Virginia Creimer en el acto de ayer. (María Rodríguez Creimer)


Copia de la denuncia de
Castex, desestimada en
febrero de 2015.
Para Creimer la mañana de ayer habrá sido especial. En realidad lo fue para toda la gente que participó de la movilización realizada en La Plata porque se iba a resolver si Miguel Etchecolatz accedía o no al beneficio de la domiciliaria. Pero para Creimer debe haber sido un poco más especial. Es que la ex funcionaria del Ministerio Público Fiscal que debió renunciar tras serias amenazas y algunos episodios macabros como el asesinato de una de sus mascotas, había tenido una cita con Etchecolatz en un escenario similar al de ayer. En un anterior intento del genocida multicondenado, Creimer fue citada como perito por la fiscalía y, tras intentar revisarlo, fue gravemente acusada de maltrato. Así recordó Creimer aquella jornada: "Es parte de lo irónico y de la locura del hecho de que, en una función como la de perita, por la orden de un juez de la democracia, yo tenga que hacer un examen físico, y el perito de parte, lamentablemente, en conjunción con los peritos oficiales de la Corte y del Ministerio Público de la defensa decidan no examinar a una persona, y termine el doctor Castex —perito de parte de Etchecolatz— utilizando el hecho que yo quisiera hacer el examen físico —que en realidad no era parte de mi voluntad, sino que era una orden de un juez— para denunciarme por vejámenes, torturas, por un trato indigno. Lo único que yo hacía era dar respuesta a los requerimientos de la defensa de Etchecolatz, que, entre otras cosas, decía que tenía una patología prostática. Castex habrá tenido tiempo para escribir muchos libros, habrá tenido tiempo para hacerse su fama, pero la realidad es que de abdómenes agudos y de patología pélvica no sabe nada. La única forma de examinar el tamaño de la próstata desde el punto de vista semiológico es con un tacto rectal. Tacto rectal que yo no realicé, no por el escándalo desmedido que armaron los peritos —que claramente ya tenían decidido que había que mandarlo a la casa—, sino porque no se dieron las condiciones para hacerlo con una buena conducta médica, que era el hecho de tener vaselina u otros elementos que no estaban a disposición en la Corte. Justamente para no avasallar la dignidad de la persona a la que estaba revisando, más allá de que fuera Etchecolatz, yo no realicé, y quedó expresado en el mi informe pericial, el tacto para ver si existía lo que el abogado de la defensa decía: la presencia de un adenoma de próstata, que supuestamente sumaría a una sucesión de patologías que fueron expresadas en este escrito que pedía la prisión domiciliaria", relató Creimer.

—La Retaguardia: Ellos decían que tenía un tumor en la próstata.

—Virginia Creimer: Que por lo menos estaba agrandada y que eso podría implicar que tuviera un tumor. También hacían alusión al hecho de que tenía, como dice en algún momento Castex, un trastorno psicológico; en realidad, en el momento de presentar el oficio, se habla de un trastorno neurológico. Fue dado por tierra inmediatamente por los dos médicos del hospital Ramos Mejía, dos médicos jóvenes que creo que no sabían quién era Etchecolatz, lo cual le otorga un mayor crédito a la objetividad. Cuando hicieron el examen, el neurólogo en un momento le dice a Etchecolatz: "A ver, señor, no me mienta. Usted puede hacer esto". No estaban midiendo bajo ningún punto de vista frente a quién estaban. El hecho lo que lo hayan bajado del camión en una silla de ruedas —situación que quizás no dimensionaron tampoco los profesionales, simplemente hicieron su trabajo como médicos, que es lo que nos pedía la justicia— envuelto en una sábana blanca cual Gandhi y susurrando suavemente como si realmente estuviera al borde de la muerte era todo un acting. Para una persona que medianamente tiene experiencia desde lo que es el examen pericial, eso era un acting, una gran mentira a la que se sumaron los peritos oficiales y el de parte, Mariano Castex, que después utilizó esta situación para denunciarme, junto con Etchecolatz, por torturas desde el punto de vista penal.

—LR: ¿Quién te convoca en 2014?

—VC: Fui convocada como perita del Ministerio Público Fiscal para dar una opinión médica. Presenté un informe escrito aclarando todo lo que había ocurrido desde el punto de vista médico. A partir de ese momento, Castex hace un informe en el cual no solo aduce que maltraté a la persona en el examen médico, sino que llega a la conclusión que está en un riesgo vital y que por eso no puede estar en una cárcel común. Para dar el pie a denunciarme por torturas, es llamativo que en ningún momento hace referencia a cuestiones científicas médicas. En ningún momento puede decir que desde lo humano ni desde lo profesional yo incurrí en ningún tipo de delito. Sin embargo, sí cita autores del derecho, jurisprudencia, se mete en cuestiones jurídicas que le son ajenas. Además, utiliza las encíclicas papales y frases del Papa Francisco como abonando su posición de que yo había actuado fuera de la ética profesional y que está vulnerada la dignidad de Etchecolatz al realizar el examen físico.

—LR: Tu pericia escrita dice que Etchecolatz podía cumplir su condena en la cárcel.

—VC: Exactamente. Eso se resolvió en ese sentido, por eso hasta hoy sigue en una cárcel común.

—LR: Ahora ellos hacen otro pedido y la Cámara tenía que resolver hoy (por el miércoles), y se postergó la decisión para el viernes. Hay que tener en cuenta que el Tribunal Oral Federal N° 1 ya no está integrado por el juez Rozanski porque denunció amenazas, uno de los sospechosos es Etchecolatz, y terminó excusándose para que después no lo recusaran.

—VC: Sí, lamentablemente. Estuve (en la movilización) denunciando públicamente que como medio de amedrentamiento se me hubiera realizando de la denuncia penal como tortura. Más allá de que los organismos de derechos humanos consideraron en su momento que era casi un galardón, para mí era parte de una estrategia fatídica, nefasta, que estaban empezando a imponer los abogados de los torturadores para acallar a cualquier médico que pretendiera decir simplemente lo que encontraba desde el punto de vista médico. Por ahí en otros no era así, pero en este caso, Etchecolatz podía seguir en una cárcel común. Por eso creí que era importante hacerme presente y explicar qué era lo que había ocurrido. En su momento, cuando le planteé en el Ministerio Público a quien se encontraba por encima mío, la fiscal Cristina Caamaño, que esto era una estrategia y que esta vez habían venido por mí, pero que iban a ir por cualquier perito que se pusiera en el medio entre los genocidas y las domiciliarias, ella, muy suelta de cuerpo y bastante enojada, me dijo que yo no podía seguir investigando ese tipo de causas, que el doctor Castex era una eminencia, que ella daba clases con los libros de Castex y que, además, era su amigo; que tenía que apartarme de ese tipo de causas. En realidad, nunca terminé de apartarme, es una cuestión de convicción en lo que uno cree y de lo que uno lleva en la sangre. Eso me costó que la doctora Caamaño me persiguiera y me humillara en formas reiteradas a tal grado que antes de ir al juicio Cambiaso-Pereyra Rossi me negara por escrito la custodia para poder ir al juicio, cuando estaba yendo por parte del Ministerio Público Fiscal. Esto nos está hablando de una cuestión bastante clara. Es un pacto político-judicial muy amplio no solo desde los peritos médicos de la Corte, de la defensa, sino que, lamentablemente, hay enquistados dentro del Ministerio Público y en otros lugares del Poder Judicial, personajes nefastos que piensan en sí mismos o en cuestiones tan fútiles como una amistad antes que en los derechos de todos y todas, como es el hecho que un genocida no esté en su domicilio. Una de las razones para que no salgan de la cárcel es que puedan de alguna forma interferir en las investigaciones. Si desde dentro de la cárcel pudo organizar todo esto Etchecolatz y denunciarme penalmente por torturas —con lo que eso significa—, imaginate las cosas que sería capaz de hacer desde su casa. Hay cuestiones muy básicas y claras que se caen de maduras.

—LR: El acceso al derecho a obtener la prisión domiciliaria no es obligatorio, ¿no?; es una decisión de cada juez.

—VC: No es obligación, está dentro de las alternativas para solicitar la domiciliaria. De hecho, hay cárceles específicas para individuos longevos. Son las menos, porque la realidad es que nuestras cárceles transpiran gente joven y marginal. Son, justamente, los genocidas los que tienen este privilegio. El jurista tiene la posibilidad de por la edad enviarlo a una domiciliaria. En los casos de los genocidas, por el poder que implica que estén en sus casas y que puedan obstruir la investigación de las causas que se les están imputando, u otras causas que se les imputan a otros genocidas o presuntos genocidas, se tomó la decisión de no enviarlos a las casas por una cuestión de edad. Pero en los casos en que realmente existen patologías graves que puedan complicar la vida de la persona y a la cual el Servicio Penitenciario Federal no pueda dar respuesta, para eso están estos exámenes médicos, reconocimientos médicos legales, para determinar en una junta de peritos especialistas si está en condiciones de permanecer en una cárcel común o si debe ser enviado o enviada a otro establecimiento.

—LR: ¿La fiscal Cristina Caamaño sigue en su cargo?

—VC: Ella sigue en su cargo y, lo que es más grave, sigue a cargo de la Dirección de Asesoramiento Técnico y está a cargo de las intervenciones telefónicas, lo que era la Oficina de Observaciones Judiciales. Si además de estar escuchándonos por la radio, está escuchando a través de mi teléfono, le podemos mandar saludos.

Ese cierre irónico que permitió reír en medio de la preocupación, encierra por cierto la gravedad del asunto. Creimer se tuvo que ir del Ministerio Público Fiscal de la peor manera. Sin embargo, su prestigio como perito parece haber quedado intacto. Aquella mujer que antes era funcionaria pública, hoy da las mismas batallas, pero ya no desde el Estado, sino desde la sociedad civil, a través de la Consultora Pericial de Ciencias Forenses de la que es directora académica. Si no hay lugar en la justicia para gente como ella, y sí tiene alto prestigio alguien, como Mariano Castex, que decide ser perito de parte de un acusado por delitos de lesa humanidad que quiere volver a su casa, algo anda mal. Etchecolatz puede emprender mañana el regreso a su hogar en el bosque Peralta Ramos de Mar del Plata. A 10 años de la desaparición de Jorge Julio López, que durante su testimonio antes de ser desaparecido calificó a Etchecolatz como "un chacal, un asesino serial", que le dieran la domiciliaria, más que una burla, sonaría

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