18 ago. 2016


Juan Pablo Hudson participó junto a Rita Segato de una jornada realizada en la Cazona de Flores para reflexionar acerca de la problemática de las jóvenes adolescentes de la Villa porteña 1-11-14, víctimas de secuestros y engaños vinculados a la trata de personas. Sobre esta problemática conversamos con él este jueves en el Enredando Las Mañanas. (Por RNMA)

“Hace cuatro o cinco meses empezamos a conocer diversos casos en la Villa 1-11-14 de Bajo Flores que afectaban a niñas y preadolescentes de entre 11 y 15 años”, contó Hudson, quien integra la Comisión Investigadora de la Violencia en los Territorios: “algunos casos tenían que ver con hostigamiento vía redes sociales, casos de seducción, ingenuos, habituales, con perfiles truchos que siguen con extorsiones y amenazas muy fuertes con datos muy concretos  sobre ellas y sus familias, para que ellas entregaran fotografías desnudas o videos manteniendo sexo con adultos”.
El investigador se refirió a “pibas que desaparecían, todas en forma transitoria, cinco, seis y hasta once días; casos oscuros, porque lo que fuimos reconociendo a través de entrevistas y diálogos con docentes, vecinos, madres, es que no se trataba de secuestros forzados, sino más bien de muy sistemáticas seducciones por las redes y en algunos casos presenciales y operaciones para que las chicas abandonen sus hogares de manera voluntaria, muy entre comillas”, lo cual “complejiza muchísimo el análisis porque ya el lenguaje de la trata queda corto o no se adapta a este tipo de situaciones”.
“La Comisión desde entonces está en un proceso de investigación para poder entender qué poderes, qué tramas están detrás; no descartamos que haya redes de trata jugando de fondo” ”, remarcó Hudson: “a la vez, creo que el proceso de lo que está ocurriendo excede a la trata, creemos que se trata de un nuevo tipo de poder territorial donde el cuerpo de las mujeres y sobre todo de las más chiquitas está en el centro”.
“En este caso se trata de menores muy chicas”, observó el investigador. “De todas maneras, la complejidad es que en algunas situaciones las chicas han vuelto a irse”, explicó: “aparece que hay también una especie de mundo de consumo que proponen estos que llamamos nuevos poderes territoriales, donde el narco tienen un lugar principal que también seduce mucho a los jóvenes, eso también hay que poder aceptarlo y pensarlo, hay algo de ese mundo que resulta atractivo”.
En cuanto a la caracterización, Juan Pablo Hudson detalló que en su mayoría “son chicas de nacionalidad boliviana, sus padres trabajan en talleres clandestinos, entonces muchas ven que el destino de sus vidas está ahí, de manera muy opresiva” y afirmó que “en parte producto de los niveles de violencia que hay en el barrio, pero también por estructuras patriarcales, están todo el día encerradas en sus hogares, entonces son vidas muy difíciles para ellas; ahí aparecen estos actores que leen muy bien esta opresión que viven estas chicas y empiezan a ofrecer de una manera espantosa alternativas que terminan siendo terribles, porque las chicas terminan en el corazón de ciertos grupos muy peligrosos o en lugares del conurbano bonaerense que tienen que ver con la trata”.
Sobre los regresos de las chicas, Hudson aseguró que es fundamental la presión de docentes y familiares, aunque “la situación es muy complicada”. Detalló que “mayormente las chicas no hablan con los adultos cercanos, ni familiares, ni militantes cercanos, ni docentes, sobre lo que ocurrió; hay un silencio muy marcado” y explicó que “lo que leemos es que hay una desconexión, una desconfianza con el mundo adulto; en parte porque saben muy bien qué tipo de poderes están detrás de lo que les pasó; hay una desconfianza en que las estructuras actuales, la escuela o la organización territorial, otras instancias del Estado, no pueden abordar esa complejidad ante estos poderes tan grandes”.
El investigador resaltó que “un objetivo fuerte es poder entrar en diálogo con los padres, con las organizaciones y juntos poder pensar qué escenarios somos capaces de construir para entrar en conexión con esos dilemas, esos deseos de estas piba, porque acá lo que se está jugando para ellas es su cuerpo, su libertad y en última instancia la vida” y aseguró que no es momento de respuestas claras, sino de “ formulación de dilemas y de construcción de escenarios”, pero apuntó a que “hay que poder construir un mensaje capaz de interpelar a las chicas para que nos escuchen y poder escucharlas a ellas”.

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