23 oct. 2016


Carlos Rozanski renunció a su cargo como juez, acusado en el Consejo de la Magistratura por maltrato laboral. Se trata del magistrado que dijo por primera vez en una sentencia que los crímenes de lesa humanidad se habían cometido en el marco de un genocidio. Aquí las opiniones de Víctor Basterra, sobreviviente de la ESMA, y de María Laura Bretal, integrante de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos (AEDD) de La Plata, que dijo la frase del título. (Por La Retaguardia)

Carlos Rozanski tiene varias causas abiertas en el Consejo de la Magistratura, algunas presentadas por el dirigente del gremio de los trabajadores judiciales Julio Piumato, que se relacionan con un supuesto maltrato laboral contra personal de su juzgado. Ante el avance de estas acusaciones y a pocas semanas de llegar a su edad jubilatoria, el magistrado resolvió presentar su renuncia, decisión que ahora deberá aprobar el presidente de la Nación.
Cabe recordar que en el último tiempo Rozanski no estaba actuando en causas de lesa humanidad tras las amenazas recibidas por él y su familia. Un hostigamiento que provendría del entorno del genocida Miguel Etchecolatz, protagonista de prácticamente todos los juicios en La Plata.
“Para el campo popular es una cachetada fuerte este hostigamiento que se está llevando a cabo contra (Daniel) Rafecas, (Carlos) Rozanski, (Alejandra) Gils Carbó, sectores a los que se los acusa de ser garantistas y estar en contra de este sistema que se está implantando de forma acelerada. Además (Rozanski) tiene un adversario fuerte como Piumato, que es un tipo que está perdiendo todo paulatinamente desde las bases y no tiene muchos escrúpulos”, reflexionó Víctor Basterra en el programa Oral y Público, que se emite por Radio La Retaguardia.
“Estamos ante un momento muy difícil porque tenemos un gobierno totalmente conservador y neofascista, donde están gobernando los milicos, los CEO', los empresarios, y están envalentonados por un presidente y ministros de gobierno, de justicia, que cuestionan hasta los 30.000 desaparecidos, que vuelven a hablar de guerra sucia, que vuelven a la teoría de los dos  demonios. Hay un retroceso en derechos humanos, en todo lo que veníamos logrando, es lamentable y ahora me parece que han tendido una cama, la derecha nunca retrocede, la derecha en este país y en todo el mundo está siempre agazapada y ha encontrado ahora la forma de hacer caer a este juez que realmente garantizaba el derecho de las víctimas”, afirmó María Laura Bretal, integrante de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos de La Plata.
Tanto Basterra como Bretal coincidieron en caracterizar a Carlos Rozanski como uno de los jueces que más contuvo a las víctimas del Terrorismo de Estado. “Tenía una capacidad de escucha, de atención y de contener a la persona que estaba planteando los terribles tormentos que vivimos todos los que estuvimos en esa situación y los familiares –aseguró Bretal–  que es dificilísimo llegar a dar esos testimonios a 40 años de los hechos ocurridos, y con todo el dolor, los traumas, las consecuencias de esa ferocidad vivida en la dictadura, durante el Terrorismo de Estado, en los campos de concentración; él tenía esa mirada de atención, de escucha, de poder parar, que alguien descanse, tome agua o siga otro día si es necesario, y también hasta lo han denunciado por sacarse una foto con hijos de desaparecidos o con familiares que se acercaban porque realmente se sentían, nos sentíamos la verdad, con un juez que nos comprendía, nos escuchaba, nos atendía, eso lo toman los abogados defensores, que no pierden oportunidad para atacar a Rozanski. En especial lo atacó muchísimo en el juicio de La Cacha, el abogado defensor de Claudio Grande (Juan Lossino), uno de los represores, durante todo el juicio y sigue actualmente, ahora ha denunciado públicamente a una abogada querellante de Justicia Ya! (Pía Garralda); le inició una causa en el Colegio de Abogados por falta de ética porque no lo saludaba, a lo que ella le había contestado ‘yo no saludo a abogados de genocidas’. Realmente uno decide a quién quiere saludar o con quién quiere encontrarse en la calle”.
“(Rozanski) tenía una capacidad de escucha y contención también para los niños –continuó Bretal– porque fue un juez que trabajó mucho en abuso infantil, de creer en la palabra de los niños y de los testigos de semejantes aberraciones y de delitos aberrantes de lesa humanidad, creo que no le perdonan su participación y además el hecho de que sea el primer juez que ha dado condena por genocidio, tomando el pedido de las querellas, porque fiscalía nunca acompañó, los delitos de lesa humanidad como parte de un plan sistemático de destrucción, de aniquilamiento y de cambio de sociedad, de romper con todos los lazos de solidaridad y tratar de llevarnos a una sociedad sumisa y obediente”.
Aunque Basterra no dio testimonio frente a Rozanski, sí lo ha hecho en numerosas causas y juicios, por lo que puede dar cuenta de la forma diferenciada, respecto a otros jueces, en que el ex presidente del tribunal de La Plata trataba a quienes daban testimonio: “siempre pongo como caso paradigmático lo del juez (Néstor) Blondi, quien cuando en su momento declaré me hizo hacer un careo con el jefe del grupo de tareas de la ESMA y el jefe del sector 4 que era donde estaban las salas de torturas. Me acuerdo que Blondi no me dejaba hablar, le daba lugar a que ‘hable el señor capitán’, por Horacio Estrada, a quien después lo suicidaron. Incluso cuando dejó de ser juez, Blondi fue el abogado defensor de Estrada justamente en el tema de contrabando de armas a Ecuador y Croacia. A esos jueces uno los vivió, y en el caso de Rozanski es un tipo que tenía muchísimo respeto hacia el testigo que había sido víctima, como bien decía Laura que esperó 40 años para poder dar su testimonio o soportó esa presión, y ser bien recibida, atendida y bien considerada por un magistrado que realmente impartía tranquilidad y luego impartió justicia como correspondía. Entonces a mí me rompe muchísimo las pelotas esta historia”.

¿Una cama o una excusa?

Para Bretal, a Rozanski no le perdonan su accionar en los juicios de lesa humanidad, en las condenas por genocidio a Miguel Etchecolatz y otros represores de La Plata. Más allá de si la denuncia es o no cierta, parece claro que es la manera que pudieron encontrar para llegar a la instancia de juicio político o a su renuncia para evitarlo; Bretal sostiene la teoría de la trampa: “creo que le han tendido una cama con el tema de que le han hecho denuncias por acoso laboral. Eso es lo que llevaron al Consejo de la Magistratura, para hacerle tal vez un juicio político, las amenazas que tuvo, que lo han llevado a renunciar, estamos a merced de los peores jueces cómplices de la dictadura que todavía quedan, prueba de eso son los jueces que estamos teniendo y la justicia que estamos teniendo que está viniendo cada vez más a cuentagotas, si la veníamos denunciando en los 12 años del kirchnerismo por la cantidad de juicios que se hacían pero incompletos, parciales, de no llegar a la justicia total como pedíamos desde Justicia Ya!, cárcel para todos los genocidas por todos los compañeros, que se los juzgue por cada campo de concentración y por todos los compañeros, veníamos con juicios parciales y ahora es mucho peor. Recién ahora se están empezando a hacer juicios en La Plata a cuentagotas también y por muy pocos casos”.

Un juicio, un genocida, un abogado y un sobreviviente

En este sentido, Bretal se refirió al juicio que finalizó la semana pasada en la capital bonaerense contra un solo represor, Lucio Ramírez, que fue condenado a prisión perpetua por los delitos de privación ilegal de la libertad agravada, aplicación de tormentos cometidos contra Ángel Alberto Georgiadis, Horacio Rapaport y Julio César Urien, y homicidio calificado por alevosía y por el concurso de dos o más personas por las dos primeras víctimas.
“Un solo genocida que fue un oficial del Ejército, del Regimiento 7 de Infantería de La Plata. Era el único imputado por dos homicidios de dos militantes montoneros, que eran presos políticos en aquel momento que estaban detenidos en la Unidad 9. Ellos dos y Urien fueron retirados de la Unidad por este personaje y llevados al Regimiento 7; esto está firmado, está totalmente probado. En el Regimiento son asesinados, y queda vivo Urien, a él no lo liberan sino que lo pasan a Sierra Chica. Es decir, sobrevive uno que es quien dio testimonio. Pero quiero destacar al defensor que tuvo Ramírez por lo fascista, porque realmente fue un ideólogo del genocidio, es el mismo que logró la absolución de (Guillermo) Duret en Mar del Plata. Se llama (Gerardo) Ibáñez y es de San Martín, se vino muy envalentonado con toda su patota, estuvieron sus alumnos de la Universidad Católica y parte del grupo de tareas porque realmente eran personajes siniestros los que estaban en el costado aplaudiendo lo que pensaban que iba a ser la absolución, que es lo que pedían. Tuvimos un juicio que fue difícil por este abogado defensor, pero por suerte primaron las querellas de la APDH (Asamblea Permanente por los Derechos Humanos) y del Codesedh (Comité para la Defensa de la Salud, la Ética Profesional y los Derechos Humanos) que pidió por genocidio, la fiscalía por supuesto no acompañó, pero las tres querellas pidieron prisión perpetua y fue lo que se logró”.
“Con este condena tuvimos entonces un respiro y un poquito de justicia”, afirmó Bretal aunque remarcó que el tribunal a cargo del juicio (el Oral Federal Nº 2, integrado por Germán Andrés Castelli, Jorge Aníbal Michelli y Alejandro Daniel Esmoris) aún no decidió si revocará la prisión domiciliaria que actualmente tiene Ramírez: “si no se la revocan es como la libertad”, expresó.
Los fundamentos del fallo del juicio se conocerán este miércoles 26 de octubre. Mientras tanto, persiste la preocupación por la renuncia de Carlos Rozanski, un magistrado símbolo del juzgamiento de represores por delitos de lesa humanidad cometidos durante el Terrorismo de Estado; una renuncia que se da en el marco de la incertidumbre respecto a cómo continuará el proceso de memoria, verdad y justicia.
Pero la fuerza de esta condena no alcanza para empatar el poder simbólico de la renuncia de Rosanzki. Sobre todo, porque es imposible no pensar en Miguel Etchecolatz, pronunciando sus últimas palabras minutos antes de recibir su primera condena por parte del tribunal que presidía Rozanski: "No es este tribunal el que me condena, son ustedes los que se condenan". De manera indirecta, parece haber cumplido su sentencia.





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