30 dic. 2016


Eva Domínguez, la autora del libro, dialogó con Fernando Tebele y María Eugenia Otero sobre los motivos de sus elecciones, las características de esas mujeres y del barrio y la sintaxis elegida para el libro. Tahiel Ediciones es la editorial y tiene ejemplares: están en la galería Le Boulevard de Flores, en Rivadavia 6743, local 59. (Por La Retaguardia)


"Son historias de 13 mujeres que vivían en el barrio Cildañez en 2015. Hoy no todas siguen allí. Es una foto con sus historias, sus infancias, sus deseos, cómo llegaron al barrio porque la mayoría llegaron de otros lugares, de países limítrofes o de otras provincias. El nombre del barrio hace referencia al arroyo con ese nombre que desemboca luego en el Riachuelo y está entubado, entonces no lo vemos ni sabemos que existe prácticamente", describió Domínguez y agregó: "Excepto cuando nos inundamos, como pasó en abril de 2013. Algunos malpensados dicen que abrieron esa compuerta para que no se inunde tanto la zona del Maldonado".
Según Domínguez, no fue arbitraria la inclinación por que fueran mujeres: "Fue la forma que encontré para encuadrar el libro, darle forma, podrían haber sido también de varones o mixto, pero decidí que fueran mujeres migrantes, madres. Una señora quiso ser incluida y no es migrante, la última que entrevisté. Lo que me pareció particular de entrevistar a las mujeres fue la cuestión de la maternidad", expresó. En este sentido, Domínguez planteó interrogantes: "¿Por qué una es madre? ¿Hasta qué punto es una decisión? ¿Hasta qué punto es el deber ser? ¿Hasta qué punto son deseos? Cuando empecé yo estaba volviendo de la licencia por maternidad, también puede tener que ver", dijo trazando un paralelo entre su propia historia y las que eligió contar.
En relación al título, explicó: "Se llama Historias que emergen precisamente porque hablamos de personas cuyas historias no salen a la luz en general. Son historias de mujeres que pasan al lado nuestro y no las vemos, no resaltan, no salen en la tele, no son las presidentas de la cooperadora de la escuela ni las que llevan adelante el comedor. Elegí mujeres para las que ya su vida cotidiana merece ser contada, no por alguna tarea que sobresalga. Busqué descubrir lo que sobresale y pasa desapercibido, lo grandioso, de lo más invisible, la gran lucha por vivir, por estar, por ser madres, enamorarse, vivir la vida", describió.

"Era una oportunidad muy buena, vine a Cildañez, que era una villa chiquita con casas bajitas y calles de tierra, vine a la casa del amigo en la calle Zuviría que tenía un negocio: carnicería - almacén. Me trajo ahí, me presentó a un señor muy amable también, esto fue hace 32 años. En los primeros tiempos me consiguió por hora, trabajaba dos horas. Después me encontró otra casa y así terminé trabajando todos los días. Después dejaba algún día para hacer los trámites para el documento porque era muy importante tener los documentos. Yo decía 'no quiero estar sin documentos'. Me lo hice en 1988 pero yo estaba de antes, pero cuando uno no tiene plata... Porque tenés que tener para viajar. Fui más feliz cuando tuve mis documentos y dos meses después me encontré con una paisana mía que era vecina y ex compañera de la escuela y estaba a punto de dejar su trabajo. Era con cama, muy cerca de acá, en Rivera Indarte y Eva Perón. Empecé al otro día y estuve 9 años en ese lugar".

La historia de Marcia es una de las que forman parte del libro. "Muchas de ellas no tuvieron infancia ni adolescencia ni adultez y plantean que quieren descansar más, vivir su vejez algunas. Algunos eruditos dicen que está mal escrito, así es como la gente se expresa en una entrevista oral con los modismos de sus regiones de origen. Me pareció importante mantener la sintaxis y la forma de hablar de cada una. Algún pequeño retoque puede tener para que se entienda la idea pero después se respeta tal cual lo contaron. Eso tiene un valor adicional y lustra un poco el libro, le da color descubrir las tonadas", consideró la autora.

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