9 ene. 2017


Una celebración de fin de año, con desenfreno y baile sobre las mesas, tuvo lugar en la ESMA, dentro del edificio de la Secretaría de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural. En 2013 ya se había dado otra polémica alrededor de dos asados donde funcionó el centro clandestino de detención, tortura y exterminio más grande del Terrorismo de Estado en Argentina y a la vez símbolo de la perversidad con la que operó. Lo denunció la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos (AEDD) este mediodía exigiendo la renuncia de Claudio Avruj, a cargo de la secretaría. (Por La Retaguardia)

Foto: captura de pantalla del video al que accedió La Retaguardia.

Según pudo establecer La Retaguardia a través de distintas fuentes, la despedida del año efectivamente se realizó dentro de uno de los edificios del enorme predio, específicamente en el que hoy ocupa la Secretaría de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural, a cargo de Claudio Avruj. Incluso existen registros de la pachanga, donde se ve a una alta funcionaria bailando sobre una de las mesas y acompañada por otras personas que golpean las mesas y se mueven con alegría. Nada criticable de por sí. Solo que ocurrió en el Auschtwiz argentino. A los sobrevivientes la situación les genera indignación. Osvaldo Barros es integrante de la AEDD y estuvo desaparecido en la ESMA entre 1979 y 1980. "Recuerdo haber estado también en una fiesta de fin de año estando secuestrado en la ESMA, en el sótano. Fue un 31 de diciembre a la noche, en 1979. Nos bajaron a todos con capuchas, algunos de nosotros con vendas y otros no. Nos reunieron alrededor de una mesa donde había sándwiches de miga y gaseosas. En un momento apareció el que era el Director General de la ESMA, el Contralmirante (Ricardo) Supisiche, vestido de blanco, de fiesta, con el uniforme de fiesta de los marinos. También el resto de los oficiales del Cuerpo de Tareas de la ESMA donde después con el tiempo reconocí a Marcelo (Miguel Ángel Cavallo), a (Fernando Enrique) Peyón, casi todos los más conocidos también con uniformes blancos. En un momento determinado, Supisiche nos dijo 'Felices fiestas' y nosotros a él. Encadenados. Se dieron media vuelta y se fueron. Eso como contraste. En el mismo lugar donde nos pasó eso, en otro ámbito, siguen haciendo fiestas", recordó Barros entre la memoria y la indignación.

Antecedentes

En 2013 otras situaciones habían generado una polémica acerca de un tema complejo, con un debate sin resolver, acerca de cómo tienen que ser los lugares del terror en la actualidad. Si hay que cargarlos de "vida", es decir de actividades que no siempre puedan estar vinculadas a lo que allí sucedió, o si solo tienen que ser museos donde se realicen acciones de todo tipo pero que remitan al Terrorismo de Estado. Aquel año la AEDD denunció la realización de dos asados. "En Auschwitz pasaron 70 años y no se hacen estas cosas. ¿Qué les pasa a estos jóvenes que tienen la oportunidad de reivindicar a sus padres desaparecidos?", se preguntó la madre de Plaza de Mayo Nora Cortiñas en aquel entonces, criticando a hijos de desaparecidos que habían propiciado los encuentros festivos con aquella otra mirada de "resignificar" el espacio. "Esos lugares no hay que resignifarlos. Están ahí, se significan solos", sostuvo Víctor Basterra, sobreviviente de la ESMA, también en aquel momento. Ahora Barros une ambos momentos: "Yo recalco la continuidad para que esto no sea utilizado políticamente desde un lugar hacia otro lugar. Esto había pasado en años anteriores y continúa. Esperemos que esta denuncia tome un rumbo correcto, que no sea solamente la indignación sino que también sirva para reflexionar sobre qué hay que hacer en la ESMA, para qué sirve y qué es lo que se puede hacer y lo que no corresponde ahí".

Si caigo yo caen todos

Con ese título, la AEDD denunció el hecho en un comunicado. "Con estas palabras amenazó un funcionario de la Secretaría de DD.HH. de la Nación a los empleados que participaron en la fiesta de fin de año del 2016 que se 'celebró' en la ESMA. El exabrupto fue la respuesta a la publicación en las redes sociales de una filmación tomada con un teléfono celular, que  mostró  los efectos 'etílicos' que produjo la celebración sobre los funcionarios de dicha Secretaría, que hasta se animaron a bailar sobre las mesas. Finalmente la amenaza hizo efecto y el video 'desapareció'", señalan acerca del tenor de la festichola, cuyo registro puede verse al final de la nota. Y marcan el paralelo con el festejo de 1979: "Hoy, 38 años después, lo que pende sobre la cabeza de los que participaron de esta nueva 'fiesta', no es el traslado en un avión para ser arrojado vivo al mar. No, la amenaza de los borrachos, de esta ocasión, es la pérdida del trabajo.
En aquella oportunidad, varios de los que fueron 'saludados' por Supisich (hoy muerto) fueron finalmente trasladados y nunca se supo más de ellos. No les quepan dudas a los 'amenazados' de hoy, que algunos serán despedidos y perderán sus trabajos, otros no. La historia, si no aprendemos de ella, suele repetirse, al principio como tragedia y luego como farsa".
Carlos Lordkipanidse es para todos y todas "El Sueco". Estuvo desaparecido en la ESMA entre 1979 y 1981, por lo que también vivió el festejo al que hacía referencia Barros. No hace ningún esfuerzo por ocultar su enojo: "Estoy absolutamente indignado porque se repite una escenografía que realmente es repugnante. No sé cómo describirlo... que se vuelva a hacer una fiesta adentro de la ESMA es una cosa que fue tan ampliamente repudiado cuando ocurrió en otra época en la que se hacían asados, murgas y otras actividades, que parece mentira que no se haya aprendido la lección. Hoy, 2017, se vuelve a repetir la escena de una festichola con gente en estado de ebriedad bailando arriba de las mesas. Me parece, más allá de la desubicación absoluta, que es como bailar sobre una tumba, me parece catastrófico que esto vuelva a suceder. Una falta absoluta de conciencia.

A por la renuncia de Avruj


Lordkipanidse en el juicio a las Juntas, proyectado en el
actual museo del Casino de Oficiales.
"Nosotros aspiramos hoy tanto como antes a que este tipo de actividad dentro de la ESMA como en cualquier Centro de Exterminio en cualquier parte del mundo deje de ocurrir. Que paren con la historia de que adentro de este predio se puede bailar, puede practicar una murga. Me parece que habiendo tantos lugares y espacios para que esas actividades se desarrollen es ridículo e hiriente para quienes todavía tenemos heridas abiertas, no sólo sobrevivientes sino familiares que tienen a sus familiares desaparecidos en la ESMA, esto tiene que dejar de ocurrir", exigió Lordkipanidse. "Que se den respecto de la ESMA políticas públicas que reintegren este espacio a su verdadera identidad que es un espacio para la memoria, para la reflexión, un lugar donde las futuras generaciones de argentinos entiendan que todos atravesamos por un exterminio genocida. Que no ocurra como la vez anterior, donde los responsables políticos de los asaditos y las murgas y de los actos político-partidarios, no recibieron nunca una sanción y fueron tan caraduras que no fueron ni capaces de renunciar ante el escándalo público que generó la situación. En esta circunstancia esperamos que la sanción sea correspondiente y se separe del cargo a los responsables políticos de esto. Si fue organizada por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, el señor Avruj tiene que dar explicaciones acerca de su responsabilidad en esto y, lógicamente, presentar la denuncia. Una cosa por el estilo no surge de la espontaneidad, surge de un permiso de arriba hacia abajo para que esto ocurra. Terminan todos borrachos bailando arriba de la mesa. Deja de ser un escándalo y pasa a ser un hecho de carácter político donde se banaliza la memoria, se pone un manto de olvido sobre lo que ocurrió en la ESMA", expresó el sobreviviente intentando poner en palabras su furia.

De la naturalización a la banalización

Lordkipanidse está convencido de que el espacio solo debe utilizarse con fines de reflexionar acerca del Terrorismo de Estado. Por eso critica, por ejemplo, la permanencia de dos canales de TV dentro del predio: "También debemos entender que no hace falta el funcionamiento de un canal de televisión dentro de la ESMA, hay uno cultural y otro deportivo: Canal Encuentro y DeporTV. No hay necesidad de que esas actividades se desarrollen ahí. Lo importante es ver que estas actividades generan situaciones así. Aquellos que van a trabajar cotidianamente a la ESMA en un canal de televisión se les olvida el lugar donde están, porque tomar conciencia cotidiana de que uno está trabajando en Auschwitz debe ser bastante pesado desde todo punto de vista; desde lo moral, lo espiritual. Entonces, lógicamente eso se va diluyendo con el tiempo y de golpe... pachanga, hacemos fiesta. Una cosa genera la otra. Limitando la actividad de la Escuela de Mecánica de la Armada a su función específica, que es un espacio para la memoria donde la gente va a reflexionar, a enterarse de la historia y aquello que allí ocurrió, se cumple con el rol específico para lo cual fue expropiado el predio. Esa fue la idea original. Que hayan venido otras actividades fue el aprovechamiento del espacio. 'Como es un lugar tan grande, hacemos más cosas'. Como si Auschwitz no fuera mucho más grande que la ESMA y todavía sigue cumpliendo su rol específico. Es muy fácil que cualquiera de nosotros naturalice lo que allí sucede y de ahí a banalizar hay un solo paso. Siempre y cuando exista la posibilidad de que eso ocurra. Si restringís el funcionamiento a su función específica, no", reflexiona convencido y con ganas de convencer.

La fiesta en su contexto político


Sobre el final, usa un ejemplo fuerte. "Si tenés familiares fallecidos, enterrados en un cementerio, cuando vas allí tu intención es conmemorarlos, llevarles flores, acordarte de ellos, pero no te ponés a bailar y a hacer un asado frente a la tumba. El ambiente general, sin hacer un paralelismo porque no es la intención que una cosa parezca la otra, pero si el ambiente general de un cementerio es el respeto, se entiende que en un Centro Clandestino de Detención, lo mínimo que debe ocurrir es lo mismo. Una situación de respeto ante los hechos trágicos allí ocurridos", sostiene. Luego cierra colocando el hecho en un contexto político más amplio: "Entendiendo lo ocurrido en esta oportunidad dentro del marco de las políticas de derechos humanos que asume el actual gobierno, que niega la cantidad de desaparecidos, pone en duda infinidad de situaciones, concede prisiones domiciliarias a genocidas ya condenados, no es de extrañar que esto ocurra. Seguramente vamos a enfrentar una situación de mucha adversidad para tratar de conseguir justicia. En esta, como en anteriores oportunidades, vamos a poner lo mejor de nosotros". Lo mejor que tienen es la voz de sobrevivientes. Alguien debería escucharlos.

Carlos Lordkipanidse
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Osvaldo Barros
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