9 mar. 2017


Ayer se produjo una movilización más de las que el movimiento de mujeres viene convocando hace dos años, cuando se congregó el primer #NiUnaMenos en el Congreso Nacional. Esas que doblan o triplican en masividad a las que éramos capaces de garantizar antes y que son, también, infinitamente más complejas. El contraste fue brutal: la burocracia de la CGT el día anterior no animándose a convocar una medida de fuerza y el principal cántico ayer: ‘Sí se puede hacer un paro a Macri / se lo hacemos las mujeres’ y ‘Paro, paro, paro, ¡paro general!’. Algunas reflexiones sobre lo que las mujeres somos capaces de hacer. (Texto de Rosaura Barletta y Fotos de Agustina Salinas para La Retaguardia)



El #NiUnaMenos fue una juntada espontánea impulsada principalmente por un grupo de periodistas a través de las redes sociales, que leyeron un documento que confeccionaron ellas mismas. Si bien fue un documento conciliador, y eso fue lo que dio lugar a una interpelación tan grande, la militancia feminista tuvo acuerdo mayoritario con los puntos planteados. El 8 de marzo es otra cosa, todos los años las mujeres nos movilizamos en esa fecha por el aborto legal, seguro y gratuito como consigna unificadora. En este sentido, además, la convocatoria trascendió por completo a aquella primera jornada. Trascendió en varios sentidos.



La decisión colectiva de hacer un paro aporta una impronta inusitada. Salimos de nuestras casas, de nuestra intimidad. No solo salimos a las calles ‘para que no nos maten más’. Queremos cobrar igual que los varones, exigimos la licencia por violencia de género, extensión de la licencia por paternidad, terminar con los mandatos impuestos sobre los oficios ‘de hombres’ y ‘de mujeres’. Otro elemento ligado a la trascendencia tiene que ver con la preparación de la jornada. Como cada 8 de marzo, se garantizó un espacio asambleario de decisión de todo, y especialmente del documento que leyó la voz del feminismo por excelencia: Liliana Daunes.



El antes y el después de la jornada tuvieron su correlato: la noche del lunes, seis militantes de varias organizaciones fueron detenidas luego ser denunciadas, por pintar paredes, por tres varones católicos que se hicieron pasar por policías para retenerlas. Las mantuvieron presas hasta el martes pasadas las cuatro de la tarde luego de una audiencia en las que explicaron su situación procesal, acusadas del delito de ‘daños’.



Ayer, horas después de que se terminara la concentración, cuando militantes que volvían de cenar caminaban por la zona, otras que habían cubierto la jornada para los medios, otras que estaban bailando con la música que tenían autorización para pasar, unas veinte, todas fueron literalmente ‘cazadas’ por la policía, que tuvo una evidente cuerda soltada desde arriba. Estos ‘incidentes’, como titularon los medios tradicionales hasta que se terminaron los disturbios y empezó la represión, ya no pueden ser atribuidos a un grupo que tira latitas de cerveza a la Catedral o pinta unas vallas con aerosol. Ni siquiera puede ser atribuida la cacería al grupo fascista que irrumpió en la plaza con una bandera amarilla y blanca del Vaticano y una tela negra con una calavera y la inscripción ‘Religión o Muerte’, una suerte de solapada Liga Patriótica.



La única salida que el Estado encuentra para deslegitimar la lucha del movimiento de mujeres, y la practica desde hace años, es esa clase de operativos policiales que, con un poco de tergiversación mediática, pintan una realidad paralela y sin sustento. Por cierto, los medios tradicionales podrían haber velado por la seguridad de las detenidas si hubiesen seguido sus transmisiones desde las comisarías, pero se fueron.



Con capacidad para sortear esos nimios obstáculos, con poder de respuesta y espontaneidad ante cualquier hostigamiento estatal como el que sucedió ayer entrada la noche, con la fuerza suficiente para garantizar durante años una irrestricta masividad en todas las convocatorias, el movimiento de mujeres se puso de pie una vez más ante todos los ojos curiosos. Algunos ojos que quieren ver otras cosas; otros que acompañan silenciosos; y otros, los más importantes, que se mantienen al margen, con reticencias, pero cada día dudan más.

































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