15 mar. 2017



Tras la muerte de dos personas en el recital que el Indio Solari dio el pasado sábado 11 de marzo, los programa Sueños Posibles -que conducen Alfredo Grande e Irene Antinori- y Otras Voces, Otras Propuestas -a cargo de Luis Angió y Rosaura Barletta- dialogaron con la referente de CORREPI, María del Carmen Verdú, sobre las condiciones de sanidad y seguridad del concierto, y el afán ilimitado de lucro de los organizadores. Además, Verdú se refirió al accionar de Solari y su banda tras la muerte de Walter Bulacio en 1991. (Por La Retaguardia)


“Nosotros venimos señalando que lo ocurrido en Olavarría este fin de semana tiene que ver con la aplicación directa de la política represiva por parte del aparato estatal por lo que se relaciona con Cromañón, por esta conjunción del afán de lucro sin límites de los empresarios, en este caso la productora, y su asociación histórica de clase con el aparato estatal, representado en el caso de Olavarría por este intendente (Ezequiel) Galli, que se pasó varios meses haciendo campaña, en un año electoral nada menos, como quien traía al Indio a Olavarría e incluso asumió el rol de fiador de la empresa ante la propietaria del terreno, obligando al municipio a garantizar el cumplimiento de las obligaciones asumidas por la productora, obligaciones que justamente brillaron por su ausencia porque eran la sanidad, la seguridad, la higiene, el control de los espectadores, la admisión, todos esos elementos que coayudaron para que el resultado fuera trágico”, afirmó María del Carmen Verdú en el inicio del diálogo con el programa Sueños Posibles, que se emite por Radio La Retaguardia.
“Fue una sensación de que esto ya lo vivimos, esto de que fuera a la madrugada me revivió muy fuerte la madrugada de Cromañón, cuando íbamos sumando muertos sin saber dónde paraba, y por sobre todas las cosas la conjunción macabra de que te das cuenta desde el primer momento en este elemento común del ánimo de lucro económico o electoral por parte del grupo empresarial y de los funcionarios gubernamentales, el esquema es casi equivalente y el casi en realidad es porque el rol que jugó el intendente de Olavarría es muchísimo más comprometido todavía que el que tuvo (Aníbal) Ibarra en relación a Cromañón. El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires no se constituyó en fiador, garante de las obligaciones de la producción del espectáculo en Cromañón, en cambio el municipio sí. Además, hasta una hora antes del inicio del recital seguían vendiendo entradas”, aseveró la abogada.
Para la referente de Correpi, estos hechos tienen un componente de control social importante: “pero este control no se lleva a cabo solamente a través del aparato represivo –aclaró–, hay infinidad de dispositivos que pasan por todos los niveles de nuestra vida social, empezando por la escuela y el propio hogar en muchas oportunidades que apuntan en ese sentido y que tienen que ver con esta necesidad de disciplinar los cuerpos y los espíritus. Lo que para mí descolla como elemento importante es esto del afán de lucro llevado a límites inimaginables, porque por caso acá está constatado, según ha informado la propia autoridad municipal, que se habían vendido 325.000 entradas, así que como mínimo hubo 350.000 personas más las que no tenían entrada. Es una cantidad muy impactante, además en el medio de la pampa sojera y las toscas de la cantera de Amalita Fortabat. La misma cantidad de gente vio por ejemplo a Roger Waters en la Ciudad de Buenos Aires, solo que no lo vieron el mismo día, hubo 9 conciertos en el Estadio de River y de esa manera se distribuyó esa enorme cantidad de personas que querían ver a su artista. El tema acá es que resulta mucho más barato alquilar un predio por 300.000 pesos, como surge del contrato suscripto por la síndica de la ex propietaria, porque es una empresa que está en quiebra, del predio La Colmena, y los representantes legales de la productora del Indio; si dividimos los 300.000 pesos por la cantidad de asistentes es menos de 1 peso por persona, y esas personas compraron entradas por 800 pesos cada una, es un margen de ganancia obsceno. A partir de ahí es que se entiende de qué manera toda la gestación de este espectáculo tiene como único basamento ese lucro voraz, desmedido, donde además en esta oportunidad lo más grave es que el Estado no aparece como un socio del silencio sino que aparece como un socio explícito en el propio contrato, haciéndose cargo de las obligaciones de la productora, y eso es lo que nos lleva a decir una vez más que el capitalismo y su Estado matan, no hay mayor diferencia entre la responsabilidad por las muertes de Olavarría del 11 de marzo y las muertes en Cromañón, o la muerte de un obrero que cae de un andamio porque es más barato para la empresa pagar cada tanto una indemnización por muerte que mantener condiciones de seguridad de forma permanente”.
Respecto al accionar de la justicia, Verdú aseguró: “el intendente debería estar preso, el tipo se constituyó en fiador de los dos que están imputados. Y por supuesto hay que develar cuál es la trama empresarial porque no nos olvidemos de Time Warp, donde había una persona jurídica por un lado pero todo el mundo sabía que era la productora de otra persona”.
Verdú advirtió a su vez que lo sucedido en Olavarría no tuvo un resultado aún peor gracias al cuidado y atención de los propios asistentes al recital y de los habitantes de esa localidad bonaerense: “yo reivindico profundamente la solidaridad de los chicos y chicas que se cuidaron entre sí como no los cuidó el Estado, ni el capitalista productor del espectáculo, que compartieron todo y que solamente ceden frente a la descollante lección de solidaridad que dieron los vecinos de Olavarría que al día de hoy todavía están dando una mano para rastrear gente perdida. Escuchaba al ministro de Seguridad de la provincia, Cristian Ritondo, que han empezado a hacer patrullajes en la zona para ver si encuentran algún cuerpo, recién ahora (lunes 13) se los empieza a buscar ante la presión de sus familiares. Es una situación de absoluta victimización, pensemos en las barbaridades que se dijeron después de Cromañón, en los que salen a decir ‘pero se van con los hijos a los festivales’. Cuando mi hijo mayor cumplió 10 años me pidió ir a ver una banda que le encantaba y que para mí era absolutamente neutra y allí estuve en River en medio de un recital de rock con mi hijo de 10 años al lado y el de 5 del otro. Ellos querían verlo y los llevé, y fue una de las jornadas más hermosas de mi vida, poder compartir esa experiencia con ellos.

Fanatismos

“Siempre es difícil entender el fanatismo”, señaló Verdú respecto a la manera en que cientos de miles de personas participan de la llamada “misa”, tal como se menciona a los recitales en distintas ciudades del país que realizaban en su momento los Redonditos de Ricota y ahora lleva adelante el Indio Solari en el marco de su carrera solista.
“Esta cosa del ídolo uno no lo comparte, es lo mismo que los que miramos de afuera un partido de futbol y no entendemos cómo puede despertar semejante pasiones, pero lo cierto es que las despierta y son pasiones populares entonces ahí es donde uno aprende necesariamente a pararse desde otro tipo de posición de respeto a ese pibe que dice que lo más importante en ese momento es que fulano le gane a mengano o que toque fulanita. Por otro lado, yo temo, y es una preocupación basada en datos concretos de la realidad, que el ponernos a analizar demasiado finito esto de los fanatismos, los ídolos, etcétera, nos termine arrastrando a una posición que está muy cercana, no digo que lo sea pero sí es vecina, de aquello de echarle la culpa, como lo hizo el propio cantante durante el espectáculo, a la manga de borrachines o a los 20 revoltosos cuando en realidad quien genera las condiciones para que esas personas estén en esas condiciones de hacinamiento es la propia organización del espectáculo”, reflexionó la abogada.

Walter

Uno de los dos fallecidos en el recital de Olavarría se llama Juan Francisco Bulacio (el otro es Javier León). Por más que ya se sabe que no tiene relación de parentesco con Walter y su familia, resulta – en palabras de Verdú – una “macabra coincidencia”: “no hay duda que la unión en una misma frase de Indio Solari, recital de rock y el apellido Bulacio tiene una carga simbólica muy fuerte y obviamente cuando después de mucho tiempo, porque se demoraron casi 48 horas en identificar a la segunda víctima, supimos que su apellido era Bulacio, más allá de que inmediatamente nos dimos cuenta por el nombre que no era familiar de Walter, lo cierto es que el impacto emocional es importante”.
Durante la charla de María del Carmen Verdú con Otras Voces, Otras Propuestas, que también se emite por Radio La Retaguardia, se habló particularmente de la reacción del Indio Solari y el resto de la banda luego de que Walter Bulacio de 17 años falleciera tras ser detenido en las afueras de Estadio de Obras donde los Redonditos de Ricota realizaban un recital el 19 de abril de 1991 (el joven salió de la comisaría en coma y murió una semana después, el 26 de abril).
“Durante el momento de la represión ellos siempre sostuvieron que nunca se enteraron y es probable que así sea porque era un estadio cerrado, y todas las detenciones se produjeron antes o durante el ingreso. Sabemos que Walter fue detenido en el momento en que sonaban los acordes del primer tema. Lo que siempre dijimos y es un dato de la realidad que está en el expediente es que el operativo que la propia policía calificó de ‘operativo monstruo’ esa noche no fue un operativo policial de prevención, que era mucho más pequeño, el 10%, el resto fue la policía adicional, el servicio contratado por la organización del espectáculo. Como en esa época no sabíamos todo lo que sabemos hoy de los servicios adicionales, mecanismo por el cual cualquier particular puede contratar un policía para que le cuide la puerta, en esa época fue una novedad para mí, para el juez de la causa, y por eso produjo medidas de prueba y citó a declarar al gerente de Obras para saber si él había hecho la contratación. Y lo cierto es que la contratación la había hecho la organización del espectáculo, nunca quedó demasiado claro a qué persona física refería esa expresión de organización del espectáculo pero sí recuerdo una entrevista al Indio Solari en un viejo programa de la Rock & Pop, donde dijo algo así como que nadie lucra con los Redondos sino los Redondos mismos”.
“Nunca lo vi ni hablé con ese señor”, afirmó Verdú en relación al Indio Solari y agregó: “de hecho debo confesar por una cuestión de generación que los Redonditos nunca estuvieron en mi radar musical, pero lo cierto es que en ningún momento hubo alguna clase de acercamiento como sí en cambio sucedió con prácticamente la totalidad no solo de la música de rock, de artistas y bandas, sino de toda la música popular argentina, uno siempre habla de la solidaridad de las bandas de rock, conciertos históricos, con Los Piojos, La Renga, Los Caballeros de la Quema, Malón, Dos Minutos, Bersuit, Las Manos de Filippi, La Chilinga, Un Cuartito, pero también estuvo el Chango Spasiuk y otros artistas que no tienen que ver con el palo del rock específicamente; todos en infinidad de oportunidad dando una mano, ayudando a juntar una moneda, por ejemplo para poder hacer los viajes a la Comisión o a la Corte Interamericana (de Derechos Humanos)”.
Retomando la relación con los Redondos, Verdú relató: “la verdad que con esta banda y este cantante en particular no tuvimos ningún tipo de contacto, excepto una vez que estábamos muy desesperados porque había que juntar 1000 dólares en menos de dos semanas para pagar la tasa de justicia para el recurso de queja ante la Corte Suprema. Lo resolvimos finalmente con una campaña, donde los medios de comunicación autogestivos tuvieron un rol central, La Tribu puntualmente. Esto permitió que la causa no se cerrara con un sobreseimiento en febrero de 1992. En esa situación justo había un recital de los Redondos, entonces (el papá de Walter) Víctor, pensando que ante la invocación del nombre de su pibe, el fanatismo que tenía, la posibilidad de que él hablara personalmente, pidió que le consiguiéramos el teléfono de la manager para hablar directamente, lo único que le queríamos pedir era que le permitieran en algún momento del recital subir al escenario a decir ‘soy el papá de Walter Bulacio, en el fondo está la mesita con la alcancía, necesitamos juntar esta plata por tal motivo’, eso era todo y no lo pudimos hacer, tampoco pudimos poner la alcancía. Esa fue la oportunidad en que más cerca estuvimos de poder hablar”.
María del Carmen Verdu y Olavarría, una historia que parece repetida, la sensación de “esto ya lo vivimos”, el accionar sin escrúpulos de empresarios y políticos, y la falta de respuestas ante una tragedia que, una vez más, podría haberse evitado.

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