17 abr. 2017


Lo esperábamos siempre para marzo. El aniversario de nuestra historia más funesta se separaba por pocos días del cumpleaños de su madre. Y él venía religiosamente cada año. No faltaba a ninguna de las dos citas, y así nos acostumbró a esperarlo. Y a preguntarle hasta cuándo se quedaba y a recibirlo como lo que era, parte de nuestra vida cotidiana que implicaba siempre un compromiso con la justicia. (Por Ana María Careaga* para La Retaguardia)

Incansable, estaba permanentemente pensando estrategias, y diseñando cómo ensanchar el juzgamiento de los crímenes aberrantes que asolaron estas tierras en los años oscuros de la dictadura. Y dijo genocidio, y dijo justicia universal, y dijo que el mundo debía perseguir y castigar estos delitos allí donde se cometieran, porque ofendían a la humanidad. Y tomó esa bandera y la llevó con su claridad y bonhomía a distintos lugares del mundo, convocando a la gente a pensar para poder dejar de ser, todo el tiempo, pensada por el otro.
Y luego vino a buscar aquí, practicando la solidaridad entre los pueblos, la justicia por los crímenes del franquismo. Nobleza obliga. Porque era un militante de tiempo completo, de ley y de palabra. Y ahora se fue. Se fue nuestro Carli querido y nosotros nos quedamos sin Carlos Slepoy en este mundo profundamente injusto, en este mundo carente de personas como él, que siguen creyendo en los principios, y que hacen de la ética y de la dignidad una posición en la vida.
Seguiremos yendo a la cita cada marzo Carli, hasta siempre.

*Psicoanalista y docente en la UBA. Sobreviviente del genocidio. Testigo y querellante en los juicios.



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