13 oct. 2017



La pelea por cerrar las centrales nucleares que existen en nuestro país es una de las tantas luchas que se están dando en Argentina y son invisibilizadas por los medios tradicionales de comunicación. El ingeniero Agustín Saiz, miembro del movimiento antinuclear de Zárate-Campana, dialogó con Fernando Tebele en el programa radial La Retaguardia, explicó el enorme riesgo que significa tener centrales nucleares activas y pidió el cierre de Atucha. (Por La Retaguardia)

Foto: energia-nuclear.net

¿Cómo es vivir al lado de esas 'bombas de tiempo' que significan las centrales nucleares?

Saiz no duda. Es la historia de cada día de su vida. “Por un lado, es angustiante. El diálogo con los directivos nucleoeléctricos, con la Municipalidad de Zárate e incluso con la Provincia, es de mucho destrato, de mucha indiferencia. Hace poco, el propio Municipio de Zarate estuvo pidiendo ayuda concreta en lo que tiene que ver con un sistema de evacuación y con la instalación de hospitales que puedan atender una emergencia. La misma provincia los ignora. Nosotros hemos trabajado muchas veces desde la ciudad con grupos de la Legislatura pidiendo algunas certezas de cómo puede llegar a desarrollarse un incidente nuclear o un accidente nuclear, y tampoco los directivos de este proyecto han dado respuesta. Es un proyecto que se está desarrollando a espaldas de la gente, con una información muy parcializada, casi infantil. Hay mucha plata en juego. Hay un aparato propagandístico en la zona a favor que tratar de instalarlo. Incluso, sobre ruta 9, hicieron un parque temático nuclear. Estamos hablando de cuestiones que desde el punto de vista técnico y económico son muy fáciles de debatir y darlas vuelta. No estamos hablando de una zona gris que tiene que ver con un punto de vista. Estamos hablando de una energía que comparada con otras alternativas, como puede ser la energía eólica, son muchas más caras”, explicó Saiz.
Las centrales nucleares generan una contaminación muy difícil de contener en el futuro. De hecho, contó Saiz, ya hubo incidentes: “El Plan Nuclear Nacional incluye minería de uranio. En la cordillera hay muchísimas asambleas, más de 60, que se están oponiendo a la minería. La minería más peligrosa es la de uranio. En La Rioja hay más o menos 90 mil hectáreas cateadas por la propia CONEA, que en algún momento se pueden llegar a licitar para que una corporación las explote. El plan nuclear incluye, más tarde o más temprano, un basurero nuclear. En la Argentina, los dispositivos que hay para contener la basura radioactiva son insuficientes. Está el terrible caso de Ezeiza: un basurero chico que tenía combustible usado de Atucha que ha perforado el basurero enterrado y ha percolado radioactividad al Puelche, un río subterráneo del cual muchísima gente se abastece de agua. Estamos yendo por un camino que va a ser muy difícil volver atrás”, aseguró el ingeniero, alarmado y alarmante.

Un cuento chino

Una alternativa a la energía nuclear puede ser la energía eólica, más económica y sustentable. La decisión de mantener las centrales nucleares se debe a una cuestión política y acarrea una serie de negociados con potencias extranjeras que hacen muy preocupante la cuestión: “El tema nuclear, al contrario de lo que quieren hacer parecer, es un tema muy sencillo. No hace falta conocer la mecánica cuántica del átomo para poder opinar del tema. Un ejemplo: hace poco el gobierno de Macri licitó generadores eólicos. Si comparás esa licitación con los valores que se manejan en este gran paquete de negociados con China, son cuatro veces más baratos los generadores eólicos. Estamos hablando de una tecnología cara por fuera del mercado. Es cuatro veces más caro, no es poco. No hay una racionalidad de mercado, no se trata de una evaluación técnica-económica. Acá lo que hay detrás tiene que ver con este gran negociado que está viniendo a través de China”, contó. Para que quede claro, Saiz detalló en números las diferencias que existen entre los costos de las energías nucleares y eólicas: “La Asociación Argentina de Energía Eólica dice que la Patagonia tiene un potencial de dos mil gigas de potencia. La capacidad instalada nuclear a nivel planetario es de cuatrocientos treinta. Fijate el potencial eólico que tiene la Patagonia. No se puede cumplir el 100%. De esos dos mil gigas, con que se cumpla aunque sea el 5% ya cubrís toda la demanda proyectada de energía nuclear en el país. El tema de la energía nuclear no pasa por un debate científico, tecnológico y ni siquiera pasa por una cuestión de progreso. Se trata simplemente de un gran negociado que están armando con China. Lo armó el Gobierno anterior y lo está ejecutando este Gobierno. No se sabe bien de qué se trata. Más que una decisión técnica o económica, es una decisión política. En esa decisión política no estamos participando y estamos asumiendo un riesgo tremendo. Primero, nosotros como vecinos de Zárate y de la zona. Pero también todo el Gran Buenos Aires y Capital. Un accidente en Atucha tiene alcance en un radio de 300 kilómetros aproximadamente. Capital Federal y Gran Buenos Aires que son de las zonas más pobladas del país, están solamente a 100 kilómetros. Estamos involucrando a Entre Ríos y a Santa Fe”, reveló el miembro del movimiento antinuclear de Zárate- Campana.
Ante estos riesgos de accidente y contaminación, Saiz afirmó que no existe un plan de contingencia pertinente para prevenir ni solucionar esos conflictos: “Eso se discutió muchísimo. Es muy escasa la respuesta del municipio y de los dirigentes de Atucha. Lo discutimos también en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. No hay un plan de evacuación fuerte, no hay infraestructura para contener a la gente y hay muy poca información. Algo importante: La posibilidad de un accidente no tiene que ver con que venga una ola de 20 metros e impacte Atucha -como pasó en Fukushima-. La posibilidad de un accidente puede ser por ejemplo un temblor. En línea recta a Atucha para el lado de Uruguay está Carmelo. Hace poco hubo un temblor chico, a 80 kilómetros. Un temblor chico no te va a generar un tsunami de 20 metros, pero te puede generar una falla en la pileta de enfriamiento y te puede generar alguna fisura”, advirtió. Además, las fallas en la central nuclear no están sujetas necesariamente a fenómenos naturales sino que también involucran errores y fallas de las personas. Saíz contó un tremendo caso de envenenamiento que hubo en la central de Zárate: “La administración de una industria de un reactor obviamente está sujeta a fallas humanas. Hace poco, en Atucha pasó un caso increíble. Le dieron de beber agua contaminada a un empleado administrativo. Con esto, más allá de que es un acto criminal y un intento de homicidio, estamos diciendo que se maneja material radioactivo totalmente por fuera de las normas. No tenemos garantía que Atucha esté funcionando dentro de los parámetros que ellos pretenden. Por otro lado, no es necesaria esa ola gigante. Pensemos cómo son hoy en día los ciclos de inundaciones respecto hace 15 o 20 años atrás. Tenemos un problema de suelo tremendo, que han perdido capacidad de absorción. Se inundan zonas que no estamos acostumbrados a verlas inundadas. Las vemos completamente llenas de agua. Pensemos en un escenario hipotético: una falla en (el Complejo Hidroeléctrico) Yacyretá puede generar un daño bastante complicado. Un paso anterior, nadie consensuó con nosotros si queríamos asumir este riesgo. Es un riesgo alto para nosotros. Fue una imposición”, expresó el ingeniero.
El problema no involucra solamente a las centrales nucleares que ya existen en el país, sino también abarca un universo más grande relacionado a las empresas que podrían continuar generando energía nuclear. A través de un cálculo que realizó la Unión Europea, Saiz demostró cuánto costaría cerrar cada central nuclear que se inaugure: “El otro tema es que el Plan Nacional viene con minería de uranio. Hay muchísimas localidades en toda la cordillera que sistemáticamente están tratando de impedir el ingreso de grandes corporaciones. La industria minera deja muy poquito en el país. El tercer tema, que a mí me parece fundamental, es qué vamos a hacer con la basura radioactiva. Se acumula en las piletas de enfriamiento que están en la misma instalación que los reactores nucleares. Hace poco la Unión Europea realizó un cálculo de cuánto cuesta cerrar los reactores nucleares de Europa. Ese cálculo son más o menos 120 mil millones de dólares. Eso da, por reactor, más o menos 1500 millones de dólares. A ese costo hay que sumarle otros 130 mil millones de dólares para el tratamiento de la basura que en mayor parte se está acumulando en las piletas de enfriamiento de todos los reactores de Europa. Es lo que está pasando acá. Teniendo en cuenta esos costos, la energía nuclear es totalmente incompatible por fuera del mercado”, insistió.
Las grandes potencias del mundo ya han considerado el riesgo que significa poseer centrales nucleares dentro de su territorio y, muchas de ellas, han sufrido las consecuencias de los accidentes que se desarrollaron a lo largo de la historia. Por eso, se ha iniciado un proceso en el que esas grandes potencias, como China, acuerdan con países periféricos de América y África para que sean éstos los que enfrenten los peligros de mantener abiertos los reactores nucleares mientras ellos continúan disfrutando de los recursos obtenidos: “Un reactor nuclear no es un producto de una mesa de ingenieros que se ponen a resolver un problema social o un problema energético concreto. La energía nuclear nunca atacó los temas fundamentales, como los residuos que no se pueden tratar, porque es un producto de la industria militar. Los creadores del Proyecto Manhattan, que terminaron con la explosión de Hiroshima y Nagasaki, al año siguiente hicieron el primer simposio de energía nuclear para uso civil. El Pentágono plantea como estrategia de proliferación del material fisionable para bombas del plutonio y del uranio, la proliferación de reactores nucleares. Es un primer ciclo que abarca Europa, llega a Japón donde instalan 54 reactores nucleares, 15 de ellos sobre una falla tectónica que más tarde o más temprano va a empezar a temblar. El problema de Fukushima no es que fue un maremoto, es que van a haber varios terremotos antes de que encuentren una solución. Ese ciclo, es un ciclo que ya está en retirada. Europa ya está dando de baja muchísimos reactores. Ahora, lo que empieza es otro ciclo de proliferación de los reactores que tiene que ver con una potencia como China. Empieza a hacer grandes acuerdos para garantizarse sus recursos a largo plazo en África y en América puntualmente. Entonces, los reactores chinos entran como parte de grandes negociados. El interés no es puntual en cómo vamos a solucionar el tema energético nosotros. Es una negociación política que tiene que ver con la capacidad de financiamiento y un gran negociado que tanto la oposición como el oficialismo han aceptado abiertamente”, cerró el ingeniero Agustín Saiz.

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