10 oct. 2017


Gustavo Veiga, reconocido periodista deportivo, social y político que ha publicado entre otros libros "Deportes, Desaparecidos y Dictadura", y "Fútbol limpio, negocios turbios", dialogó con Alfredo Grande en el programa Sueños Posibles por Radio La Retaguardia sobre la actualidad de la Selección Argentina, la crisis institucional de la AFA y la intromisión de la política en el fútbol y el negocio de las grandes corporaciones. (Por La Retaguardia)

Foto: goal.com

Ante lo que desde los medios tradicionales se considera una ‘final’ –el partido de esta noche de Ecuador contra Argentina- para clasificar al Mundial de Rusia del año que viene, Grande y Veiga comenzaron hablando acerca de culpas y responsabilidades que le caben a todo el entorno que rodea a la Selección: dirigencia, técnicos, jugadores, medios de comunicación, políticos y empresas. Hasta el momento, la Argentina se ubica fuera de la tabla de clasificación directa a Rusia 2018 y tampoco está dentro de la opción de jugar el repechaje. Para tener oportunidades concretas de ir al Mundial deberá ganar en Quito o esperar resultados de sus rivales directos.

-Alfredo Grande: Estamos en vísperas de lo que podría ser un Waterloo. Yo recuerdo cuando nos quedamos fuera del Mundial del '70. El tiempo pasa, pero lo malo queda. Me gustaría hablar de la culpa, de quién tiene la culpa de la situación patética de la Argentina.

-Gustavo Veiga: Si tenemos que poner un mojón en esta historia desde el punto de vista deportivo, sin hablar del entorno más allá de los límites de la dirigencia, creo que el primer error fue haber dejado ir a (Gerardo) Martino y ningunearlo. Martino fue técnico de un equipo que jugaba y tenía una propuesta audaz y ofensiva. Ahí nació un proceso que se continuó con la contratación de Edgardo Bauza en un momento que coincidió con la peor crisis institucional del fútbol argentino. No nos olvidemos de que estaba la Comisión Normalizadora dirigida por Armando Pérez que respondía al presidente Macri. Macri manejó y es responsable de una gran parte de esta crisis. Yo llevaría la situación a aquella época en que Martino dejó de ser el técnico. Un tipo al que lo sé indignado y perjudicado en su buena fe. Al que no le daban ni bola. Al único que rescató en ese momento fue al actual presidente de la AFA, (Claudio) Tapia. Ahí empezaron los problemas. Contrataron a Bauza, un técnico con una propuesta totalmente diferente que yo no habría contratado nunca, al menos para la Selección. Después de algunos malos resultados, sobretodo la derrota con Bolivia, le dieron salida a Bauza. Yo creo que pueden haber influido los jugadores. La contratación de (Jorge) Sampaoli me parece que tiene que ver con alguna idea a fin de (Lionel) Messi. Después tuvimos este último derrotero con Sampaoli. Los últimos tres partidos fueron tres empates consecutivos todos por 0-0, ningún gol en el arco propio y cero gol en el arco ajeno- en realidad, contra Venezuela en el Monumental fue empate 1-1, pero ningún jugador argentino convirtió porque el gol de la Selección fue de un jugador venezolano en contra de su propio arco-. La Argentina necesitaba mucho más que eso para estar tranquila con el pase a la clasificación al Mundial.

-A.G.: Estoy sintiendo un síndrome que ya me pasó en el Mundial del '78, donde yo alentaba a Holanda. Ahora estoy empezando a darme cuenta de que no estoy demasiado jugado a una gran pasión por el triunfo argentino. Vos mencionaste a Macri. Este pacto perverso entre la política y el fútbol ya ha llegado a un nivel cuasi obsceno. El fútbol dejó de ser un deporte para pasar a ser una industria como cualquier otra. Una derrota, quizás, abriría una remota posibilidad de revisar esto.

-G.V.: Respecto al fútbol juego, suscribo lo que dijo alguna vez Jorge Valdano en una entrevista que le hice para la revista Cooperativa del Periodista, en el día previo a la inauguración del Mundial Italia '90 que Argentina perdió con Camerún 1-0, me dijo que el fútbol era inocente de todas estas cosas, de estas lacras y miserias que lo rodeaban. El fútbol juego no puede ser responsable de todo lo que lo rodea. Con el mismo criterio podríamos decir que otros deportes están condicionados por la política, como el caso de Estados Unidos y el fútbol americano. Desde el nacimiento de la actividad deportiva regida por ciertas normas, como los juegos olímpicos, siempre la política metió la cola en cualquier deporte.

-A.G.: Los juegos olímpicos, justamente, en algún momento eran un encuentro no profesional. Cuando empezaron a participar profesionales me parece que dejaron de ser olímpicos, por lo menos en su fundante inicial.

-G.V.: Estamos hablando de como la política incide en el deporte, pero las que inciden más o casi igual que la clase política en los distintos países son las multinacionales, las grandes corporaciones. Hablando de los Juegos Olímpicos, en 1896 se disputaron los primeros juegos en esa Grecia naciente como Estado. Después, cuando en el año 1996 se tenían que hacer en Atenas por el centenario, la Coca Cola y la CNN influyeron para que pasaran a jugarse en Atlanta, Estados Unidos.

La patria futbolera

Está claro que muchas de las decisiones sobre los lugares, los horarios y la televisación de los eventos deportivos quedan regidas por estas grandes multinacionales que señalan Grande y Veiga y que van a en busca de sus propios intereses. Otro de los temas que tocaron los periodistas fue el protocolo singular de cantar el himno de cada país antes de disputar un encuentro deportivo.

-A.G.: Volviendo a este pequeño mundo del fútbol, cuando se canta el himno, que hay que discutir por qué se canta, no he visto nada parecido al fervor en los jugadores argentinos. Yo no sé si esto es para los jugadores es una cuestión de la gloriosa Nación Argentina o es realmente un trámite burocrático.

-G.V.: Yo soy anticeremonia antes de los partidos. Mezclar la nacionalidad con el deporte me parece de un tufillo derechoso. El Gobierno de Estados Unidos invierte cantidades de dinero en esta saga de patriotismo que quieren hacer y el himno se canta hasta en competencias internas.

-A.G.: Además del himno, yo los veo jugar con una displicencia que me aterra. En ese sentido, el deporte podría ser considerado un analizador del espíritu de un pueblo. Argentina fue siempre un país muy futbolero y este declive que tenemos es para pensar con mucha profundidad.

-G.V.: El problema pasa más por cuestiones futbolísticas. Lo que me enoja es ponerlo en términos de vida o muerte. De que si no vamos al Mundial estamos todos fritos. Yo lo lamento para el ‘busca’ que tiene las changas de vender banderines, pero es cierto que los que hacen el negocio son las grandes corporaciones y los medios de comunicación. De todos modos, como ex deportista y periodista me gustaría que Argentina vaya al Mundial.

-A.G.: Sí, uno siempre tiene contradicciones. Hoy siento una especie de indiferencia y no sé si eso se está impregnando también en los jugadores.

El drama de quedar afuera

Grande pidió analizar la situación con profundidad: un pueblo dormido, o displicente, que se refleja en la Selección de fútbol de su país. Veiga fue por más y reflexionó acerca de qué es lo verdaderamente importante en la Argentina de hoy, por encima de la clasificación al Mundial de Rusia.

-G.V.: Yo no me voy a poner a llorar en los rincones si Argentina queda fuera del Mundial. El drama o la gloria es parar la bocha todos los días en un país donde no hay laburo, donde persiguen y silencian a las mayorías, donde la dictadura del capital financiero es cada vez más feroz...

-A.G.: Por todo eso, yo estoy dudando si realmente me interesa que Argentina clasifique porque va a ser, como fue en el '78, otra fiesta de todos. Temo que esa situación pueda darle un poco más de oxígeno a la derecha que, lamentablemente, ya tiene bastante. 

Lo que se transmite desde el banco

El técnico de la Selección Argentina, Jorge Sampaoli, fue otro de los apuntados para tratar de entender este momento crítico que atraviesa el equipo.

-A.G.: Sampaoli parece un Santo y va a ser beatificado si Argentina se clasifica. Creo que su actitud es de una persona que, por lo menos, no tiene un control voluntario de sus acciones. (Marcelo) Bielsa parecía un esquizoide, pero este hombre está totalmente exacerbado.

-G.V.: Es alguien que transmite todo lo contrario a la calma o la tranquilidad que necesita un equipo en vísperas de un partido tan decisivo. También están los que critican a los técnicos como Bauza que se sientan en el banco y no dan una sola indicación, que parecen agua de estanque. No sé dónde está el punto intermedio. Los técnicos no juegan, pero tienen la responsabilidad de poner a los jugadores en la cancha. Bielsa me dijo una vez: el desafío del fútbol moderno es atacar en espacios reducidos y defender en espacios amplios. Eso, como axioma e idea fuerte, se le plantea a Sampaoli. Él plantea un juego de posesión en 30 metros de la cancha para reducir el espacio de una manera sideral. El equipo al que dominás por la imposición de poseer la pelota 80 de los 90 minutos, se defiende en 30 metros. Entrar ahí es para los que hacen filigranas como Messi, no muchos más. Si encima querés hacer el gol en un espacio de pocos metros cuadrados, rodeados de piernas, es más difícil. En el partido del otro día, Messi pateó algunos tiros al arco y pegaron en los pies de algún peruano.

-A.G: Hay jugadas que se definen a puro inconsciente. Con magia. (Martín) Palermo jugaba a todo inconsciente, por eso le decían El Loco. Acá hay pocos locos. Son todos muy previsibles. La Selección Argentina no fascina y los jugadores argentinos tampoco están fascinados. Eso se transmite.

Más allá del resultado de esta noche, lo cierto es que el fútbol argentino atraviesa un momento de crisis que se ve reflejado en su Selección nacional y se condice con un contexto de ajuste, desempleo, despidos y represión social que indefectiblemente tiene descontento al pueblo. Se le pide un ‘milagro’ a Argentina, esta noche, para que gane y clasifique al Mundial de Rusia. Una clasificación que seguramente pondrá contenta a mucha gente, pero de la que el Gobierno actual y sus multinacionales asociadas sacarán mucho más jugo aun, para seguir exprimiendo a una sociedad argentina concentrada en el fútbol y las pantallas.


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