29 dic. 2017



La movilización masiva, la represion brutal, la cacería policial furiosa, y la desconexión entre el adentro y el afuera del Congreso Nacional, son algunos de los elementos que, juntos, solo pueden dejar como consecuencia un día de esos que marcan a fuego a las personas que la vivimos y a las que la siguieron por los medios. Aquí una crónica con análisis que puede parecer tardía, pero nos parece necesaria. Roviello estuvo en la calle durante tres jornadas y transmitió en vivo a través del Facebook de La Retaguardia, un cacerolazo ausente del resto de los medios y que tuvo una audiencia masiva. Aquí la primera parte de una serie de notas. (Por Nazareno Roviello para La Retaguardia)

Fotos: Agustina Salinas

Desde el lunes 18 de diciembre a las 12 hs. hasta el jueves por la noche estuve casi todo el día en el Congreso, como muchos de los colegas, impacientes por relatar y retratar lo que está sucediendo en la actualidad Argentina. Para los medios tradicionales esta nota ya es vieja, no puede salir; pero sé que hay gente que está esperando palabras y análisis.
A las 13:20 estallaba la primera parte del conflicto social. Nosotros estábamos esperando que dieran las 14 para transmitir nuestro programa “América Insurrecta” en vivo. Vuelan las vallas apostadas sobre Rodriguez Peña y Rivadavia, la única frontera que separaba a las miles de personas que se habían citado para defender sus derechos y el Congreso, donde supuestamente estaban sus representantes, haciendo caso omiso a lo que expresaba afuera una parte importante del pueblo.
Desde más temprano, las columnas partidarias venían echando gente de los servicios que se querían infiltrar; también a encapuchados que no sabemos si eran o no infiltrados, anarquistas o gente contratada para hacer quilombo, pero que tomó las vallas y hasta tuvieron discusiones acaloradas con varios manifestantes de diversos partidos, encabezados por Patricio Del Corro del PTS, que en todo momento intentaron pedir tranquilidad y que no se armara quilombo; sin embargo, los más proclives a la acción directa los echaron y tomaron las vallas.
Al mismo tiempo, en Hipolito Yrigoyen, el Movimiento Evita, apostado como fuerza de choque frontal del flanco izquierdo, empezó a sufrir la brutal represión de la policía. Tenían miedo de que rompieran también esa valla por lo que se adelantaron a replegar a la gente y enseguida cerraron la esquina Solís. Eramos pocos periodistas los que estábamos apostados sobre esta esquina.
Volvimos a la esquina de Rodríguez Peña y un manifestante, en soledad, agitaba a la policía, los provocaba para que se pelearan mano a mano, y una jubilada cruzó sola para echar a este chico y ponerse adelante de la policía con su cartel. Los periodistas nos abalanzamos para cubrir este hecho. Acá es cuando la policía comente el primer error; por lo que uno puede estimar, ellos querían reprimir, o tenían esa orden.
Habían perdido las vallas, el paso quedaba abierto, tan solo una avalancha de gente podía generar una estampida y correr hacía el Congreso, pero claramente este nunca fue un objetivo organizado, mucha gente a metros de la policía, una sola fila de infantería cubriendo el paso, ¿qué estaban esperando?
Ya los momentos de tensión estaban sobre nosotros y volaban algunos piedrazos aislados. Los manifestantes adelantaron las vallas, y voló una molotov sobre el costado del camión hidrante, quemando las piernas de algunos efectivos. El camión hidrante misteriosamente empezó a desbordarse de agua por todas sus aberturas, y la policía comenzó a reprimir.
Desde acá deberíamos suponer que lo pasó está en conocimiento de todos, pero sabemos que no es así. Los manifestantes se avalanzaron contra la policía que enseguida se reforzó para hacer replegar a los manifestantes. Ese primer enfrentamiento duró poco y la policía logró enseguida recuperar el terreno perdido con los tiros, los gases y el camión. Levantaron las vallas y se apostaron nuevamente ahí. Otro grupo logró sacar a una columna de manifestantes por Rodríguez Peña hacía Mitre y apareció la motorizada con más camiones de infantería. Fuimos a cubrir lo que sucedía en esta esquina, transmitiendo el programa un vivo, y llegando a la esquina, un policía me increpó, me empiezó a empujar, echándome, diciendo que no podía estar ahí... quedó todo grabado y solo pude zafar porque otro grupo de periodistas lograba superar la barrera policial y me escape con ellos.



Volvimos a la esquina de Rivadavia y ya los ánimos eran de guerra. Volaban los piedrazos, la policía salía de las vallas y avanzaba sobre los manifestantes. Todo se había convertido en una guerra de trincheras donde se combatía por metros. La policía retrocedía cinco pasos y avanzaba dos,  luego diez. Avanzaron tanto que los manifestantes quedaron a menos de 3 metros. La batalla era cuerpo a cuerpo. Dejaron un grupo de policías resistiendo en el medio, que finalmente era totalmente rechazada en una avalancha que los hizo regresar más allá de las vallas.
La represión duró casi 5 horas. Heridos de ambas partes corrían para ser atendidos. En el Instituto Patria se había armado una posta medica, realmente le ha salvado la vida a mas de uno. Desfilaba la gente que no podía caminar, que no podía ver.
La motorizada volvía a aparecer y en una horda de cientos de efectivos, persiguieron  con la infantería a la inmensa mayoría de los manifestantes hasta Paraná, mientras que otros se retiraban por Av. de Mayo. Allí la gente sufrió una avalancha donde quedaron atrapados, desesperados, perdieron sus pertenencias, sus zapatillas y algunos otros también la dignidad... Infantería, efectivos de la ciudad y policía de civil, junto a los motorizados, salieron a cazar gente, mujeres que fueron manoseadas al ser detenidas, que les rompieron sus pertenencias y les pegaron; la moto que pisó a un chico; el camión que pisó a un jubilado; otro chico perdiendo mucha sangre, con un tiro en su muslo, sin recibir atención médica. La policía que entró a un kiosco a sacar gente y le rompió la entrada del local. La policía encapuchada, como los “terroristas”, sin la identificación correspondiente, cazando gente ¡Todo esto está filmado!
Sobre Rivadavia y Rodríguez Peña, la prensa cubría lo que quedaba. Algunos haciendo foco en las piedras y los manifestantes, otros sobre los detenidos que se llevaban a la rastra. Una fila de camiones con banderas del Nuevo MASy del FIT eran secuestrados por la policía. A medida que la policía traía más detenidos, comenzaban a aparecer algunos manifestantes sobre Montevideo. Aquí, sorprendentemente, la policía volvió a reprimir con balas de goma y todos recibimos impactos.
Los periodistas nos acercábamos e intentábamos conseguir información sobre lo que sucedía dentro y fuera del Congreso, afirman reporteros que tienen fotos de la policía tirando con balas de plomo y balas de goma, que no se sabe si el chico murió desangrado y en el medio de toda esta incertidumbre generalizada nos dicen que la represión sigue en Av de Mayo y 9 de Julio, ya eran las seis de la tarde, hacía 6 horas que el cuerpo vivía en constante tensión y relajación, stress y adrenalina. Mi programa por suerte había terminado a las 17 .
Sobre Av. de Mayo, la policía apostada con un camión hidrante y unos 20 efectivos en total, manifestantes dispersados sobre la avenida, parecía que todo había terminado, pero de repente unas corridas Se escuchan estruendos, la policía tiró gases y la gente empezó a correr. Dos impactos, uno en costado del codo y otro en la pierna, me hicieron putear mientras daba la vuelta sobre la horrible representación de las Cataratas del Iguazú, intentando respirar, mientras me mojaba la cara para ver y quitarme el ardor.



Algunos periodistas escapaban hacía el subte y algunos enardecidos querían que salieran para castigarlos. Los periodistas se fueron, salvaron sus vidas, y los manifestantes se desplegaron hacia la Casa Rosada. Rompen un auto. Intentan prenderlo fuego, pero entre varias personas logran parar lo que parecían destrozos sin motivos.
Volvimos hacía 9 de Julio. Nos apostamos en la esquina donde nos rozaron dos piedras y la policía comienza a disparar. La escopeta en el brazo del policía a tan solo un metro de mi oído me hace sentir en zona de guerra, la cantidad de disparos aturden, pero sé donde estoy, esto no es Siria, no hay soldados hablando en inglés y francés. Son policías de la ciudad, tiran mas gases y los manifestantes se repliegan, todo parece haber terminado.
Caminamos hacía Corrientes para buscar mi moto y volver a Congreso. A dos cuadras un señor detenido ilegalmente, con la cara tapada, y 7 policías alrededor. Un grupo de abogados junto a los testigos intentan que lo larguen enseguida. Era una persona que salía de un hotel y se refugiaba con otros por el  miedo, la propia policía le había dicho que saliera, y cuando salió lo detuvieron. La TV pública cubría en ese mismo momento. La persona detenida pedía que no lo publicaran y estaba con la cara tapada. Un abogado habla con un policía de civil y el efectivo le responde que se queden tranquilos, que están respetando todas las garantías constitucionales…, el abogado no dice más nada y pienso: “te lo esta diciendo un policía que no tiene identificación, ¡nada más inconstitucional!”.
Tomamos fotos de todos los policías, incluidos los que durante la represión portaban armas de fuego cosa que no estaba permitida.
Dejamos el lugar “tranquilos”, con abogados haciéndose cargo de la situación. Llegué a mi moto y volví sobre el Congreso, ya la situación era más calma, seguíamos chequeando la información con los colegas y todo parecía indicar que no solo había caza sino matanza, aunque los medios oficiales todavía no decían nada. Tampoco decían nada sobre lo que pasaba adentro del Congreso.
La primera parte del día terminaba con miles de incidentes, gente herida, dos supuestos muertos, una herida profunda en la nueva democracia neoliberal que intentaba aprobar una ley que claramente iba en contra del pueblo.
Un operativo que terminó siendo ilegal como los anteriores.
El presidente del dialogo con una retórica violenta, sin mediar palabras.
Un enorme bloqueo mediático que se enfocó sobre los manifestantes y sus destrozos.
Un día lleno de sudor con olor a miedo que nadie pidió, pero donde el pueblo exigió ser protagonista.


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