25 ene. 2018



La opinión del Ministro de Justicia y Derechos Humanos dos meses antes de que Miguel Etchecolatz sea beneficiado con la prisión domiciliaria. Nora Cortiñas en la ronda de los jueves y encabezando las manifestaciones contra las domiciliarias. La viralización de las fotos del genocida en la Clínica Colón y Guadalupe Godoy, explicando que “eso son las domiciliarias”. (Por Paulo Giacobbe para La Retaguardia)

Foto: Etchecolatz violando la prisión domiciliaria (Foto: Marcelo Núñez)

-Descarto totalmente que estemos pensando en revisar procesos. Sí tenemos un problema con personas muy mayores en cárceles. La prisión domiciliaria está funcionando muy bien con unas tobilleras.- le decía el Ministro de Justicia y Derechos Humanos,  Germán Garavano al periodista Ernesto Tenembaum, el 30 de octubre de 2017, a las diez menos diez de la mañana, por FM 89.90.
El periodista, que desayunó incisivo, le preguntó particularmente por Etchecolatz, a lo que el Ministro contestó: “Pero es complicado que el derecho penal se aplique con respecto a los nombres.”
A los dos meses de esas declaraciones, Miguel Etchecolatz recuperaba la prisión domiciliaria y se iba a vivir al bosque de Peralta Ramos en Mar del Plata.
Del otro lado de los Derechos Humanos, la Memoria, la Verdad y la Justicia; Nora Cortiñas, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, convocaba en la ronda de los jueves a marchar y escrachar en su domicilio costero al genocida. Encabezó las marchas junto a otros referentes de Derechos Humanos. Brindó una charla en la costa, porque Etchecolatz no es el único genocida beneficiado. Norberto Bianco, jefe de la maternidad clandestina de Campo de Mayo, fue autorizado por el mismo Tribunal a vacacionar dos meses en Mar de Ajó. Nora estuvo frente a la casa de Bianco, en la vigilia y jornada cultural organizada por La Comisión por la Memoria de la Costa. A mitad de enero, acompañó en los Tribunales de Comodoro Py el reclamo impulsado por un grupo de abogados y familiares de víctimas, para que se abra la feria judicial y se evalúe la domiciliaria a Etchecolatz. Y todos los jueves la ronda: “Ayer estuvimos en la costa, recordamos mucho a las madres que sufrieron los vuelos de la muerte, Azucena Villaflor, Mary Ponce de Bianco y Esther  Ballestrino de Careaga, esas tres madres caminaban juntas. Luchaban juntas. Buscaban a sus hijos e hijas. Se las llevaron a las tres juntas a la ESMA, las torturaron y las subieron a los vuelos de la muerte. Pero miren ustedes lo mágico de la vida, despues de tirarlas a ese mar bravío que fue escrito por poetas, que fue el horror también, el mar las devolvió a las tres juntas a esas playas de Santa Teresita. A las tres juntas. Las enterraron a una al lado de la otra, todo sin elegir. Porque quiero contarles que ayer nos quedamos una noche en un hotel, el administrador del hotel había sido bombero. Él, sus hermanos y su papá, y por las manos de ellos pasaron esos cuerpos. Terrible, porque el hombre quiso contar todo lo que habían visto y cómo los cuerpos de nuestras queridas madres se destrozaron al caer, porque dice que estaba calculado hasta a qué altura tenían que ir para que cayeran como si era al cemento. Así que toda la maldad, toda la perversión ¿Cómo vamos a perdonar? ¿Cómo vamos a olvidar? No, ni olvido ni perdón. ¿Cómo vamos a reconciliarnos? Aunque tengan una condena de toda la vida tienen que cumplirla. Estos días pudimos comprobar que la calle, la movilización popular, da un resultado,andar y andar da un resultado. Seguramente ni Bianco va a poder ir a vacacionar en ese departamento, ni Etchecolatz va a durar ahí, porque para vivir ahí en esa casa de él va a tener que vivir con las rejas alrededor. No va a poder, porque siempre va a haber algún vecino que lo va a insultar o que él va a tener miedo que lo ataquen,o que él vaya con toda una patrulla de policías, que podría ser.”
El 20 de enero el fotógrafo Marcelo Nuñez comparte en su Facebook fotos que le sacó a Miguel Etchecolatz subiendo en silla de ruedas a un auto. Con la excusa de una salida médica, paseaba por la ciudad balnearia en un vehículo sin identificar y visiblemente custodiado por personal civil.
Guadalupe Godoy, abogada querellante en causas de lesa humanidad, escribió en su Facebook: “La salida de Etchecolatz a la Clínica Colón en Mar del Plata provocó conmoción, muchos hablaron de violación de las condiciones de prisión domiciliaria. Pero no. Es así. Eso son las domiciliarias. Salen cuando tienen una urgencia médica, le avisan al monitoreo electrónico y listo. No van esposados, no van en móviles del Servicio Penitenciario. Generalmente, van acompañados por sus "garantes" (esposas, hijos, etc). En este caso va con custodia porque él la pidió para su protección.
Por eso nos oponemos a las domiciliarias, entre otras cosas. Porque son prácticamente una excarcelación, porque no impiden que salgan a la calle, porque implican que los genocidas estén entre nosotros, en la sala de espera o en el Registro civil (sí, una vez dejaron ir a casarse a un genocida, solito, solito).
Los otros 548 en la misma situación pasan desapercibidos porque no tienen el nombre ni la carga simbólica de Etchecolatz, pero hacen lo mismo. Algunos van al odontólogo, al podólogo, a cumpleaños de parientes y fiestitas escolares, van a tribunales a firmar, van al psicólogo, al clínico, al cardiólogo. O sea, están y circulan por ahí. En todo caso, lo que sucedió con Etchecolatz permite visibilizarlo y poner el debate donde tiene que estar.
Cárcel Común, perpetua y efectiva, ni un solo genocida por las calles de Argentina!”
En las próximas reuniones que el ministro Germán Garavano o el secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj, tengan con Cecilia Pando o con abogados que defienden a los genocidas, van a poder estrecharles la mano y sonreírles satisfechos: el problema de “personas muy mayores en la cárcel” se está solucionando.

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