11 feb. 2018



Durante lo jornada convocada por Familiares y Amigos de Luciano Arruga, las organizaciones sociales, políticas y sindicales, fueron invitadas a realizar una asamblea cuyo eje temático propuesto era la niñez. Sin embargo, poco se habló de la problemática. Con este texto, Nazareno Roviello intenta realizar un aporte crítico y constructivo, cruzado por su propia historia de abuso sexual infantil y un Estado que resultó poco reparador. (Por Nazareno Roviello para La Retaguardia)

Fotos: La Retaguardia (Agustina Salinas y Natalia Bernades

Era el 9º aniversario de Luciano Arruga, en su plaza. Había pasado la asamblea de familiares con personas que vinieron de todo el país, como sucede año a año, para exponer la verdad, su testimonio, esa palabra que derriba todas las estadísticas y aplaca la mentira de los medios de comunicación tradicionales. La palabra de las personas que perdieron a sus hijos o familiares en manos de la brutal represión estatal, casos de gatillo fácil, causas armadas, desapariciones y más.
En diciembre último, CORREPI nos actualizaba las estadísticas y subía la tasa de asesinatos a manos de fuerzas de seguridad a 1 muerte cada cada 23 horas, y aquí estaba gran parte del eje de la jornada que, además  de recordar a Luciano Nahuel Arruga, proponía un trabajo importantísimo que hasta ahora la mayoría de las organizaciones más reconocibles no venía elaborando: la niñez y la juventud.
La mayoría de los casos son de jóvenes de nuestros barrios vulnerables, uniendo dos ítems en común que determinan finalmente lo que es el “disciplinamiento” estatal sobre los jóvenes pobres.
Sin embargo, casi ningún movimiento centra sus ejes sobre la niñez, Cabe preguntarse por qué. Una respuesta posible podría ser que los niños son el sector más vulnerable de la sociedad, pero si ponemos el eje sobre ellos, es una temática donde los responsables quizá seamos todos, absolutamente todos. También quienes queremos cambiar el mundo ¡Claro que tenemos defectos!, y uno de ellos es el adultocentrismo y el excesivo rosqueo político individual para vanagloriarse ante los demás



La jornada hasta el momento se había desarrollado de manera correcta, para decirlo en términos formales, en el contexto de una jornada que es militante y no laboral, jornada que es movilizante, con tristeza, alegría, compañerismo, militancia. Pero de repente algo la arruinó. ¿Qué fue? Podrían adivinar? Cerca de las tres y algo de la tarde era el turno de la asamblea de las organizaciones políticas, sociales, de derechos humanos, estudiantiles, entre otras.
La mayoría, partidos políticos de izquierda, que debían pasar uno por uno a presentarse y respetar solamente dos consignas: hablar durante 3 minutos para que todos los compañeros y compañeras pudieran hablar; y respetar los ejes centrales de la charla: niñez y adolescencia. Desde sus experiencias, debían intentar aportar a un documento común que se sumaría al de la asamblea de familiares.
Pero eso no fue lo que pasó. La mayoría de las personas presentes, cuando tomaron el micrófono, no hicieron más que hablar de cualquier cosa menos de infancia y adolescencia. De respetar los tiempos, ni hablar… Algunos se referían a lo que hace su partido, otros hablaban del pasado, del gobierno, la represión etc.
¿Y por qué lo hicieron? ¿A quién le hablaban cuando gritaban y ponían ese maldito tono de discurso político?
Si todos los que estábamos ahí, se supone, ya militamos, ¿a quién quisieron seducir hablando para nuestro propio guetto?
Muchos de los que pasaban tenían asistentes que los filmaban en sus intervenciones, videos que quizás ya pueden ver en la redes sociales de muchas orgas, pero ¿para qué? Si también el público de sus partidos y movimientos ya los sigue.
¿Será simplemente el adultocentrismo que se mezcla con el rosqueo político y el individualismo que todos llevamos dentro?
Fue una lástima desaprovechar una oportunidad así, donde se podía elevar un documento colectivo que definiera  líneas de trabajo o aunque sea de pensamiento y reflexión.
Aunque duela, qué decepcionante fue la actuación de nosotros/as que nos creemos siempre los correctos y bondadosos de la sociedad.
¡No somos capaces de respetar una consigna en el contexto de la Plaza Luciano Arruga a 9 años de su desaparición!
Las intervenciones más atinadas de la asamblea fueron de educadores/as, que plantearon la falta de presupuesto, o la saña con la que se destruye la educación y los lugares donde los jóvenes se desarrollan.
Más allá de hacer una crítica que pudiera ser molesta, quisiera hacer un aporte y poner una voz que pareció estar ausente. Hablar de niñez y adolescencia, por una lado, requiere recordar como se siente ser un niño/a o adolescente, y por otro lado entender el contexto en el que los chicos crecen y se desarrollan.
Para esto, el adulto tiene un problema: sufre de algo que llamo “Descontextualización del adulto”. Por un lado se olvida, por otro lado se deja olvidar, porque ya ha mudado de piel, y ahora es un adulto que, funcional o no, vive otro contexto/realidad.
Pero ser niño/a, por si alguien se olvidó, es ser el sujeto de derecho con menos derechos de todos, ya que para empezar, nos creamos buenos o no, las familias son también instituciones del sistema, y los padres, tutores o encargados, ejercen todo el tiempo una relación de poder, donde, nos parezca o no, el niño sufre una vulneración constante y este no es un debate sobre roles donde definimos que es un buen padre o madre, o si el niño sabe o no que es lo mejor para él, es más una situación objetiva donde para bien o para mal es así.
Y es aquí donde, probablemente, se desarrolla el mayor problema de la niñez.
Intentaré dar algunos ejemplos concretos y hacer un cierre con un aporte muy pero muy humilde.
Cuando era niño, aproximadamente a los 5, 6 años, fui abusado sexualmente por mi hermano y este fue uno de los primeros abusos que conocí, al mismo tiempo sufría la violencia física y psicológica de mis padres que duró muchos años.
A esto se le sumaba la falta de contención en las escuelas, y también los episodios de violencia que vivía también por parte de compañeros y maestros, porque no faltó maestra hasta de jardín que me haya maltratado.
Como a la mayoría de los niños/as, siempre se los trata como origen del problema
Y yo siempre dije: “si vienen 5 pibes y me quieren pegar y me defiendo como es posible que me manden a mi a la psicopedagoga?”.
También entra en escena la salud, otra institución que, hasta el día de hoy, se debate entre progresistas que intentan y retrogados que destruyen.
Terminando ya con el relato para que se den cuenta mas o menos lo que le puede pasar a un niño/a, vas girando de institución en institución y ninguno te trata como un sujeto de derecho, ni como un persona siquiera porque, después de todo, sos un niño/a.
Cuando tenía 15, un psicólogo le dijo a mis padres “no le peguen más” y a partir de ahí los episodios fueron menos... pero más violentos, hasta que terminé judicializado a los 17 años y, por supuesto, ni mi hermano golpeador y abusador, ni mis padres violentos eran los responsables ¡La caratula llevaba mi nombre! Y así me convertí en un menor al que se amenazaba con cumplir o ir al reformatorio.
El psiquiatra jefe de área de violencia familiar,  Norberto Garrote, hoy por desgracia director del hospital Pedro Elizalde (ex Casa Cuna), cuando le comenté que tenía principios de ataques de pánico, me quiso medicar con rivotril. Como me negué a tomar pastillas, me dijo que no me podía atender más y así terminó mi paso por esta institución.



Por tribunales... qué puedo decir: el juez jamás me conoció. Cuando me entrevistaron, me preguntaron hasta por enfermedades de transmisión sexual. Pero yo había llegado ahí por otra cosa. Dejaron encajonada la causa y supuestamente dijeron que el veredicto era que toda la familia hiciera análisis ¡Que Estado más raro!
Pasaron los meses y cumplí 18. Ahora, ya 10 años después, creo que sigo siendo un niño. De alguna manera se me violan los derechos y sigo siendo bastante pelotudo, no que los niños lo sean.
Pero como yo, hay miles. Porque también tenemos estadísticas versión kids, 1 de cada 4 niños/as sufre abusos sexuales.
Entonces, cuando hablamos de la niñez, hablamos de un mundo entero que no se quiere hacer cargo. Los chicos/as no tienen contención, no tienen presente y por eso muchos no tienen futuro.
Un humilde aporte para los partidos y movimientos: asociarse a las redes de infancia que ya existen y aumentar el relevo de todos los espacios y sectores que trabajan con niñez, y sumarlos también al movimiento; porque, como suele suceder, no todos estamos unidos y el trabajo no suele ser en conjunto, pero hay muchas agrupaciones que realizan un gran trabajo y necesitan ser articuladas e interpeladas por agrupaciones políticas y sociales. Esto sería un comienzo. Desde la articulación, son infinitas las posibilidades.
Claro que la educación es el pilar y por ahí va el mediano y largo plazo
Pero mientras tanto, hagamos lo mejor que podamos por cuidar la infancia. Y, cuando hablamos de infancia, nunca pero nunca se olviden de preguntarles siempre a los y las niñas.
A veces no es gritar ¡Presente! en un aniversario. A veces es decir presente todos los días.
Siempre que se pueda. jugando, aprendiendo, interpelando, pero también absorbiendo, como hacen ellos/as.
No nos olvidemos de los pibes y gracias, pero muchas gracias a Familiares y Amigos de Luciano por todo lo que nos enseñan y por los espacios de debate que generan en cada jornada, aunque a veces no se respeten las consignas.


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