22 abr. 2018



Mirta Acuña de Baravalle y María Isabel “Chicha” Chorobik de Mariani se conocieron buscando al nieto/a de Mirta, que nació en el cautiverio de Ana María Baravalle, y a Clara Anahí Mariani-Teruggi, la nieta de Chicha, que tenía 3 meses cuando fue robada en el operativo en el que fueron asesinados Daniel Mariani y Diana Teruggi. El martes pasado se reencontraron luego de años. La Retaguardia estuvo allí y esta es una crónica, más sentida que periodística, de este reencuentro emotivo e histórico entre dos gigantes. (Por Luis Angió para La Retaguardia)

Foto: Mirta Baravalle ríe con ganas ante una Chicha también muy feliz por el reencuentro (Karina Díaz)


Muchas veces me he sentado a escribir una nota, se imaginarán. En esta oportunidad no creo poder hacerlo, aunque voy a intentarlo. Lo que voy a narrar excede lo profesional.
El martes pasado viajé a La Plata convocado por familiares de militantes asesinados/as por la CNU (Concentración Nacional Universitaria), para repudiar ante los tribunales federales la absolución de uno de los dos asesinos que estuvieron el año pasado en el banquillo de los acusados por sus crímenes cometidos durante los años 1974 hasta la caída de Isabel Perón a manos de la dictadura genocida. A esa absolución se agregó otro hecho grave: la fiscalía, que había pedido perpetua para ambos, dejó vencer los plazos de apelación sin presentar ningún recurso contra la absolución del Juan José “Pipi” Pomares.
No fui solo. Me acompañaron Susana, hermana de Adriana Zaldúa, asesinada por esa banda fascista; Karina Díaz, compañera infaltable en las Rondas de las Madres todos los jueves y quien las retrata en imágenes como pocas. También estuvieron presentes dos Madres con las que por primera vez pude compartir en forma personal un viaje en auto: Mirta Acuña de Baravalle y Elia Espen. Las conozco desde hace años, pero nunca tuve la oportunidad de disfrutar de horas de viaje entre la ida y la vuelta a La Plata desde sus casas, en Bella Vista y Loma Hermosa, lugares no muy cercanos entre sí, que me permitieron compartir algunas horas escuchando anécdotas de sus primeros años de lucha hasta el día de hoy.
Pero esta no pretende ser una nota sobre esos asesinos, Pomares y Carlos “Indio” Castillo  y el pedido de justicia por parte de las familias. Quiere ser un agradecimiento a ellas, a esas Madres, que, luego de compartir un almuerzo con quienes estuvimos en los Tribunales Federales, me permitieron asistir a un hecho que nunca en mi vida de periodista-comunicador-militante creí que podría presenciar: el reencuentro entre Mirta Acuña de Baravalle y María Isabel “Chicha” Chorobik de Mariani en su casa de la Plata. Ambas fueron fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo. No conocía personalmente a Chicha y con Mirta solo compartimos las Rondas de los jueves y luego los encuentros en el café de avenida de Mayo.
En poco más de una hora conocí historias, hechos y más de una anécdota que por propia decisión de Mirta y de quienes estábamos allí decidimos no registrar. Todos entendimos que era un momento íntimo y que solo por confianza nos permitían ser testigos para que nos lleváramos las imágenes guardadas en los ojos y en el corazón. Apenas dos días después, Mirta quiso contar públicamente lo que allí había pasado. Lo hizo en La Retaguardia, y seguramente algo habrá tenido que ver aquel respeto por la intimidad durante la reunión. “Todo momento de encuentro, especialmente con personas tan queridas, tan respetadas y valoradas, es emocionante y compensador de muchas cosas. Y trae aparejado muchos recuerdos y vivencias compartidas durante tantas décadas, mancomunados siempre en esa lucha y en esos permanentes recuerdos por la presencia de nuestros seres queridos que tan vilmente han hecho desaparecer los genocidas en la época de la dictadura militar. Seguimos sufriendo las consecuencias todavía. Son recuerdos con melancolía y tristeza, pero también surgen recuerdos en los cuales se encadenan otras situaciones que disparan sonrisas y ternura”, dijo Mirta durante la última emisión de Oral Y Público.

Muchos años pasaron hasta que Mirta y Chicha volvieron a encontrarse. Había demasiada expectativa y ansiedad en ese encuentro. Chicha estaba descansando y tuvimos que esperar unos minutos hasta que viniera. El encuentro con Mirta y el abrazo que se dieron fue uno de los momentos más emotivos de esa breve jornada. “Hacía mucho que yo no la veía a Chicha. La edad y el tiempo no transcurren en vano. Traen aparejadas situaciones de desgaste. Lo aceptamos cada una a su manera. Se dio la oportunidad de tener un encuentro encantador, muy emocionante y muy lindo. Compartí con Chicha un momento de recuerdos con situaciones risueñas. Estuvo la presencia de los familiares de los chicos masacrados en La Plata. También compartimos exigencias y reclamos de justicia por un genocida que nunca estuvo ni siquiera un solo día en la cárcel (por Pomares). Le dieron una libertad que no se puede admitir”, diría después Mirta.

Chicha en cada momento de la charla decía que ya no podía ver, pero si identificar a quienes le hablaban, como a Mirta, a quien reconoció al momento del primer abrazo. Claro que en el curso de la charla también pedía que le habláramos “un poco más fuerte porque tengo un oído que no escucho nada”.
Era un encuentro íntimo entre dos grandes luchadoras de toda la vida, desde que sus hijos e hijas fueron desaparecidos por la nefasta dictadura cívico-militar-eclesiástica, como la nombra Norita Cortiñas, y como deberíamos mencionarla todos.
Los recuerdos fueron saliendo entre el té y las facturas, que fueron servidas muy gentilmente por quien cuida día y noche a Chicha, que a pesar de su diabetes, no solo insistía con que las probáramos, sino que también las disfrutaba. “Mañana me cuido y no como dulces”, dijo como al pasar.
Entre esas anécdotas que fueron surgiendo en la conversación, una me quedó grabada. Cuando recordaron los años de inicio de Abuelas de Plaza de Mayo, de las que ambas fueron fundadoras junto con “Licha” (Alicia Zubasnábar de La Cuadra) y varias Madres-Abuelas más. Desde que comenzaron la tarea de la búsqueda de sus nietos/as hasta que se retiraron de Abuelas en el año 1989, lograron recuperar a 60 niñas/os apropiados. Hoy ya se han recuperado 127. Casi la mitad se recuperaron en aquellos primeros años, en un período mucho más difícil y complicado para quienes buscaban a personas desaparecidas por la dictadura. Como dijo luego Mirta en Oral Y Público: “Chicha Mariani fue la que impulsó con su trabajo, con su inteligencia, con su capacidad y creatividad, el hecho de que Abuelas pudiera surgir con fuerza y trabajo encaminadas en la búsqueda de los niños secuestrados con vida, como Clara Anahí, y otros chiquitos que fueron llevados con los padres, y niños nacidos en cautiverio. Los primeros reclamos que hicimos como Abuelas en la justicia fueron a la Suprema Corte de Justicia, reclamando por 12 nietos; una nacida, que era Clara Anahí Mariani y el resto eran todos nietos nacidos en cautiverio. Eso fue a principios del año '78. La Suprema Corte de Justicia se declaró incompetente. A raíz de eso tuvimos represalias, como que se escriban ahí en la paredes de las casas de las Madres y Abuelas pintadas de 'Madres Terroristas' y cosas por el estilo”.
En el final del encuentro Chicha (94 años) invitó a Mirta (93 años) a pasar un par de días en su casa y “compartir la habitación en donde tengo una cama al lado de la mía así podemos charlar toda la noche”. Como dos adolescentes que se invitan a sus casas sin preguntarle a sus padres si pueden o no. Como dos adolescentes que son, a pesar de sus edades, que siguen con las mismas fuerzas y utopías desde hace más de 40 años buscando hasta el fin de sus días a esas hijas e hijos y nietas y nietos que le arrancaron de sus brazos en una de las noches más largas y  oscuras de un país que, nunca imaginamos, íbamos a vivir.
Agradezco a quienes me dieron la inmensa alegría y satisfacción de poder compartir esos momentos con dos grandes luchadoras que, al día de hoy, siguen buscando a sus nieta/os apropiados por siniestros personajes. Muchos de ellos siguen disfrutando de una libertad que no se merecen, mientras mujeres como Chicha,  Mirta, Elia, Norita y tantas otras, en el final de sus vidas, no bajan los brazos para seguir reclamando por Memoria, Verdad y Justicia.
Nuestro compromiso es seguir su camino y tomar el ejemplo de ellas en la lucha contra la impunidad de ayer y de hoy.

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