14 abr. 2018



Antes de lo que fue el fallo del IV tramo del juicio La Escuelita en Neuquén, el abogado Juan Cruz Goñi de la APDH solicitó que el tribunal considerara los delitos sexuales de manera diferenciada, entendiendo que la violencia sexual tenía un rol específico dentro del plan genocida. Sin embargo, la respuesta no fue la esperada. En mayo de 2016, el tribunal no tomó el pedido de esta querella y no condenó por estos casos. Ahora, un fallo de la Cámara de Casación de esa provincia devolvió la sentencia a primera instancia con una sugerencia: que se emita una condena específica por los casos de violencia sexual en ese centro clandestino. Por Radio La Retaguardia, Fernando Tebele y Víctor Basterra dialogaron con Goñi en Oral y Público, el programa sobre los juicios a los genocidas. (Por La Retaguardia)

Foto: Goñi entre pañuelos (Gustavo Figueroa periferiasitio.wordpress.com)

"Es un fallo muy importante porque, además de reconocer la violencia sexual como parte del plan de exterminio, lo que nos parece fundamental en una región como esta donde la justicia, si bien se abocó al juzgamiento de los crímenes de lesa humanidad, no tiene una sola condena por delitos sexuales pese a que en el relato de las víctimas aparece de forma constante, tanto por haber recibido violencia sexual o haber visto como otros u otras la recibían. Sin embargo, tenemos cinco juicios llevados adelante y en ninguno hubo un reconocimiento jurídico de estas situaciones. Ante este problema, nosotros planteamos en el fallo de La Escuelita IV, por un testigo que lamentablemente no llegó con vida al juicio pero había declarado que había recibido un tratamiento dentro de La Escuelita, luego de las torturas clásicas a las que eran sometidos, vinculado a la violencia sexual", explicó el abogado. "Había sido violado por dos de los verdugos que estaban dentro del centro clandestino de detención y tortura. El tribunal reconoció la violencia sexual y el valor del testimonio. Por eso, cuando fundamentó la absolución, no desconoció que la violencia sexual existió, que fue parte del plan de exterminio, pero dice que hay un solo testimonio pero que un testimonio único no sirve para condenar. Este fallo de Casación expresa lo contrario: este testimonio único es verosímil, y es único porque relata hechos dentro de un centro clandestino de detención y la prueba no podría conseguirse jamás", aclaró el abogado. "El tribunal entendió que estas dos circunstancias vuelven al testimonio creíble y condenaron por lo tanto a cinco militares por delitos de lesa humanidad y reconocieron la violencia sexual. El tribunal de primera instancia deberá poner la pena correspondiente. Entiendo que no están en condiciones de volver a sobreseer", infirió.

Romper el silencio

El testimonio central que dio lugar al pedido fue el de Gustavo Augusto Carmona, que falleció antes de la sentencia. Para Goñi, "hay que señalar que el testimonio es absolutamente valiente. No sólo porque es menos frecuente que sea un hombre el que denuncia una violación, sino porque además él preservó el secreto frente a su propia familia durante 30 años y recién cuando fue citado para denunciar su caso en 2007 se animó a contar ante sí mismo y la justicia el hecho que había sufrido. Contó, precisamente, el daño que le produjo el silencio, tener que callarlo. Es absolutamente valiente. En nuestra región no tenemos otros casos de hombres que hayan sido violados, sí abusados, pero tengo entendido que hay otros casos en otras jurisdicciones. En algunos juicios de Buenos Aires hay compañeros que denunciaron la violencia sexual", recordó.
Víctor Basterra, sobreviviente de la ESMA, opinó: "Uno reivindica la valentía en esto pero también tiene que ver con la mecánica del plan represivo porque, justamente, la violación aplicada a hombres, uno de los objetivos que tenía, era precisamente destituirlos de la masculinidad. En un modelo profundamente patriarcal sostenido por la dictadura militar, violar a un hombre significaba quitarle la masculinidad. De hecho, una de las frases que le dijo uno de los verdugos luego de violarlo fue 'estás mejor que una mujer'. Hay una afrenta a la dignidad varonil que la dictadura explotaba en ese marco para producir la destrucción de la subjetividad de las víctimas. La tortura siempre es algo muy doloroso. Es muy feo recordar esos momentos y es una especie de liberación poder contarlos. Uno siente que se desprende de algo absolutamente desagradable. Siempre quedan las malas sensaciones pero es bueno poder manifestarlo. El compañero falleció, pero para la memoria de él es muy loable. Generalmente estas vivencias tienen un impacto terrible. He sido sometido, no sexualmente, pero por ejemplo me han metido la picana en el ano, casi me han destrozado. Cuando tuve la oportunidad, lo dije. Es muy desagradable la situación", contó Basterra.
En este sentido, Goñi agregó: "Hubo muchos relatos estremecedores de la tortura, pero también con este contenido particular y por eso también la APDH como organización se ha propuesto visibilizarlo social y jurídicamente. Incluso cuando se iniciaron los juicios y se podía relatar la tortura y los otros crímenes de los genocidas, había un secreto respecto de la violencia sexual y una doble invisibilización por parte de las propias víctimas, que no se animaban a contarlo, y porque no estaban las condiciones para escuchar ese relato. Eso demandó un trabajo muy importante de las víctimas, de reposicionarse y poder llegar a relatar este aspecto. Nos parece que el fallo es muy importante por eso, porque le aporta a la narrativa histórica", destacó. "En definitiva, lo que tratamos de hacer con los juicios es eso, reconstruir un relato acerca de lo que pasó. Justamente, al agregar este contenido, se cuenta una verdad histórica que está más apegada a lo que pasó durante la dictadura y que no esconde esos huecos de la memoria. Si no hablamos de violación, por ejemplo, no se está contando una verdad histórica, que nosotros queremos que quede para las generaciones futuras. Hay un importante factor de los fallos que tienen que ver con la certificación de esa verdad. Por supuesto que, a las víctimas, nadie les cuenta la verdad, al compañero que acaba de hablar un juez no le va a contar que sufrió torturas", aclaró Goñi y añadió: "Pero sí certifica que ese relato ahora es una verdad y el Estado lo reconoce a través de su sentencia y ya nadie lo puede negar. En ese sentido, remarcamos la importancia de este reconocimiento y nos proponemos avanzar en la visibilización completa. En nuestra región hay casi 20 víctimas que relataron violencia sexual y sólo tenemos una condena. Es un trabajo por hacer".

Fallo en un pequeño tramo de la megacausa

"Se trata de un juicio con el que nunca estuvimos de acuerdo porque se trata de la fragmentación de un juicio que debió ser mucho más grande. Ahí se llevó adelante todo un proceso para escuchar a 2 víctimas cuando hay cerca de 30 víctimas que están esperando con sus casos en el tribunal oral. Fue un juicio exprés, se realizó en muy poco tiempo, con audiencias muy espaciadas y terminó con una sentencia que, si bien acreditó los hechos, la imagen quedó opacada por la levedad de las condenas. La más alta fue de ocho años a autoridades militares de altísimo rango. Un fallo muy resistido por parte de las organizaciones de derechos humanos, de las víctimas. Con razón, porque las penas tienen que ser proporcionales a la gravedad de los delitos. Lo que sí reconoce es a las dos víctimas que fueron privadas de su libertad y torturadas en la Policía Federal y en otros centros clandestinos de la región", explicó Goñi acercadel veredicto en el quinto juicio por crímenes de lesa humanidad en esa provincia.

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