10 may. 2018


Ayer, al conocer la noticia de las salidas transitorias del genocida Adolfo Scilingo, semipreso en España, no fuimos los únicos que sentimos la ausencia de Carli Slepoy. Aprovechamos entonces para publicar esta nota acerca de un homenaje que se realizó hace algunas semanas en la Facultad de Sociales, organizado por familiares, amigos y amigas, y sus compañeros y compañeras de la Asociación de Ex Detenidos Desaparecidos. La Retaguardia transmitió en vivo a través de Facebook. (Por La Retaguardia)

Carlos Slepoy fue el artífice principal del concepto de Justicia Universal, un principio por el cual se pueden abrir juicios por delitos de lesa humanidad en cualquier parte del mundo, más allá de dónde hayan icurrisi los crímenes. El abogado lo puso en práctica llevando a cabo y sosteniendo juicios en España contra genocidas que participaron de la última dictadura cívico-eclesiástica-militar en la Argentina, cuando en nuestro país reinaban las leyes de impunidad. También fue precisamente unos de los ideólogos para lograr que se pronunciara en el marco jurídico el término genocidio para referirse al Terrorismo de Estado.
Su familia, sus amigos, amigas, compañeros y compañeras de la AEDD, lo recordaron con un profundo cariño, destacando su energía y perseverancia y lamentando su partida, extrañándolo.
La primera en tomar la palabra fue Andrea Benítez Dumont, la Turca, la compañera de Carlos Slepoy, quien rememoró sus tiempos en la Facultad de Derecho y su organización: “Con los compañeros de Derecho recordamos cuando hicimos JURE, Juventud Universitaria Rebelde. Rebelde, no revolucionaria. Rebelde porque éramos guevaristas y seguimos siendo guevaristas. La JURE se caracterizó por hacer los cuerpos de delegados. Todo asambleario y participativo. Nada de jerarquías. Ganábamos las elecciones, pero como no estábamos de acuerdo con el aparato institucional no participábamos. Teníamos una movilización constante y permanente. Podíamos no saber derecho penal, pero no el libro rojo. ¿Quién no se sabía el libro rojo o el diario del Che en Bolivia?”, preguntó Andrea y aseguró que “Carlos se merece tener un aula con su nombre en la Facultad de Derecho”.
No faltó agradecimiento y emoción en el recuerdo de la madre de sus hijos, que mencionó algunos detalles de los grandes logros de Slepoy para construir Memoria, Verdad y Justicia: “Gracias a los familiares de nuestros compañeros de JURE y, posteriormente, de otras organizaciones revolucionarias que compartimos nuestros sueños. Tengo una tremenda responsabilidad de memoria y de compromiso. De seguir hablando de todos y cada uno y cada una de compañeros y compañeras con que militamos, desde la Facultad de Derecho, en la Villa del Bajo Flores, en Berazategui y donde fuera necesario. Con esos compañeros, por los que no olvidamos ni perdonamos ni nos vamos a reconciliar, Carli trabajó esforzadamente por esa memoria y por esa justicia. Estableció la universalidad de la justicia en los distintos juicios. Tanto en España como aquí en Argentina. Carlos Slepoy era un tipo macanudo. Fue un militante consecuente y coherente. Fue un excelente abogado, pero por sobre todo fue un excelente ser humano”, resaltó Benítez Dumont.
A continuación, otros testimonios de compañeros y compañeras, de diferentes ámbitos quizás, pero todos coincidientes en la personalidad arrolladora del abogado, su calidez humana, su sincera preocupación por las personas y su inmenso e incansable trabajo para construir memoria, llegar a la verdad y conseguir justicia.

Jorge Muracciole, periodista y Secretario Gremial de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA)

“Lo conocí a Carli en el '75, en la época de la militancia dura. Yo soy también muy amigo de la hermana. Éramos compañeros de la Agencia de Noticias Télam, en donde formamos y reorganizamos la lucha sindical en prensa. A Carli lo conocí en el cumpleaños de la hermana. Por ella me enteré cuando había sido detenido en un bar, atendiendo justamente a familiares de compañeros que estaban presos. Con posterioridad, volví a verlo en el exilio. Vivimos en Madrid. Yo llegué en el '78. No solo fue un compañero muy singular. Pese a no estar en la misma organización, acordábamos en muchísimos puntos. Esos acuerdos trascendieron el tiempo. Cuando regresé al país retomé mi actividad sindical en prensa. En el 2001, en un conflicto muy importante de una empresa española llamada Recall, era imprescindible poder tener una persona de confianza y que discutiera las reivindicaciones nuestras. Esa persona era Carli Slepoy. Simplemente con llamarlo por teléfono, el mismo día que estábamos tomando la empresa, se apersonó en Recall, en Madrid. Estábamos discutiendo en una especie de triangulación. Él con la patronal allá y nosotros con el consulado español que habíamos ocupado. Ese aspecto, después de 30 años de conocerlo, y esa actitud solidaria pintan de los pies a la cabeza la demostración de que era posible un hombre nuevo en este mundo de mierda”

Juan Carlos Capurro, vicepresidente de la Federación Internacional de Derechos Humanos (FIDH)

“Hemos mandando con el compañero Horacio Ricardo González la presentación que hizo la CTA en España donde aportamos los datos que comprobaron la complicidad de los empresarios. Cuando conocí a Carlos nos fuimos para los Tribunales. Uno veía la tremenda energía de Carli que ya tenía que andar con un bastón, pero tenía más energía que todos nosotros. Él Iba adelante. No solamente en la cuestión física, iba adelante en todo. Las tres características que recuerdo de Carli son su inteligencia, su bondad y su tenacidad. Él fue decisivo. Sin él no hubiese sido posible. El papel del individuo en la historia. Él ocupó un lugar clave, de imaginación, de inventiva, de seguimiento, de abrir las puertas y de astucia para encontrarle la vuelta a una cuestión sumamente difícil. Lo logró. Es la mayor alegría que la vida le pudo dar. Después, nos embarcamos juntos en los juicios de acá. Nos hicimos muy amigos y eso fue uno de los mayores regalos de la vida”

Julieta Bandilari, de la Asociación de Abogados de Buenos Aires en la plataforma de apoyo a la querella argentina contra los crímenes del franquismo

“Soy de las últimas que ha conocido a Carli. Soy abogada y conocí el JURE. Conozco a Carli con motivo de la querella Argentina contra los crímenes del franquismo. Él y su personalidad arrolladora, junto con los compañeros de la comuna presos del franquismo, me enamoraron de la causa y me convencieron de lo importantísimo que era luchar para obtener memoria, verdad y justicia en el Estado español para que se terminara la impunidad. Tanto es así que en el año 2013 armamos la plataforma con apoyo a la querella con una inmensa cantidad de adherentes. Es un orgullo que me haya honrado con su amistad. Cada vez que él viajaba militábamos juntos. Esa confianza con la que me distinguió es la que se construye con la militancia compartida. Es una de las personas por las que más lloré en toda mi vida. Su personalidad arrolladora no era tan bien vista por todos. Tuvo que soportar momentos ingratos también. No era como cualquier abogado, era de batalla. Era un abogado que tenía la convicción de que los problemas no se resuelven solo jurídicamente sino que la verdadera respuesta es la política y la movilización de la sociedad para conseguir esos objetivos. Carli presente”.

Cachorro Godoy, de ATE y CTA Autónoma 

“Traigo el saludo de todos los compañeros de ATE y de la CTA. En especial, de Víctor Mendibil y de Víctor De Gennaro. Fue con ellos que, a partir de ese domingo cuando se cumplían 20 años de la dictadura, inundamos las plazas de todo el país. Carli y otros compañeros se lanzaron al desafío de que si no había justicia en la Argentina tenía que haber justicia internacional. Eso abrió al camino para meterlo preso a Pinochet, a que se haga el juicio en España y obligara a las autoridades del Estado argentino a generar las condiciones para que los juicios, aun hoy, se sigan desarrollando. No solo ese aspecto, también otro: el juicio a los empresarios. Hoy se está dando el juicio en Ford. Fueron los empresarios, fundamentalmente de las trasnacionales, los que montaron centros de detención y de tortura en las fábricas, además de la denuncia. Los que financiaron y se beneficiaron con la dictadura. Para la CTA, tuvo el privilegio de abrirnos las puertas del juicio en España y que pudiéramos también demostrar que el 70% de los desaparecidos eran trabajadores y trabajadoras. Con lo cual se abrió el camino al juicio por genocidio al dejar en claridad que acá había un genocidio. Carli abrió infinidad de puertas. Ver esa tenacidad, esa coherencia y compartir con él esos afectos, es la bella alegría de haber compartido el tránsito con una persona tan bella que nos enseñó los caminos individuales y también los caminos colectivos. Como clase trabajadora no vamos a dejar nunca de tener un eterno reconocimiento y agradecimiento a Carli”.

Alexis Vanili de HIJOS Madrid

“Conocí a Carli cuando finalizaba el juicio a (Adolfo) Scilingo. Yo como miembro de HIJOS participaba en la parte de legales. Me tocó estar con Carli en muchísimas reuniones donde armábamos y organizábamos la estrategia. En Argentina todavía no se habían terminado las leyes de impunidad. Lo que nos quedaba era aquello que teníamos en España. Fue muy arduo el trabajo que hicimos en aquellos años. Carli era incansable. Él nos enseñaba y nos explicaba cómo era esto. Tuve la suerte de participar en el proceso de detención de (Ricardo) Cavallo en México, juzgado en la causa ESMA; logramos la detención de (Rodolfo) Almirón, Triple A; (Juan Carlos) Fotea y (Julio) Poch, de vuelos de la muerte. Hasta entonces no se habían derogado las leyes de impunidad acá, nosotros apostábamos todo a que estos fueran procesados allá. Carli nos explicaba todo. Nosotros no confiábamos en que la justicia en Argentina de esos años fuera a procesar y detener a esta gente. Los queríamos en cana ya. Para nosotros era muy fuerte y no queríamos dejarlos escapar. Carli, poquito a poco, pedagógicamente, nos fue calmando. Compartí muchas horas con él en Barcelona. La última vez que lo vi, me sorprendió lo incansable de Carli y la sonrisa que tenía. Era una sonrisa amable, muy bonita. A nosotros, los HIJOS, nos trataba como si fuéramos sus propios hijos. Era muy dulce. El aporte de Carli a la historia de los últimos 30 años de este país no puede desconocerse. Fue fundamental. Posteriormente se derogaron las leyes, pero Carli nunca dejó de pelear. La herida que lo terminó llevando al final fue una herida de bala causada por un policía. Esa ironía. Un hombre que tanto luchó y al final terminó por una bala de un policía. Eso siempre me dio mucha bronca”.

Inés Holgado, querellante argentina contra los crímenes del franquismo

Leyó una emotiva carta para Slepoy relatando sus primeros encuentros, donde destacó "la energía y optimismo que inundó la sala de reunión" y reconoció que "me permitiste ser querellante contra el franquismo". Cerró con un mensaje de despedida: "Desde tu partida, Madrid no es lo mismo sin vos. Carli, las personas no son fungibles. A nosotras, las querellantes argentinas contra el franquismo, nos ayudaste. Te extrañamos. Nos hacés falta. Te quiero mucho. Viva la República", pronunció.

Adriana Fernández, también del grupo de querellantes argentinas contra el franquismo

"Haberlo tenido como abogado me dio toda la confianza. Siempre me preguntaba qué pensaba yo. Para él era importante la opinión de todos. Dejó una huella imborrable en cada uno. El nombre de Carlos Slepoy es sinónimo de Memoria, Verdad y Justica. Eso va a ser para siempre", aseguró.

Daniel de Santis, miembro histórico del Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT)

“No lo conocí a Carlos. Sé quién era. Escuché muchas veces de su actuación en el campo de los derechos humanos tanto en Argentina como a nivel internacional. Estoy conociendo mucho más de él. Era una persona que a veces incomodaba. Si estuviera Carli acá a lo mejor discutiríamos. De eso se trata. Entre nosotros tenemos que derramar ideas para que ese mar de ideas del pueblo surjan las pequeñas verdades que nos hacen caminar.
Nosotros sufrimos todas estas persecuciones, crímenes y avasallamientos contra el pueblo por una dictadura que fue militar, que fue cívica, fue terrorista, fue genocida, fue eclesiástica, y podemos agregarle todos los adjetivos que queramos. Hay uno que define todas estas cuestiones. La característica distintiva de esta última dictadura es que fue una dictadura contrarevolucionaria porque en la Argentina había una revolución. Seguimos sosteniendo las mismas ideas y los mismos principios. Del balance de esa lucha revolucionaria, llegamos a una conclusión bastante distinta que muchas otras. El movimiento revolucionario argentino no fue derrotado en el plano de la vanguardia. Fuimos derrotados en el plano de la retaguardia. Al llegar a esta conclusión, lo que hemos hecho desde hace 25 y 30 años es preparar una retaguardia para que al momento de la próxima ofensiva general del pueblo argentino pueda sostener a la vanguardia.
Hace unos años, discutía con Carlos Loza si había habido una guerra revolucionaria. Pensaba en las diferencias y me cayó la ficha: Uno actúa en el terreno de la acción política. Los compañeros actúan en el terreno enemigo, en el terreno de la justicia burguesa y capitalista. Entonces ahí hay que jugar con otras reglas. No podemos jugar en la cancha enemiga con las reglas del enemigo. Tenemos que usar las mejores armas de la astucia para disputar en los tribunales de la burguesía. Dos años después, me citaron a declarar en la causa de Tucumán por el Operativo Independencia, de parte de los defensores de los militares para que yo diga que fue una guerra. Desde el punto de vista de la doctrina militar, burguesa y de la doctrina jurídica-capitalista no hubo una guerra porque no había dos ejércitos beligerantes que habían declarado la beligerancia”

Osvaldo Barros, integrante de la Asociación Ex Detenidos Desaparecidos

“Desde la AEDD, lo conocimos a Carli alrededor de 1996, cuando fue la inmensa movilización a 20 años de la dictadura militar. Provocó en España toda una conmoción y llevó al fiscal (Carlos) Castresana a iniciar juicios en España por el genocidio que había ocurrido en la Argentina. Al frente de esos juicios estuvo Carli. A partir de 1997, empezamos a viajar a Madrid para declarar ante el juez Baltasar Garzón. Recuerdo la generosidad de Carli. A muchos de nosotros nos albergó en su casa los días que estuvimos ahí en Madrid. Su teoría de la justicia universal fue brillante y provocó reacciones en todo el mundo.
Una noche teníamos reunión en la AEDD. Había aparecido la noticia que un empresario mexicano que tenía contratos con el Estado podía ser uno de los represores de la ESMA, Ricardo Cavallo. Vino a la reunión José Vales, periodista de uno de los diarios más importantes de la Ciudad de México. Nos trajo las fotos de Cavallo; sus primeros tiempos en la ESMA, unas fotos 15 años después y las actuales de ese momento. Los compañeros que estábamos ahí lo reconocimos. Ahí mismo lo llamamos a Carli por teléfono. Serían las 4 de la mañana en Madrid. Lo despertamos y le pedimos que le avisara a Baltasar Garzón para que pidiera la extradición porque si no se escapaba. Él fue y lo despertó a Garzón. El juez, a las 6 de la mañana de Madrid, pidió la extradición de Ricardo Cavallo. Lo detuvieron en el aeropuerto de México, cuando se estaba escapando. Fue extraditado a Madrid. Cuando ya estuvieron caducas las Leyes de Punto Final y Obediencia Debida, lo trajeron a la Argentina para ser juzgado. Hoy ya tiene condenas a perpetua en los distintos juicios que hubo sobre la ESMA. Ese era Carli. Lo despertamos a las 4 de la mañana y se ocupó de llevar adelante eso.|
Es invalorable el tema acerca de la cuestión del genocidio. La AEDD, desde que empezaron los juicios en el 2006, viene alegando en los distintos juicios que participa acusando por genocidio a todos los represores que son imputados. La pata jurídica de nuestros alegatos fue Carli. Esa es una cuestión importantísima. Con sus escritos hicimos los alegatos y en el 2006, en el juicio que condenó a Etchecolatz en La Plata, por primera vez se habló que todo esto había ocurrido en el marco de un genocidio. Carli lo vio. Esta es su obra. La cuestión de genocidios para nosotros es una cuestión central. Estamos inmensamente agradecidos. Tuvimos discusiones y charlas. Aprendimos muchísimo de él sobre cuestiones jurídicas. Es nuestro recuerdo imborrable de Carli que está junto a nosotros”.

Daniel Feierstein, investigador y docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA)

“Lo conocí a Carli en su trabajo por genocidio, en España, aprendiendo de él y de su claridad. Carli es como la mejor expresión poética del principio de jurisdicción universal. Fue una figura fundamental en la causa que se abrió en España para juzgar el genocidio argentino. Si algo aportó el principio de jurisdicción universal fue para la lucha de los pueblos más que para la lucha de las naciones unidas. Esa lucha de los pueblos no hay nadie que la exprese mejor que Carli. Una de las cosas que aprendí de él es que tenía la claridad de pensar que los crímenes de lesa humanidad son hechos indiscriminados. Es muy diferente de un genocidio, donde el eje de la definición de la práctica es que se discrimina a una parte de la población para aniquilarla. En ese sentido fue un aporte que fue central.
La ausencia de Carli nos interpela. Lo vamos a extrañar. Más teniendo en cuenta la tremenda ofensiva jurídica y política que estamos teniendo en relación a replantear los sentidos de lo que ocurrió en el genocidio argentino. En ese sentido, el aporte de Carli era fundamental. Lo necesitamos. Necesitamos sus ideas entre nosotros. Tenía siempre una apertura a la escucha, con cualquier tema. Me quedo con esa presencia y esa necesidad de poder tenerlo entre nosotros, de poder hacernos cargo de esa ausencia y continuar el trabajo de Carli en esta lucha interminable”
Por último, Andrea, con una fuerte emoción en sus palabras, leyó una carta de sus tres hijos Natalia, Paula y Oscar, quienes no pudieron estar presentes en el homenaje, y aseguró que “Carli tenía un profundo orgullo y un intenso amor por ellos”, cerró.

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