18 jun. 2018


El ex juez Carlos Rozanski, apuntó contra el gobierno de Macri y la Justicia encubridora. Habló de las prisiones domiciliarias y los reiterados intentos por lograr impunidad y silencio ante los crímenes de lesa humanidad. Fue en el programa Oral y Público que, por Radio La Retaguardia, conduce Fernando Tebele con la participación especial de Víctor Basterra. (Por La Retaguardia)

Carlos Rozanski fue presidente del Tribunal Oral Federal Nº1. Encabezó el juzgamiento del genocida Miguel Etchecolatz, en el primer juicio después de derogadas las leyes de impunidad, en el que además se reconoció el genocidio, entre otras causas por crímenes de lesa humanidad. El ex juez opinó acerca de la manera en que se está llevando actualmente el proceso de Memoria, Verdad y Justicia: “Lo que está viviéndose ahora es absolutamente transparente y exitoso para la gente que lo está llevando adelante desde el gobierno. Es imposible desconocerlo desde hace un par de años. Se sabía claramente que esto se venía. Si ganaba esta gente iban a hacer lo que están haciendo. No me sorprende para nada. Es un retroceso extraordinario, gravísimo e incalificable en materia de derechos humanos”, manifestó.
Ante la oleada de beneficios brindados a los genocidas con el acceso a las prisiones domiciliaras y las tobilleras electrónicas, recordó que durante su gestión como juez nunca otorgó una domiciliaria a ningún genocida y explicó por qué.

“Hasta el día que me fui de la Justicia negué sistemáticamente todas las domiciliarias por crímenes de lesa humanidad, sin excepción. Mi interpretación es unívoca en ese sentido. Un crimen de lesa humanidad es incompatible con la prisión domiciliaria. Es sencillo de entender. A veces lo quieren hacer confuso, pero no lo es. Todos los delitos, en general, prescriben. Eso es un principio universal. Los delitos de lesa humanidad no prescriben, con lo cual se rompe un principio internacional fortísimo. Esto está marcando una diferencia sustancial enorme con el resto de los delitos". 

Rozanski agregó: "En ese sentido, la prisión domiciliaria es entendible que no sea aplicable porque incluso es mucho menor la implicancia de la prisión domiciliaria que el concepto de prescripción. La prescripción deja sin juicio y sin sanción. La prisión domiciliaria lo que hace es mandarlo de la cárcel a la casa. Desde el punto de vista jurídico es muchísimo más grave la prescripción que la prisión domiciliaria. Por lo tanto, si nadie discute que estos delitos son imprescriptibles por el daño social que han generado entonces ni siquiera tendríamos que discutir la prisión domiciliaria. Es incompatible con alguien que fue hallado responsable de un delito de lesa humanidad”, aseguró, y apuntó contra los jueces cómplices que sí las otorgan: “Cuando explican que es una opción que permite la ley lo que quieren hacer es confundir. Quien opta por eso como juez es porque está identificado con eso y sabe perfectamente que la prisión domiciliaria equivale a impunidad en materia de delitos de lesa humanidad. No hay ninguna duda. No podemos comparar a un genocida en su celda con un genocida en el living de su casa viendo televisión”, comparó el ex juez.
Rozanski habló de esta complicidad de los jueces con el poder de turno y explicó que, más que presión política, el gobierno y cierto sector de la Justicia comparten ideologías similares a la hora de asegurar la impunidad de los genocidas: “Yo recomiendo un libro que se llama '¿Usted también doctor?'. Es una recopilación que hace Juan Pablo Bohoslavsky, de Viedma (Río Negro). El libro contiene la complicidad de la justicia federal con la dictadura. Ahí se puede ver como la dictadura siempre se ha visto acompañada por la Justicia. Yo agrego que no hizo falta presionar a la Justicia. Una parte muy importante ha sido cómplice de todas las dictaduras desde la primera en Argentina. No hizo falta mucha presión. Hay una comunidad ideológica que en momentos como este explica la permeabilidad. ¿Por qué en un momento determinado se pronuncian de una manera y hoy se pronuncia de otro? Es porque va acompañado y tiene más que ver con su ideología genuina”, se respondió.
Rozanski mencionó el concepto de justicia transicional y detalló por qué ese término le parece inválido: “Yo estoy en contra del concepto mismo de justicia transicional. Lo estuve siempre. Después de 25 años de haber sido juez creo que no hay dos tipos de justicia: hay justicia o no hay justicia. La transicional es una expresión de deseo que encubre una impotencia por hacer justicia en serio. La justicia es justa o no es justicia”, sentenció.

La salida de la justicia

En octubre del 2016, el por entonces juez del Tribunal Oral Federal N°1 de La Plata, Carlos Rozanski, renunció a su cargo tras una acusación por supuesto maltrato laboral que podía derivar en un juicio político. Cierta o no la denuncia, el peso de las condenas a Etchecolatz, al cura Von Wernich y a otros genocidas del Circuito Camps, pareció pesar en las decisiones del Consejo de la Magistratura. Para Rozanski, el hecho de no pertenecer a esa ideología imperante en el Poder Judicial fue lo que hizo que tuviera que dar un paso al costado: “Yo no tengo duda de eso. No por personas en particular sino por una ideología. Este gestión (de gobierno) está claramente en contra de todos los avances de la década pasada, sobre todo porque hay una comunidad ideológica clarísima. Están aplicando el mismo modelo económico que la dictadura. Están absolutamente a favor de las prisiones domiciliarias y tienen una coincidencia ideológica casi total con la dictadura. En mi caso particular, fue anunciado por televisión. Jorge Lanata lo anunció. Dijo que el presidente Macri había decidido echar antes de fin de año a 3 jueces. Durante todo el programa mostró 3 muñecos ridiculizados con la cara de (Eduardo) Freiler, de (Daniel) Rafecas y la mía. Esto fue premonitorio. A la semana, el representante del presidente en el Consejo de la Magistratura, (Juan Bautista) Mahíques, reflotó una denuncia en mi contra que ya había sido descartada por absurda. Es evidente. Lo hicieron conmigo tanto como con Freiler. Con Rafecas no les alcanzaron los votos. A todo aquel integrante del poder judicial que pueda significar perjudicial para la ideología que tiene esta gente van a tratar de echarlo de alguna manera. Hace pocos días pararon a un fiscal excelente, Gabriel De Vedia. En cualquier área buscan en cada rincón que no haya gente en la Justicia que no pueda contradecir o poner sobre la mesa la verdadera ideología de esta gente, que es la de la Gobernadora (María Eugenia Vidal) diciendo que hay demasiadas universidades públicas”, expresó el ex juez en Radio La Retaguardia.

Etchecolatz

Sobre la prisión domiciliaria otorgada al genocida Etchecolatz a fines de diciembre del año pasado y su posterior revocatoria gracias a la presión popular a mediados de marzo, dijo: “Yo lo esperaba. Es doloroso igual, pero lo esperaba. Soy consciente de cuál es la ideología de esta gente, que se traduce además en aquel sector judicial cómplice de esta gente, antes y ahora. Luego, cuando se revirtió esa situación, la sensación fue agradable porque se revocó a pesar de los jueces. Se revocó por el pueblo, por millones de personas que no lo aceptaron. La comunidad marplatense dijo que no iba a convivir con este hombre. Esa es la parte positiva. La parte llena del vaso. La parte vacía es todo el resto: el sector de la justicia que fue cómplice, es cómplice y seguirá siendo cómplice toda la vida hasta que haya un cambio real de cómo se designan a los jueces”, determinó Rozanski, que además se refirió a otros genocidas que también enviaron a las casas y no son tan conocidos como el ex director de investigaciones de la policía Bonaerense: “Lo de Etchecolatz fue porque es demasiado emblemático. Con el resto no hay una reacción desde adentro. La hay de parte de familiares y organismos de derechos humanos, pero no la hay desde el sistema que tiene la responsabilidad de dejarlos en su casa, en libertad, porque convengamos que quien está en su casa está en libertad. Hay una decisión muy fuerte de dejar en la casa a quienes han sido condenados a prisión perpetua por torturas, violaciones y desapariciones. Es impensable en democracia. Lo que tenemos que repensar realmente es qué pasa en lo que llamaríamos democracia que transcurren este tipo de impunidades. Eso es lo más grave que está pasando”, manifestó.
El ex juez fue consultado por la intención de la querella para reabrir la causa del coronel Larrabure, secuestrado por el ERP en 1974, catalogándola como si fuera un crimen de lesa humanidad y fue tajante al respecto: “Es un tema que en materia de derecho internacional está zanjado. No cabe ninguna duda que no corresponde reapertura alguna. Lo que es imprescriptible son los delitos de lesa humanidad, donde está representado el Estado como parte de esos delitos, más allá de las complicidades que ha habido de otros sectores sociales. No cabe ninguna duda que no corresponde considerar imprescriptible porque habría que ponerlo en una categoría similar o idéntica al delito de lesa humanidad. Es absolutamente contrario al derecho internacional. Estamos hablando de dos categorías distintas. No se tratan de delitos que pueden llamarse ni de lesa humanidad ni imprescriptibles”, afirmó.
Por último, Rozanski dejó un mensaje que reafirmó su postura respecto a cómo está manejando el gobierno el tema de los derechos humanos en la Argentina: “Los últimos 20 años hubo una evolución en materia de derechos humanos que tuvo como resultado que Argentina sea el único país del mundo que hace ese tipo de juicios con sus propios tribunales. A pesar de esos avances gigantescos, estamos viviendo un retroceso porque la mitad de la población votó eso. Es preocupante y lamentable”, cerró.

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